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Leonardo Da Vinc

2.1. Aspectos que caracterizan al bullying

Podemos asegurar que la práctica totalidad de los centros educativos de las sociedades actuales, lejos de permanecer instalados en ámbitos pedagógicos basadas en perspectivas autoritaristas, rígidas y/o unidireccionales, fomentan el aspecto integral u holístico de los menores que deben formar, asistir y atender; por tanto, desde dicha línea argumental, el alumno/a que va adquiriendo mayores cotas de desarrollo y madurez en el contexto académico actual, no sólo recibe formación académica individual, sino que además, se encuentra inmerso en un conjunto de programas, actuaciones, intervenciones y espacios docentes, donde, al amparo del uso y análisis de distintos valores éticos positivos, se fomenta la actividad relacional, buscando de igual manera que en los aspectos más puramente intelectuales, el desarrollo adecuado de los aspectos sociales y/o relacionales, producidos, no sólo en los propios grupos de edad, sino además, en la relación con el mundo adulto, por medio de la interacción de distintos roles que con dicho mundo, se acaban poniendo en práctica. En este sentido, se trata de ver al adulto como alguien que fomenta la colaboración, la cooperación, que dirige esfuerzos y sinergias, en vez de alguien que tan solo reprende autoritariamente cualquier incumplimiento de las normas establecidas.

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Por su parte, Olweus (1993) señaló las siguientes características del acoso escolar o bullying:

1. Desequilibrio: es el elemento más nombrado y discriminativo del bullying. Debe existir una desigualdad con relación al poder entre quien arremete y su víctima. Se establece una relación desequilibrada. Desequilibrio que además de referirse al poder se refleja también en la capacidad de defensa (Besag, 1989), que suele asociarse al término vulnerabilidad (Rugby, 1996). No hay equilibrio entre lo físico, lo psicológico y lo social. Esta situación de desigualdad e indefensión sitúa a la víctima como a alguien vulnerable, del cual puede abusarse.

2. Intención: El agresor tiene intención de hacer daño y suele obtener satisfacción por ello. No son acciones casuales, aunque a veces se puedan argumentar así por exculpación, ocultación o justificación.

3. Reiteración: El bullying es repetido. Se mantiene durante un período largo de tiempo y de forma recurrente. La persistencia del bullying genera en la victima la sensación de temor, incluso más allá de las propias situaciones de ataque, circunstancia que permite que pueda seguir sufriendo en otros espacios y tiempos distintos a los que se producen los ataques, al repensarlos, revivirlos y anticiparlos, con el consiguiente sufrimiento psicoemocional asociado a tan perniciosa situación.

Díaz Aguado (2005) considera el bullying como una forma de violencia entre iguales que tienen las siguientes características:

 Suele incluir conductas de diversa naturaleza (burlas, amenazas, intimidación, agresiones físicas, aislamiento sistemático, insultos)

 Tienden a originar problemas que se repiten y prolongan durante cierto tiempo.

 Supone un abuso de poder, al estar provocada por un alumno (el matón), apoyado generalmente en un grupo, contra una víctima que se encuentra indefensa y que no puede por sí misma solucionar esta situación.

 Y se mantiene debido a la ignorancia o pasividad de las personas que rodean a los agresores y a las víctimas sin intervenir directamente.

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Con el paso del tiempo y, a medida que se disponía de mayores conocimientos e investigaciones desarrolladas en el área citada, autores como el doctor Avilés (2006), contando con un claro interés por profundizar en el esclarecimiento de este tipo de situaciones indeseadas, señalaron una serie de características complementarias, referidas de manera específica a la situación de acoso escolar, características de entre las que se pueden destacar las siguientes:

 Daño sobre la víctima

 Silencio de los participantes ante los adultos

 Focalización de las agresiones

 Vulnerabilidad de la víctima

 Gratuidad de los ataques

 Provocación por parte de algunas víctimas

 Falta de respuesta en la víctima

 Exculpación de los agresores

 Indefensión de la víctima

 Rechazo grupal de la víctima

 Ocurrencia alejada de los adultos

 Inhibición del grupo de iguales

 Vinculación relacional enfermiza

No obstante y, pese a los distintos esfuerzos de todos los actores implicados, la realidad académica de nuestras aulas actuales, señala que el acoso escolar (bullying) no sólo se sigue produciendo de manera generalizada en nuestro país (así como en la totalidad de países donde se han desarrollado análisis de la citada situación indeseada), sino que además, cada vez sucede a edades más tempranas.

En este sentido, en lo que respecta al descubrimiento de conflictos violentos en edades muy tempranas, tal como indican Albadalejo, Ferrer, Reig y Fernández (2013), podemos señalar que:

La violencia escolar se ha observado, por ejemplo, en guarderías noruegas (Alsaker y Nagele, 2008; Alsaker y Vilén, 2010), en jardines de infancia en Estados Unidos (Kochenderfer y Ladd, 1996), en Suiza (Alsaker y Valkanover, 2001; Perren y Alsaker, 2006), así como en el Reino Unido, Italia y España (Monks, Palermiti, Ortega y Costabile, 2011; Ortega y Monks, 2005) (p. 1060).

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No obstante, los mismos autores previamente citados, matizan su reflexión respecto a la violencia que, en el contexto escolar se encuentra a edades tan tempranas, coincidiendo con las aportaciones de Alsaker y Vilén (2010), quienes ya señalaron con anterioridad, el hecho que plantea como: “necesario desarrollar investigaciones que nos permitan un mayor conocimiento de las características y topografía de la violencia escolar en edades tempranas” (p. 1060).

La opinión de Reyzábal y Sanz (2014), establece una argumentación dirigida hacia considerar que, esta etapa infantil, se constituye en un periodo importante para prevenir futuras victimizaciones entre compañeros.

Apoyando tal consideración, encuentran influencias del entorno como causantes directas o indirectas de conductas de acoso entre los menores.

Así, aunque como acabamos de leer, ya se empiezan a detectar diversas situaciones en las que parece manifestarse la conducta convergente con el acoso escolar, en niños que muestran edades tan tempranas, como las referidas en aquellos que se hallaron en las guarderías noruegas; no obstante, todo indica que las edades donde más casos empiezan a aparecer, convergen con aquellas que coinciden con los primeros cursos de enseñanza primaria, llegando a producirse una acentuación significativa de la problemática referida al acoso escolar, a lo largo del período correspondiente a la enseñanza secundaria obligatoria, período donde los niños sufren más y mayores cambios de todo tipo, al entrar en la etapa de la adolescencia. (Reyzábal y Sanz, 2014).

Tras analizar los aspectos que caracterizan al acoso escolar o bullying, se analizan las tipologías de la intimidación puesto que, pueden adquirir distintas formas y/o manifestaciones: amenazas, extorsiones mafiosas, presiones psicológicas, maltrato físico, palizas, o, de la misma manera, puede urdirse una conversación grupal para excluir socialmente a un individuo o atemorizarlo psicológicamente. Sin embargo, también existen conductas más violentas y que tienen que ver con actos vandálicos, ataques o intervenciones de elementos extraños al centro e incluso con el uso de algún arma o con acoso sexual.