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La arquitectura en los años 80: la influencia de Jacques Derrida

La repetición “desnuda” y la “disfrazada” (diferencial): el año de

2.3 El diagrama rizomático en la arquitectura de la segunda mitad del siglo

2.3.1 La arquitectura en los años 80: la influencia de Jacques Derrida

A finales de los años 60 y 70, las ideas lingüísticas y estructuralistas marcaron fuerte presencia en los debates arquitectónicos, principalmente por la influencia del pensamiento de

Imagen2.12: El tablero “User’s game”. Escrito al lado: “Para jugar: tome cualquier mostrador y lo coloque en lapleasure zone board [una zona con los meses del año]; mover de nuevo antes de completar 12 horas; después de un año o dos, construir nuevo tablero”. Fuente: “Non Plan” con Cedric Price, Paul Barker, Reyner Banham y Peter Hall (1969).

102 Roland Barthes y Noam Chomsky. No obstante, esta abertura de la arquitectura a la lingüística y a la semiótica también permitió a los arquitectos se profundizaren en estos temas. De este modo, ellos llegarían a las críticas posestructuralistas que nascían a la época a través de Jacques Derrida (desde 1966). Al mismo tiempo, surgía una generación de jóvenes arquitectos interesados en estos temas teóricos, además de impedidos de desarrollar proyectos debido a la fuerte crisis económica de los años 70. Estos arquitectos se han vuelto conocidos por sus proyectos teóricos217 y por hacer parte de una generación marcada por el “paradigma crítico”218. Según Hays (1984), el acuñador de este término, este paradigma posicionaría la crítica delante de las representaciones de los valores culturales preexistentes y dominantes, al mismo tiempo que defendían la autonomía de un sistema abstracto formal.

Estos arquitectos críticos encontrarían en el diagrama un recurso potente para experimentación y para un pensamiento de vanguardia contra la representación dominante. Aunque esta generación poco se interesó en teorizar el papel del diagrama219, claramente sus temas estaban asociados con las discusiones posestructuralistas. Ellos vieron en el diagrama la función de cartografiar los movimientos o los eventos que provocasen algún tipo de transformación en la estructuración del espacio. Es decir, ellos se preocupaban en registrar los eventos que escaparían a estructura (ver apartado 2.1). Tal y como observó Bernard Tschumi en “Manhattan Transcripts” en 1981, era una notación arquitectónica que se diferenciaría de la mayoría de los dibujos arquitectónicos, por transcribir las cosas que normalmente eran removidas de la representación convencional (Tschumi, 1994). Así, un asesino en un parque o un cuerpo en caída libre de un edificio se convertirían en manifestaciones arquitectónicas (imagen 2.14), es decir, protagonistas principales cuyo movimiento necesitaba ser diagramado.

Imagen2.14: Diagrama de “Manhattan Transcripts” (1981) Bernard Tschumi, donde un asesino en un parque o un cuerpo en caída libre de un edificio se convirtieron en manifestaciones arquitectónicas. Fuente: Tschumi, 1994.

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Dos ejemplos de trabajos teóricos emblemáticos de este período son: (a) La exposición de Bernard Tschumi “The Manhattan Transcripts” que ocurrió entre 1976-1981, publicada en libro en 1981. (b) La investigación sobre New York desarrollada por Rem Koolhaas en el IAUS entre 1975-1978, publicada con el título de “Delirious New York: A Retroactive Manifesto for Manhattan” en 1978.

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Término acuñado por el profesor americano Michael Hays en su texto “Critical Architecture: between culture and form” de 1984.

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Es posible encontrar en algunos textos del arquitecto Peter Eisenman comentarios sobre diagramas, incluso veces con importantes contribuciones sobre la definición del diagrama moderno, por ejemplo en el texto "Aspects of Modernism: Maison Dom-ino and the Self-Referential Sign" de 1979 (revista Oppositions).

103 En 1982, el concurso del Parc de la Villette en Paris se mostró como una gran oportunidad para estos arquitectos, la posibilidad de construir algo más allá de pequeños edificios o proyectos teóricos. Luego, este concurso se convirtió una oportunidad para los arquitectos Tschumi y Eisenman invitaren a Jacques Derrida para colaborar con sus proyectos220, y al mismo tiempo, marcar la entrada del posestructuralismo en el debate en la disciplina arquitectónica. Este debate caracterizó la tonalidad teórica de la década de 80221, reconocido por el evento de 1988 en el MOMA de New York, la exposición llamada “Deconstructivist Architecture”. Así, con la economía en recuperación, estos arquitectos se consolidaron en el escenario mundial con su “arquitectura crítica”. Entres estos, seguramente Eisenman fue el arquitecto que más profundizó el tema derridiano posestructuralista, así como el empleo de diagramas, pues seguimos con su diagrama y su crítica a la imagen estructurada. Peter Eisenman y el diagrama de las huellas

Durante los años 80, tras haber intentado explorar la “estructura profunda”222 derivada de Chomsky, Eisenman se ha dedicado a profundizar su investigación sobre el discurso de la arquitectura, pero ahora, desde el pensamiento posestructuralista de Derrida. El objetivo del arquitecto sería rastrear las huellas de “… lo que no puede dejarse reducir a la forma de la presencia” (Derrida, 1986, p. 74). Como explica Moneo (2004), sus diagramas buscarían exponer lo que el americano llama de “interioridad de la arquitectura”, y así, librar la arquitectura de todas sus ataduras y represiones. Eisenman (1999) explica que sus diagramas podrían ayudar a revelar un tipo de “traza” de la arquitectura, es decir, alguna marca que la estructura genérica no habría conseguido borrar, una huella reprimida que conseguiría contar algo sobre la interioridad de la arquitectura223. Estos diagramas incorporarían la idea derridiana de la “escritura de la diferencia” 224, es decir, las marcas que quedarían en el

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Como comenta Wilken (2007), fueron sólo seis encuentros de “brainstorming” entre Eisenman y Derrida para desarrollar el plan para el Parc de la Villette, no obstante ninguno esquema final fue realizado, sólo un diagrama que era una herramienta conceptual. De algún modo, esto ya indicaba el papel que el diagrama tendría para Derrida, un concepto. Para entender el papel del diagrama para Derrida ver “Diagrammatology” de Wilken, que propone mezclar la gramatología de Derrida con el empleo de diagramas por los arquitectos.

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Acerca de este tema, yo escribí un artículo cuyo título es “6=6? Caminhos, reflexões e o tempo da arquitetura contemporânea” en 2010, ver: http://www.vitruvius.com.br/revistas/read/arquitextos/11.124/3573.

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Influenciado por la “gramática generativa” del libro “Syntatic Structures” (“Estructuras Sintácticas”) de 1957 de Chomsky, uno de las lecturas principales hechas para su tesis de doctorado en 1973. Como comenta Souza (2010), Chomsky señala que una oración tiene dos estructuras: la estructura superficial y la estructura profunda. La primera representa la forma como aparenta la oración (‘El padre no leía el periódico’), la segunda contiene el contenido semántico de la frase (Negativa+Determinate+Nome+Verbo+Tiempo+Determinante+Nome).

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Como ya explicaba Saussure, la diferencia es un aspecto esencial en la significación, es decir, entendemos los significados desde un efecto negativo, por contraste con los otros significados. Pero Derrida ampliaría esta cuestión, pues trataría de lo que estaría entre estos intervalos, algo que no estaría presente, sino dejado “huellas”. En las palabras de Derrida “…la huella es la diferencia que abre el aparecer y la significación. Articulando lo viviente sobre lo no-viviente en general, origen de toda repetición, origen de la idealidad, ella no es más ideal que real, más inteligible que sensible, más una significación transparente que una energía opaca, y ningún concepto de la metafísica puede describirla” (Derrida, 1986, p.85).

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Eisenman es fuertemente influenciado por la idea de “escritura” de Derrida, tratada por el filósofo en “L'Écriture et la différence” y “De la Grammatologie”, ambos de 1967.La différance, el término fundamental cuñado por el francés, sería el algo a partir de lo cual las cosas son significadas. Como ejemplifica Costa (2009), la palabra “infinito” puede ser definida por ilimitado, absoluto o inmensurable; en esta definición hay siempre un doble movimiento, es decir, se necesita de varias palabras para definir una palabra, además una palabra puede ser definida por algo que no lo es, es decir por sus diferencias. Este movimiento de la diferencia ha introducido la cuestión de la temporalización, de la existencia de un antes y de otro después, donde jamás se llegará a su origen.

104 “entre” de toda estructura. Estas marcas contarían algo sobre la propia estructura, algo reprimido por esta y más amplio225, algo que se había escapado. Así, sería necesario cartografiar estas huellas desde una memoria reprimida.

Para Eisenman esta “interioridad de la arquitectura” ya estaría dada en alguna forma de registro, en “Diagram: an original scene of writing” (Eisenman, 1999), destaca que la “traza” (similar a la “huella” de Derrida) sería un tipo de mecanismo diagramático que abre la dicha represión a la posibilidad. Así, el diagrama accionaría los registros o marcas de una “reserva de trazas infinita”. Como en la figura de la “pizarra (bloc) mágica” de Freud226, también comentada por Derrida, el diagrama sería concebido como una serie de capas o superficies que son constantemente regeneradas y al mismo tiempo capaces de retener múltiples series de trazas. “El diagrama entendido como un estrato de trazas superpuestas ofrece la posibilidad de abrir lo visible a lo articulable, algo que está dentro de lo visible” (Eisenman, 1999, p.281).227 De este modo, el proyecto y su interioridad, podrían escribirse en la superficie del diagrama que tendría la infinita posibilidad de inscribir marcas no- permanentes y trazas permanentes. Como explica Martinez Lopez (2009), para Eisenman todos los discursos contendrían represiones al mismo tiempo que poseen una inscripción alternativa interior.

De este modo, Eisenman, en un ataque a las estructuras históricamente consolidadas y al propio historicismo de moda en la época, propone diagramar memorias potenciales, incluso las que no habían ocurrido y que no estarían condenadas a la historia literal de la anterioridad. El arquitecto propone excavaciones artificiales conceptuales, donde podría emerger un hospital de Le Corbusier nunca construido en Venecia o las cuadrículas urbanas de Berlín de 1760 y 1830 giradas (imagen 2.15). De cualquier modo, el diagrama se volvería una manera de

estimular “la emergencia de ese otro mundo de fuerzas es lo que ahora es diagramado” (Eisenman, 2005, p.376). Como explica el arquitecto, “mis diagramas contienen las semillas de Así, todo texto escrito no posee una interpretación definitiva, propia o correcta, es decir, un lector jamás alcanzará la intención del autor a través de su texto. El texto no sustentaría un significado definitivo.

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El concepto de “escritura” excedería e implicaría el de lenguaje. Derrida (1986) comenta que si "lenguaje" de modo amplio trata de acción, movimiento, pensamiento, reflexión, conciencia, inconsciente, experiencia, afectividad; "escritura", de modo más amplio todavía, “… se designa así no sólo los gestos físicos de la inscripción literal, pictográfica o ideográfica, sino también la totalidad de lo que la hace posible; además, y más allá de lo que la hace significante, y también la hace significada como tal; y a partir de esto, todo aquello que pueda dar lugar a una inscripción en general, sea o no literal e inclusive si lo que ella distribuye en el espacio es extraño al orden de la voz: cinematografía, coreografía, por cierto, pero también "escritura" pictórica, musical, escultórica, etc.” (Derrida, 1986, p.14).

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El término ‘pizarra mágica’ (Wunderblock) está relacionado con el texto Nota sobre el bloc mágico de Sigmund Freud de 1925. El propio Freud (1924) explica que la pizarra mágica es una tablilla de cera o resina de color oscuro, colocada en un marco de cartón; hay sobre ella una hoja delgada, trasparente, fija en el extremo superior de la tablilla de cera, y libre en el inferior. Derrida comenta en “Freud y la Escena de la Escritura”, que utiliza los conceptos de Freud con cierta reticencia teórica, pero que el bloc mágico es una buena metáfora para representar el funcionamiento del psiquismo, la escritura psíquica. Este se “… va elaborando una problemática del abrirse-paso hasta conformarse cada vez más en una metafórica de la huella escrita. A partir de un sistema de huellas, funcionando según un modelo que Freud habría pretendido considerar natural, y del que la escritura está completamente ausente, se nos orienta hacia una configuración de huellas que no se puede representar ya más que por la estructura y el funcionamiento de una escritura.” (Derrida, 1989) Todas estas diferencias en la producción de la huella pueden reinterpretarse como momentos de la diferencia.

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Eisenman observa que el diagrama es como mapas superpuestos, sin embargo habría según Eisenman una diferencia entre la idea de superposición de Deleuze y Eisenman. Para Deleuze, superposición se refiere a la una capa vertical diferenciando fondo y figura. La idea de Eisenman partiría de la coexistencia, donde no hay suelo estable, en camadas horizontales donde fondo y figura oscilan entre uno y otro (Eisenman, 1999)

105 algo más allá” (Eisenman, 1999, p.48). Así, el diagrama ya no serviría para representar una estructura conocida, sino para descubrir marcas olvidadas y reprimidas por esta estructura (el negativo). Aunque en aquel momento no pareciera necesario un nuevo concepto de diagrama, este ya no se parecía con el diagrama estructural.

Imagen2.15: Proyectos de Peter Eisenman, Cannaregio (Venecia, 1978) y el Castillo Romeo + Juliet (Bienal de Venecia de 1985), y Checkpoint Charlie (Berlin IBA 1983). En estos proyectos hay una superposición de huellas derivadas de otros proyectos construidos o no. Fuente: Souza (2010) y

http://www.architectural-review.com/comment-and-opinion/interview-peter-isenman/8646893.article.