Capítulo I. Las formas de la razón y la acción sensible en
2. La cultura en tanto prácticas plurales
2.1. Artes de hacer cultura: micro-resistencias elusivas del poder
De Certeau sugiere pensar la cultura en su dimensión más dinámica (aunque escurridiza): las prácticas de los sujetos. Elige, así, el movi- miento, los límites y las potencialidades de sus manifestaciones corpo- rales, que son cambiantes y perecederos, al contrario de los abordajes de la cultura que la encasillan en ‘grandes obras’ o monumentos iden- tificados y duraderos.
Desde esta concepción, entonces, todo circuito establecido institu- cionalmente como único y verdadero, el oficial o el experto, el de la norma, el del especialista que domina y establece un significado único o un modelo, es tensionado con frecuencia por las múltiples formas de las culturas populares a través de las cuales los caminantes/hablantes/lec- tores fragmentan los textos y las piezas y los recombinan de acuerdo con sus propias necesidades e intenciones concretas.
En efecto, optar por las múltiples operaciones de los sujetos es acep- tar lo pluralde la cultura, a pesar de que el discurso dominante y su modo de gestión se presenten en singular. En palabras del autor:
La cultura en singular impone siempre la ley de un poder. A la expan- sión de una fuerza que unifica colonizando, y que niega a la vez su lí- mite y los otros, debe oponerse una resistencia. (…) La cultura en plural llama sin cesar al combate (De Certeau, 1999a: 196).
Esta perspectiva del autor francés puede ser advertida en sus trabajos sobre distintas dimensiones de la realidad social. En el terreno de la lin- güística, su posicionamiento consiste en un distanciamiento respecto
del estructuralismo francés, que concibe la lengua como un sistema in- manente y abstracto. En oposición, De Certeau subraya la dimensión creativa del acto lingüístico que supera la simple reproducción y que supone una praxis conflictiva que ocurre en el ámbito de la vida coti- diana. Propone así una pragmática que recuerda que el discurso vale por su realización, sugiere una analogía entre las estrategiasdiscursivas, que estarían del lado de la lengua, y las tácticas, que competen al habla.
Aparece así el sujeto como creador, que produce sentido cotidiano al consumir o al usar, siendo capaz de modificarel sentido inicial de los productos lingüísticos. La enunciación, para De Certeau, supone siem- pre la reproducciónde un sistema lingüístico pero que es a la vez la apro- piaciónde la lengua en las maneras de hablar. Con el acto del sujeto que
hablase instaura el presente, que es el terreno de la creación (2000: 40). Este enfoque se repite en su apreciación de muchas de las narracio- nes no lingüísticas, como las prácticas de consumo, las formas de lectura, los hábitos de vida, de circulación en la ciudad, las prácticas culinarias o los comportamientos de los trabajadores en sus lugares de trabajo.
En sus estudios sobre el tránsito en la ciudad, a De Certeau le inte- resa, no la mirada de la ciudad desde ‘la cima’, desde la totalidad, sino el abajo habitado por los “caminantes de la ciudad” y sus maneras plu- rales de practicarel espacio, que escapan a la planificación urbanística. Para describir su punto de vista en relación a las prácticas del espacio utiliza la metáfora que compara la mirada de la ciudad de Nueva York desde la cima del WorldTrade Center –desde la cual no se observan los sujetos– con la perspectiva del abajo habitado por los ‘caminantes’:
Estos practicantes manejan espacios que no se ven; tienen un conoci- miento tan ciego como en el cuerpo a cuerpo amoroso. (…) Las redes de estas escrituras que avanzan y se cruzan componen una historia múltiple, sin autor ni espectador, formada por fragmentos de trayec- torias y alteraciones de espacios (2000: 263).
Este enfoque materialista de análisis micro cultural de De Certeau también se manifiesta en su concepto de la historia, que busca recuperar la mirada en estas poéticas creativasa las que estamos aludiendo. Alejado del relato historiográfico de los ‘grandes héroes’, por el contrario, el autor sugiere pensar la historia como un entramado de micro-historias prota- gonizadas por los seres anónimosque día a día hacencultura (1999b). Como propone François Dosse (2003), De Certeau emplea el término
de micro-historia en lo que concierne a los relatos de lo ignorado, de esos restosdejados que adquieren un valor de actividad propia de la vida cotidiana.
Dosse desarrolla hábilmente lo que considera un claro parentesco de la obra de De Certeau con la micro-historia de origen italiano, espe- cialmente la obra de Carlo Ginzburg, a partir de la preocupación común por complejizar el análisis social, dejando de lado formas de reduccio- nismo causalista (2003). En lugar de enfrascar a la sociedad en un uni- verso físico cerrado y entretejido de relaciones causales, la perspectiva micro analiza los comportamientos individuales y colectivos en términos de posibles.
De Certeau propone una postura necesariamente modesta del his- toriador respecto a su ambición de devolver un lugar a la ausencia. El accionar del sujeto común –y su valor en tanto dato para el hacer his- tórico– vuelve a aparecer aquí como mucho más que un simple autó- mata manipulado desde ‘arriba’.
Sin caer en el peligro de sobredimensionar la capacidad de resisten- cia y de autonomía de las expresiones populares, De Certeau elige ob- servar el hacer concretode los sujetos, los márgenes de maniobra que tienen para oponerse y/o sostener los procesos de dominación simbólica, las maneras de ‘sacar provecho’ de determinadas circunstancias. Prácticas que remiten a la politicidad de la vida cotidiana, advirtiendo la capaci- dad productora (y no solo consumidora) de cultura. Micro-resistencias que se expresan en todos los planos de la vida cotidiana.
El ángulo ‘micro’ de análisis de las prácticas creativas propuesto por De Certeau, expresa un lugar común con el tipo de análisis de la micro- física del poderde Michel Foucault. Pero, a diferencia de este, De Cer- teau opta por observar las elusiones o desviaciones con respecto al poder. En relación a Vigilar y castigar (Foucault, 1975), expresa:
Si es cierto que por todos lados se extiende y se precisa la cuadrícula de la ‘vigilancia’, resulta tanto más urgente señalar cómo una sociedad entera no se reduce a ella; qué procedimientos populares (también minúsculos y cotidianos) juegan con los mecanismos de la disciplina (…) en fin, qué maneras de hacer forman la contrapartida, del lado de los consumidores (…) de los procedimientos mudos que organizan el orden sociopolítico (De Certeau et al., 1999: XLIV).
las resistencias, sin dejar de considerar las reglaso los mecanismos de la disciplina que organizan el juego social. Esto nos da pie para especificar el tipo de relación que el autor propone entre “estrategias” y “tácticas”.
Por estrategiaentiende “el cálculo (o la manipulación) de las rela- ciones de fuerzas” (De Certeau, 2000: 42), acción posible para un sujeto (o institución) de poder y de voluntad, que controlaun determinado
lugarque le es propio desde el cual puede delinear las estrategias en rela- ción a otro, dictar normas y leyes. En su lugarpropio, de dominio, quien diseña una estrategia lo hace a partir de una “práctica panóptica” (De Certeau, 2000: 42), desde donde la mirada transforma las fuerzas ex- trañas en objetos que se pueden observar y medir y, por tanto, controlar. Sin embargo, si bien este tipo de observación puede abarcar todos los elementos presentes en el lugar, no cuenta con la posibilidad de captar las modalidadesdel hacerde dichos elementos.
Tácticaes el modo de resistencia de quien no dispone de lugarpro- pio, teniendo que actuar en el terreno del adversario. Se trata de prác- ticas aisladas, vinculadas con el tiempo y con el espacio, con la situación concreta y la coyuntura, que por definición tienen una duración limi- tada. Tienen lugar en circunstancias particulares, indisociables del ins- tante presente (De Certeau, 2000: 40), y dependen de ellas. Muchas veces ese instante se manifiesta como tiempo accidentado, imprevisto, que escapa por un error o por un lapsus a la planificación o la programación racional de un sistema. Estas tácticas o dispositivos de astuciatoman ven- taja de las oportunidades, sacando partido de las cartas ajenas en el ins- tante decisivo. Las tácticas solo ocurren en una red disciplinaria preexistente, imprimiendo marcas de disenso en ellas.
Por lugar, como hemos señalado en anteriores apartados, De Cer- teau designa los sitios determinados y diferenciados que organizan el sistema económico, la jerarquización, las sintaxis del lenguaje, las tradi- ciones consuetudinarias y mentales, las estructuras psicológicas. Allí im- pera la ley de la propiedad y del orden (2000), las prohibiciones y los permisos. Las tácticas, en cambio, se corresponden con un no-lugar, lo que brinda (u obliga) a una movilidadpermanente que debe aceptar las cambiantes ofertas del momento. Son acciones prácticas del lugar ajeno que actualizan, desplazan, eluden y/o desechan las posibilidades y pro- hibiciones impuestas en él. E inventan otras, introduciendo innovacio- nes momentáneas, ejerciendo micro-resistencias. Los sujetos crean –mediante sus tácticas creativas– espaciosvirtuales que solo existen mo-
mentáneamente y que significan una apropiación del lugar ajeno.Aun- que las reglas de la dominación sean así, ocasionalmente –tal vez hasta de manera imaginaria– desdichas o desdibujadas, no desaparecen.
El espacio creado existe sólo para el grupo que lo experimenta, en un movimiento in-tensivo. Y, por ser provisorio, esta dependencia del momento lo define como un espacio-tiempo. A pesar de sus límites, den- tro de este los sujetos se expresan con cierta libertad.
Podemos observar que el enfoque de las tácticas culturales formu- lado por De Certeau también se aleja –al menos en parte– del de Pierre Bourdieu. Aquel se pronuncia contra la imagen de radical pasividad para la creación de sentido que supone el concepto de ‘práctica’ en Bour- dieu, que queda prisionero del habitusy su carácter reproductor13.
La diferencia de enfoques entre ambos autores salta a la vista cuando, en 1979, se publica la vasta investigación de crítica social de juicio cultural de Bourdieu (La distinción, París, Minuit, 1979) y, en 1980, La invención de lo cotidiano.Expresa François Dosse: “Mientras que Certeau intenta exhumar la inventividad de los actores en la coti- dianidad, Bourdieu ilustra su concepción del habitusmediante un es- tudio de los gustos y de las representaciones culturales vaciado de toda forma posible de creatividad” (Dosse, 2003: 486)14.
Consideramos que la noción de táctica de De Certeau es portadora de un gran potencial descriptivo y analítico para abrir el espectro de la mirada investigativa. Con ella el autor francés nos provee de un instru- mento que permite amplificar lo que aparenta ser insignificante, o lo que otras posiciones han construido como no-relevantes. A su vez no deja en la oscuridad los marcos de constricción, porque táctica supone la noción complementaria de estrategia.
En lo que sigue procuramos enriquecer el enfoque de las prácticas culturales con ciertas ideas acerca del juegoen las maneras de vivir, que dan cuenta de ciertas propiedades específicas en este tipo de haceres.