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EL MANEJO DE LOS BIENES COMUNES

¿Cómo se deben manejar nuestros recursos? La respuesta depende en gran medida de la naturaleza de un recurso compartido y de la comunidad específica. Uno de los principales factores determinantes es si un recurso puede ser usado por muchas personas sin que se destruya. Si se talan demasiados árboles en un bosque, éste se destruirá. Pero cuando muchos programadores se unen a una comunidad de software de licencia abierta y muchas personas usan el mismo software al mismo tiempo, no se agota este bien común, sino que se agrega valor al corpus compartido del código de software. Un bosque se puede “agotar”, pero un software se amplía mediante una mayor participación.

Por consiguiente, un factor importante en el manejo de los bienes comunes es si un recurso es agotable o no. Los recursos naturales tienden a ser agotables (o “extraíbles”), mientras que la información y la cultura no se pueden “agotar” en realidad, sobre todo en la era de Internet y la reproducción digital de bajo costo. Por ello, los bienes comunes de información tienden a aumentar de valor a medida que más gente los usa, fenómeno que Carol Rose, profesora de derecho de la propiedad, llama una “comedia de los comunes”.

Otro factor importante es si el recurso es “excluible” o “rival”. Resulta difícil evitar que la gente se beneficie de recursos como los faros y los atardeceres, a los que todos tenemos libre acceso; son “no excluibles”. Asimismo, mi disfrute de estos recursos no merma el disfrute de alguien más; son “no rivales”. Estos recursos no excluyentes, no rivales, se conocen en la teoría clásica como “bienes públicos”. No es fácil ponerles un medidor o evitar que la gente obtenga beneficios de ellos.

Este análisis indica que los recursos comunes agotables requieren que los participantes de un bien común establezcan límites al uso de un recurso compartido, distribuyan esos derechos de manera justa y vigilen su uso. En cambio, manejar un “recurso común digital” tiene que ver menos con el manejo de recursos finitos que con el manejo de recursos sociales. Normalmente, la gestión de los recursos en línea se centra en los criterios del liderazgo meritocrático, la participación abierta, el cultivo del consenso social, la reciprocidad y la exclusión de los vándalos y los spammers. Los tipos de gestión y la toma de decisiones para determinados recursos dependerán de que éstos sean agotables o no agotables, rivales o no rivales, y excluibles o no excluibles. También variarán según la cultura y la historia peculiares de una comunidad dada y la naturaleza del recurso. Así, los pescadores de langosta de Maine manejarán sus suministros limitados de langosta de manera distinta a aquella en que los agricultores de Valencia, España, manejan su limitado abasto de agua o el Proyecto Gutenberg, un proyecto internacional, maneja la digitalización de libros de dominio público.26

25 Véase también OSTROM, Elinor: “El gobierno de los bienes comunes desde el punto de vista de la ciudadanía”. En este libro.

Hoy surge el interés en los bienes comunes porque se les considera un antídoto para el cercamiento ejercido por los mercados. Las nuevas tecnologías y las empresas poderosas están tomando el control de muchos recursos que durante largo tiempo han existido como bienes públicos. Dos destacadas estudiosas de los recursos comunes (y sus sistemas de gestión), Elinor Ostrom y Charlotte Hess, escriben: “La capacidad de atrapar lo que antes era inatrapable genera un cambio fundamental en la naturaleza del recurso, donde el recurso deja de ser un bien público no rival, no excluyente para convertirse en un recurso común que es necesario manejar, controlar y proteger, a fin de asegurar su sustentabilidad y preservación”.27

Un “recurso de uso común” (common pool resource) es un bien económico compartido, independiente de cualquier sistema de derechos legales de propiedad. Los especialistas han usado este término a menudo para distinguir un bien de una “propiedad común”, lo que denota un recurso poseído en conjunto mediante una serie de derechos legales. Recientemente, los especialistas se han empezado a referir a ambos como “bienes comunes” (del inglés commons).

Los bienes comunes suponen una lógica muy distinta a la del mercado para el manejo de los recursos. Ofrecen formas de propiedad y administración más equitativas que la propiedad privada. Buscan la sustentabilidad del recurso a largo plazo, a diferencia de la propensión del mercado a maximizar los beneficios (financieros) a corto plazo. En el ámbito de los bienes comunes se respeta el autogobierno como un principio importante. Lejos de una “tragedia”, la idea del manejo ciudadano de nuestros recursos consiste en establecer reglas claras y eficaces para dar acceso a un recurso compartido. Puede asegurar el mantenimiento apropiado del recurso sin dejar de brindar protección contra los “advenedizos” que podrían usar el recurso sin contribuir a su mantenimiento.

Sin embargo, los sistemas de manejo pueden variar inmensamente. No existe un modelo universal. Son necesarios diferentes sistemas debido a la diferente naturaleza de los recursos, su escala y la comunidad de que se trate. Por ejemplo, las comunidades pesqueras pequeñas pueden otorgar derechos de pesca en ciertas aguas y vigilar de manera más eficaz que un gobierno federal a quienes los violan. No obstante, cuando se trata del espacio radioeléctrico usado por la radio y la televisión, probablemente sea necesario el gobierno para que establezca un sistema general de reglas técnicas y legales. Sin embargo, obsérvese que estas reglas pueden favorecer a las grandes radiodifusoras y televisoras corporativas que buscan maximizar sus ganancias en el mercado, o a pequeñas radiodifusoras o televisoras que funcionan como bienes comunes locales. Los mexicanos recordarán la llamada “Ley Televisa”, cuando los legisladores mexicanos cedieron a la presión de los gigantes de los medios Televisa, propiedad de la familia Azcárraga, y TV Azteca.

27 HESS, Charlotte y OSTROM, Elinor: Understanding Knowledge as a Commons: From Theory to Practice. Cambridge, Massachusetts MIT Press. 2007. p. 10.

Ambas empresas dominan el espacio radioeléctrico, con una audiencia de más de 95 por ciento. Lo que hicieron los legisladores al aprobar las leyes de radio y televisión es, prácticamente, fortalecer la influencia de ambas empresas y concentrar la asignación del espacio radioeléctrico, en vez de utilizar el nuevo espacio obtenido gracias a la digitalización para devolverlo a los mexicanos y a los competidores de los medios de comunicación. Se considera que esta ley es un regalo para los gigantes de la televisión. Los canales y las estaciones a los que ya se ha asignado una frecuencia podrán conectarse a servicios digitales de todo tipo sin pagar nada a la ciudadanía, mientras que los nuevos competidores deberán participar en licitaciones públicas para obtener un espacio adicional. Los observadores son claros al señalar que todos los partidos políticos y el gobierno inclinaron la cabeza para permitir la aprobación de la “Ley Televisa”, lo que demuestra que la televisión tiene un poder que rebasa al del Estado.

Sin embargo, otros actores, como los programadores de software de licencia libre, pueden operar de manera totalmente independiente del gobierno. Este tipo de “comunidades” se valen de reglas formales y normas sociales informales para su autoorganización.

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