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artesanías y manufacturas

In document Economia Colonial Tardio III (página 173-176)

Francisco Quiroz

III. artesanías y manufacturas

Tanto en la ciudad como en el campo, la producción artesanal convivía con la manufacturera, compitiendo y complementándose mutuamente. Antes que los resultados de la Revolución industrial empezaran a hacerse notar desde la se-

gunda mitad del siglo XVIII, no había una gran diferencia en la base productiva

de Europa y América, dado que ambas se fundaban en la producción artesanal y manufacturera. Fue a partir de esta época —cuando la producción de deter- minados lugares de Europa ingresó de manera firme al proceso de industriali-

zación moderna— que se inició la diferenciación.12

El artesano era, en lo fundamental, un pequeño productor independiente que participaba de manera directa en la elaboración de sus obras, con la asis- tencia de unos pocos ayudantes a quienes remuneraba tanto en servicios y espe- cies como en dinero. Este pequeño productor posiblemente mantuvo niveles de producción muy bajos con una tecnología rudimentaria, lo que no significaba un problema, pues trabajaba para un mercado mayormente conocido (a pedido de clientes). La participación del maestro brindaba a su obra un sello o “marca” personal y era la garantía de calidad que exigía el cliente. Por lo regular, el taller 12. Véase Parain 1972 y Hilton 1977.

artesanal tenía poca o ninguna división interna de funciones y tareas. El mer- cado de un artesano era restringido y muy vulnerable, debido a la competencia que podía sobrevenir de parte de la producción manufacturera local o impor-

tada.13 El artesano colonial peruano estuvo lejos de las tendencias igualitarias y

niveladoras del artesanado medieval, ya que la pequeña producción mercantil generó marcadas diferencias patrimoniales entre los maestros, sobre todo, en

los oficios de amplio consumo (alimentación y textiles).14

La otra forma de producción fue la manufacturera, igualmente, llegada al

Perú con la colonización en el siglo XVI. A diferencia de la producción artesa-

nal, la producción manufacturera fue muy amplia, estuvo dirigida a un mercado desconocido (incluyendo exportaciones a mercados lejanos) y utilizó trabajo li- bre y asalariado, así como división interna del trabajo y tecnologías complejas. El hecho de haber sido creada tanto por comerciantes como por productores señaló dos vías distintas y fundamentales de su aparición y desarrollo; tal di- ferenciación es clave para comprender la producción rural y urbana del Perú colonial.

En el primer caso, el comerciante intervenía en la producción supeditán- dola a sus necesidades de obtener una ganancia mercantil, manteniendo las re- laciones de producción antiguas, aunque con ligeras modificaciones. Esta vía

compuso el trabajo llamado domiciliario, en el cual el comerciante organizaba

la producción de numerosos pequeños productores urbanos y rurales, a quienes repartía la materia prima, otorgaba préstamos a modo de anticipos y “compra- ba” las obras ya terminadas que se producían no en un recinto especial, sino en los domicilios de los productores directos, dueños de las herramientas de trabajo. Este sistema afectó primordialmente la circulación y usó el trabajo de

artesanos y campesinos sin modificarlo de manera significativa.15

Distinto fue el segundo caso —la manufactura centralizada— en donde un productor ampliaba su taller a fin de concentrar el trabajo, la materia prima y el instrumental. De esta manera, incrementaba la producción gracias a incen- tivos económicos (salarios y trabajo a destajo), al uso de mayor cantidad de materia prima y a una mayor división de las tareas entre operarios especialis- tas. Aunque, en menor medida, los grandes comerciantes también estuvieron vinculados a las manufacturas centralizadas, cuando las condiciones resultaban 13. Este punto se basa en los trabajos de Kula 1979 y Dossier 2002.

14. Sobre la producción urbana hasta inicios de la Era Moderna en Europa, véase Black 1984; Kriedte 1986; y Wrigley 1992.

15. Parain 1972: 64-66; Hilton 1977: 25-33; Weber 1983: 140-147. Véase la discusión sobre la aplicación del modelo protoindustrial para Hispanoamérica colonial en Miño Grijal- va 1993: cap. IX. Neus Escandell-Tur (1997) ha aplicado esta idea a la producción textil cuzqueña colonial.

favorables para la seguridad de sus inversiones.16 Esta vía era más estable y ge-

neró unidades productivas de mayor impacto en el aparato productivo del país, como fue el caso de los obrajes y obrajillos rurales y urbanos.

No obstante, en ambos casos, la manufactura no era garantía de encon- trarse en tránsito hacia una producción fabril de corte capitalista y el caso de la producción colonial peruana así lo ratifica. La manufactura se desenvolvía en función de la economía colonial y empezó a predominar desde, al menos, me-

diados del siglo XVII, para alcanzar su punto más alto en la segunda mitad del

XVIII y luego decaer en las postrimerías del período colonial.17

Los maestros artesanos españoles establecieron gremios, principalmente, para restringir el acceso de los sectores étnicos al ejercicio de actividades in- dustriales, es decir, no “trasplantaron” estas instituciones desde la Península de manera inmediata, sino una vez que encontraron en los productores indígenas, mestizos, negros, castas libres, esclavos y españoles que consideraban advene- dizos una concurrencia que hacía peligrar sus posiciones; en particular, cuando el mercado les resultaba desfavorable y cuando la presión de las autoridades por cobrar la alcabala y otras exacciones los obligaba a cerrar sus oficios. Los gremios coloniales peruanos, sin embargo, distaron mucho de las entidades vi- gentes en las ciudades medievales, aunque mantuvieron la formalidad de las categorías de aprendiz, oficial y maestro, así como las denominaciones de los cargos directivos de los gremios europeos (alcaldes, veedores y examinadores). Los gremios peruanos pertenecieron, más bien, al tipo de gremios mercanti- listas, pero teñidos de un carácter colonial. Se trataba, pues, de instituciones que buscaban defender los privilegios de los mayores productores de un ramo de industria, a la vez que servían al régimen colonial como unidades fiscales y

entidades garantes de las normas coloniales en lo económico y social.18

A diferencia de los primeros siglos coloniales, cuando hubo una aprecia-

ble diversidad de oficios especializados, en el siglo XVIII, los oficios urbanos se

volvieron genéricos. Así, los productores de calzado eran zapateros, sin consi- derar ya las especialidades (chapineros, borceguineros y servilleros) y lo mismo 16. Sobre el origen de la producción manufacturera, véase Heckscher 1983; Hilton 1977: 89,

125-126, 193, 226-227; Parain 1972: 56-59; Berg 1995; Izard 1979.

17. La periodización de la industria urbana de Lima coincide con la que encuentra Miriam Salas para la industria rural textil, en su comparación con la producción española y con los ciclos económicos que ha identificado Carlos Lazo para el Perú colonial. Véase, Salas 2004: 117-150 y Lazo 2006, I: 227-245. Salas ubica el auge de la producción textil huamanguina entre 1660 y 1760, para luego decaer de manera pronunciada en las últimas décadas del período colonial. Por su lado, Neus Escandell-Tur sostiene que la crisis de la producción textil cuzqueña se produjo solo después de, aproximadamente, 1790.

sucedía con los demás oficios de sastrería, pasamanería, sombrerería, zurradu- ría, talabartería, herrería, platería, cerería y así sucesivamente. En los talleres manufactureros, en cambio, sí hubo especialización entre los trabajadores.

La producción artesanal mantuvo en el siglo XVIII las características co-

nocidas para los siglos anteriores. La diferencia se manifestó en una mayor cantidad de talleres y una mayor vinculación con un mercado más amplio y desconocido. Las ciudades habían crecido en extensión y población, con lo cual surgió un mercado que permitía tanto la actividad de pequeños como de gran- des talleres; sin embargo, la rigidez de la propiedad urbana marcó una caracte- rística especial que incidió en los rasgos que adquirió la producción artesanal y manufacturera. Las ciudades crecieron sin modificar su estructura urbana en la zona central y sin ganar mucho terreno a las áreas agrícolas que las rodeaban. Esta rigidez en la propiedad determinó, asimismo, el uso de espacios en caso- nas, como habitaciones multifamiliares alquiladas a los nuevos habitantes. Las familias propietarias de casonas y con carencias económicas reservaban para sí los altos de las casas, los bajos para pequeños talleres con puerta a la calle, mien- tras que los interiores eran destinados únicamente a habitaciones. Un proceso

que se inició ya a fines del siglo XVII fue la eliminación de los huertos interiores

para utilizar el espacio en viviendas de alquiler que, en un primer momento, se construían a manera de corralones (espacio habitado alrededor de un patio central común) y, luego, de callejones (callecitas delimitadas para ganar el ma- yor espacio posible). El caso de Lima estuvo vinculado a la reconstrucción de la ciudad luego de los grandes terremotos que la asolaron, en particular, los de 1687 y 1746.

El crecimiento de las ciudades estuvo ligado a una inmigración individual de personas en edad laboral, atraídas por las posibilidades de trabajo en las ur- bes. De esta manera, lo típico en las ciudades grandes era la residencia de buena parte de la población de edad laboral en habitaciones alquiladas al interior de casonas, corralones y callejones, de manera individual o en parejas sin niños. Ciudades más grandes, más pobladas y con el tipo de vivienda y familia descri- to, favorecieron el desarrollo del trabajo domiciliario y esta fue una de las carac- terísticas más importantes de la manufactura urbana peruana colonial, aunque los grandes talleres urbanos siguieron existiendo y hasta se incrementaron en este tiempo.

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