E. El argumento ontológico
4. El argumento ontológico según Descartes
(a) Deductivo. Es verdad que Descartes presentó el argumento
de Anselmo principalmente de una manera deductiva, a priori, tra- tando de probar la existencia de Dios del hecho de que la idea de un Ser perfecto incluye la idea de existencia. El racionalismo e innatismo están aquí en el fondo del razonamiento de Descartes. Este creía en las ideas innatas, pero no fue un platónico ni siempre un racionalista. Por eso vio las dificultades mejor que Anselmo. Dijo en Meditación V: «Aunque en verdad, no puedo concebir a un Dios sino como exis- tente, lo mismo que no puedo pensar en un monte sin un valle, sin embargo, tal como no se desprende que haya una montaña en el mun- do por la mera razón de que he concebido una montaña con un valle, así también, aunque yo conciba a Dios como si existiera, no parece desprenderse que Dios existe; porque mis pensamientos no imponen ninguna necesidad sobre las cosas». 23
Descartes trata de contestar sus propias objeciones al razonar que la existencia pertenece a la misma esencia de Dios. 24 En su
«Réplica a la Objeción Segunda», Proposición I, Descartes arguye: «La existencia de Dios se conoce solamente de la consideración de su naturaleza ... la existencia necesaria está contenida en la naturaleza o en el concepto de Dios». 25 Pero no creo que jamás estuviera comple-
tamente satisfecho con esta forma del argumento.
22Kant, Crítica de la razón pura, vol. II, p. 256 (libro II, sección 3, capítulo 4).
23René Descartes, The Meditations and Selections from the Principles of Philosophy [Medita- ciones y selecciones de los principios de la filosofía], trad. John Veitch (LaSalle, Illinois: Open Court Publishing Company, 1946), p. 78.
24Descartes, pp. 78, 80, 81 etc. 25Descartes, p. 220.
(b) Inductivo. Es raro que alguien dude que Descartes haya pre-
sentado el argumento ontológico no sólo en forma deductiva, sino también en forma inductiva, como un argumento de efecto a causa, un argumento por un proceso a posteriori. En su «Réplica a la Se- gunda Objeción», Descartes expone este argumento inductivo aun si no con las mismas palabras:
«Proposición II. La existencia de Dios se demuestra, a posteriori de esto solo de que su idea está en nosotros.
»Demostración. La realidad objetiva de cada una de nuestras ideas requiere una causa en la cual esté contenida esta misma reali- dad, no sólo objetivamente sino también formalmente o en sumo gra- do (por Axioma V).
»Pero tenemos en nosotros la idea de Dios (por Definiciones II y VIII), y la realidad objetiva de esta idea no se encuentra en nosotros ni realmente ni en sumo grado (por Axioma VI), ni puede ser conteni- da en ningún otro sino sólo en Dios mismo (por Definición VIII).
»Por lo tanto, esta idea de Dios que está en nosotros demanda como su causa a Dios, y por consiguiente Dios existe (por Axioma III).» 26
Descartes introduce sus proposiciones y demostraciones por una serie de definiciones, postulados, y axiomas, cada una de las cuales forma material de fondo para las proposiciones y demostraciones a medida que exponen. No es necesario citar todos los axiomas y defi- niciones a los que Descartes hace referencia en su demostración de la Proposición II. El más importante es el Axioma V, que reza como sigue: «De donde se desprende asimismo que la realidad objetiva de nuestras ideas requiere una causa, la cual contiene esta misma reali- dad, no sólo objetivamente sino realmente o en sumo grado. Y debe observarse que este axioma tiene que ser reconocido por necesidad, porque de él sólo depende el conocimiento de todas las cosas, sean sensibles o insensibles. Porque, ¿de dónde sabemos, por ejemplo, que el cielo existe? ¿Es porque lo vemos? Pero esta vista no afecta la mente a menos en tanto que sea una idea, y una idea inherente a la mente misma y no una imagen dibujada en la fantasía; y, por causa de esta idea, no podemos juzgar que el cielo existe a menos que su- pongamos que cada idea deba tener una causa de su realidad objetiva que es realmente existente; y esta causa juzgamos que es el cielo mismo, y así en otros casos». 27
26Descartes, p. 220. 27Descartes, p. 219.
Que esta es una forma verdaderamente distinta del argumento de Anselmo, un argumento que usa el proceso inductivo del efecto a la causa resulta claro de la naturaleza de las declaraciones mismas. Des- cartes lo llama a posteriori en otras palabras. En verdad, es sorpren- dente que el hecho no haya sido reconocido más extensamente. Sin embargo, el argumento ontológico es tan despreciado, tantos estudian- tes y profesores de filosofía han dicho que Kant puso fin a eso hace mucho tiempo, que cuando se hace referencia a la forma inductiva del argumento de Descartes se encuentra generalmente la incredulidad.
Leibnitz estaba bien informado acerca de la filosofía de Descar- tes. Aunque no consideró de mucho valor el argumento a posteriori de Descartes, muestra que tenía conocimiento del mismo. Leibnitz dice de este argumento: «... El otro argumento de Descartes, que trata de probar la existencia de Dios porque la idea de él está en nuestra alma y tiene que haber venido del original, es aun menos concluyente [que el argumento a priori]. Porque, en primer lugar, este argumento tiene el defecto, tal como el anterior, de que presume que en nosotros hay tal idea, eso es, que Dios es posible. Porque lo que Descartes sostiene es que al hablar de Dios sabemos lo que estamos diciendo, y sin embargo este movimiento es una cosa imposible, de la cual, en consecuencia, podemos tener solamente una idea aparente. En segun- do lugar, este mismo argumento no prueba suficientemente que la idea de Dios, si la tenemos, tenga que haber venido del original». 28
Notaremos que para Leibnitz «tener una idea» significa tener una idea correcta. Y una idea correcta para Leibnitz, un idealista, es una idea que corresponde a la realidad. Para Descartes, un dualista, al contrario, «tener una idea» significa lo que la frase significa en el lenguaje común. La idea puede o no ser clara, y puede o no corres- ponder a la realidad, pero tiene una causa.
Es claro, por las palabras de Leibnitz, que reconoció en los escri- tos de Descartes un argumento inductivo a posteriori del efecto a la causa, empezando con la idea de Dios como un dato empírico. El he- cho de que Leibnitz tuviese en poco el argumento probablemente es la razón por la que Kant lo ignoró. Pero el hecho de que Leibnitz notó la existencia del argumento en Descartes da algo de peso a la opinión de que este argumento de Descartes no debiera pasarse por alto.