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De lo racional hacia una estética del sentimiento

Capítulo I. Las formas de la razón y la acción sensible en

1. Entre lo social y las nuevas socialidades

1.1. De lo racional hacia una estética del sentimiento

Lo sociales caracterizado por Maffesoli como aquella forma de vida me- canizada y organizada en torno al orden de la razónque tuvo su máxima expresión durante el siglo XX3y que menospreciaba o negaba la inter-

vención de otros factores no racionales, como las pasiones o la imagen; modelo históricamente saturado, según el autor (1990). Frente a esto, la socialidadconstituye aquello que se vive y se organiza a través de en- cuentros y experiencias en el seno de los grupos de pertenencia de los sujetos, donde lo “afectivo” y lo “emotivo” los reúnen en tanto “colec- tivo” otorgando sentido a sus experiencias. Se produce, argumenta Ma- ffesoli, una sustitución de lo social racionalizado por una socialidad de tipo empático(1990: 37).

Podríamos decir que lo que estas socialidades cuestionan en acto y transforman a través de las vivencias que las distinguen, es la separación cartesiana razón/cuerpo, razón/emociones4. Recordemos que estos dua-

lismos supusieron una naturalización del cuerpo, fijado como ‘objeto’ de conocimiento y de intervención, por parte del sujeto-racional. Desde el marco de los estudios poscoloniales de América Latina, esta crítica es retomada. En este sentido –como señala el venezolano Edgardo Lan- der– en base a esta separación (abstracción) del sujeto/razón en relación con el cuerpo y el mundo se construyó todo el edificio de la cosmovisión moderna y el modo de vida vinculado a esta (2003). En la misma línea de interpretación, manifiesta Aníbal Quijano: “Este modo de producir conocimiento daba cuenta de las necesidades cognitivas del capitalismo: la medición, la cuantificación, la externalización (u objetivación) de lo cognoscible respecto del conocedor, para el control de las relaciones de las gentes con la naturaleza” (2000: 343). Por esto, fue impuesto y ad- mitido en el conjunto del mundo capitalista como la única racionalidad válida y como emblema de la modernidad.

Retomando y siguiendo el planteo de Maffesoli, se advierte el de- venir plural de socialidades que expresan un tipo de racionalidad más amplia, no acotada ni reducida a la razón des-corporizada antes referida. Donde conviven razón y sinrazón de modo ambivalente, ambiguo, con- tradictorio e inacabado. Como advierte el autor, al individuo “lo mue- ven, igualmente, los sentimientos, los afectos, los humores, todas las dimensiones no racionales de lo dado en el mundo” (2001: 33). Incluso el autor otorga una importante centralidad a los afectos y las emociones

compartidas. Habla en términos de un “paradigma estético” (1990: 35), en el sentido esbozado anteriormente.

Mientras que la lógica individualista descansa en una identidad sepa- rada y encerrada en sí misma, la persona–en estas socialidades– solo vale en tanto y en cuanto se relaciona con los demás. Se trata, según Maffesoli, del sentimiento colectivoque se expresa –en un momento determinado en este tipo de ambiente o atmósfera emocional– en un ‘nosotros’.

El estar-juntos puede constituir tal vez el fundamento más simple de la ética comunitaria ya que, como expresa Maffesoli: “es por las fuer- zas de las cosas, porque existe proximidad (promiscuidad) y porque se comparte un mismo territorio (sea este real o simbólico) por lo que vemos nacer la idea comunitaria y ética que es su corolario” (1990: 45). Desde esta perspectiva, la ética es la “argamasa” o ligazón colectiva, en un sentido simple, alejado de cualquier “teorización apriorística”. Este contenido “empático” donde la subjetividad individual se ‘pierde’, o se ‘mezcla’ en un nosotros, se diferencia así de otros momentos abstractivos o racionales, caracterizados por la individualización y la separación. Se trata de una “pulsión comunitaria”, dice Maffesoli (1990: 41), que alude a la organicidad de las cosas y que no puede ser leída desde la lógica bi- naria moderna5.

Creemos pertinente detenernos un momento en este aspecto que consideramos, siguiendo al autor francés, central en el modo de relación que presentan las nuevas socialidades: el carácter fuertemente material y corporal de los vínculos. Aparece el cuerpocon toda su densidad, ocu- pando el espacio con los demás; lo sensible, el contacto físico en la rela- ción de sintonía grupal, donde se sobrevalora lo táctil: al “darse calor, darse codazos, rozarse mutuamente” (Maffesoli, 1990: 45). La estética del sentimiento alude no a los emblemas idealizados y espectaculares de los afectos y las sensaciones, sino a aquello vivido y compartido a través de los sentidos.

Las nuevas socialidades demuestran una forma de relación cuerpo- a-cuerpo, de cercanía física y afectiva con los otros, donde encuentran su principal razón de ser. Se trata esencialmente de una apertura material a los demás, al otro, y tiene como corolario una experiencia de solidari- dad con él. Se basa en este participar o corresponder-se en un ethos común(Maffesoli, 1990: 49).

Como puede advertirse, se trata de vivencias que obligan a ampliar el ángulo de mirada para abarcar tipos de sensibilidades colectivas que

distan mucho del dominio institucional y lógico que ha caracterizado a la modernidad ya que no se inscriben en una racionalidad orientada y finalizada, sino que se viven en el presente y se inscriben en un espacio dado. Y ponen en tensión la política de “construcción de no-existencia” de todo aquello que escapa a la “monocultura racional” (Santos, 2009: 109), posibilitando ampliar el presente.

Pasemos ahora a considerar la manera en que se reorganizan en las vivencias grupales las nociones del lugar y del tiempo, empezando por el primero de estos vectores.

1.2. De lo universal, estructural y abstracto hacia lo local y