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APROXIMACIÓN HACIA EL ESTUDIO DE UNA RELACIÓN COMPLEJA

Partiendo del análisis expuesto, en septiembre de 2006, en el marco de la redefinición de los ejes programáticos de la Oficina Regional de la Heinrich Böll Stiftung para Centroamérica, México y Cuba, se propuso realizar una investigación sobre la cultura política de los salvadoreños. La propuesta buscaba ofrecer un estudio que se alejara un tanto del concepto tradicional de cultura política, es decir, aquel que se centra en las relaciones, valoraciones, percepciones y opiniones que tienen los ciudadanos hacia la política, el estado y el gobierno. La idea era enfocarse en otros aspectos que hasta el momento han sido poco explorados. Se pretendía centrarse en las y los ciudadanos y el conocimiento que tienen sobre sus derechos y sus responsabilidades de cara a los recursos que comparten colectivamente y que por tanto directa, o indirectamente, les corresponde manejar. Es decir, se trataba de generar información sistematizada sobre las acciones, actitudes y prácticas que esta ciudadanía ejerce respecto de su entorno de los espacios y bienes que se usan comúnmente.

La base estaba clara. La democracia necesita sustentarse en una ciudadanía que ejerza sus responsabilidades, conozca y exija sus derechos y comparta los valores democráticos. Además, se buscaba enfrentarlos precisamente a estos espacios o bienes comunes, que permitieran ver con claridad el ejercicio ciudadano.

A partir de ahí se comenzó con un intenso proceso de reflexión entre la Fundación Böll, el equipo de la FLACSO- Programa El Salvador, y otras contrapartes, la cual giró alrededor del vinculo entre los conceptos de bienes comunes y ciudadanía. La tarea primordial era la de aclarar dichos conceptos, especialmente el de bienes comunes. La conferencia titulada “Bienes comunes y ciudadanía”, celebrada en México en diciembre de 2006, permitió conocer el debate, las implicaciones y las amenazas que se ciernen sobre los recursos de uso común y, sobre todo, permitió reconocer que aún no hay claridad conceptual.

No obstante la vaguedad, es posible acercarse a una definición de bienes comunes haciendo referencia, en un primer momento, “a todas las creaciones de la naturaleza y de la sociedad que heredamos de manera conjunta y libre, y que mantenemos en custodia para las futuras generaciones.”129 Por creaciones de la

naturaleza se puede entender el mar, los ríos, el cielo, el agua, la vegetación, los bosques, las cascadas, todo. Y, por creaciones de la humanidad, los elementos que hayan sido creados por el hombre como creaciones culturales; tradiciones, idiomas, leyendas, entre otros.

Bajo tal definición resulta esencial preguntarse, entonces, sobre los sujetos herederos de dichas creaciones, ¿quiénes heredan qué cosa? ¿quiénes se relacionan directamente a qué recurso? Resulta sencillo comprender que, por ejemplo, el agua es un bien común que toda la humanidad necesita y que debe cuidar, pero ¿dónde? No toda la humanidad se siente heredera de la afluente de un río caudaloso en el sur de América. Incluso, no toda la población de un mismo país se siente legitimaria de sus ríos. Ahora ¿qué decir, por ejemplo, de las creaciones “de la humanidad”? ¿Cómo se relaciona ésta con los acervos y las expresiones de la diversidad cultural, considerados y designados patrimonio cultural de la humanidad? Las imponentes edificaciones del antepasado maya, ciertas estructuras urbanas, la diversidad biológica que va estrechamente relacionada a la cultural. ¿De quiénes son? ¿Quién debería sentirse heredera de ella y por tanto cuidarla?

Todas estas interrogantes llevan a colocar como tema crucial la definición de la comunidad o el grupo de personas que guarda una relación específica con el respectivo recurso o bien, y que por tanto se siente o debería sentirse en la obliga- ción de cuidarlo. Tarea compleja. Bollier permite aterrizar esta discusión de qué bienes y qué herederos, circunscribiendo la definición de un bien común a un territorio: “(…) a un common (bien común) no necesariamente se le identifica por sus características físicas. Es más bien el hecho de que es una posesión de una comunidad, una posesión muy querida. Y no es que sean cosas, que sean objetos. Eso importa menos que el sentido emocional cívico de posesión que le damos a estos recursos, es eso lo que nos permite respetarlos, administrarlos y asignarlos de forma equitativa.”130

Así, un bien común es una “posesión de la comunidad”. Vale destacar que no necesariamente se trata de posesión en un sentido de detención de títulos de propiedad colectiva; sino se le otorga un sentido emocional cívico de pertenencia. La

129 TOMALES BAY INSTITUTE. Estado de los comunes 2003/2004: Un reporte a los propietarios. Elaborado por los Amigos de los Comunes. 2006. www.boell-latinoamerica.org

130 BOLLIER, David: “Commons: características y sistemas de gestión”. Ponencia realizada durante la Conferencia Internacional sobre Bienes Comunes y Ciudadanía: ciudadanía, elemento clave para el manejo sustentable de los commons. Ciudad de México, diciembre 2006.

comunidad, un espacio geográfico y social, por supuesto define a los sujetos para quienes un determinado bien es importante, y del cual deben ocuparse de su “custodia” (respeto, gestión y distribución equitativa). Es -en el caso de los recursos locales- la comunidad asociada a un territorio específico, la que da un sentido de pertenencia e identificación a los bienes.

Se encuentra una estrecha vinculación entre bienes comunes y ciudadanía. La ciudadanía es la que convierte un recurso de uso colectivo en un bien común, a través de su “apropiación” en el sentido de definir colectivamente las reglas de su acceso, control y uso. Sólo en la convivencia social los bienes adquieren significado y valor. Y, a su vez, es esta ciudadanía la que debe respetar, cuidar y velar por la gestión equitativa y democrática de los bienes a los que ella misma les otorga sentido. El cuidado y el respeto implican un determinado comportamiento en relación con los recursos en cuestión. Éste es, un uso y consumo basado en el auto control, en reglas y normas que garanticen la vitalidad de los recursos.

Si bien queda claro que es la ciudadanía la que convierte un recurso de uso colectivo en un bien común, debe señalarse que la determinación sobre la comunidad o el conjunto de personas con derechos y obligaciones específicos hacia un respectivo bien o recurso, puede llegar a ser una tarea conflictiva. Muchas veces no hay un grupo específico relacionado a un recurso. Al respecto, Ostrom sostiene que en esta relación (comunidad - bien común), las características de la comunidad como el tamaño del grupo, la homogeneidad o heterogeneidad de intereses, los patrones de migración, etcétera, son susceptibles de afectar dicha relación.131 Por

ello, el estudio de la determinación y relación entre bienes comunes y ciudadanía es una tarea compleja, que debe estudiarse caso por caso.

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