CAPÍTULO VI. La inteligencia emocional como reguladora de las emociones, el fortalecimiento de
6.3. Aprendizaje de herramientas de solución pacífica de conflictos
El conflicto es un modo de comunicación y una parte inevitable de nuestras vidas. Resulta inherente al proceso de cambio dentro de los individuos y en el seno de la sociedad, proceso que todas las personas pueden aprender a abordar creativamente.
Ahora bien, los conflictos son naturales e inherentes al ser humano, estos se presentan en cualquier ámbito, por lo cual menciona Viñas Cirera (2007) es normal que en las aulas y centros educativos se produzcan de forma continua. Así pues, debemos fijarnos no en la existencia de conflictos, sino en la forma de resolverlos. Donde la consideración de una solución no violenta de conflictos representa una última y decisiva parte en nuestra comprensión de paz como algo positivo y creativo (Hicks, 1999).
Como seres humanos, tenemos distintos puntos de vista, diversos pensamientos, intereses, opiniones, etc., y por ello suelen existir los conflictos ya que nos topamos con diferentes opiniones que las nuestras entre las personas que forman parte de nuestro entorno social. Así como los conflictos están presentes en diversos ámbitos sociales, en la aulas educativas14 suele haber conflictos a los cuales nombramos conflictos escolares, ya
que en la institución educativa se está en constante socialización con los compañeros y compañeras de clase y de la institución en general ya que los niños y niñas pasan gran parte del día durante cinco días seguidos en convivencia con sus semejantes, es por ello que el sistema educativo debe asumir el desarrollo de las habilidades sociales para hacer frente a los problemas de convivencia teniendo de esa forma herramientas idóneas para la resolución pacífica de los mismos.
A lo cual, el pedagogo español Xesús Jares (2001) destaca la tarea principal de la escuela, la cual consistía en evitar la aparición de conflictos, en una escuela democrática el conflicto pasa a transformarse en un espacio singular y privilegiado que se debe aprovechar al máximo para educar”. El conflicto debe ser visto como algo natural, siempre estará presente en cualquier ámbito de nuestras vidas, es algo inherente a nosotros como seres humanos, pero mediante las herramientas de la mediación se busca educar a través del conflicto.
Además Hill Honig, superintendente de Educación Pública en EEUU (1986), expreso que el enseñar habilidades de resolución de conflictos en las escuelas provocará el descenso de los problemas disciplinarios y proveerá de cimientos y habilidades para la próxima generación. Es nuestra intención que todos los estudiantes tengan la posibilidad de ser instruidos acerca de la resolución de conflictos y habilidades comunicacionales”.
La educación sobre el conflicto constituye una parte esencial de la educación de la paz y, educar a través del conflicto supone no sólo un conocimiento y una comprensión del mismo, sino que abarca también el aprendizaje de su solución (Hicks, 1999).
La prevención y solución de conflictos de forma positiva es una consecuencia de la competencia social y emocional. Conviene señalar en primer lugar la importancia de la dimensión emocional en la prevención y solución de conflictos, de tal forma que muchas
veces son las emociones implicadas las que dificultan, obstaculizan o impiden la solución positiva del conflicto (Bizquerra Alzina, 2008).
La vida está compuesta de grandes desafíos porqué el proceso de humanización todavía no ha acabado. Las escuelas con encrucijadas de paz donde el azar ha reunido una pequeña muestra de personas con cerebros, corazones, manos y piernas para avanzar serenamente hacia un futuro donde el diálogo, la convivencia y la paz son los fundamentos de todas las vidas (Boqué Torremorell, 2009).
Con lo anterior, debemos tener muy en claro que, la educación de nuestros estudiantes es la clave para construir un mundo pacifico (Penhos, 6 septiembre 2009), y para ello es importante fomentar el diálogo, el cual lo abordaremos en el siguiente punto.
6.3.1. Diálogo
El diálogo requiere una escucha atenta, comprensiva que refuerce siempre los argumentos del otro. Es decir, requiere de una escucha, pero no la escucha policial de quien nos obliga a rendir cuentas, sino la escucha atenta que procura salir de las limitaciones de la propia predisposición a juzgar al otro. El diálogo implica que la capacidad de decir y la de ser dicho son intercambiables, en un ajuste permanente de las identidades, ya que en la mirada del otro nuestra imagen, la que según creemos corresponde a la identidad que hemos forjado, nos es devuelta sujeta a otra perspectiva y otras reglas narrativas (Maffía, 2016).
Hemos de aprender a resolver los conflictos, pero su solución no es la que agota el valor del diálogo, ni lo que le da valor. La persona que practica de verdad el diálogo tiene una forma de avanzar distinta de la que no lo valora. El diálogo sirve para avanzar en el desacuerdo, pero avanzando de forma distinta. Lo que tiene valor pedagógico es la manera en la que avanzamos, además de resolver los conflictos si es posible (Miniestrerio de educación, cultura y deporte. Consejo escolar del Estado, 2001).
Es decir, una buena comunicación es una de las destrezas clave que hay que adquirir en la educación y especialmente en la educación para la paz, con objeto de que permita, entre otras cosas, una acertada solución de conflictos (Hicks, 1999).
Por ello, el cultivo del diálogo, al igual que los padres y las madres son fundamentalmente los arquitectos de los sentimientos de sus hijos, el profesorado es el que hace de arquitecto en el aprendizaje de cómo mediar en los conflictos de la vida. En la escuela también se aprende a resolver conflictos o a no resolverlos, a vivir con ellos y a mediar en ellos (Miniestrerio de educación, cultura y deporte. Consejo escolar del Estado, 2001).
Valorar y entender el diálogo como la forma de abordar los conflictos, lo cual no quiere decir que necesariamente los resuelva, cosa que nos cuesta a todos aceptar. El diálogo no resuelve todos los conflictos, algunos incluso no hace falta resolverlos, porque pueden existir, puesto que la vida no tiene porque no tener conflictos (Miniestrerio de educación, cultura y deporte. Consejo escolar del Estado, 2001).