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SOBRE LA POSESIÓN Y EL EXORCISMO

In document Peck, Scott - El Mal y La Mentira (página 118-136)

¿EL DEMONIO EXISTE?

Hace cinco años, cuando comencé a trabajar en este libro, ya no podía evitar el tema de lo demoníaco. Los casos de George y Charlene habían traído tentativamente el tema, pero ninguno de los dos requería una resolución. Sin embargo, escribir directamente sobre el tema del mal era otra cosa. Habiendo llegado a través de los años a una creencia en la realidad del espíritu benigno, o Dios, y una creencia en la realidad de la maldad humana, quedé enfrentado a una obvia pregunta intelectual: ¿existe algo que pueda llamarse espíritu maligno? ¿Es decir el demonio?

Yo pensaba que no. Junto con el noventa y nueve por ciento de los psiquiatras y la mayoría de los religiosos, yo no creía que el demonio existiera. Sin embargo, si me enorgullecía de ser un científico de criterio amplio, sentía que tenía que examinar la evidencia que podía desafiar mi inclinación en el asunto. Se me ocurrió que si podía ver un buen caso antiguo de posesión tal vez cambian de idea.

Por supuesto, yo no creía que la posesión existiera. En quince años de abundante práctica psiquiátrica nunca había visto nada que se pareciese, aunque fuera lejanamente, a eso. Debo admitir que durante los primeros diez de esos años, con los prejuicios que tenía, bien podría ha- berme cruzado con uno y no haberlo visto. Pero en los cinco años que pasaron desde George y Charlene había estado vagamente abierto a la posibilidad y todavía no había visto ningún caso. Dudaba de encontrarlo alguna vez.

Pero el hecho de que yo no hubiera visto ningún caso no quería decir que esos casos, pasados o presentes, fueran inexistentes. Había descubierto una gran cantidad de literatura sobre el tema: ninguna de ella “científica”. Gran parte de esa literatura parecía ingenua, simplista, de bajísima calidad o sensacionalista. Algunos pocos autores, sin embargo, parecían reflexivos y sofisticados, e invariablemente declaraban que la auténtica posesión era un fenómeno muy raro. Por lo tanto, yo no podía suponer que fuera irreal sobre la base de la experiencia limitada.

De manera que decidí salir a buscar un caso. Escribí cartas e hice saber que me interesaba observar casos de aparente posesión para una evaluación. Los casos comenzaron a llegar. Los dos primeros resultaron sufrir de desórdenes psiquiátricos comunes, como yo sospechaba, y comencé a afinar mi puntería científica.

El tercer caso resultó ser lo que buscaba.

Desde entonces me he ocupado en profundidad de otro caso de auténtica posesión. En ambos casos tuve la suerte de estar presente en los exitosos exorcismos. La gran mayoría de casos descriptos en la literatura son los de posesión por demonio menores. Estos dos eran sumamente raros porque ambos eran casos de posesión satánica. Ahora sé que Satanás es real. Lo he conocido.

El lector se sentirá naturalmente decepcionado —y hasta escéptico—, al saber que no voy a describir ninguno de estos dos casos en profundidad. Pero tengo una serie de razones importantes para no difundir esas descripciones. La más importante es que describir sólo uno de esos casos desequilibraría totalmente este libro. Cada caso fue extraordinariamente complejo, mucho más que los pacientes psiquiátricos habituales. Comenzar a hacer justicia a uno de ellos requeriría un pequeño libro por sí mismo. La auténtica posesión, por lo que sabemos, es muy infrecuente. La maldad humana, en cambio, es muy común. Como la relación entre la posesión y la maldad común, en el mejor de los casos es oscura, sería poco realista dedicar la mitad de estas páginas al tema. Sin embargo, podría estar tentado de hacerlo si no hubiera un libro que

describe muy bien casos de posesión: “Hostage to the Devil”, de Malachi Martin. 48 Toda mi

experiencia confirma la exactitud y profundidad de comprensión de la obra de Martin, y una descripción de un caso mío no agregaría prácticamente nada a sus escritos.

Es probable que el lector escéptico pregunte: “¿Como puede esperar probarme la realidad del demonio si ni siquiera presenta su evidencia?”. La respuesta es que yo no espero convencer al lector de la realidad de Satanás. La conversión a la creencia en Dios generalmente requiere algún tipo de encuentro concreto —una experiencia personal— con el Dios vivo. La conversión a la creencia en Satanás no es diferente. Yo había leído el libro de Martin antes de presenciar mi primer exorcismo y, a pesar de que estaba intrigado, no estaba nada convencido de la realidad del demonio. Fue otra cosa después de haberme encontrada cara a cara con Satanás. No hay forma de trasladar mi experiencia a la experiencia de ustedes. Sin embargo, espero que, como resultado de mi experiencia, los lectores remisos tendrán un criterio más amplio en relación con la realidad del espíritu maligno.

Finalmente, dos casos no son suficientes para ofrecer una presentación amplia, profunda y científica sobre los temas del espíritu del mal, la posesión y el exorcismo. Es una vieja máxima de la ciencia que en cuanto uno responde a una pregunta surgen otras. Antes yo hacía una sola pregunta: ¿El demonio existe? Ahora que ésta ha sido respondida por la afirmativa para mi satisfacción personal, tengo como cincuenta nuevas preguntas que antes no me hacía. El misterio es enorme.

De todos modos, estoy igualmente compelido a relatar algo de lo que creo que he aprendido de mi experiencia bastante extraordinaria en estos asuntos. Así como estoy convencido de la posesión demoníaca, por más infrecuente que sea, estoy igualmente seguro de que los sacerdotes y los psicoterapeutas y las instituciones de servicios humanos ven estos casos, lo sepan o no. Para ayudar a las víctimas de la posesión, necesitarán toda la ayuda que puedan conseguir. Por cierto que el libro de Martin es el mejor comienzo. Pero aunque describe casos al menos tan bien como haría yo, él no es psiquiatra y yo creo que tengo algunos puntos de vista importantes que ofrecer además del suyo. Estos puntos de vista se centran alrededor de los aspectos psiquiátricos de la posesión y los aspectos psicoterapéuticos del exorcismo. Además, aunque parezca oscura, creo que hay alguna relación entre la actividad satánica y la maldad humana. Este libro no estaría completo si no ofreciera lo poco que sabemos sobre “El Padre de la Mentira”.

PELIGRO: ALTO VOLTAJE

Podría pensarse que el exorcismo y la psicoterapia son enfoques totalmente distintos y que se excluyen mutuamente. Sin embargo, los dos exorcismos que presencié me parecieron procesos psicoterapéuticos, tanto en método como en resultado. Por cierto, una semana después de un exorcismo, el paciente, que era atendido por psiquiatras desde hacía años, exclamó: “¡Toda la psicoterapia es una especie de exorcismo!”. Y en mi experiencia, toda buena psicoterapia combate a las mentiras.

Las diferencias entre psicoterapia psicoanalítica y exorcismo entran en dos categorías: marcos de referencia conceptuales y el uso del poder.

Se ha escrito un enorme número de libros sobre los marcos de referencia conceptuales del cristianismo y el psicoanálisis, y ahora no es apropiado sondear el tema más en profundidad. Lo adecuado es señalar que estos marcos de referencia no tienen por qué excluirse mutuamente. Hace años que yo los combino en la psicoterapia común con muchos pacientes y, aparentemente, con considerable éxito. 49 Hay un número cada vez mayor de terapeutas que hacen lo mismo.

48 Bantam Books, 1977.

49 La conferencia más pedida de las que doy a los terapeutas profesionales es la que se titula “El uso de los conceptos religiosos en psicoterapia”.

En cuanto al uso del poder, la psicoterapia psicoanalítica y el exorcismo son radicalmente distintos. La psicoterapia tradicional —ya sea psicoanalítica o no— deliberadamente renuncia al uso del poder o lo usa muy poco. Se realiza en una atmósfera de absoluta libertad. El paciente es libre de dejar la terapia en cualquier momento. Incluso puede marcharse en mitad de una sesión, como Charlene hacía con cierta frecuencia. Excepto por la amenaza de negarse a seguir viendo al paciente (lo cual virtualmente nunca es una maniobra constructiva), el terapeuta no tiene armas con las que empujar a un cambio, más allá del poder persuasivo de su propio ingenio, su comprensión y su amor.

El exorcismo es otra cosa. Aquí el que efectúa la curación apela a todos los poderes de que dispone en forma legítima y con amor en la batalla contra la enfermedad del paciente. En primer lugar el exorcismo, por lo que sé, siempre es realizado por un equipo de por lo menos tres personas. En cierto sentido, el equipo en conjunto “ataca” al paciente. A diferencia de la terapia tradicional de “uno contra uno”, en el exorcismo el paciente es tratado por más de uno.

La duración de una sesión de exorcismo no se establece por anticipado, sino que está a discreción del jefe del equipo. En la psicoterapia común la sesión no dura más de una hora, y el paciente lo sabe. Si lo desean, los pacientes pueden evadirse de casi cualquier tema durante una hora. Pero las sesiones de exorcismo pueden durar tres, cinco, diez y hasta doce horas: todo lo que el equipo crea necesario para enfrentar el asunto. Además, el paciente puede ser reducido por la fuerza en una sesión de exorcismo —y con frecuencia lo es— y ésta es una de las razones del trabajo en equipo. El o la paciente no podrá marcharse, como Charlene, cada vez que las cosas se ponen desagradables.

Finalmente —y esto es lo más importante— el equipo de exorcismo, a través de la plegaria y el ritual, invoca el poder de Dios en el proceso de curación. Para el no creyente ésta puede parecer una medida ineficaz, o bien su eficacia se explicaría en términos de un mero poder de sugestión. Hablando como creyente, sólo puedo ofrecer mi experiencia personal de la presencia de Dios en la habitación durante los exorcismos que presencié. 50 Por cierto que en el caso del

exorcista cristiano no es él —o ella— quien completa exitosamente el proceso; es Dios quien hace la curación. Todo el propósito de la plegaria y el ritual es para hacer participar a Dios en la pelea.

Así es que los practicantes del exorcismo lo ven como una guerra espiritual. La estrategia no es, uno espera, que “en la guerra todo vale”. Pero el exorcista cree que es legítimo utilizar todos los medios relacionados con el amor —pedir cualquier tipo de ayuda que provenga del amor y usar cualquier recurso que provenga del amor— que puedan requerirse o estén disponibles durante la batalla.

La palabra clave es “amor”.

Como no sólo condona sino que insiste en el uso del poder, considero que el exorcismo es un procedimiento peligroso. El poder está siempre sujeto al mal uso. Pero el simple hecho de su peligro potencial no es razón para prohibirlo. El procedimiento neuroquirúrgico de cuatro horas de duración que yo sufrí hace tres años para aliviar la presión del disco y del hueso en la columna vertebral en el cuello fue peligroso; también me permitió estar ahora escribiendo estas palabras en lugar de ser un cuadríplejico postrado en cama o una persona enloquecida por el dolor crónico. Tal como yo lo veo, la relación entre el exorcismo y una psicoterapia común es la misma que existe entre una cirugía radical y la apertura de un forúnculo. La cirugía radical puede no sólo curar sino también salvar la vida y, en realidad, es la única forma de curar en ciertos casos que no responden a una terapia más tradicional.

50 Un ateo declarado que presenció los mismos exorcismos no tuvo la misma experiencia, aunque hay mucho en ellos que no puede explicar. Para mi, sin embargo, el poder de Dios en estas ocasiones fue palpable.

Un tema a considerar en relación con el uso del poder en el exorcismo es la del lavado de cerebro. He meditado sobre este asunto y he llegado a la conclusión de que el exorcismo es sin duda una forma de lavado cerebral. Un individuo cuyo exorcismo presencié estaba muy ambivalente después del proceso. Se sentía a la vez aliviado, profundamente agradecido y violado. En los años siguientes, la sensación de alivio y el agradecimiento crecieron, y la sensación de violación desapareció, como desaparece el trauma de la cirugía.

Lo que evita que el exorcismo sea una verdadera violación es que, como con la cirugía, el individuo consiente el procedimiento. Una salvaguarda contra el exceso del uso del poder en el exorcismo es tener en cuenta la extrema importancia de este tema del consentimiento. Creo que algunos exorcistas le dan poca importancia. Y creo que una contribución que pueden hacer los profesionales de la medicina y la cirugía tradicionales al exorcismo es insistir en el “consentimiento informado”. Así hacemos antes de la cirugía cuando leemos formal y legalmente sus derechos a los pacientes, o más bien una lista de derechos que ellos consienten ceder. Durante el procedimiento del exorcismo los pacientes renuncian a una buena parte de sus libertades. Creo firmemente que esta renuncia debería hacerse en condiciones legales. Antes del procedimiento los pacientes deberían firmar autorizaciones elaboradas, nada simples. Deberían saber exactamente a qué se están prestando. Y si el paciente fuera incapaz de percibirlo, habría que designar a un responsable que tomara una decisión razonada por él o por ella. 51

Habría que emplear también otras salvaguardas. Es necesario llevar un cuidadoso registro de los procedimientos que pueden hacerse públicos si el paciente o el responsable lo desean. Lo menos que se puede pedir es que se conserve en cinta magnetofónica. 52 Es bueno que un familiar

esté presente, si se encuentra alguno que esté adecuadamente separado del problema.

Pero la mayor salvaguarda es el amor. Sólo con amor pueden los exorcistas discernir entre las intervenciones que son “justas” y necesarias y las que son manipuladoras y verdaderamente violadoras. Sólo con amor pueden los médicos estar seguros de que atienden a los mejores intereses del paciente en todo momento, y que resisten a la omnipresente tendencia humana de volverse inescrupulosos y enamorados del poder. En realidad, en todos los casos graves se requiere algo más que conocimientos y habilidad; sólo el amor puede curar.

El exorcismo no es un procedimiento mágico, a menos que uno considere que el amor es magia. Como en psicoterapia, hace uso del análisis, de un cuidadoso discernimiento, de la interpretación, del estímulo y del enfrentamiento afectuoso. Difiere de la psicoterapia tradicional sólo como la cirugía a corazón abierto difiere de una amigdalotomía. El exorcismo es psicoterapia por asalto masivo.

Como cualquier asalto masivo es potencialmente muy peligroso y sólo debe usarse en casos tan graves que las variedades menores de psicoterapia estén destinadas a fracasar en ellos. Además habrá que considerarlo un procedimiento experimental hasta que haya sido científicamente investigado. En el exorcismo se trabaja con muy altos voltajes.

51 Esta última posición puede ser demasiado idealista o poco práctica. En casos específicos, desesperados, probablemente yo renunciaría a ella. Los abogados tradicionales aducirán que ningún paciente que necesite un exorcismo es mentalmente competente como para dar esa autorización. Y las Cortes probablemente no autorizarían el procedimiento del exorcismo, excepto sobre la base del testimonio de psiquiatras tradicionales que, en primer lu- gar, no creen en eso.

52 Este recaudo no sólo tiene utilidad moral-legal; es una ayuda potencialmente invalorable en el proceso de curación. El equipo de exorcismo puede necesitar el registro para controlar lo que recuerdan de los acontecimientos en el fragor de la batalla con la validez desprovista de emociones de la cinta grabada. La revisión de las cintas puede también ser muy útil para el paciente, que a menudo tiene dificultad en creer que “todo eso realmente sucedió”, y puede ser una herramienta muy efectiva en la psicoterapia más común que invariablemente debería seguir el exorcismo. Finalmente, con el permiso del paciente, esas cintas serán valiosísimas tanto pata la investigación como para la enseñanza.

Todo el propósito del exorcismo es descubrir y aislar al demonio dentro del paciente para poder expulsado. Lo demoníaco puede tener una enorme energía propia. Tal vez hay casos en que esta energía es demasiado poderosa para que el paciente o el equipo puedan enfrentarla. O el paciente puede no desear verdaderamente que lo liberen de ella. Entonces el resultado del exorcismo dejaría al paciente aun peor que antes. No es imposible que el resultado sea fatal. En tales casos sería mejor que la energía demoníaca de “alto voltaje” nunca se hubiera siquiera palpado o develado. Antes de los dos exorcismos que presencié, los pacientes firmaron su consentimiento reconociendo que sabían que el exorcismo podia fallar y que ellos podrían basta morir como resultado del procedimiento. (Esto dará al lector alguna idea de su coraje y su desesperación).

Luego está el peligro para el exorcista y para los otros miembros del equipo. Por lo menos me dice mi limitada experiencia, creo que Martin puede haber exagerado los peligros fisicos. Pero los peligros psicológicos son reales y enormes. Los dos exorcismos que vi tuvieron éxito. Me estremece pensar cuáles habrían sido los efectos en el exorcista y en los miembros del equipo —y en mí— si hubiesen fallado. Aunque los miembros del equipo habían sido elegidos por su fuerza psicológica así como por su amor, los procedimientos fueron fatigosos para todos. Y aunque el resultado fue exitoso, la mayoría tuvieron reacciones emocionales que atender durante las semanas siguientes.

Podría agregar que el exorcismo no es lo que uno describirla habitualmente como un procedimiento que rinde lo que cuesta. El primero (y más fácil) requirió un equipo de siete profesionales altamente preparado que trabajaron (sin cobrar) cuatro días, de doce a dieciséis horas por día. El segundo requirió un equipo similar, de nueve personas: hombres y mujeres, que trabajaron de doce a veinte horas por día durante tres días. No es que siempre se trate de una empresa tan masiva. Recuerdo alas lectores que ambos casos eran aparentemente infrecuentes, por ser posesiones de Satanás.

A pesar de lo difíciles y lo peligrosos que eran, los exorcismos que presencié tuvieron éxito. No sé cómo habrían podido curarse los pacientes si no hubiera sido así. Hoy viven y están bien los dos. Tengo todas las razones para pensar que si no se les hubiera hecho el exorcismo, hoy los dos estarían muertos.

ASPECTOS DEL DIAGNÓSTICO Y EL TRATAMIENTO

Las dos personas cuyo exorcismo presencié eran dramáticamente diferentes entre sí. Una de ellas era hipomaníaca e intermitentemente sicótico antes del procedimiento; la otra estaba neuróticamente deprimida pero era básicamente sana. Una era de inteligencia nada más que me- diana, la otra era de inteligencia superior. Una amaba a sus hijos, la otra los maltrataba. La que parecía más enferma tuvo el exorcismo mis fácil; la que parecía más sana tenía la posesión más profunda y debió librar la mis espantosa batalla para curarse. Había un toque personalísimo en

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