Martín Luther King
4.1. Evaluación del bullying
4.1.4. Instrumentos de evaluación del ciberbullying
Garaigordobil (2011) señala que, en general, existen dos tipos de medidas frecuentemente utilizadas para estudiar el acoso y la victimización tradicionales, correspondientes a la conducta indeseada del bullying. Dichas medidas pueden ser de naturaleza normativa; esto es, aquellas que proporcionan información acerca de lo que otros individuos piensan sobre los que acosan o son acosados, así como de naturaleza ipsativa, o medidas que proporcionan una visión personal del acoso y la victimización, informando sobre la percepción que tienen los individuos de sus propias experiencias.
En relación a la evaluación del ciberbullying, cabe destacar que ésta se ha centrado en el análisis de la prevalencia del fenómeno; así mismo y, según Garaigordobil (2011), en las investigaciones realizadas hasta el momento presente, las medidas más utilizadas han consistido en las derivadas de los cuestionarios y de los autoinformes.
Garaigordobil y Oñederra (2010) señalan que los cuestionarios y las técnicas sociométricas, así como la observación de la conducta pueden resultar de gran utilidad para identificar a las víctimas y a los agresores del bullying y del ciberbullying. Cada una de las partes implicadas en una conducta agresiva, tanto el agresor como la víctima, parecen reunir un perfil o una serie de características personales, las cuales se encuentran asociadas con el mantenimiento de tales conductas. Muchas investigaciones se han centrado en identificar y analizar los perfiles y características que muestran las víctimas y los agresores con el objetivo de poder intervenir preventivamente con los alumnos/as que presenten ciertos perfiles de riesgo, antes de que se impliquen en un problema de acoso escolar.
Garaigordobil (2011) realiza una amplia revisión sobre los instrumentos de evaluación del ciberbullying, entre los que menciona:
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Tabla 7.
Instrumento de evaluación del ciberbullying. Garaigordobil (2011)
Garaigordobil (2011): Instrumentos de evaluación del ciberbullying Cuestionario de Cyberbullying. Smith, Mahadavi, Carvaho y Tippelt (2006)
Cuestionario de Cyberbullying. Ortega, Calmaestra y Mora-Merchán (2007)
Cuestionario Berlín de Cyberbullying-Cybervictimización. BCCO. Schultze- Krumbholz y Scheithauer (2009).
CUVE-R. Cuestionario de Violencia escolar- Revisado. Álvarez-García, Núñez, Rodríguez, Álvarez y Dobarro (2010)
CBQ. Cuestionario de Cyberbullying. Calvet, Orue, Estévez, Villardón y Padilla (2010) RCBI. Inventario de Caber Bullying revisado. Topçu y Erdur-Baker.(2010)
Escala de Cibervictimización. Akbulut, Levent-Sahin y Eristi (2010)
CCB. Cuestionario de Cyberbullying. Garaigordobil y Fernández-Tomé (2011) Cibullquest (Avilés 2010)
Mencionamos especialmente el Cibullquest (Avilés 2010), por ofrecer tres formas, para el alumnado, profesorado y familias. En la forma dirigida a los menores se exploran hábitos on line, uso de móviles e Internet, prevalencia, tipología y atribución causal del ciberbullying, comunicación de los hechos y la forma en que desarrollan el afrontamiento, así como las posibles ayudas que buscan. En la forma del profesorado se trabaja con preconcepciones, así como en la gestión que se hace de ese tipo de situaciones de ciberacoso, finalmente, en la forma diseñada para las familias, se solicita de éstas que informen del conocimiento, acompañamiento y supervisión que tienen y hacen sobre sus hijos, así como de la colaboración que establecen con el centro escolar en la prevención e intervención de estas conductas.
Tal como se ha podido apreciar en los apartados precedentes, relacionados con la evaluación de las conductas consistentes con la manifestación de bullying y/o de ciberbullying, podemos constatar la relevancia y necesidad de la mencionada evaluación, ya que, sólo tras una adecuada valoración de lo que está aconteciendo ante una posible situación de acoso o ciberacoso, resultará posible acercarse al conocimiento veraz de lo sucedido, circunstancia complicada cuando se intenta valorar una situación en la que el grupo cuenta con determinados códigos de protección, sustentados en leyes de funcionamiento habitual entre los adolescentes, tales como la ley del silencio.
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De esta manera, tanto la evaluación como el abordaje plural realizado (alumnado, profesorado, familias y adultos de referencia y de habitual relación con los menores), se erigirán en los dos ejes fundamentales, a partir de los que obtener la información
necesaria para adoptar las medidas que permitan erradicar la conducta de acoso y/o ciberacoso, así como prevenir futuras conductas perniciosas de similares características.
En este sentido, citando a Díaz-Aguado; Martínez y Martín (2013) podemos exponer que:
Existe un consenso generalizado sobre la necesidad de disponer de indicadores fiables y consensuados que permitan evaluar el acoso como punto de partida para el desarrollo y la evaluación de la intervención, realizar su seguimiento y comparar entre investigaciones (Cook, Williams, Guerra, Kim, Sadek, 2010; Dewey, Cornell y Bandyopadhyay 2009; Solberg y Olweus, 2003) (p. 349-350).
Así, bajo la consideración de la argumentación previamente citada, la presente investigación persigue, entre uno de sus objetivos, la construcción de un nuevo instrumento, un cuestionario, por medio del cual intentar analizar la existencia del bullying y del ciberbullying, teniendo en cuenta cuatro aspectos fundamentales. Entre ellos, la incidencia contextual es un aspecto nuclear, tal como indica Cerezo (2009) y Garaigordobil y Ondeña (2008). Hay que pensar que son víctimas que sufren el hostigamiento y/o la agresión contextualizados en escenarios donde impera la ley del silencio. Resulta fundamental conocer los niveles y elementos destacados que expliquen la incidencia causal del bullying, citamos a Díaz-Aguado, Martínez y Martín (2013) cuando señalan que “para evitar erróneas y exageradas estimaciones de la prevalencia del acoso, es necesario eliminar las encuestas con respuestas inconsistentes, que de lo contrario pueden llevar a duplicar o triplicar erróneamente la estimación de ésta y otras conductas de riesgo (Cornell y Bandyopadhyay 2009)” (p. 350).
El contexto de localización donde se produce la conducta, tal como destacan Pérez y Gázquez (2011) de entre las muchas variables que se encuentran en estrecha relación con la conducta de acoso escolar, dicha conducta, tal como su calificativo expresa, se trata de un comportamiento “escolar” y, por tanto, se produce y desarrolla en un ámbito concreto y no en otro. Es en los centros educativos y en sus distintos espacios y/o dependencias, es donde surgen el bullying y el ciberbullying, por lo que se necesita un adecuado análisis de tales localizaciones, de esta manera conducirá a un mejor conocimiento de la conducta de los fenómenos.
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Esto último unido a la rápida integración de los dispositivos basados en las nuevas tecnologías de la información y de la comunicación, en la cotidianeidad de nuestros adolescentes y la facilidad, inmediatez y sensación de impunidad asociada al anonimato, exigen, tal como indica Garaigordobil (2011) una urgente revisión y puesta al día, con objeto de identificar e implementar las nuevas actuaciones e intervenciones a desarrollar en el seno de los centros educativos del presente, los cuales deben contar con respuestas adecuadas a esta nueva y grave realidad acaecida en el ámbito del nuevo acoso escolar o ciberacoso.
Una vez evaluadas las situaciones de acoso escolar, las cuales tienen en común muchos elementos y se podría pensar que la intervención puede ser muy similar en todos los casos, pero aunque existen líneas generales, la intervención debe centrarse en la realidad vivida en el centro y por los alumnos y alumnas puesto que de ello depende del éxito que se obtenga en la intervención.
A continuación analizamos la intervención, de donde se parte y algunos de los programas de intervención que se aplicaron con éxito, éxito que se puede obtener realizando una definición ajustada de cada situación, que puede ser muy distinta según los casos y el contexto.
4.2. La intervención
Los programas desarrollados contra el bullying y ejecutados en los centros educativos, casi siempre han estado guiados por una necesidad, muchas veces inmediata, de atajar algún caso o problema que sucedía en el entorno más cercano. No obstante, en otras ocasiones, lo que ha sucedido ha sido que, han encontrado acomodo en planes estables de alcance más general, pensados para minimizar los efectos de otros problemas de agresión o de convivencia en los centros educativos.
Collell y Escudé (2006) afirman que para planificar adecuadamente una intervención con posibilidades de éxito nos será útil conocer dónde pasan estas cosas, qué chicos y chicas están implicados y hasta qué punto, es decir los puntos fuerte y débiles de cada uno, el tiempo que ha transcurrido y las soluciones aplicadas, las creencias y atribuciones respecto al uso de la violencia y las actuaciones de los adultos al respecto.
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La aproximación multinformante es la más completa para hacer un diagnóstico ajustado de la situación. Los informes de profesores y padres nos pueden ser útiles, pero los alumnos son los mejores conocedores de la realidad que se da en su grupo. Pero existen además otras formas de actuación contra el bullying dentro y fuera del aula.
Tal y como señala, Avilés (2006), existen además diferente campos de actuación contra el bullying:
1º) Intervención de la Comunidad Educativa en la búsqueda de la filosofía adecuada que inspire las actuaciones.
2º) Diferenciación de los ámbitos de actuación; con objeto de dar respuesta a cuestiones como: si estamos dispuestos a hacer variaciones en la organización del Centro, si vamos a modificar el currículum, si actuaremos sobre el alumnado individualmente, si contamos con las familias. El modelo de actuación elegido determinará la extensión de esa actuación.
3º) Considerar las actuaciones sobre el bullying que estarán condicionadas o no, según apliquemos un programa establecido contra él o bien pensemos que cualquier programa establecido resultará extraño a nuestra realidad y que será mejor analizar nuestra realidad primero, para que, en función de la información recogida, construir y confeccionar el programa de actuación. 4º) Cualquier actuación que pretenda incidir sobre el bullying se adecuará al nivel
de intervención al que se dirige y elegirá las estrategias más idóneas en cada uno de los niveles.
5º) Cualquier actuación que pretenda alcanzar su objetivo para hacer frente al bullying, debe constituirse y formalizarse en torno a un proyecto que será único e irrepetible, conformado a través de actuaciones en y con la Comunidad Educativa en su conjunto.