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CAPÍTULO IV. Educación en valores para la formación integral de los estudiantes

4.3. Educar en valores

Dacal 1985 citado en (Alonso A., 2004, pág. 15), afirma que la educación es el medio que las sociedades humanas tienen a su alcance para conservar, transmitir, desarrollar y acrecentar el conjunto de los valores que conforman el entorno humano; en otras palabras, la educación es el instrumento idóneo para transmitir los valores a la persona y a la sociedad.

La educación puede ayudar a definir un proyecto de vida efectivo y eficaz, convirtiéndolo en un proyecto real, haciendo corresponder las posibilidades internas del individuo y las del entorno, mediante el desarrollo de los valores, la concepción del mundo, la capacidad de razonamiento, los conocimientos, la motivación y los intereses (Arana Ercilla & Batista Tejeda, 2016). Si se sabe que los valores forman parte de la personalidad o de la vida de diaria de las personas, se debe encontrar la manera de educar en valores ya que están inmersos en las decisiones y por ello, están presentes en cualquier fenómeno social, político y económico (Romero Pedra, 1997).

Educar en valores no es transmitir conocimientos ni suscitar respuestas concretas, sino hacer posibles determinadas estructuras racionales de juicio que expresarán una manera de determinarnos a nosotros mismos —repudiando y condenando lo que valoramos negativamente, motivando y aceptando lo que valoramos positivamente— (Peiró i Gregóri, 2009, pág. 37).

La educación en valores es un proceso sistémico, pluridimensional, intencional e integrado que garantiza la formación y el desarrollo de la personalidad consciente y contribuir a la función integradora del individuo mediante la valoración de las contradicciones de la motivación, los intereses, etc., (Arana Ercilla & Batista Tejeda, 2016). La educación en valores es un proceso cognitivo y afectivo que ayuda al individuo a integrarse con éxito en la sociedad (Cobos Pino, 2009).

Es importante mencionar que el educar en valores es una acción intencionada que se realiza para ayudar a otro a sacar fuera de sí lo mejor de él mismo, es decir, educar en valores no significa imponer, sino más bien proponer, mostrar diferentes caminos y opciones, y ayudar para que cada uno vea cuales son los mejores para él, es ayudar a desarrollar la capacidad de elección. Los valores no se enseñan, sino que se tienen que vivir (Romero Pedra, 1997), se tienen que vivenciar para poder tener una adecuada percepción de ellos y poder elegir cuales son los valores que favorecerá al desarrollo de una mejor personalidad.

Cuando la persona opta por un valor en forma permanente, éste se convierte en una actitud y está actitud no será ya un hecho esporádico, sino una reacción permanente y estable ante objetos, hechos o personas. Las actitudes tienen como característica la tendencia a ser permanentes y estables, es decir, relativamente duraderas (Ramos M. , 2007).

Existe la inminente necesidad de crear programas de educación en valores a partir del vínculo familia-escuela, la cual se encuentra reflejada en la propuesta de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico, en los resultados de PISA 2000 cuando sugiere que “…este análisis indica que el éxito académico podría estar relacionado con sinergias positivas entre el hogar y la escuela y que la comunicación entre padres e hijos puede ser de beneficio para los jóvenes en términos educativos (Fragoso Fernández & Canales Rodríguez, 2009).

Las instituciones educativas se deben convertir en el espacio natural donde los padres o personas responsables de los niños y niñas, además de confiar la educación y formación integral de éstos, encuentren la oportunidad de reflexionar sobre la forma como se desempeñan como padres y la manera como pueden ser parte activa en la formación de los hijos, en la medida que establezcan una relación de corresponsabilidad en la formación y construcción de valores con directivos, docentes, con otros padres de familia y en

general, con toda la comunidad educativa en beneficio de los niños (Ministerio de Educación Nacional República de Colombia, 2007).

Los valores están presentes en la vida cotidiana, manifestándolos constantemente, por lo que debemos incorporarlos a nuestros procesos de enseñanza-aprendizaje (Cobos Pino, 2009). Los valores no se enseñan y aprenden de igual modo que los conocimientos y las habilidades, y la escuela no es la única institución que contribuye a la formación y desarrollo de éstos.

¿Pero realmente se puede educar en valores? En realidad, no está claro que los valores puedan enseñarse al menos no de la misma manera que se enseñan las matemáticas, la geografía, computación, etc., y lo anterior tiene una explicación muy simple y es, que no es posible conseguir que alguien adquiera y/o interiorice valores mediante explicaciones o memorización. Así se puede aprender matemáticas, historia, literatura, etc., pero no aprender valores.

El educar y adquirir valores va más allá de la explicación, memorización o instrucción de los adultos o educadores, es decir, enseñar valores no es informar ni transmitir conocimientos como tal; ya que los valores se adquieren mediante la observación, la práctica, el ejercicio y el esfuerzo que otorgan los tres agentes sociales de los educandos que son la familia, la escuela y la sociedad, mismos que se mencionan por su jerarquía.

No es exagerado decir que la vida es la obra de arte que cada uno va moldeando y que, para alcanzar una vida de éxito es necesario realizar un esfuerzo educativo para construirla (García & Puig Rovira, 2007, pág. 16). La capacidad y la disposición de aprender que cada individuo tiene, es imprescindible para lograrlo.

Otra peculiaridad de la educación en valores es su carácter intencional, consciente y de voluntad, no sólo por parte del educador, sino también del educando, quien debe asumir dicha influencia a partir de su cultura, y estar dispuesto al cambio. De ahí la importancia y la necesidad de conocer no sólo el modelo ideal de educación, sino las características del

estudiante en cuanto a sus intereses, motivaciones, conocimientos, y actitudes, las que no están aisladas de las influencias del entorno ambiental. Una comprensión clara de los límites objetivos del entorno, del modelo a que aspira la sociedad y de la subjetividad del estudiante permite dirigir mejor las acciones educativas y dar un correcto significado al contenido de los valores a desarrollar (Arana Ercilla & Batista Tejeda, 2016).

Por tanto la educación no debería aspirar únicamente a formar a trabajadores capacitados y profesionales, sino también a contribuir al desarrollo de personas con capacidad para interrelacionarse y actuar en una sociedad justa (UNESCO , 2016) y, el educar y/o reforzar los valores trae consigo cambios positivos como la generación de empatía para con ello lograr el autocontrol emocional y reconocer las emociones de los además, se desarrollan habilidades sociales, mismas que vienen a propiciar interacción y desenvoltura social fomentando el diálogo y la asertividad, las cuales podemos encasillar como herramientas de solución de conflicto que sirven al educando en su formación con la cual la sociedad se verá beneficiada ya que lo mencionado anteriormente es con miras a propiciar una cultura de paz. Véase figura 2.

Figura 2. Cambios positivos educando en valores.

Fuente: elaboración propia.

y se lográ

Genera

Educar en

Valores Empatía Autocontrol emociones propias reconocer emociones ajenas Habilidades sociales Diálogo Aserividad Cultura de paz

Es por tanto que es importante dar una dirección adecuada a la educación contemporánea, en palabras de Delors “dar a la educación dos orientaciones complementarias: en primer nivel, el descubrimiento gradual del otro. En el segundo nivel, y durante toda la vida, la participación en proyectos comunes”. Es decir, es necesario permear de valores humanos la educación actual para que exista una cosmovisión más responsable, humana y respetosa del otro y de sí mismo, la educación en valores es una gran urgencia hoy en día (Fragoso Ferández, 2016, pág. 3).