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ASCENDIENDO EN LA ESCALA DE LA RESPONSABILIDAD COLECTIVA

In document Peck, Scott - El Mal y La Mentira (página 140-162)

EL INDIVIDUO EN SITUACIÓN DE ESTRES

Cuando yo tenía dieciséis años me extrajeron las cuatro muelas del juicio durante unas vacaciones de verano. Durante los siguientes cinco días no sólo me dolían las mandíbulas sino que las tenía tan hinchadas que no podía abrir la boca. No podía comer comida sólida, sólo líquidos y comida para bebé sin gusto a nada. Tenía un gusto fétido a sangre en la boca todo el tiempo. Al final de esos cinco días mi nivel de funcionamiento psíquico había descendido al de

un chico de tres años. Estaba totalmente egocéntrico. Me mostraba quejoso e irritable con los demás. Esperaba que me atendieran todo el tiempo. Cuando alguna cosita no salía exactamente como yo lo esperaba, se me llenaban los ojos de lágrimas y tenía un disgusto enorme.

Creo que cualquiera que haya tenido un sufrimiento constante que le haya durado una semana o algo así, reconocerá la experiencia que acabo de describir. En una situación de molestia prolongada los humanos naturalmente, casi inevitablemente, tendemos a regresar. Nuestro crecimiento psicológico se revierte; nos olvidamos de nuestra madurez. Nos transfor- mamos muy rápidamente en seres más infantiles, más primitivos. El sufrimiento o la incomodidad es estrés. Lo que estoy describiendo es una tendencia natural del organismo humano a la regresión como respuesta al estrés crónico.

La vida de un soldado en zona de combate es de estrés permanente. Aunque el Ejército hacía todo lo posible por minimizar el estrés en sus tropas de Vietnam (proporcionando entretenimiento siempre que era posible, descanso y períodos de recreación, y otras formas de relajación), el hecho es que los soldados de la Fuerza de Tareas Barker estaban en una situación de estrés crónico. Estaban muy lejos de sus hogares. La comida era mala, los insectos abundantes, el calor enervante, los lugares para dormir incómodos. Y estaba el peligro, en general no tan grave como en otras guerras, pero probablemente mayor causante de estrés en Vietnam porque era tan impredecible. Venía en forma de ráfagas de artillería por las noches, cuando los soldados pensaban que estaban seguros, de cazabobos en el camino a la letrina, de minas que le volaban las piernas a un soldado mientras paseaba por un bonito sendero. El hecho de que la Fuerza de Tareas Barker no encontrara en My Lai al enemigo esperado en aquel día era un ejemplo de la naturaleza del combate en Vietnam: el enemigo aparecía cuando y donde no se lo esperaba.

Además de la regresión hay otro mecanismo con el que los seres humanos responden al estrés. Es un mecanismo de defensa. Robert Jay Lifton, que estudió a los sobrevivientes de Hiroshima y otros desastres, lo ha denominado “parálisis psíquica”. En una situación en que nuestros sentimientos emocionales son abrumadoramente dolorosos o desagradables, tenemos la capacidad de anestesiamos. Es una cosa simple. La vista de un solo cadáver ensangrentado, aplastado, nos horroriza. Pero si vemos esos cadáveres alrededor de nosotros, uno tras otro, día tras día, lo horrible se vuelve normal y perdemos nuestro sentimiento de horror. Sencillamente lo desconectamos. Nuestra capacidad de horror disminuye. Ya no vemos realmente la sangre ni olemos el hedor ni sentimos el sufrimiento. Inconscientemente nos hemos anestesiado.

Esta capacidad de auto-anestesia emocional tiene sus ventajas. Sin duda se ha desarrollado en nosotros a través de la evolución y mejora nuestra capacidad de sobrevivir. Nos permite seguir funcionando en situaciones tan espantosas que nos harían pedazos si conserváramos nuestra sensibilidad normal. Sin embargo, el problema es que este mecanismo de auto-anestesia no parece ser muy específico. Si nuestra sensibilidad a la fealdad disminuye porque vivimos rodeados de basura, es probable que nos convirtamos nosotros mismos en gente que arroja la basura en cualquier parte. Insensibles a nuestro propio sentimiento, tendemos a volvernos insensibles al sufrimiento de otros. Al ser tratados en forma indigna, no sólo perdemos el sentido de nuestra propia dignidad, sino también el de la dignidad de otros. Cuando ya no nos afecta ver cadáveres aplastados, tampoco nos molestará aplastarlos nosotros mismos. Por cierto, es difícil cerrar los ojos selectivamente a un tipo de brutalidad sin cerrarlos a toda la brutalidad. ¿Cómo podemos tornarnos insensibles a la brutalidad sin convertirnos en brutos?

Por lo tanto, podemos suponer que después de un mes en el campo de batalla an la Fuerza de Tareas Baker -un mes de mala comida, mal dormir, ver camaradas muertos o lisiados- el soldado medio era más psicológicamente inmaduro, primitivo y bruto que lo que habría sido en un momento y en un Jugar con menos estrés.

He hablado de la relación entre el narcisismo y el mal, y he dicho que el narcisismo es un estado del que normalmente salen los seres humanos a través de la maduración. Podemos pensar, entonces, que el mal es una suerte de inmadurez. Los individuos inmaduros tienen más tendencia al mal que los maduros. Nos impresiona no sólo la inocencia sino también la crueldad de los niños. Si un adulto se deleita arrancándoles las alas a las moscas es correcto pensar que es sádico y sospechar que es malo. Si lo hace un chico de cuatro años, se lo regaña pero se piensa que es solamente curioso; si lo hace un chico de doce, ya crea cierta preocupación.

Si superamos el mal y el narcisismo, y si naturalmente tenemos una regresión en momentos de estrés, ¿no podemos decir que los seres humanos tienen más probabilidades de ser malos en tiempos de estrés que en tiempos tranquilos? Yo creo que sí. Preguntamos cómo sucedió que un grupo de cincuenta o de quinientos individuos -de los que sólo una pequeña minoría debían de ser malos- pudo haber cometido un mal tan grande como el de MyLai. Una respuesta es que debido al estrés constante que soportaban, los individuos de la Fuerza de Tareas Barker eran más inmaduros y por lo tanto había que esperar que hicieran más mal que en una situación normal. Como resultado de la situación de estrés, la distribución normal del bien y el mal se había inclinado en dirección al mal. Sin embargo, como veremos, éste es sólo uno de los muchos factores que explicaron el mal en MyLai.

Habiendo considerado la relación entre el mal y el estrés, es apropiado comentar la relación entre el bien y el estrés. El que se comporta con nobleza en los buenos tiempos -un amigo en las buenas, diríamos- puede no ser tan noble en las malas. El estrés es la prueba de fuego de la bondad. Los verdaderamente buenos son los que en tiempos de estrés no retiran su integridad, su madurez, su sensibilidad. La nobleza puede definirse como la capacidad de no regresar en respuesta a la degradación, no volverse insensible frente al dolor, tolerar la agonía y permanecer intacto. Como he dicho en otra parte, “una medida, y tal vez la mejor medida de la grandeza de una persona es la capacidad de sufrimiento”. 64

DINÁMICA DE GRUPO: DEPENDENCIA Y NARCISISMO

Los individuos no sólo regresan habitualmente en momentos de estrés; la regresión se produce también en el encuadre de grupo. Si no lo creen, observen una reunión del Club de Leones o de la universidad. Un aspecto de esta regresión es el fenómeno de dependencia del líder. Es muy significativo. Si se reúne un pequeño grupo de extraños, de alrededor de doce personas, casi lo primero que ocurre es que una o dos de ellas asumen rápidamente el rol del líder del grupo. No sucede por un proceso racional de elección consciente; simplemente sucede en forma natural, espontánea e inconsciente. ¿Por qué sucede con tanta rapidez y facilidad? Una razón, por supuesto, es que algunos individuos son más aptos para la conducción que otros, o bien desean ser líderes más que otros. Pero la razón más básica es la inversa: la mayoría de las personas prefieren ser seguidoras un líder. Más que nada se trata probablemente de un problema de haraganería. Simplemente es fácil seguir, y mucho más fácil ser seguidor, que líder. No hay necesidad de pasar por la agonía de tomar decisiones complejas, planear por anticipado, ejercer la iniciativa, arriesgarse a ser impopular o esforzarse con mucho coraje.

El problema es que el rol de seguidor es el rol del niño. El adulto individual como individuo es el capitán de su propio barco, e1 director de su destino. Pero cuando asume el rol de seguidor entrega su poder al líder: su autoridad sobre sí mismo y su madurez en la toma de decisiones. Se torna psicológicamente dependiente del líder como un chico es dependiente de sus padres. De esta forma hay una profunda tendencia en el individuo promedio a regresar emocionalmente no bien se convierte en miembro de un grupo.

Desde el punto de vista de un terapeuta que conduce un grupo terapéutico, esta regresión no es positiva. Al fin y al cabo, el papel del terapeuta es estimular, alentar y desarrollar la madurez de sus pacientes. Por lo tanto, gran parte del trabajo de un terapeuta de grupo será enfrentar y desafiar la dependencia de los pacientes dentro del grupo, luego hacerse a un lado para que el paciente pueda arriesgarse a asumir el liderazgo y así aprender a ejercer un poder maduro en un encuadre de grupo. Un grupo de terapia bien conducido será aquel en que todos los miembros hayan llegado a compartir igualmente el liderazgo del grupo de acuerdo a sus capacidades individuales personales. El grupo de terapia maduro ideal es el que está totalmente compuesto de líderes.

Pero la mayoría de los grupos no existen con fines de psicoterapia o de crecimiento personal. El propósito del Primer Pelotón de la Compañía Charlie de la Fuerza de Tareas Barker no era preparar líderes, sino matar soldados vietcong. En realidad, para sus propósitos, los militares han estimulado un estilo de liderazgo de grupo esencialmente opuesto al del grupo terapéutico. Según una vieja máxima, los soldados no deben pensar. Los líderes no se eligen dentro del grupo, sino que son designados desde arriba y deliberadamente investidos con los símbolos de la autoridad. La obediencia es la disciplina militar número uno. La relación de dependencia que el soldado tiene con su líder no es sólo alentada, es un mandato65. Por la

naturaleza de su misión los militares, intencionalmente y tal vez con sentido realista, alientan la dependencia regresiva que se da naturalmente en los individuos dentro de los grupos.

En ocasiones tales como My Lai el soldado individual está en una situación casi imposible. Por un lado, puede que recuerde vagamente que en algún aula le dijeron que no es necesario que entregue su conciencia y que debe tener la independencia de juicio madura -incluso la obliga- ción- de negarse a obedecer una orden ilegal. Por otro lado, la organización militar y su dinámica de grupo hacen lo más doloroso, difícil y antinatural posible que el soldado ejercite independencia de juicio o practique la desobediencia. No está claro si las órdenes de la Compañía Charlie fueron “matar todo lo que se moviera” o “asolar la aldea”. Pero si lo fueron, ¿es sorprendente que los soldados hayan seguido las órdenes de sus líderes? ¿Habríamos esperado que en cambio se amotinaran en masa?

Si el amotinamiento en masa parece demasiado, ¿al menos no podríamos haber esperado que unos cuantos individuos fueran lo suficientemente valientes como para rebelarse contra el liderazgo? No necesariamente. Ya he comentado el hecho de que los modelos de conducta de grupo son notablemente parecidos a la conducta de un individuo. Esto se debe a que un grupo es un organismo. Tienden a funcionar como una entidad única. Un grupo de individuos se comporta como una unidad debido a lo que se llama cohesión del grupo. Hay fuerzas profundas en acción en un grupo para mantener juntos y en línea a los miembros individuales. Cuando fallan estas fuerzas para la cohesión, el grupo comienza a desintegrarse y deja de ser un grupo.

Probablemente la más poderosa de estas fuerzas cohesivas del grupo es el narcisismo. En su forma más simple y benigna, esto se manifiesta en el orgullo del grupo. Una vez más, los militares hacen deliberadamente mucho más que otras organizaciones para alentar el orgullo dentro de sus grupos. Lo hacen a través de una variedad de medios, por ejemplo desarrollando una insignia del grupo -banderas de cada unidad, distintivos, incluso desviaciones especiales del uniforme como por ejemplo las boinas verdes- y alentando la competencia dentro del grupo,

65 Hasta los civiles hacen el mal con bastante facilidad en situación de obediencia. Como lo describió David Myers en su excelente artículo “A Psychology of Evil” (la psicología del mal) (The Other Side, abril de 1982, pág. 29): “El ejemplo más claro es el de los experimentos de obediencia de Stanley Mitgram. Enfrentados con un imponente comandante que estaba allí, con ellos, el sesenta y cinco por ciento de sus sujetos adultos obedeció totalmente las instrucciones. Si se les ordenaba, estaban dispuestos a aplicar lo que parecían ser shocks eléctricos traumatizantes a una víctima inocente que gritaba en la habitación contigua. Eran personas comunes, una mezcla de obreros, empleados de oficina y profesionales. Sentían desprecio por lo que tenían que hacer. Pero la obediencia tenía precedencia sobre su propio sentido moral”.

desde los deportes dentro del cuartel hasta la comparación de la cantidad de bajas producidas en el enemigo por cada unidad. No es casual que el término común para denotar el orgullo del grupo sea espíritu de cuerpo. 66

Una forma menos benigna, pero prácticamente universal, de narcisismo de grupo es lo que podría llamarse “creación del enemigo”, u odio a los que están “fuera del grupo”. Vemos ocurrir esto naturalmente en los niños cuando por primera vez aprenden a desarrollar grupos. Los grupos se convierten en pandillas. Los que no pertenecen al grupo (al club o a la pandilla) son despreciados como inferiores, o malos, o las dos cosas. Si un grupo no tiene ya un enemigo, muy probablemente creará uno a corto plazo. La Fuerza de Tareas Barker, por supuesto, tenía un enemigo predesignado: los vietcong. Pero los vietcong eran casi todos compatriotas de los survietnamitas, de quienes resultaba casi imposible distinguirlos. Inevitablemente el enemigo especificado se generaliza hasta incluir a todos los vietnamitas, de manera que el soldado norteamericano promedio no odiaba solamente a los vietcong; odiaba a los “amarillos” en general.

Casi todo el mundo sabe que la mejor manera de fomentar la cohesión del grupo es fermentar el odio del grupo contra un enemigo externo. Las deficiencias dentro del grupo pueden pasarse por alto fácilmente y sin sufrimiento si se centra la atención en las deficiencias o los “pecados” de los externos al grupo. Así los alemanes de Hitler podían ignorar sus problemas domésticos usando a los judíos como chivo emisario. Y cuando los soldados norteamericanos no luchaban con eficiencia en Nueva Guinea en la Segunda Guerra Mundial, el comando mejoraba su esprit de corps mostrándoles películas de los japoneses cometiendo atrocidades. Pero este uso del narcisismo -ya sea inconsciente o deliberado- es potencialmente malo. Hemos examinado extensamente las formas en que los individuos malos escapan al autoexamen y a la culpa acusando e intentando destruir cualquier cosa o a cualquier persona que ponga de manifiesto sus deficiencias. Ahora vemos que esa maligna conducta narcisista se da naturalmente en los grupos.

La conclusión obvia es que el grupo que fracasa es el que probablemente se comportará en forma más maligna. El fracaso hiere nuestro orgullo, y el animal herido es el más maligno. En el organismo sano el fracaso será un estímulo para el autoexamen y la autocrítica. Pero como el individuo malo no puede tolerar la autocrítica, es en el momento del fracaso cuando él o ella atacarán de una manera u otra. Y lo mismo sucede con los grupos. El fracaso del grupo y la estimulación de la autocrítica del grupo actúan para dañar el orgullo y la cohesión del grupo. Los líderes de grupo en todos los lugares y épocas, por lo tanto, fortalecen la cohesión del grupo en momentos de fracaso acicateando el odio del grupo por los extranjeros o “el enemigo”.

Volviendo al tema especifico de nuestro examen, recordaremos que en la época de MyLai la operación de la Fuerza de Tareas Barker había sido un fracaso. Después de más de un mes en el campo de batalla todavía no se habían enfrentado al enemigo. Sin embargo, los norteamericanos, en forma lenta pero constante, tenían bajas. Y el enemigo ninguna. Como fracasaba en su misión —que era en primer lugar matar— el liderazgo de grupo estaba mucho más sediento de sangre. Dadas las circunstancias, esta sed se había vuelto indiscriminada, y los soldados querían satisfacerla sin prestar atención a nada más.

EL GRUPO ESPECIALIZADO: LA FUERZA DE TAREAS BARKER

Ya he mencionado el potencial para el mal en la especialización. He hablado de cómo el individuo especializado está en posición de pasar el fardo moral a otro engranaje especializado

66Los psicólogos han observado que en un campamento cuando grupos similares de chicos de doce años, sin el

liderazgo restrictivo de los adultos, eran estimulados a competir entre sí, la competencia benigna pronto se transformaba en una violenta “guerra a escala de los doce años”. (Myers. A Psycho/ogy of evil, pág. 29).

de la máquina o a la máquina misma. Incluso cuando yo hablaba de la regresión que sufren los individuos cuando asumen el rol de seguidores en un grupo, hablaba de especialización. El seguidor no es una persona completa. La persona cuyo rol aceptado no es ni pensar ni conducir ha descuidado su capacidad de pensar y conducir. Y como pensar y conducir ya no son su especialidad ni su ob1igación, generalmente descuida también su conciencia en la transacción.

Si consideramos no ya el individuo sino el grupo especializado, veremos los mismos tipos de fuerzas peligrosas en acción. La Fuerza de Tareas Barker era un grupo especializado. No existía para muchos propósitos: para jugar al fútbol o para construir represas; ni siquiera para alimentarse a sí mismo. Existía para un solo propósito especializado: para buscar y destruir a los vietcong en la provincia de Quang Ngai en 1968.

Un hecho importante que hay que recordar acerca de la especialización, es que rara vez es accidental o azarosa. Generalmente es muy selectiva. No es por accidente que yo soy psiquiatra. Elegí serlo y realicé selectivamente las tareas necesarias para prepararme para este rol especializado. Además, no sólo elegí este rol sino que fui elegido por la sociedad. En muchas etapas diferentes fui examinado para ver si cumplía con los requisitos para ser socio de este “club”. Cualquier grupo especializado nace como resultado tanto de la autoselección como de la selección de grupo. Si usted, por ejemplo, asistiera a un congreso de psiquiatras y viera cómo se visten, como es su acento al hablar, la forma como se mueven, su forma particular de discutir,

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