MUJERES DE LA DINASTÍA JULIO-CLAUDIA
A) L A DOMUS A UGUSTA Y LA SUCESIÓN DINÁSTICA: A NTONIA LA M ENOR, L IVIA, J ULIA LA M AYOR, J ULIA LA M ENOR Y A GRIPINA
4. R IVALIDAD ENTRE L IVIA Y A GRIPINA LA M AYOR
En el mismo escenario político por la sucesión entra en escena la rivalidad entre Livia y Agripina la Mayor, viuda de Germánico. Vipsania Agripina, hija de Julia y Agripa, nieta directa de Augusto, fue la única hija de Julia que sobrevivió al reinado de Tiberio. Todos sus hijos, excepto Calígula, criado y salvado por su poderosa abuela Antonia24, sufrieron la persecución de Tiberio y de Livia que les llevó a la muerte. Evidentemente los hijos de Agripina y Germánico habían decantado, de nuevo, la línea sucesoria a favor de la gens Iulia frente a la gens
Claudia y posiblemente éste sea el trasfondo de las acciones de Livia y Tiberio,
amenazados por ello y por la gran popularidad que Germánico y Agripina ha- bían alcanzado entre los soldados del ejército y la plebe. Es claro que Agripina ambicionaba el poder para su esposo e hijos y, por ello, defendía estos intereses de forma activa «a la manera de un hombre», sobre todo después de la muerte de su marido, comportándose de forma ávida por el poder político (Tac. Ann. 14.2.2-3:
spe dominationis y dominandi avida) y trasgrediendo los parámetros estableci-
dos socialmente para las mujeres aristocráticas25.
Tácito relata una serie de actuaciones de Agripina en el ejército, algo insó- lito, y en política (Ann. 1.33; 41; 69.1-5; 6.31). Su poder llegó a ser tan importante que fue caracterizado como «despotismo masculino» (Tac. Ann. 12.7). Mujer de gran ánimo, femina ingens animi, asumió el papel de un general del ejército y desarrolló una política populista entre los soldados que le dio más poder que si hubiera sido cónsul (Ann. 1.69). Acompañaba a su marido y se presentaba además ante las tropas como descendiente del divino Augusto (Ann. 1.40; 3.4) y como esposa del gran general Germánico, despreciando incluso la inferioridad de Tiberio, al igual que había hecho su madre (Ann. 4.52). Estableció una colo- nia de veteranos en Germania y recibió con Claudio los estandartes romanos en homenaje a la familia del que conquistó Britania (Ann. 12.26-37). Este indómito carácter, en términos taciteos (Ann. 1.33.3), era matizado solamente gracias al amor y fidelidad a su marido.
Ante esta situación, no es extraño que Tiberio viese en su actitud con el ejér- cito una provocación y un peligro para su futuro, dada la importancia del ejército como base del poder imperial, y Agripina lo sabía. El conflicto se centró
24 Antonia Minor, en estos años ya una anciana, poseía un gran patrimonio y tenía un gran
número de fieles esclavos y libertos; entre ellos figuraba el famoso Antonio Palante y la liberta
Caenis, secretaria suya y que posteriormente será la concubina de Vespasiano al morir su esposa
Domitila. Fue la que se dio cuenta de los manejos del prefecto del pretorio Sejano para ocupar el poder. Además mantuvo muy buenas relaciones con príncipes orientales que mantenían vivo el recuerdo de su padre Marco Antonio. Recibió de su nieto Calígula, ya emperador, los mismos hono- res que había recibido Livia Augusta, incluido el título de Augusta y el sacerdocio del culto del divus
Augustus (Suet. Calig. 15.2; 23.2; Claud. 11.4; DC 59.3.6); cfr. N. KOKKINOS, Antonia Augusta. Portrait
of a Great Roman Lady. London-New York, 1992; S. SEGENNI, «Antonia Minore e la domus Augusta»,
Studi Classici e Orientali, 44, 1994, pp. 297-331.
25 O. DEVILLERS, «Images du couple dans le livres 1-3 des Annales de Tacite», Athenaeum, 96,
en Agripina y sus hijos, considerados como los herederos más legítimos, dada su relación de agnación con la gens Iulia dentro de la casa real y su inclusión por parte de los sacerdotes en los vota publica anuales por la securitas imperii (Tac.
Ann. 4.17.1); y hacia ellos se traslada la actuación del binomio Tiberio-Livia (Ann.
4.12). De nuevo la gens Iulia por la acción de Agripina reconquista en la domus imperial la importancia que había perdido al morir Julia. Era la única heredera de la gens divina y así lo reclamaba ella y el pueblo que suplicaba a los dioses para que la protegieran a ella y a sus hijos de las maquinaciones de sus enemi- gos (Tac. Ann. 4.3: solum Augusti sanguem… decus patriae). La acción política de Agripina la Mayor sintetiza y supera las actuaciones de Julia y Livia. Como miembro de la gens Iulia y como madre de herederos sabía de sus derechos legítimos e inalienables en torno al poder monárquico para sus hijos, según la construcción sucesoria del patriarca Augusto; y por ello recurrió a diversas estra- tegias para desplazar a otros candidatos y conseguir que sus hijos heredasen el trono. Se enfrentó a Livia, Tiberio y al prefecto del pretorio Sejano.
Pero esta lucha interna en el seno de la casa real tuvo proyección en la esfera pública, alcanzando la dimensión de un movimiento político dirigido por una mujer, que llegó a ser una amenaza real para Tiberio y su alter ego Sejano. Éstos eran apoyados por algunos amici del difunto Germánico, frente al grupo de Agri- pina (partes Agrippinae) que, además de ser apoyado por un grupo importante de amici de Germánico, utiliza la memoria de su esposo para sus fines, y busca el apoyo de un sector de los senadores más tradicionalistas26. La expresión de
partes Agrippinae es el calificativo político más explícito dedicado por Tácito a
la actuación de una mujer, que luego repetirá con Agripina la Menor, dada la similitud en los comportamientos políticos de ambas. Las dos Agripinas sabían, sin embargo, que, para que su poder se consolidara, era necesario que su factio estuviese encabezada por un hombre. Tácito lo manifiesta de forma explícita en el caso de la joven Agripina, cuando dice que:
[…] organizaba frecuentes reuniones secretas con sus amigos, acogía con bon- dad a tribunos y centuriones, trataba con distinción a los hombres ilustres por su nombre y virtud, como si buscase un jefe y un partido (Ann. 13.18).
En el caso de Agripina la Mayor se observa que su poder político era más sólido y su grupo ya estaba organizado antes de su intento de buscar un dux. Este intento se deduce de la petición que le hace en el año 26 d.C. a Tiberio para que le permita contraer matrimonio de nuevo con Asinio Galo (Tac. Ann. 4.53), a lo que se niega el emperador, consciente del peligro que suponía tal unión para su propio poder y legitimidad. En el año 29 d.C. Tiberio, por instigación de Seyano, abre un proceso judicial contra Agripina, que como su madre sufrió la relegatio ad insulam y morirá en el exilio, y su hijo que fue ejecutado. Sin embargo, su figura y memoria tuvieron un papel fundamental en el desarrollo
26 M. F. NANNA, «Donne in politica in età giulio-claudia», en Epigrafia e territorio, politica e socie-
del principado y su representación en retratos y otras imágenes mantendrá una constante tipología iconográfica en la que se reconoce siempre su papel público como esposa del gran Germánico, después de la rehabilitación de su persona que llevaron a cabo su hijo, Calígula, y su cuñado Claudio, una vez desposado con su hija Agripina la Menor, ambos emperadores sucesivos27.
Como dice Bauman (1992: 156), si alguna mujer actuó como político de pleno derecho, ésta fue Agripina la Mayor. Venció en un mundo de hombres y Tácito, consciente de ello, vierte sobre ella calificativos, que expresan la interiorización de las preocupaciones y los modos de actuar masculinos en torno al poder político:
Agripina, incapaz de moderarse y ávida de poder, por sus ambiciones varoniles había dejado de lado los vicios propios de mujer (Ann. 6.31).