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Aproximación a la Didáctica de la Creatividad 143

CAPÍTULO II Creatividad en el marco universitario 105

4.   Creatividad en diferentes marcos epistemológicos 127

4.3.   Aproximación a la Didáctica de la Creatividad 143

Una vez recogida de manera sucinta las principales aportaciones sobre el concepto que aquí se estudia, conviene acercarnos, aunque sea de forma muy breve, a las aportaciones que la Didáctica nos brinda. Si se ha puesto de manifiesto que la educación es necesaria para el crecimiento de la persona, entonces conviene considerar la creatividad desde la formación, pues es lo que le compete de modo extraordinario a la tarea educativa. En esta línea, De la Herrán (2008b) destaca a que la creatividad “es, en sí misma, una cualidad ciega, lo ha sido siempre. El conocimiento de la creatividad puede ser educativamente relevante, si se percibe desde la formación y la conciencia” (p. 559). Es muy interesante y de gran importancia entenderlo de este modo, pues añade este autor que la creatividad en cualquier ámbito de aplicación podría realzarse y ser mucho más útil al ser humano si incorporase dos grandes destinos formativos: el crecimiento personal y la mejora social (De la Herrán, 2000; 2008b:559).

Desde esta perspectiva se puede comprender de un modo más amplio, desde una mayor altura, para así poder distinguir aquellos conceptos que son parciales como pueden ser,

“sensibilidad para mirar de forma diferente o enfoque distinto, destrucción, divergencia de pensamiento, pensamiento lateral, capacidad para resolver problemas, capacidad para descubrir problemas, innovación, unión o relación productiva de elementos, generación de ideas, mecanismos de defensa, imaginación, expresión productiva o no copiar” (De la Herrán, 2008b, p. 561).

Este mismo autor realiza una aproximación a las posibles definiciones y que señala que “no hemos encontrado forma de refutar los siguientes conceptos de creatividad, con los que la identificamos actualmente” (De la Herrán, 2008b, p. 562), y que son: una necesidad humana, lo singular (personal o colectivo), un proceso de curiosidad-inquietud-descubrimiento, una aptitud educable, una cualidad del conocimiento, procesos de síntesis dialécticas de características especiales, libertad a través del conocimiento, un proceso de conciencia, un imperativo para el ser humano consciente y responsable y, en contextos didácticos, un recurso para la motivación productiva, un medio para favorecer la motivación de los alumnos por su formación, y un medio para favorecer el desarrollo profesional y personal de los docentes.

Todos estos aspectos se han recogido ahora porque interesa tenerlos presentes en el momento de analizar las concepciones que los profesores universitarios manifiestan en esta

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investigación. Pueden ayudar a visualizar si el modo en que entienden el concepto es parcial, o bien la entienden de una forma más amplia y quizá más completa.

Es también conveniente considerar las diferentes clases de creatividad que De la Herrán (2008b, p. 562) señala, pues recoge las aportaciones que los diferentes autores han ido realizando a lo largo de la historia, presentándolas de un modo diferente, y mostrando una nueva forma de entenderla que nos permite unificar todo lo dicho anteriormente y lo que en un futuro se pueda aportar. Subraya el autor que en ningún momento se trata de menospreciar a ninguna de ellas, sino de mostrarlo como marco de referencia. La clasificación la establece según dos tipos, según su originalidad y según su finalidad.

Por su originalidad la creatividad hace referencia a la novedad en cuanto al proceso o en cuanto al producto creativo. En este sentido establece la siguiente clasificación:

- Creatividad de primer orden o subjetiva, que es aquella que lleva a quien lo realiza al descubrimiento de algo nuevo para él, son acciones que forman parte de la vida diaria de cada cual. Se podría considerar como creatividad subjetiva o capacidad formativa. - Creatividad de segundo orden o sobresaliente, en la que ya hay un cierto grado de

excepcionalidad, pues supone que tal persona en sentido estricto sobresale respecto al resto del grupo de referencia con que se compara. El descubrimiento en este caso no es sólo nuevo para el que lo lleva a cabo, sino también para aquellos que forman parte de su entorno.

- Creatividad de tercer orden o excepcional. En este caso el descubrimiento alcanzado es totalmente excepcional, nuevo para todos: el que lo lleva a cabo, su entorno y la sociedad. El rasgo que introduce es tan distintivo que afecta a una época y está en condiciones de trascender a través de la historia, por tanto es digna de recibir reconocimiento por parte de la sociedad.

En cuando a la clasificación según su finalidad, en la que recoge aquellas reflexiones que se refieren a que la creatividad no es algo de por sí positivo, sino que está en función del para qué. Es aquella que por “su inevitable naturaleza instrumental debe completarse con la naturaleza teleológica e la educación” (De la Herrán, 2008b, p. 568). En este caso propone los siguientes tipos:

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Cuadro 3: Clases de Creatividad. Según su finalidad

TIPOS CARACTERÍSTICAS Creatividad puntual, espontánea o de acción para un logro

- Tiene lugar desde la actuación aislada. Puede ser incluso casual. - No obedece a finalidades conscientes más elaboradas.

- Emerge por los conocimientos nuevos y la circunstancia. - Su proceso básico es el descubrimiento, el hallazgo novedoso.

- En el mejor de los casos se califica como: brillante, útil, extraordinario.

Creatividad sistémica, parcial o de logro para un sistema

- Polarizada al interés de un sistema determinado (personal, ideológico, doctrinario, epistemológico, institucional, etc.)

- Sesgo inherente. Presenta opciones análogas. - Gravita entorno al egocentrismo individual.

- Se ocupa de temáticas planificadas, futuribles y funcionales. - Proceso básico: la productividad y el sistema de apego. - Sesga contundentemente el conocimiento y el crecimiento.

- No llegan al mínimo de la práctica formativa de la creatividad porque se nutre de un adoctrinamiento empobrecedor. Creatividad evolucionista, total o de sistema para la evolución humana.

- Adopta como dimensión fundamental la posible evolución humana (madurez personal, mejora social, generosidad, convergencia social, humanización, etc.)

- En función de dicha evolución coloca los intereses menores o parciales. - Total: se refiere al imperativo de favorecer la evolución humana, individual y colectivamente.

- No se trata de una dualidad más, no se opone a ninguna, porque puede resultar englobadora de toda opción parcial.

- Tiene lugar desde una autoconciencia más compleja. - Suele ocuparse de cuestiones perennes.

- Proceso básico: trabajo para el crecimiento mental.

- Su realización: la mejora social en términos de ser más y mejores personas.

(Basado en: De la Herrán, 2008b, 564)

Aunque interesa, principalmente en este estudio, la clasificación que se acaba de proponer como referencia, conviene tener en cuenta el pensamiento de algunos otros autores a cerca de educación para la creatividad, el aprendizaje creativo, y la pedagogía de la creatividad, etc. Entre ellos, Tejada (1989) escribió acerca del origen etimológico del término “educar”. Educo, educis, educere; cuyo significado es extraer de dentro. Cuando se considera desde su raíz resulta factible comprender que educar requiere mirar a cada persona, descubrirle quien es y abrirle con pasión el camino del saber para que ese “extraer de dentro” se convierta en el camino a seguir a lo largo de su vida. En este sentido es en el que queremos que se entienda el vínculo entre educación y creatividad. Si entendemos que es inherente a la persona, como algo que se pone en marcha cuando se le “despierta” y se le ayuda a hacer suyo, a vivir el conocimiento. La pasión por el saber enciende la realidad conocida y permite que cada uno extraiga lo aprehendido y lo convierta en una nueva realidad, empapada de la esencia misma de esa realidad, que si es inagotable (en el caso de la persona) abre un camino inagotable de conocimiento.

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También es de gran interés considerar la aportación que Fustier (1975) realizó cuando en su intento de construir una pedagogía de la creatividad destacó la importancia de tener en cuenta en la educación el programa interior de la persona. Así argumenta que al igual que durante los nueve meses de embarazo, la persona está movida “desde el interior por algo que se encuentra en él desde el primer día: su programa genético. Durante esta etapa, el niño se adentra en su medio según un plan integrado, que le permitirá asegurarse el crecimiento armonioso y simultáneo de todas sus funciones esenciales” (p. 50). Sin embargo, una vez que ya ha nacido y con los años entra en la escuela parece que pierde lo que el citado autor llama ese instinto de vivir. Uno se plantea con preocupación, “¿Por qué de repente el programa de su desarrollo no está en él, sino fuera de él? Una pedagogía de la creatividad debería volver a encontrar y explotar ese programa interior” (Fustier, 1975, p. 51). Lo que interesa de este argumento es quizá las posibilidades de interpretación que abre. En función del concepto que se tenga de persona se puede comprender de una u otra forma ese “programa interior”, al igual que se puede entender que cada alumno, de modo particular tendría su “programa interior”. Sin embargo resulta duro entender a la persona como “un programa interior”, parece quizá reduccionista y puede ser confuso a la hora de interpretar el concepto de creatividad como un “ir haciéndose” de la propia persona. Se considera más adecuado que la persona es quien es y como tal ha de desplegarse lo más humanamente posible, mas que conforme a un programa interior, conforme a las facultades de la persona, y notas que lo definen. De tal modo su crecimiento puede ser más adecuado, puede ayudar a crecer a otros y así contribuir a una mejora social.

Otro argumento destacable, y que quizá aclara con mayor acierto la idea principal de este trabajo, es el que a la luz de la Educación Personalizada realizó García Hoz (García Hoz, 1975) al postular que este tipo de educación responde a un intento de estimular a cada persona “para que vaya perfeccionando su capacidad de dirigir su propia vida, o dicho de otro modo, desarrollar su capacidad de hacer efectiva la libertad personal, participando, con sus características peculiares, en la vida cotidiana”. (p. 15). Bajo esta perspectiva se permite que cada educando pueda tomar las riendas de su propia vida dejando paso a su propia singularidad y creatividad; autonomía y libertad; apertura y comunicación. Este modo de entender la educación permite que el día a día del alumno esté empapado de retos, de posibilidades de hacer según su modo único de ser un nuevo y diferente modo de estar en el mundo. Es interesante desmenuzar su argumento del siguiente modo:

- En primer lugar, cuando habla de estimular a cada persona, está permitiendo abarcar la educación de un modo amplio y personal que puede abordarse, por un lado, desde la

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posibilidad de mostrar al alumno la grandeza del saber, la pasión por el conocimiento y el amor a la verdad; y por otro, deja paso a que sea el propio alumno el que viva de un modo singular en la realidad. Es este vivir de modo singular el que deja campo de acción a su propia creatividad para ir construyendo su vida, única y diferente de la de los demás, desde sus elecciones libres.

- En segundo lugar, que vaya perfeccionando su capacidad de dirigir su propia vida. Dirigir la propia vida implica capacidad de decisión. Y para decidir hay que conocer. Ante nuestro presente y futuro tenemos dos posibilidades, dejar que las cosas pasen, dejarnos llevar por lo que acontece o lo que toca vivir, dejar que la “vida” piense por nosotros, dejarnos llevar de modo automático o bien, ser conscientes de la vida que tenemos entre manos y plantear un proyecto de futuro con sentido. En este proyecto de futuro, que es personal, único en cada persona, y construido desde nuestra peculiar individualidad, es donde aparece de nuevo la capacidad creativa de la persona.

- En tercer lugar, hacer efectiva la libertad personal. Esta libertad implica libertad de iniciativa, libertad de elección y libertad de aceptación. Y en cada uno de estos “apellidos” encontramos un modo de hacer único, personal y diferente que implica una inherente capacidad del ser humano de ser creativo en sus acciones, decisiones, consideraciones, etc.

Esto implica la necesidad de contar con un maestro bien formado, capaz de entender la complejidad de la persona y por tanto capaz de poner en jaque cada día sus propios conocimientos, reconocer su pequeñez y su ignorancia para poder dar paso al saber, empapándose de él con entusiasmo y con pasión. Así podrá guiar a sus alumnos para que tampoco cierren las puertas al saber, para que reconozcan lo que saben y también lo que les queda por saber y se enfrente a él con el mismo apasionamiento de quien se enamora por primera vez.

Sin embargo, vemos que es difícil que esto sea el trasfondo del día a día en las aulas. Algunas investigaciones como las de Getzels y Jackson (1962) o la de Torrance (1962) ya mostraban con preocupación cómo se abría una gran zanja entre los alumnos en grado eminente y sus maestros. Por algún motivo los maestros no se muestran, en modo alguno, entusiastas cuando se encuentran con el niño extraordinariamente creador. Pero no es esto lo que únicamente preocupa, si es cierto que los alumnos que destacan por su “creatividad” -que en

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cualquier caso habría que determinar con claridad cómo se está emitiendo esa valoración- muchas veces se ven poco valorados en el aula; encontramos también que todos los alumnos se encuentran como “encasquetados” en un modo de “aprender” basado en la memoria, la repetición y la falta en esencia del desarrollo de las potencias y facultades que le son propias. De esta forma no se está favoreciendo el crecimiento adecuado de la persona en cuanto tal persona que es, esencialmente por desconocimiento.

Desde luego, si el docente desconoce estos aspectos, si el docente no ha crecido en este sentido, es difícil que promueva de esta manera el crecimiento de sus alumnos. Como señala Powel Jones (1973) para poder estimular el esfuerzo creador de los niños, “el profesor tiene que participar en los procesos de pensamiento original, esforzarse por eliminar los modelos bien establecidos de pensamiento convencional y negativo y actuar con un conocimiento más operante de las divergentes experiencias de la enseñanza” (p. 40). Pero no solamente se reduce a esto. Es que lo que principalmente ha de estar en la mente del maestro es el procurar el armónico e integral crecimiento del alumno, ateniéndose a que debe ayudarle a ser lo mejor posible la persona que es. Entendiéndose de forma completa lleva a guiar al alumno al crecimiento que ha de tener y, por tanto, la creatividad crecerá al crecer la persona en todas sus facultades.

Es más probable que los niños solucionen los problemas creativos con menor acierto cuando se les coloca en situación en que su grupo espera de ellos ideas creadoras que cuando surgen con naturalidad en su trabajo cotidiano. Por tanto, convienen que nos deshagamos de un listado de “estrategias creativas”, de “metodologías creativas” como única garantía de “creatividad en el aula” y estemos atentos a las situaciones, propuestas, intereses, iniciativas y ocurrencias del alumno en el aula (Powel Jones, 1973, p. 41).

Es posible que sea ahí principalmente donde está el problema, en que no es una cuestión de una metodología fuera de lo normal, quizá simplemente sea cuestión de pararse a pensar profundizar en la persona, y conociéndolas desde su ser y su modo de funcionar, saber cómo ayudar a crecer. Es ahí donde de forma natural pueden surgir oportunidades para que cada niño “extraiga de dentro” su riqueza interior adquirida por su adhesión a la realidad vivida y a partir de ahí, con la aportación de todos, creamos nuevos caminos hacia el saber.

La capacidad creadora sólo se configura al hilo del diálogo con la realidad. En la formación de la persona es importante que esas realidades que nos rodean, que tenemos al alcance de la mano, dejen de ser realidades distantes y se conviertan en realidades íntimas,

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una especie de voz interior. Cuando el hombre consigue que lo externo-valioso se la haga íntimo da un paso decisivo hacia la madurez (López Quintás, 1982, p. 15).

La realidad es la misma para todos y sin embargo, cada uno la vivencia de modo diferente. Este “hacer íntima la realidad” es lo que permite que cada uno cree a partir de ella, pues cada uno la hace suya y la convierte en parte de uno mismos. Es en el diálogo con una realidad que se ha de aprehender donde se abren nuevos horizontes que explorar y que transmitir. Y cuando esto se vive así, y uno se pone además en diálogo con personas que así lo viven se genera un entorno de enriquecimiento personal donde cada paso es una nueva creación. No es necesario crear un entorno concreto de creatividad, ni elaborar una compleja metodología. La vida propia, la realidad misma es una fuente inagotable de creatividad, las personas son en sí mismas fuentes de inspiración, como lo es igualmente la realidad.

En esa realidad está insertada la vida de cada persona, es en el contacto con ella y con los demás donde puede desplegar todas sus potencialidades. Así se puede afirmar, como Vygotsky (1995), que la creatividad está en todas las personas potencialmente, por tanto es necesario tomar las medidas necesarias para que se pueda desarrollar. Esta idea, que se ha desarrollado posteriormente por otros investigadores, y que pretende acabar con la idea de creatividad como “exclusiva o privilegio” de unos pocos, permitió que se profundizara en el estudio de la creatividad, desde la pedagogía, de una forma más amplia, para poder llegar a desarrollarla en el aula, en cada alumno.

En esta misma línea, Torrance (1997) plantea que las escuelas que tengan una visión de futuro se plantearán no solo para aprender, sino también para que los estudiantes piensen. Desde luego, que las escuelas muevan a los alumnos de tal forma que realmente piense, no debería ser algo a conseguir, sino que debería ser de suyo lo más habitual. Para que esto ocurra es necesario que todas las facultades propias de la persona haya sido trabajadas desde las bases, desde las facultades inferiores a las superiores y en ese enriquecimiento se dan todas las posibilidades para el alumno verdaderamente piense, reflexione y contemple sobre la realidad circundante. Este es un tema de gran interés, para el que se necesitan maestros bien preparados, abiertos a lo nuevo, que sean capaces de abandonar su punto de vista y sin miedo para ponerse a sí mismo en duda y aceptar los obstáculos que plantean los alumnos. Es necesario que el maestro sea un gran pensador, capaz de vibrar con lo que enseña, capaz de guiar al que aprende para que vibre con él aprendiendo, descubriendo todo lo que el saber encierra, degustando el conocimiento y

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entendiendo que sólo cuando uno es consciente de su ignorancia es cuando es capaz de profundizar en el saber.

En diversas ocasiones uno se encuentra con que lo que prima es que los alumnos alcancen objetivos curriculares y pasen “limpios” de un curso a otro, con “el temario bien aprendido”. Es triste observar el ritmo de una sociedad sin fuerza porque la juventud parece perdida o camina sin rumbo. Es posible que entre los jóvenes haya quienes se plantean metas personales, pero poco les preocupa las realidades en las que viven, y por ende viven poco implicados en ellas. Quizá tanta preocupación por su éxito académico, le ha llevado a una pobre preparación, que se encamina muy poco hacia una formación completa, integral. Quizá están buscando una escapada