E. Génesis capítulos 1 y 2
4. Interpretación sugerida
La interpretación de los días de la creación que yo propondría depende de dos puntos cruciales: (1) que la palabra «día» en referen- cia a los siete días se use figurativamente, y (2) que no debemos entender que el sol fue creado en el cuarto día, sino que en ese día se hizo visible, debido al enfriamiento de la tierra y al despeje de la atmósfera. La luz durante los tres primeros días fue sencillamente la luz del sol difundida por la atmósfera nublada, no siendo visibles todavía el sol y los otros cuerpos celestes.
a. Uso figurativo de «día»
Cuando decimos que esta palabra «día» se usa figurativamente, queremos decir que representa un período de tiempo indefinido que
se funde con otros días o períodos. Por ejemplo, hablamos del día de la Reforma, o del día de Lutero. En tal lenguaje figurativo frecuentemen- te se llama a Wyclif «El lucero del alba de la Reforma». El uso figura- tivo de la palabra día es muy común en las Escrituras. «El día del Señor», «ese día», son expresiones usadas comúnmente por los profe- tas para expresar una serie de eventos que cubren un período conside- rable de tiempo. Véase Amós 5.18-20, donde se habla del «día del Señor» con referencia a los impíos, pero para los justos «en aquel día yo levantaré el tabernáculo caído de David y cerraré sus portillos.... He aquí vienen días, dice Jehová, en que el que ara alcanzará al segador» (Am 9.11,13). Es obvio que para Pablo «el día de Cristo» (2 Tes 2.3) era un período de tiempo algo extenso. Como ya se ha indicado, el uso figurativo de la palabra «día» se encuentra en el contexto inmediato. En Génesis 2.4 leemos: «Estos son los orígenes de los cielos y de la tierra cuando fueron creados el día en que Jehová Dios hizo la tierra y los cielos». La única manera posible en que se pueda referir a seis días como un día es el uso figurativo de la palabra día. También en el con- texto inmediato, la serie luz y tinieblas, día y noche se incluyó dentro del primer día, y el sol empezó a funcionar dentro del cuarto «día» como una «señal» para indicar «días y años».
Se presenta el cuarto mandamiento, Éxodo 20.8-11, como evi- dencia contra la interpretación figurativa de la palabra «día» en Gé- nesis 1. Las Escrituras dicen: «Seis días trabajarás y harás toda tu obra; mas el séptimo día es reposo para Jehová tu Dios Porque en seis días hizo Jehová los cielos y la tierra, el mar y todas las cosas que en ellos hay, y reposó en el séptimo día; por lo tanto, Jehová bendijo el día de reposo y lo santificó. Si no tuviéramos otro ejemplo del lenguaje de Moisés podríamos tomar este pasaje como evidencia para un día creativo de veinticuatro horas. Pero tenemos evidencia bíblica de que Moisés hizo una distinción radical entre la actitud de Dios en cuanto al tiempo y la actitud del hombre. Lo que Moisés está diciendo, en el contexto bíblico total, debe entenderse como la ense- ñanza que el hombre debe observar una relación de trabajo a descan- so de seis días a un día porque Dios en la creación, nos dio un ejem- plo de seis a uno de su tipo de días. Ciertamente el cuarto manda- miento no nos da derecho a decir que los días de Dios siempre tene- mos que entenderlos como de la misma duración como los días del hombre, cuando tenemos tanta evidencia contraria.
Se atribuye el Salmo 90 a Moisés, y es probable que la atribu- ción sea correcta. En el versículo 4 leemos: «Porque mil años delante
de tus ojos son como el día de ayer que pasó como una de las vigilias de la noche». Parecería entonces que Moisés mismo estaba acostum- brado al uso figurativo de la palabra; porque mil años podrían ser igual a «ayer» o una de las vigilias de la noche de tres o cuatro horas. Pedro expresa la misma idea: «No ignoréis esto: Que para el Señor un día es como mil años y mil años como un día» (2 P 3.8).
En Hebreos 4.1-11 tenemos una interesante referencia al séptimo día de Génesis 2.1-3. El autor de la Epístola a los Hebreos comenta sobre las palabras del Salmo 95.11, «Juré en mi furor que no entra- rían en mi reposo». Esta declaración en el Salmo se refiere a Núme- ros 14.23, «No verán la tierra de la cual juré a sus padres; no, ningu- no de los que me ha irritado la verá». El autor de la Epístola a los Hebreos definitivamente relaciona el «descanso» de Dios al cual se refiere en el Salmo 95.11 con Génesis 2.3: «Y reposó el día séptimo de toda obra que hizo» (Heb 4.4,10). La conclusión se da a los lecto- res: «por tanto queda un reposo para el pueblo de Dios» (Heb 4.9). El sábado de Dios continúa todavía.
Aun concediendo que el autor de la Epístola a los Hebreos está usando Génesis 2.2 en un sentido figurativo, o analógico, y que no quiere decir literalmente que el pueblo de Dios participará en el acto particular por el cual Dios cesó de su obra especial de la creación, todo el pasaje de Hebreos 4.1-11 indica que el séptimo día de Génesis 2.1-3 todavía continúa, como se sugiere en el siguiente diagrama.
Mi sugerencia es que el séptimo día de la semana creativa de Dios se extiende desde la conclusión de la creación del hombre por todo el curso de la historia de este mundo hasta la creación de los «nuevos cielos y la nueva tierra», cuando «Dios hará nuevas todas las cosas» (Ap 21.5).
El pasado eterno
Primer día Tinieblas, luz, día y noche
Segundo día La expansión o "firmamento"
Tercer día Tierra y vegetación
Cuarto día Sol, luna y estrellas para tiempo, estaciones, días, años
Quinto día Peces anfibios, reptiles, y aves
Sexto día Vida animal—el hombre
Séptimo día La obra de la creación terminó; providencia y redención en proceso.
Nuevos cielos y nueva tierra, eternidad futura.
Ciertas notas en la edición Scofield de la Biblia, una publicación que ha sido aceptable a multitudes de buenos cristianos en nuestra generación, se pronuncian por un significado figurativo de la palabra día. «La palabra «día» se usa en las Escrituras de tres maneras: (1) aquella parte del día solar de veinticuatro horas que tiene luz (Gn 1.5,14; Jn 9.4; 11.9); (2) tal día apartado para algún propósito espe- cial, como «día de expiación» (Lv 23.27); «día del juicio» (Mt 10.15); (3) un período de tiempo, largo o corto, durante el cual ciertos propó- sitos revelados de Dios han de realizarse, como: «el día del Señor». El uso de «tarde» y «mañana» se puede considerar como limitando el día solar; pero el frecuente uso parabólico de fenómenos naturales puede justificar la conclusión de que cada «día» creativo era un pe- ríodo de tiempo marcado por un principio y un fin».
Parecería obvio que, si la palabra «día» fuera figurativa, las par- tes del día serían figurativas, como cuando decimos «la aurora de un nuevo día» para decir «el principio de una nueva era». Los hebreos consideraban que el nuevo día empezaba con la puesta del sol. Así las palabras «y fue la tarde y la mañana de un día» serían equivalentes en términos modernos a «esta época tuvo sus comienzos graduales y gradualmente se fundió con la época que seguía».
No sólo usan las Escrituras «día» en un sentido no literal sino que Juan usa «la última hora» para el período completo en que vivi- mos. En 1 Juan 2.18 la palabra traducida «tiempo» es «hora». Cristo habló de su crucifixión como su «hora», pero véase Lucas 23.44.
b. El punto de vista
El punto de vista de Génesis 1 es la preparación de la tierra para ser la habitación del hombre. A medida que el libro avanza, el punto de vista cambia rápidamente a Palestina, como el hogar prometido del pueblo hebreo. Puesto que el Espíritu Santo reveló a Moisés he- chos en cuanto a la creación que obviamente no fueron accesibles a la investigación humana, ni aun a la especulación, el punto de vista se mantiene: esta tierra fue preparada para ser el hogar del hombre. Este punto de vista físico es apropiado para el propósito de Moisés, que fue el de instruir al pueblo hebreo en su relación esencial con Dios.
Cualquiera que sea la teoría astronómica que uno tenga en cuanto al origen de la tierra, es evidente que en sus primeras etapas tuvo una temperatura mucho más elevada que la que tiene ahora. La tierra habría estado rodeada por densas nubes porque el calor ha- bría causado que el agua estuviera en estado de vapor. Gradual-
mente estas nubes se condensarían y la atmósfera se limpiaría al proseguir el proceso de enfriamiento. Así, la luz del sol haría la diferencia entre el día y la noche mucho antes de que el sol fuera visible en los cielos para determinar las estaciones, los días, y los años con algún grado de precisión.
W.G.T. Shedd en 1888 dijo: «La ciencia física encuentra ahora un período geológico de océanos de agua tibia, densas neblinas y temperaturas altas muy favorables a la vida y crecimiento vegetal, mucho antes de que el sol pudiera penetrar con sus rayos el espeso y oscuro vapor». 1