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La producción industrial en la ciudad y el campo

In document Economia Colonial Tardio III (página 171-173)

Francisco Quiroz

II. La producción industrial en la ciudad y el campo

La producción industrial artesanal y manufacturera surgió tanto en las ciuda- des, villas y pueblos, como en las haciendas y plantaciones; tanto en la costa como en la sierra. Varios fueron los factores que incidieron de manera favorable o negativa en este fenómeno. Uno de ellos fue el estatuto colonial del país; otro, el acceso a las materias primas e insumos de la industria; y un tercer factor fue el carácter rentista de los sectores sociales pudientes.

La producción local dependió de la política mercantil metropolitana que, a veces, dejaba fragmentos de mercado disponibles para la producción local, mientras que otras veces saturaban partes importantes del mercado colonial, con lo cual restringía y hasta anulaba las posibilidades de crecimiento de la in- dustria local. La minería colonial produjo casi exclusivamente metales preciosos y, debido a esta especialización, trabajaba solamente con metales importados o de segundo uso (fierro viejo o chafalonía). En cuanto a los textiles, lo más sig- nificativo fue la separación entre la producción rural (obra tosca de obrajes y chorrillos, destinada a la población de escasos recursos) y la urbana (obra fina concurrente con la importada); sin embargo, el obraje o fábrica de grandes di- mensiones de textiles y otras industrias no fue totalmente ajeno a la ciudad, por lo que no es del todo acertada la diferenciación de la producción en México y

en el Perú como urbana una y rural la otra.9

La producción urbana dependió del internamiento de materias primas y productos semielaborados desde el exterior y el campo. En contraste, la indus- tria rural estuvo muy estrechamente ligada a la producción agropecuaria local e, inclusive, buena parte se desarrolló en el interior de haciendas y estancias gana- deras. Desde un comienzo, la producción rural fue el sustento de la producción transformadora urbana en la molienda, panificación, mantequería, camales y curtiembres, pero no en los textiles, pues el algodón fue erradicado de los valles de la costa central. De esta manera, se restringió la posibilidad de surgimiento de una actividad industrial textil en ciudades grandes como Lima.

En las ciudades de la costa, más bien, se usaban materias primas y pro- ductos semiacabados que llegaban a través del comercio ultramarino: la llama- da genéricamente “ropa de Castilla”, seda, raso, ruán, bretañas, sayales, lona, lienzos, mercería, etc., así como también artículos semielaborados como jarcia, sogas, pita floja, cordones, hilo de zapatero, hilo de cardar, hilo de acarreto, pabilo, catres para calesas, camas y rayos para carruajes, añil centroamericano o polvos azules. El tabaco procedía de Saña, Guayaquil y Jaén de Bracamoros. Así también, para la elaboración de dulces y conservas, llegaban en abundancia 9. Sobre la industria mexicana, véase Salvucci 1992 y Miño Grijalva 1993.

a las ciudades costeñas las especias, azúcar, miel de abejas y de caña, cacao, frutas frescas y secas. La madera que consumía la costa peruana provenía de Chile, Chiloé y Guayaquil. La metrópoli fue siempre la principal abastecedora de hierro, en tanto que el cobre y el estaño llegaban desde diferentes puntos del Perú y América.

Un factor que incidió de manera negativa, tanto en el medio geográfico como en el desenvolvimiento de la industria peruana colonial, fue la paulati- na desaparición de materias combustibles en las zonas productoras. La costa central y norteña se deforestó de manera significativa poco después del asenta- miento de los españoles y, como resultado, los hornos de las ciudades y trapiches debieron abastecerse de la leña que necesitaban para funcionar cada vez desde más lejos, pues la caña quemada no se daba abasto. En particular, los bosques de algarrobo fueron a dar a los hornos de la industria del vidrio y jabón; y, ya en el

siglo XVIII, arreciaron los problemas para obtener leña. En la sierra, el ichu era

disputado a los animales para abastecer a las minas y a los obrajes.

Una característica peculiar de la producción manufacturera del Perú colo- nial fue su base múltiple y compleja. Al lado de la producción textil, la industria peruana colonial se fundó sobre la base de la producción masiva de alimen- tos (harina, carnes, manteca, azúcar, vinos y aguardientes, aceite y numerosos

derivados).10 De otro lado, junto a los grandes talleres concentradores de la pro-

ducción, convivieron talleres pequeños y medianos que eran tanto competencia

como complemento mutuo.11

10. Pese a que —vista desde ahora— la industria alimenticia puede parecer pequeña, entre las entidades de mayor concentración de capitales, producción y mano de obra se contaron los molinos de trigo y maíz, camales (mataderos), trapiches y alambiques.

11. La denominación de los talleres productivos puede generar cierta confusión y extrañeza. En este ensayo se prefiere utilizar las categorías utilizadas en la documentación, aunque con la aclaración que los obrajes no fueron solamente serranos, rurales y textiles. Hubo obrajes en las ciudades, tanto de la sierra como de la costa, que elaboraban tanto textiles como otros productos, pues, al fin y al cabo, el término “obraje” proviene de “obrador” o taller y no de fábrica moderna capitalista. Los obrajes pequeños fueron llamados obrajuelos, obrajillos o chorrillos. Otra aclaración necesaria se refiere a la diferencia entre ingenios y trapiches. La costumbre local se sirvió de las dos denominaciones; pero, al parecer, prefirió usar “tra- piche”, tanto en la costa como en la sierra. Inclusive, se hablaba de “trapiche de ropa” en Huamanga para designar a un obraje de pequeñas dimensiones. No es extraño, tampoco, leer en la documentación el término “oficina”, para designar un taller, ya que la expresión —tan usada actualmente para un espacio burocrático— proviene de “oficio”. Ya en tiempos coloniales, las categorías de “oficiales”, “maestros”, “artesanos” y “gremios” podían no co- rresponder a su contenido y orígenes, pues las primeras se utilizaban de manera indistinta y “gremio” podía referirse a cualquier asociación formal o informal de personas dedicadas a un oficio, en la misma manera que se sigue empleando ese término hoy en día.

También es importante señalar que, al igual que los centros mineros, las industrias rurales y urbanas conformaron polos dinamizadores de la produc- ción y de movilización de personas y mercaderías. Las haciendas ganaderas con obrajes, las haciendas con trapiches y alambiques, las ciudades y villas con industrias transformadoras diversas requerían de mano de obra permanente y estacional, de una gran cantidad de productos para su aprovisionamiento y materias primas e insumos, todo lo cual ocasionaba un efecto de arrastre o mul- tiplicador, favorable para la economía local y regional.

El empresario colonial fue más rentista que un agente económico dotado de un espíritu industrial moderno, lo que influyó en el desenvolvimiento de la industria peruana colonial tanto en el campo como en la ciudad. Los grupos sociales influyentes económica y políticamente no se plantearon desarrollar la producción en las ciudades, aunque la diversidad de sus intereses condujo a un cierto grado de desarrollo. En efecto, en esta actividad estuvieron interesa- das personas de muy diversos sectores sociales: hacendados y estancieros pro- ductores de materias primas (trigo, tabaco, cacao, lana, cueros, sebo, ganado), funcionarios y comerciantes importadores de materias primas y exportadores de productos acabados hacia las provincias. Todos ellos pretendían colocar re- cursos económicos inactivos para obtener o incrementar sus rentas.

In document Economia Colonial Tardio III (página 171-173)