MUJERES DE LA DINASTÍA SEVERA SUEÑOS DE DOMINIO Y DUEÑAS DE ROMA
3. J ULIA D OMNA M ATRIMONIO Y PRESAGIOS IMPERIALES
La joven siria se casó con Septimio Severo en el 187 en Lugdunum, donde residía como gobernador (HA Sev. 3.9; DC 78.6.5)19, después de que su primera mujer Pacía Marciana, miembro de una familia aristocrática africana, muriera en la misma ciudad después de diez años de matrimonio, y recibió homenajes en su ciudad de origen Leptis Magna20. Los autores modernos, en general, no conside- ran creíble la noticia de la Historia Augusta (Sev. Alex. 8.1) de que tuvieron dos hijas21, con lo que no había ninguna necesidad de que Domna, como segunda esposa, se encargara de la educación de las niñas.
El matrimonio de Julia Domna y Septimio Severo vino determinado por razo- nes astrológicas, según cuentan las fuentes. Entre el 185 y el 187 un horóscopo le vaticina que se casará con un hombre que llegará a ser emperador (HA Sev. 3.9;
Geta 3.1) e incluso su propio nombre Domna=Domina parecía marcarla como
futura emperatriz22, lo que impulsa al ambicioso procónsul, que desde su anterior estancia en Siria conocía a Julia Domna y la importancia de su familia dinástica, a organizar su segundo matrimonio con esta ilustre y bella mujer oriental. No sólo la belleza sino también las riquezas y los orígenes familiares de la joven siria determinaron que Septimio pidiera la mano de Julia Domna al gran sacerdote del santuario de Elagábal, Julio Basiano. Después de esta petición, en el 187, la propaganda severiana divulga que Septimio tuvo una visión onírica en la que Faustina la Joven, esposa de Marco Aurelio y fallecida hacía más de diez años, le prepara un lecho nupcial en el templo de Venus y Roma, cerca del Palatino. Esta historia es claramente una vaticinatio post eventum, con el objetivo de enlazar su dinastía con los Antoninos, cuyo nomen lo añade a su hijo Caracalla, para refor- zar la legitimación de su imperium, conseguido tras un pronunciamiento militar, como veremos. En la misma línea anteriormente había tenido otros sueños rela- cionados con el poder imperial (DC 74.3.1; 2.3; HA Sev. 3.5-9), vinculando el éxito de Severo al destino de Julia por medio de los omina imperii23.
De este matrimonio nacerán dos hijos, los conocidos Caracalla y Geta. El primero, Septimius Bassianus, nació el 4 de abril de 188 en Lyón, donde Septimio ejercía de gobernador de la Galia Lugdunensis. Fue criado por una
19 F. GHEDINI, op. cit., pp. 4, 16, n.º 22.
20 ILS 440: IRT 410-23. Severo no nombra a su primera esposa en la autobiografía que escribió
después de la muerte de Albino para justificar sus crueles acciones y contradictoria actuación en la guerra civil (HA Sev. 18.6; HA Clod. Albino, 7.1).
21 A. BIRLEY, Septimius Severus, p. 225.
22 Íd., pp. 75 ss., sobre el nomen de Domna; B. LEVICK, Julia Domna, p. 30, explica que la noti-
cia es de origen desconocido, pero que Septimio pudo conocer a través de los amigos orientales de Julia, deseosos de que un miembro de una familia dinástica llegase a ser esposa de emperador romano. Pero se da la circunstancia de que en estos años Septimio no sabía que iba a ser emperador con lo que la noticia sería de creación posterior.
23 Z. RUBIN, Civil-War Propaganda and Historiography. Bruxelles, 1980, pp. 73 ss.; A. T. MARQUES
GONÇALVES, «Um ohlar sobre Julia Domna: esposa e mae de imperadores», en P. P. FUNARI et al.
(eds.), Amor, desejo e poder na Antigüidade. São Paolo: Unicamp, 2003, pp. 327-354, esp. 332; A.
nodriza cristiana (Ter. Liber ad Scapulam, 4), y se le dio el cognomen del padre de su madre, Bassianus, el praenomen no se recuerda24. Al año siguiente nació posiblemente en Roma o Milano su segundo hijo, llamado P. Septimius Geta por el padre y hermano del emperador. En los años siguientes el cursus honorum de Severo se va ampliando y desarrollando con éxito, a pesar de ser acusado ante el emperador Cómodo de haber consultado a los astrólogos para conocer la posibilidad de su futuro imperial25. En concreto en el 190 toda la familia ya estaba en Roma, la gran metrópolis del Imperio, para que Septimio asumiese el consulado a instancias de Cómodo, posteriormente fue a Iliria, a Tracia y a Panonia en el 191.
Aunque Dión Casio (78.24.1) califique a la familia de Julia Domna como «plebeya» (demotikon genos) al no tener antecedentes senatoriales, sabemos por otras fuentes (Aur. Vict. Epit. 23; De Caes. 23; Eutrop. Brev. 22; Herod. 5.3.2-6), incluso por la HA (Sev. Alex. 5.4) que la califica como nobilis orientis mulier, que esta familia tuvo grandes conexiones con las de otras ciudades de la región y una significativa participación en la administración imperial romana, como F. Millar ha destacado26. Era una familia cuyo poder y prestigio estaba íntimamente unido al de la ciudad y territorios adyacentes. Estos dos factores, prestigio sacral y estatus en la jerarquía civil romana, conseguirían promover y promocionar las fortunas y propiedades de la familia27. Julia Domna era consciente de ello y ponía en valor sus ancestros y la pertenencia a una familia que dirigía y controlaba el culto local desde generaciones, aunque las mujeres no pudieran participar en él ni en las actividades políticas en el espacio público.
Como nobilis mulier llevaría una buena dote al matrimonio, según las leyes y costumbres romanas, pero además su prudente padre aseguró que mantuviera el control de sus propiedades, una vez casada, y en caso de divorcio no tuviera que regresar empobrecida a su familia28. Además en el Digesto (32.38.4) aparece una referencia sobre una herencia que obtuvo de su tío abuelo Iulius Agrippa, un primipilaris, o destacado centurión. Sin embargo, cuando llegó a emperatriz no recibió la «privy purse», en palabras de Levick29, que pasaba de una emperatriz a otra como el patrimonium, que se transmitía a los emperadores por derecho sucesorio30. A pesar de ello, podía acceder a las propiedades y posesiones de su rica familia y a las de su esposo y de la casa real por su generosidad. Así, pues, tan sólo la caída de la dinastía la llevaría a un claro empobrecimiento.
24 DC 77.6.1 y HA Sev. 3.9.; A. MASTINO, «La titolature di Caracalla e eta attraverso le iscrizioni»,
1982; A. BIRLEY, Septimius Severus, p. 76.
25 HA (Sev. 1-4). Sobre estas cuestiones, cfr. Z. RUBIN, op. cit., pp. 79 ss.; R. TURCAN, op. cit., pp.
45 ss.
26 The Roman Near East 31 B.C.-A.D. 337. Cambridge, MA, 1993, p. 304.
27 Sobre la riqueza de Émesa y de la familia sacerdotal, cfr. H. SEYRIG, op. cit., pp. 184 ss.; A.
BIRLEY, Septimius Severus, pp. 72 ss.; 223 ss.; B. LEVICK, Julia Domna, p. 18, n. 92.
28 TREGGIARI, Roman Mariage, 1991, pp. 466-469.
29 Julia Domna, p. 19.
30 Sobre el patrimonio de las emperatrices, cfr. H. TEMPORINI, Die Kaiserinnen Roms von Livia
En cambio su esposo Septimio era de gran austeridad aunque de familia pudiente; según la HA (Sev. 2.5) en el 191, después de asumir el consulado, tan
sólo poseía una buena residencia en la ciudad y una propiedad no grande en el territorio de Veyes, donde su abuelo había tenido una importante propiedad que heredaría su padre y los hermanos de éste31. Durante estos años la pareja tendría la vida propia de una familia de la aristocracia senatorial y Severo mantendría las alianzas políticas propias con otros miembros senatoriales, intercambiándose confidencias y favores, como por ejemplo Dión Casio, quien describe e inter- preta a su favor los omina imperii del destino imperial de Severo. Hay una carta de autenticidad dudosa que Severo dirige a Clodio Albino, futuro adversario, en la que transmite los saludos de su esposa Domna a la hermana de Clodio (HA
Clod. Alb. 7.3).
4.