LA IMPORTANCIA DE LAS EMPERATRICES Y PRINCESAS DE LA CASA REAL EN EL CULTO IMPERIAL
4. L AS DIVAE DE LA DOMUS A NTONINA
Durante esta dinastía, que duró prácticamente todo el s. II d.C., es cuando se produjo la consolidación del culto a las emperatrices y princesas de la casa real y la divinización se extendió a casi todas las mujeres de la domus. En el caso de la emperatriz Plotina, esposa de Trajano, ya hemos visto que era calificada por Plinio el Joven como sanctissima femina (Ep. 9.28.1) en el Panegírico a Trajano, y responde al modelo que cierta historiografía ya había elaborado tomando como ejemplo a Livia, al destacar la modestia, la obediencia y sumisión al marido, la austeridad en el arreglo, y sobre todo la armonía familiar (concordia) que resi- día en la domus imperial, donde vivió la pareja real con Marciana, la hermana de Trajano, de la que resalta también su modestia y devoción sobre otras26. Un elenco de virtudes similares se recoge en la laudatio funebris que Adriano de- dica a Plotina y a su suegra Matidia, y son motivos recurrentes en los elogios pronunciados en honor de matronas de origen aristocrático y en las inscripciones funerarias.
El senado concedió a Plotina y a Marciana el título de Augusta antes de que Trajano obtuviera el de pater patriae, por lo que ambas, en sintonía con su modestia, rechazaron tal ofrecimiento, actitud que fue muy elogiada por el panegirista áulico (Plin. Pan. 84.6-7; 89). Finalmente en el año 105 aceptaron ser Augustas, año en el que además fue divinizado el padre biológico de Trajano. Posiblemente la aceptación definitiva del mismo esté relacionado con la victoria dácica de Trajano y con su adopción del título de Dacicus, además del reforza- miento de su papel como pater patriae. La atmósfera de éxito y bonanza en el
25 A. GARZETTI, L’Impero da Tiberio agli Antonini. Istituto di Studi Romani. Bolonia, 1960, p. 279.
exterior y en el interior del imperio pudo influir para que se produjera un forta- lecimiento público del papel de las Augustas, relacionado con el de pater patriae de Trajano27, con fuertes referencias jurídico-religiosas.
Es probable que Plotina fuese consagrada por el senado a instancias de Adriano, de igual manera que lo fue su esposo Trajano. Ambos divi fueron obje- to de culto en Roma, y Adriano se refiere a ellos con la siguiente dedicatoria:
divi(s Tr)aiano Partico et (Plotinae… Traia)nus Adriano Aug(ustus)… parentibus sui(s)28.
También se constata la existencia de un culto común en diversos templos de ciudades orientales como Pérgamo. Asimismo Adriano dedicó a la diva Plotina un templo en Nemausus, su ciudad de origen, y otro en Roma entre los años 125-128. Por otra parte, han aparecido inscripciones dedicadas a Plotina, en vida o después de su consagración, entre las que destaca la inscripción honorífica en Ancona sobre el arco de triunfo para hacer seguro el puerto a los navegantes. En la inscripción se cita a Trajano y a la diva Marciana (CILIV 5894=ILS 298).
En otras series en el anverso se representa a Adriano y en el reverso aparece el retrato de sus padres deificados, acompañados de la leyenda divis parentibus, y en otras monedas figuran los padres consagrados solos. Con estas monedas póstumas Adriano pretende insistir en el vínculo materno y paterno que le unía a Plotina y Trajano, con la pretensión de legitimar a nivel simbólico-religioso sus derechos sucesorios establecidos constitucionalmente por la adoptio.
Con todo Marciana fue la primera diva de la dinastía a la que se le rindió culto y por la evidencia existente sabemos que el ejército romano continuó ofreciéndole sacrificios un siglo después de su fallecimiento29. Trajano dedicó en Roma una basílica en su memoria y acuñó monedas donde por primera vez aparecía el águila como símbolo de la apoteosis y dedicadas a la Diva Augusta
Marciana (BMC III, p. LXXXII). Al tiempo que Marciana fue consagrada diva, su
hija Matidia, ya viuda, recibió el título de Augusta y ocupó el lugar de su madre en palacio junto a Plotina (Fast. Ost. XXII 39-43; A. Degrassi, Inscr. It. XIII 1.201). Al morir Matidia recibió la apoteosis en el 119 por deseos de Adriano, que veneró tanto a su suegra como a Plotina. Hizo acuñar monedas en su honor y pronun- ció, como antes hemos referido, la laudatio funebris, conservada en una inscrip- ción de Tívoli (PWRE Suppl. XV col. A 32).
27 H. TEMPORINI, op. cit., p. 25; M.ª J. HIDALGO, «Plotina, Sabina», pp. 191-224; íd., «Los ciclos vita-
les de las princesas antoninas», p. 154; íd., «La importancia», pp. 397 ss.; íd., «Emperatrices paganas y cristianas: poder oculto e imagen pública», en A. DOMÍNGUEZ (ed.), Mujeres en la Antigüedad
Clásica…, op. cit., pp. 189 ss.
28 CIL VI 966; M. E. SMALLWOOD, Documents Illustrating the Principates of Nerva, Trajan an
Hadrian. Cambridge, 1966, n.º 62.
29 A. DEGRASSI, Inscrp. Ital., XIII, 1, 1947, p. 201; L. VIDMAN, Fasti Ostienses. Rozpravy of the
Checoslovak Academy 67.6, 1957, p. 64; E. M. SMALLWOOD, Documents…, p. 3. Cfr. E. J. BICKERMAN, «Diva Augusta Marciana», AJPh., XCV, 1974, p. 368.
En el caso de Sabina, mujer del emperador Adriano, la situación es un poco más extraña. Tenía unos treinta años cuando su esposo llegó al poder y tuvo que esperar diez años para ser Augusta, año en que el emperador fue designa- do pater patriae (HA Hadr. 6.4). Sin embargo, a partir de la divinización de su madre Matidia, Vibia Sabina será filia divae Augustae Matidiae y su posición en la corte llegará a ser más relevante. Esta situación también está relacionada con su designación como Augusta y Sebasté. A pesar de la tardanza en ser Augusta, su proyección en provincias fue muy temprana y, en una primera fase, estuvo incluso al margen del control realizado tradicionalmente por el emperador. La representación iconográfica de la emperatriz como Augusta se desarrolló en la
pars orientis y occidentis de forma paralela a las acuñaciones monetarias en su
honor, y se pueden relacionar con los viajes de Adriano a esos territorios, en una primera etapa él solo, y después acompañado de Sabina. Ambos materiales reproducen una imagen de la emperatriz Augusta viviente que idealmente se retrotraía a la de su madre la Augusta divinizada30.
En otras monedas aparece representada como una nueva Démeter, repre- sentación que tiene su continuidad en la estatuaria y en las monedas en las que aparece asimilada a Ártemis y Hera en Asia Menor e incluso a Isis, Kore y Euse- beia en Egipto31. Estas representaciones iconográficas de Sabina en el Oriente estaban relacionadas con la práctica religiosa de su esposo de integrar de forma sincrética aspectos de la religión y cultura helénica en su programa político- ideológico ecuménico en el que Roma era visualizada como una Cosmópolis. Desde esta perspectiva es como se puede entender la deificación de su paidikà Antinóo por parte de los griegos y por voluntad de Adriano (DC 69.11.2-4; HA Vita
Hadr. 14.6-7).
Sabina, una vez muerta, recibió la consagración del senado en el 138 y, de manera inmediata, su esposo Adriano acuñó monedas con la leyenda Diva Au-
gusta Sabina. Fue la primera Augusta representada como diva y conducida al
cielo por un águila32. Estas mujeres vincularon a Trajano con Adriano a través de la dinastía fundada por aquél: Marciana como hermana de Trajano y madre de Matidia la Mayor, que era sobrina-nieta de Trajano y suegra de Adriano, Sabi- na como esposa de Adriano, y Plotina como madre adoptiva del mismo33. Las series monetales dedicadas a Sabina comprenden áureos y denarios con leyen- das diversas: Sabina Augusta, Diva Augusta Sabina, y en el reverso aparece la
Concordia, Consecratio, Vesta, etc. (RIC, pp. 386-389)34. También han aparecido
numerosas inscripciones en su honor en Italia y en provincias, ella sola o junto a su marido.
30 A. CARANDINI, Vibia Sabina, pp. 69-75, n.º 4-15 estudia estos materiales concienzudamente.
31 A. CARANDINI, op. cit., pp. 78-79; B. ADEMBRI-R. S. NICOLAI, Vibia Sabina da Augusta a diva.
Milano, 2007, p. 99 ss..
32 Últimamente, B. ADEMBRI-R. S. NICOLAI, Vibia Sabina, pp. 39-49; 67-74; 87-107
33 M.ª J. HIDALGO DE LA VEGA, «Los Ciclos vitales», p. 159; íd., «La importancia de las mujeres», pp.
400 ss.; íd., «Emperatrices paganas», p. 193.
Precisamente la deificación de estas princesas imperiales expresa de manera sistemática su importancia dinástica, y la sacralidad del poder imperial tendrán una proyección por todos los territorios imperiales a través de las emisiones monetales y representaciones en estatuas con atributos de diversas diosas del panteón romano35. En el 112 comienzan las acuñaciones de Plotina, Marciana y Matidia. En el 117-118 se datan los áureos con las imágenes de Trajano-Plotina, Plotina-Matidia, Plotina-Vesta, Adriano-Plotina y Adriano Trajano. Así la diva Plo-
tina apareció en monedas junto con el divus Trajano o con Adriano36.
En el caso de Matidia la Mayor también Adriano hizo acuñar monedas como
diva Augusta Matidia (BMC Emp. III, 281, nº. 328-332), siguiendo la misma práctica
de Trajano con respecto a su hermana Marciana. En otras monedas se honra a
Matidia Aug(usta) divae Marcianae f(iliae), representada poniendo las manos
sobre las cabezas de sus dos hijas, destacando así su pietas Aug(ustae), referida al cuidado materno, ya que fue la única que continuó el linaje de Trajano37. Por otra parte, el emperador hizo construir un altar en su honor, además de dedicarle una basílica en el campo de Marte y un templo38.
Del análisis del material numismático se deduce que las monedas repre- sentan a tres generaciones de la familia imperial a través de sus miembros fe- meninos. Es obvio que con ello se intenta resaltar la descendencia de la domus Augusta, pero por la línea colateral representada en la descendencia femenina de la hermana de Trajano y de su sobrina-nieta, cuyos padres no tenían ninguna relación con el linaje imperial39. De alguna manera se constata que la aeternitas y securitas dinásticas están reservadas a las mujeres y, por ello, era de crucial importancia que en los medios propagandísticos oficiales se destacaran estas representaciones de gran significado simbólico.
Faustina la Mayor, esposa de Antonino Pío, recibió el título de Augusta cuan- do su esposo adoptó el apelativo de Pío, al comienzo de su reinado (Vita Pius 5.2: Uxorem Faustinam Augustam appelari a senatu permisit, Pii appellationem
recepit). Fue consagrada, nada más morir, a finales del 140, y sus cenizas fueron
sepultadas en el mausoleo de Adriano, con la inscripción Diva Faustina Augus-
ta. El senado además le asignó un templo, un altar y un sacerdocio de flaminicas
para la celebración de su culto:
35 H. TEMPORINI, op. cit., pp. 108 ss.; A. CARANDINI, Vibia Sabina. Florencia, 1969, pp. 69-79; M.ª
J. HIDALGO, «Plotina, Sabina», pp. 195-215; íd., «Los ciclos vitales», pp. 137-170; P. A. ROCHE, op. cit., pp.
52-59; M. KELTANEN, op. cit., pp. 106-145; G. MARTINELLI, «Le donne e il potere, nell’ Impero Romano»,
Actas del Congreso de la FIEC. Kavala, 1999, vol. I. Atenas, 2001, pp. 547.
36 Recogidas en H. TEMPORINI, op. cit., p. 109, n.º 17-20. Recientes ilustraciones de las monedas
de esta féminas se estudian en A. BANTI, I grandi bronzi imperiali. Florencia, 1983-1984, vol. II, 1, pp. 286-299; G. GIACOSA, Ritratti di Auguste. Milano, 1974, pp. 44-49, pls. XXII-XXVI.
37 E. J. BICKERMAN, op. cit., pp. 362-376; H. TEMPORINI, op. cit., pp. 190 ss., n.º 46-52, M.ª J.
HIDALGO, «Plotina, Sabina», pp. 192-220; íd., «Los ciclos», p. 160.
38 F. COARELLI, Rom. Ein archäologischer Führer. Freiburg-Basel-Wien, 1975, pp. 263 ss.
Durante el tercer año de su gobierno, perdió a su esposa Faustina a la que el senado había divinizado, después de haber decretado en su honor juegos circen- ses, la construcción de un templo, la institución de un colegio de sacerdotisas y
la erección de estatuas de oro y de plata (HA Ant. Pius 6.7-8).
El templo en la Vía Sacra tiene un pórtico que constituye uno de los desarro- llos más bellos del Foro. Su culto tuvo una especial relevancia en la representa- ción de la apoteosis de la pareja imperial, al morir Antonino Pío, en la base de la Columna Antonina, erigida en honor del emperador divinizado, y en la que la
diva Faustina aparece como Juno Regina y un genio, el Aión, conduce al cielo a
la pareja real divinizada. Todo el conjunto aporta aspectos interesantes sobre el desarrollo del pensamiento místico y religioso de la época en el seno del culto imperial40.
En Sardes se estableció un culto conjunto de Faustina y Ártemis. Su marido estableció en su honor una fundación alimenticia para chicas jóvenes (HA Ant.
Pius 8.1), y acuñó un número de monedas con el apelativo de Diva Faustina, que
circularon durante todo el reinado de Antonino Pío e incluso posteriormente. De las acuñaciones monetarias emitidas por su esposo Antonino Pío desta- can dos series monetales por la simbología de sus leyendas. En la primera apa- rece el término Aeternitas, ilustrado por una serie de figuras o personificaciones con los atributos familiares para las diosas que permiten identificarla con Ceres, Juno, Vesta o Cibeles. La segunda serie, de similar composición, tiene grabado el término Augusta y en una de ellas se representa en asimilación a Venus, evo- cando el origen divino de la gens Julia. En ambas la emperatriz está representada como diosa y como personificación de virtudes en su nueva casa en el cielo41. Esta diversidad de tipos con las leyendas de Aeternitas y Augusta que pueden ser intercambiables en la idea que propusieron algunos autores42, de que Aeternitas significaba Faustina in Aeternitate, identificada después de su consecratio con diversas personajes divinos que la protegieron en vida. Con lo que la leyenda está representando la realidad divina en la que la emperatriz difunta ha sido eternizada y la figura eterna de la emperatriz en una clara ejemplificación del sincretismo religioso de la época expresado en la iconografía oficial43.
El caso de Faustina la Menor, esposa de Marco Aurelio es de gran relevan- cia. Esta emperatriz que llegó a tener más de trece hijos44, representa clara- mente la responsabilidad reproductora de la mujer, aumentada por el deber de tener un heredero masculino tal y como lo expresa Marco Aurelio a su amigo
40 P. ZANKER, Arte romano. Bari, 2008.
41 H. MATTINGLY, «The Consecration of Faustina the Elder and her daughter», Harv. Theol Rev.
41, 1948, p. 147.
42 Íd., op. cit., p. 149; J. BEAUJEU, op. cit., p. 423.
43 J. BEAUJEU, op. cit., p. 423.
44 Hay dudas sobre el número de hijos: Unos autores hablan de trece y otros de quince, cfr. D.
Frontón45. Es lógico constatar que esta emperatriz aunara de manera superlativa las virtudes como la fecunditas, junto con la concordia, felicitas y aeternitas46, de las que se nutre la mística imperial y que fueron virtudes suficientes para que el propio Marco Aurelio obviara maledicencias y rumores vertidos sobre la hones- tidad de su esposa47. Independientemente de la credibilidad que Marco Aurelio concediese a tales rumores, lo realmente destacable es que él sabía que le debía el imperium como dote (Marc. 19.9-10), y de ahí su imposibilidad de repudiarla, ya que el matrimonio reforzaba la legitimidad dinástica y aseguraba la sucesión a través de Cómodo.
Fue nombrada Augusta por su padre Antonino Pío (Fast. Ost. XXVIII 13 ss.) el 1 de diciembre del 147, tras el nacimiento de su primera hija. Su esposo Marco Aurelio, que aún era César, recibió al mismo tiempo la tribunicia potestas, que le confería una gran participación en el poder imperial junto con su padre adoptivo y suegro Antonino Pío. Faustina fue, pues, una princesa Augusta catorce años antes de que su esposo alcanzara la púrpura imperial, fecha (161) en la que Mar- co se convirtió en Augusto y en el 166 alcanzaría el título de pater patriae (Vita
Marc., 9.3; 12.7), poniéndose de manifiesto la gran autonomía curricular de esta
emperatriz. Al morir, su esposo Marco Aurelio solicitó al senado que decretase honores divinos. Fue divinizada por medio de la apoteosis, cuya representación iconográfica fue utilizada como propaganda imperial a favor de la concordia familiar. Le dedicó en Ostia el templo de Venus y en Roma un altar donde los recién casados ofrecerían sacrificios la noche de bodas, quedando así el matri- monio bajo la tutela de la diva Augusta (DC 72.31.1).
Al morir de forma súbita en la ciudad de Halala, el emperador solicitó al senado que decretara honores divinos y la construcción de un templo para la ce- lebración del culto a la diva et Pia Faustina. La transformación jurídica del vicus de Halala en una colonia con el nombre de Faustinópolis entraba dentro de los
honores post mortem que recibió esta emperatriz y se construyó un templo para
la celebración del culto a la emperatriz diva, que posteriormente fue dedicado a Heliogábalo (HA Vita Marco, 26.4-10). Además, al igual que hizo Antonino Pío con su esposa, el emperador Marco Aurelio concedió una fundación alimentaria para chicas huerfanas, novae puellae alimentariae Faustinae, atestiguadas ambas en inscripciones y monedas48.
45 R. B. RUTHERFOLD, Selection from the Letters of Marcus and Fronto. Oxford, 1989; A. BIRLEY,
op. cit., p. 106; D. BAHARAL, op. cit., p. 335; M.ª J. HIDALGO, «Plotina», pp. 191-224; F. CENERINI, Dive e
donne…, p. 116 ss.
46 Cada nacimiento de un hijo/a era celebrado con esplendor y emisión de monedas o medallo-
nes celebrando su fertilidad y en las que aparecían los términos fecunditas y saeculi felicit. Cfr. D.
BAHARAL, op. cit., p. 336 y BMCIV, pp. 530-531, nos. 902-904, pl. 73.1; p. 543, n.º 997; R. A. G. CARSON,
Coins of the Roman Empire. London-New York, 1990, pp. 45, 53; M. KELTANEN, op. cit., pp. 134-36.
47 Estas referencias están recogidas por Dión Casio, Aurelio Victor y por los biógrafos de la
Historia Augusta, que incluso se hacen eco de las supuestas quejas de los consejeros del emperador
por ser tan condescendiente con el comportamiento inmoral de su esposa.
48 A. SLATER, «Diva Faustina, The Empress of Antoninus Pius», North American Journal of
Dión Casio (71.31.1-2) se hace eco de los honores tributados a esta diva:
El senado decretó que las imágenes de Marco y de Faustina fueran instaladas en el templo de Venus y Roma, y que se erigiera un altar, en el que todas las jóve- nes casadas en la ciudad y sus esposos ofrecieran sacrificios. También que una estatua dorada de Faustina fuese conducida al teatro en un carro cuantas veces asistiese el emperador a los espectáculos, y se la colocase en el sitio preferente desde el que, cuando estaba viva, contemplaba los juegos, y que las mujeres más preeminentes se sentaran a su alrededor.
De alguna manera todos estos ejemplos y otros similares reflejados en los materiales literarios, epigráficos y numismáticos constatan que la aeternitas y
securitas dinásticas están reservadas a las emperatrices y, por ello, era de crucial
importancia que en los medios propagandísticos oficiales se destacaran estas re- presentaciones de gran significado simbólico, incluso la estatua de la diva Faus-
tina en el teatro. Todo ello formaba parte de un consciente programa político
general de los emperadores entre lo antiguo y lo nuevo, lo real y lo simbólico, y que cristalizó en época de Adriano y Marco Aurelio en su concepción del Imperio como una cosmópolis y en el que las figuras de las emperatrices –divae Sabina y las dos Faustinas– fueron utilizadas como símbolo cósmico49.