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Segunda etapa del Encuentro de San Antonio: 1994-2009

Capítulo II. Políticas y espacios culturales ligados a lo folklórico en

3.5. Segunda etapa del Encuentro de San Antonio: 1994-2009

El ENCSAA tuvo un proceso más uniforme de desarrollo a lo largo de los siguientes años luego de su surgimiento, en comparación con la his- toria del ECVD que –como hemos observado– fue más convulsionada. Nos referimos, en este acápite, al gran período que va desde 1994 a 2009. Durante los 15 años comprendidos en este lapso de tiempo hubo algunos momentos más significativos que otros. Para los fines de esta historización solo aludiremos –a grandes rasgos– a los cambios y conti- nuidades ocurridos a lo largo del tiempo.

A nivel organizativo, no aparecen alteraciones relevantes. La política de autogestión asumida en los primeros años continuó en adelante hasta la actualidad, al igual que el modo de financiamiento a través de lo re- caudado en el buffet nocturno. Los alimentos al mediodía siguieron ven- diéndose ‘al costo’ y las actividades continuaron siendo libres y gratuitas.

En el grupo organizador siguieron participando algunos de los pa- dres de la Academia La Candelaria pero hubo quienes tomaron distancia de la experiencia por diversos motivos; entre ellos, por los cambios en la oferta artística del espacio (luego nos detendremos en esto). Asi- mismo, cabe señalar la incorporación paulatina de varios matrimonios jóvenes que llegaron desde la ciudad de Córdoba y algunos desde Bue- nos Aires y se instalaron a vivir en Punilla, involucrándose activamente en la organización.

El evento hasta el año 1996 inclusive continuó efectuándose en el predio cedido por la Escuela Juan José Paso. En 1997 se contó con otro lugar y al siguiente año (1998) los referentes consiguieron, en préstamo, el terreno propiedad de La Posada del Qenti, donde comenzó a realizarse hasta la actualidad.

1998 aparece como un momento de cambios en el espacio cultural. En la edición de la revista correspondiente a ese año se habla de la in- clusión de prácticas organizativas novedosas en relación a la primera etapa, que pueden haber estado relacionadas a los cambios en la com- posición del grupo organizador: dividieron el trabajo en comisiones con la intención de trabajar “más equitativamente” (Encuentro, Nº 8, 1998: 3). Hubo grupos de difusión, de cocina, de buffet, etc. Asimismo, se incorporó una mesa de información para los participantes. También se realizó una instancia evaluativa de cierre del evento, donde fueron abor-

dados aspectos como las motivaciones de cada uno a participar, los ta- lleres, el espectáculo, la organización.

Al menos hasta 1999, según se señala en el mismo documento, gran parte de la participación fue a través de delegaciones provenientes de distintos lugares del país. Paralelamente empezó a crecer el número de sujetos que fueron acercándose a modo personal, en grupos familiares y/o de amigos, especialmente provenientes de la ciudad de Córdoba y de otras localidades de la provincia. Esta tendencia iría en aumento pro- gresivo hasta convertirse en la actualidad en la modalidad dominante de participación.

En el número de Encuentrodel año 2000 se comunica que el espacio cultural había sido declarado de interés cultural por la Secretaría de Cul- tura y Comunicación de la Nación. Probablemente esto estuvo ligado a que se cumplía el 10º aniversario del ENCSAA.

El número de la Revista Encuentro editado para el 9º ENCSAA (1999) contiene un artículo donde ya los referentes advertían sobre el notable crecimiento numérico y sobre la necesidad aparejada de aumen- tar los serviciosde sanitarios, comida para las delegaciones, de mejorar la calidad y el alcance del sonido, entre otros aspectos.

En el mismo sentido, la editorial del 15º Encuentro(2005) invita a una reflexión más colectiva y amplia:

Creemos fundamental que la reflexión sobre lo que constituye el En- cuentro de San Antonio como espacio ‘alternativo’ y la cuestión de ‘para dónde vamos’ son planteos que no deben quedarse sólo en el seno de la organización, sino hacerse eco por el escenario, por entre las carpas de los asistentes, por los almuerzos colectivos, por los mates y los vinos (…). Para hacer real la idea de un Encuentro de y para todos y para aliviar las cargas y las culpas de los organizadores que, entre desgaste y renovación, no bajan los brazos y apuestan decidida- mente a sostenerlo (…) Los invitamos a disfrutardel Encuentro que, para nosotros, es invitarlos a pensary a hacer(Encuentro, N° 15, 2005).

Esta invitación, creemos, responde a una preocupación creciente del grupo organizador en relación a cómo gestionar un espacio que es- taba dando cuentas de un gran crecimiento y complejidad.

Observemos ahora los cambios y continuidades que tuvieron lugar entre 1994 y 2009 en la oferta cultural artística del ENCSAA.

continuaron profundizándose en este período. La acción de reforzar de- terminada concepción del arte, del artista y de la cultura está notoriamente visible en numerosas notas de la Revista Encuentro. Puede percibirse una clara intencionalidad en el grupo editor por incluir ciertos ejes de discu- sión y reflexión sobre el terreno del arte en la disputa cultural.

Si en los primeros ENCSAA convivían en el escenario “Jacinto Pie- dra” ballets de las academias más tradicionales con las producciones de los talleres, al igual que sucedía entre agrupamientos musicales más/menos tradicionales, en esta segunda etapa se observa una tenden- cia a la desapariciónde las producciones más clásicas del folklore nacio- nal. Observemos los comentarios de Carmen y de Beco Sánchez:

Carmen: Por ejemplo vos ves que en el escenario se ve el grupo de la Kari [Rodríguez], las Casuarinas [Grupo de Danza Popular Casua- rina], los del Chiqui [Roberto La Rosa], viste. Y nadie más. Entrevistador: ¿Y no está la otra parte?

Carmen: Y no está la otra parte, que no es a lo mejor lo que les gusta al resto de la organización. Que por otro lado, si nos guste o no nos guste, también es cultura.

Beco: Sí, lo que pasa es que viene muy contemporáneala cosa. En el escenario se ve muchas cosas estilizadas, cosa que hay gente que no le gusta eso, le gusta ver lo tradicional(E15, 17/06/10).

Así podemos ver –a partir de la percepción de estos vecinos com- prometidos con el espacio desde su primera edición– que las expresiones artísticas más ligadas al paradigma clásico del folklore fueron quedando relegadas en la oferta cultural del espacio y, asociada a ellas, la participa- ción de quienes se identificaban con aquellas manifestaciones estéticas.

Mónica Frassón aporta en relación a esto que lo que estaba en juego en el escenario era una disputa no solamente entre distintas formas de concebir la danza sino también en las maneras de participar y deestar con los demás:

Porque los primeros Encuentros venían ballets. Entonces había gran diferenciaentre los ballets. Que venía elballet de no sé qué [hace én- fasis en el artículo ‘el’, dándole jerarquía] y que el Negro Valdivia decía ‘Todo bien, pero ellos no viven el Encuentro, ellos solamente vienen al escenario’. (…) Y nosotrosteníamos una gran lucha, una gran disputa

esto, pero a quienes dábamos clases en general era a gente que no sabía naday la cuestión era popularizarel folklore. (…) Había como esa cosa que decían ‘ah, estos no bailan y estos sí bailan’. Había una gran diferencia [hace énfasis en ‘gran’] (E14, 11/12/11).

Beco introduce otros posibles motivos del alejamiento de otros ve- cinos de San Antonio:

Beco: Me ha pasado que he estado con personas que tenían los chicos en la academia (…) y cuando empezó el tema del Encuentro y venía alguna gente, claro, no era muy común el tema de saludarse con un beso, se veía más en las mujeres que se saludaban con un beso. Y había al- gunas personas que (…) conocíamos otra gente que venía tanto de Mendoza que nos abrazábamos, nos saludábamos, nos abrazábamos, nos dábamos un beso. Y esas cosas no entró.

Carmen: Esa gente se fue yendo sola, viste.

Beco: Se fue, se empezó a ir, algunos lo veían como hippieporque a lo mejor tenían pelo largo, y no, ‘no me gusta porque tiene pelo largo’ (E15, 17/06/10).

Dos formas de ver las cosas,expresaba en otro momento de la entre- vista Carmen, en convivencia conflictiva. La que le gusta el folklore más tradicional / la que le gusta el folklore más estilizado;una que es más demostrativa con sus afectos / la otra que no lo es; la que viene a vivir el Encuentro / la que vieneal escenario.

Esto no significa que al comienzo no hubiera habido discrepancias, pero sin duda lo masivo introduce mayor complejidad y conflictividad. En estos movimientos paulatinos en la participación tal vez el ENCSAA ganó en convocatoria de visitantes de fuera de la zona serrana y ‘nuevos vecinos’ habitantes de Punilla pero oriundos de otras ciudades.

En otro sentido, el entramado inter-actoral en que participó du- rante la segunda mitad de la década de los 90 aparece con dos ‘brazos’ fundamentales. El primero, en la región de Punilla. El N° 7 de Encuentro

contiene una nota titulada “La movida del sur” en donde se menciona la realización de una actividad compartida: “Primera Juntada de la Zona:

Pensandolo que hacemos”. Coincidían los actores participantes en la misma en la falta de apoyo oficiala sus actividades, cuestión que puede comprenderse en el marco de la retirada del Estado en materia cultural, mantenida en estos años de los 90. Fue una instancia definida por los

participantes con las siguientes palabras: discusión, diálogo, cuestio- narse, comunicación, entender, encontrar, compromiso, taller, proceso, integración, unión, cooperación (Encuentro, Nº 7, 1997: 6). En esta ex- periencia se contó también con la participación del Taller del Sol y de Roberto ‘Tato’ Iglesias, quien parece haber tenido un importante papel en la reunión44.

A su vez, la nota “La unión de los que aún estamos vivos” (Encuen- tro, N° 8, 1998: 10-12)45menciona la realización de acciones coordinadas

de resistencia al proyecto de construcción de un dique en la localidad de Cuesta Blanca, que traería graves consecuencias negativas para el am- biente. A partir de esa movilización se crea la Asociación de Amigos del Río San Antonio. Ya para esa época la cuestión ambientalaparece abor- dada con insistencia en el discurso del ENCSAA, tanto en la revista como en los relatos de los entrevistados. Son signos que hablan de una ampliación del concepto de cultura. Puede observarse el fuerte carácter localistay de articulación inter-actoral en la apropiación y disputa por el territorioque había adquirido la experiencia.

El segundo brazo de la red inter-actoral apunta a los vínculos con la “Red de Encuentros”:

La experiencia de los Encuentros se va multiplicando año a año. Hay cada vez más valientes que se animan a asumir la responsabilidad de brindar el corazón para que podamos acercarnos y compartir en dis- tintos puntos del país. Cada cual, con sus características propias, los Encuentros mantienen un eje en común, un mismo hilo con que se van tejiendo (Encuentro, N° 10, 2010: 4).

Aparecen nombrados en el marco de esta red –en los distintos nú- meros de la revista– diferentes experiencias46. Algunos de estos espacios

culturales fueron desapareciendo o modificando su esencia en el tiempo. Relatan A. Sánchez y J. Valdivia: “a Belén lo absorbió la Muni, Chilecito se fue desvirtuando…”. También menciona Valdivia en relación al En- cuentro de Música de Provincia (Buenos Aires), que había surgido mo- tivado por la experiencia del de San Antonio: “En un primer momento era a pulmón, después se desvirtuó por la participación del gobierno de la provincia” (E4, 13/01/11).

Las relaciones conflictivasque son señaladas entre estos EC y los dis- tintos gobiernos aparecen como señales en las voces de los entrevistados de un peligro siempre latente. Los vínculos del ENCSAA con la Muni-

cipalidad de San Antonio –desde que aquel asumió una política de au- togestión– continuó con intercambios conflictivos.

Al finalizar la década de los 90 la red empezó a ‘diluirse’, a desapa- recer en cuanto tal. Sobreviven –podríamos decir– algunos lazos bidi- reccionales entre los Encuentros sobrevivientes.

La última década de esta segunda etapa del ENCSAA, que coincide con el cambio de siglo, estuvo caracterizada por nuevas políticas cultu- rales en Córdoba. En el apartado siguiente volvemos a situar la mirada en las condiciones macro en las que se desarrollaron estos EC a partir del primer gobierno delasotista.