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El Movimiento Artístico Popular Argentino (MAPA): cuna

Capítulo II. Políticas y espacios culturales ligados a lo folklórico en

2. Búsquedas a ‘contrapelo’ de los circuitos pre-configurados

2.2. El Movimiento Artístico Popular Argentino (MAPA): cuna

A partir de lo que Alejandro Sánchez caracteriza como un nomadismo

(E9, 01/12/2010), entre 1990 y 1991 los artistas participaron en even- tos denominados Encuentros Culturales (EC) en diversas provincias del país. Reuniones aquellas provocadas por el azar, en algunos casos, pero también por las búsquedas intuitivas y/o intencionales de artistas –como ya hemos señalado– que decidían desviarse de los circuitos culturales propuestos por la dinámica del mercado.

En 1990, Karina Rodríguez, Silvia Zerbini, Jorge Valdivia e inte- grantes del grupo riojano Los Amigos viajaron a Santiago del Estero con motivo del cumpleaños de ‘Doña Luisa’, más conocida como ‘la abuela de Los Carabajal’. Era este un espacio cultural informal y familiar. Así lo describe Valdivia: “Eran multitudinarios, estaban todos los Cara- bajal. Poníamos la carpita, cocinábamos juntos” (E4, 13/01/2011). En dicha ocasión, el grupo que había viajado desde Córdoba conoce al mú- sico santiagueño Jacinto Piedra. Ellos tenían planes de continuar su viaje

hasta Humahuaca a la celebración del Éxodo Jujeño; Jacinto Piedra or- ganizó una peña y donó lo recaudado para costear el traslado al norte.

En un paréntesis en relación al hilo conductor del relato, queremos destacar algunos de los rasgos de estos espacios culturales en estos ‘codos’ de la historia, por su vinculación con características de los EC en el pre- sente: el cumpleaños de ‘la abuela’ en Santiago del Estero, decíamos, suponía el alojamiento en carpas y la preparación cooperativa de los ali- mentos, cuestiones que luego confluyen en la forma de los EC de la ac- tualidad. También la práctica de organización de peñas con un fin solidario protagonizada aquí por Jacinto Piedra es retomada con fre- cuencia en lo sucesivo e incluso en la actualidad. Por otra parte, entre los documentos facilitados por los protagonistas de estos espacios hay fotografías en las que puede observarse la diversidad de paisajes naturales del territorio argentino que fueron marcos de sus actividades. Estos jó- venes se retiraban por el término de pocos días a la naturaleza del inte- rior de distintas provincias para cultivar allí su aprendizaje artístico y sus vínculos y conocían las expresiones de ‘campo adentro’.

Observemos ahora una imagen muy particular del paso de los bai- larines por el norte argentino. En Jujuy, el grupo de artistas se reúne con los músicos Pablo Rivero y Julio ‘Bicho’ Díaz. En un pequeño pue- blo llamado Volcán, se realiza un EC en torno a una laguna enmarcada por los cerros del Chilcayoc. Este entorno natural fue incorporado como substancial en la actividad. Expresa K. Rodríguez:

Hicimos un trabajo senso-perceptivoy musical con el paisaje… Subimos una loma, una montaña ahí en Volcán cerca de la laguna que hay. La señora del lugar nos contó la leyenda de la laguna y entonces sobre la base de la leyendaSilvia [Zerbini] nos hizo hacer un trabajo de escuchar la música y la sonoridad que tenía ese lugar, ese paisajesin que nadie tocara nada. Y bailábamos arriba del cerro el sonido del viento, el sonido del agua(E10, 09/11/2012).

Las palabras de la entrevistada dan cuenta de las exploraciones en la danza que buscaban transitar otras trayectorias y estímulos posibles a los (hasta el momento) conocidos y autorizados. Ya entonces se permi- tían bailar sin forma fija, distanciándose de los códigos clásicos que hacen hincapié en las coreografías. A su vez se observa que ya en estas reuniones, se establecía un vínculo estrecho con la naturaleza y el territorio. Aspecto que luego seguiría profundizándose.

En enero de 1991 sucedió otro evento significativo para esta histo- rización. S. Zerbini visitó Córdoba para hacer el Taller Abriendo Ven- tanas, duró dos fines de semana y posibilitó el encuentro –ya en Córdoba– entre bailarines que coincidían en sus expectativas en torno a esta otra manera de vivir la danza. Este Taller –cuando su creadora se fue– continuó como un espacio cultural semanal en La Casa del Arte. Muchos de los participantes del Taller ya se conocían de actividades de grupos scout y/o religiosos vinculados al trabajo del Movimiento de Curas Tercermundistas en la Iglesia La Cripta (Argüello, Córdoba), nu- cleado en especial por Guillermo ‘Quito’ Mariani. Varias de las personas entrevistadas, protagonistas de estos circuitos culturales, reconocen a La Cripta como un antecedente común19.

El EC que se realizó en Chilecito tuvo lugar también en 1991. A partir de ahí se continuó la realización de EC en distintos puntos del país: Deán Funes, Córdoba, Cosquín, Santiago del Estero, La Rioja, Sanagasta, Chilecito, Catamarca, Jujuy, entre otros, llegando a pueblos recónditos de distintas provincias que habitualmente quedaban por fuera de los grandes circuitos de producción y difusión del folklore. Estos ‘cruces’ y EC fueron instancias en las cuales se iban generando nuevos y fortaleciendo antiguos lazos con personas de inquietudes ar- tísticas coincidentes.

Comenta al respecto J. Valdivia: “Eso fue lo que se produjo, un en- cuentroy una movida muy grosa, que antes a lo mejor estaba dispersa, estar estaba, pero estaba muy individualizada. Fue juntarnosy eso generó…” (E12, 23/05/09). También A. Sánchez habla –como vimos anterior- mente– de una necesidad de encontrarse por encontrarse,que sentían en aquel momento. Se reitera el vocablo ‘encuentro’. Recordemos que esta década de los 90 se caracterizó por la desintegración de los soportes co- lectivos y el fortalecimiento de modos de vida basados en lo individual. Estas consideraciones deben comprenderse con ese trasfondo cultural. La uniónde aquello disperso, en instancias concretas de viajes y convivencias grupales, de contactos interpersonales en situaciones de

proximidadcorporal, es la forma como empieza a concretizarse la Red de EC que cobra visibilidad en aquel contexto con el nombre Movi- miento Artístico Popular Argentino.

No necesariamente de manera consciente, empezaban a gestar una manera propia, en común, de pensar y vivir el arte en general. ¿Cuáles eran las ‘pistas’ tras las cuales creaban su concepción y experiencia del

folklore? Observemos las reflexiones de K. Rodríguez sobre lo que ex- perimentaban con la danza:

Era romperel códigodel aprendizaje más tradicional de la academia basado en la copiadel que se pone adelante y los demás debemos imi- tary era una propuesta de buscar una danza de cada uno, como más de adentro hacia afuera(…). Estaba como en jaque la idea de qué era lo tradicional(…). Acá al estar en contactocon esas expresiones folkló- ricas vigentes pero de tierra adentro, o de las provincias del interior, te dabas cuenta que la tradición estaba viva. Que no tenía que ser algo an- quilosado del pasadosino que había cosas del pasado pero re significadas en el presente(…), estábamos bailando taquirari en la plaza de San Salvador (…) Alguna sayita, el carnavalito estaba a flor de piel. No era cosa de un libro, la gente lo tenía ahí cotidiana. Lo mismo que en San- tiago, todo el mundo bailaba chacarera… Era algo que estaba vigente,

vivo(E2, 05/02/2012).

Los sujetos empezaban a hacer prevalecer la expresiónartística per- sonal por sobre la perfección o adecuación del movimiento a la norma. Esta búsquedade adentro hacia afuera posibilitaba la expresión en plural

de los cuerpos, ya no todos iguales, sino diversos.

En la capacidad de re-significación de la tradiciónen el presenteapa- recía en aquellos contextos de los 90 la poiesis. No estaban copiando o reproduciendo lo que ‘el manual’ decía. Estaban escribiendoellos mismos –con sus cuerpos– suversión de la tradición, del folklore, de la danza. Y lo hacían a partir de ad-mirar a su alrededor las maneras efectivas, las

artes de hacerpropias de la gente al bailar en sus vidas cotidianas. El ENCSAA y el Encuentro Competitivo Folklórico de Villa del Dique nacen, ambos, a comienzos de los 90. Pero desde distintas im- prontas. En el siguiente acápite nos focalizamos en sus historias.

3. Caminos diferentes de construcción cultural durante la