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El ciberacoso: estudios recientes sobre su incidencia

a los ideales de los demás”

3.8. El ciberacoso: estudios recientes sobre su incidencia

El acoso escolar a través de Internet ha experimentado una escalada cuantitativa, la cual se ha puesto de manifiesto por medio de múltiples fuentes. Así, un informe del citado INTECO, elaborado el pasado 2009, ya señalaba que, en España un 5,90 % de los menores ya había sido víctima de ciberacoso y que un 2,9% admitía haberlo practicado.

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El informe INTECO (2011) advierte de que el ciberacoso no resulta ser un “juego de niños” y, que sus manifestaciones pueden alcanzar diversas connotaciones penales que abarcan el delito de: a) amenaza, b) coacciones, c) injurias, o d) calumnias, dependiendo del contenido de la acción concreta que se considere.

Distintos juristas y especialistas en derecho y/o psicopedagogía como Vázquez, (2011); Bartrina (2013) señalan que estas conductas ya empiezan a tener un lugar destacado en el Código Penal.

En 2011, el estudio sobre “Juventud y Violencia”, elaborado por la Fundación Pfizer, con objeto de analizar la situación actual del uso de valores sociales, junto al de la manifestación de distintas conductas violentas, se detectaba que el 11,6% de los adolescentes españoles entre 12 y 18 años había sufrido maltrato a través de la red y el 8,1% mediante el teléfono móvil.

Así mismo, citado en la iniciativa PantallasAmigas, iniciativa diseñada para prevenir el acoso escolar, así como el ciberacoso entre iguales, podemos apreciar los resultados correspondientes a una encuesta realizada a nivel internacional (la cual cuenta con resultados referidos a los países de España, Alemania, Francia, Italia, Reino Unido, Japón, Estados Unidos, Canadá y Australia) elaborada durante el pasado 2011, por la empresa AVG Technologies, la cual informaba que un 16,7% de la muestra (es decir uno de cada seis niños) experimenta acoso cibernético.

Continuando con la información actualizada referida a la investigación suscitada en cuanto a la incidencia del ciberacoso, ofrecida por la iniciativa PantallasAmigas, la Organización Mundial de la Salud (OMS), en un análisis acerca de la situación en Portugal, advierte que el 16% de los adolescentes portugueses son objeto de esta forma de victimización.

Así mismo, si atendemos a la situación iberoamericana, los resultados ofrecidos tampoco resultan más tranquilizadores que los observados hasta ahora. En este sentido, el informe desarrollado por la Fundación Telefónica, adscrito al estudio Generación interactiva en Iberoamérica 2010, desarrollado por Bringué, Sádaba y Tolsá (2011) dibuja un panorama poco halagüeño, lógicamente variable según los países. En cuanto al ejercicio de acoso vía cibernética, el 7% de los adolescentes chilenos admite haberlo practicado, a continuación se encuentran los menores guatemaltecos, para quienes se presenta un 6% y, los argentinos con un 5%.

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Por otra parte, si analizamos los resultados en su conjunto, podemos concluir que, hasta el 6% de la población adolescente iberoamericana declara haber sido víctima de acoso cibernético, destacando claramente la chilena y la argentina en un 10% en cada país. Por otra parte, si el análisis suscitado lo llevamos al terreno individual, encontramos que el informe Mexicano presenta una posición intermedia con unas cifras del 4% de acoso cibernética y del 7% de acoso desarrollado a través de dispositivos telefónicos. Las estimaciones acerca de la situación en Chile empeoran dramáticamente si se recurre a otras fuentes. Una encuesta realizada a 50.000 estudiantes chilenos entre 12 y 17 años por la UAB (Universidad Andrés Bello) y “Paz Ciudadana” ofrece el resultado de que el 87,8% de la muestra había sido objeto de ciberacoso.

No obstante y, pese a la dirección que presentan estos últimos resultados referentes a la población iberoamericana, hay que considerar que deben ser tomados con cierta cautela, dado que, algunos países participantes en el estudio, presentan resultados incompletos y/o parciales, mientras que otros cuentan con limitaciones metodológicas o estadísticas, faltas de contraste y replicación experimental.

Continuando con los resultados de investigaciones actualizadas referidas al ciberacoso, presentados por la iniciativa PantallasAmigas y, atendiendo al escenario estadounidense, la Universidad de New Hampshire, en una línea de estudio epidemiológico desarrollada sobre las tendencias de la victimización de la juventud en internet, correspondiente a la década 2000-2010, se ha detectado un significativo aumento del fenómeno de ciberbullying, con una tendencia claramente creciente, aumento que se cifra en una incidencia del 6% en el año 2000, para crecer hasta el 9% en el 2005, llegando a alcanzar el 11% en el 2010, con lo que podríamos estar hablando de un aumento global del ciberbullying cifrado en un 80% a lo largo de la primera década del presente siglo (Jones, Mitchell y Finkhelhor, 2012 y 2013).

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Este preocupante ascenso, así como las dolorosas consecuencias del acoso a través de la red, ponen de manifiesto que la generación conocida como “nativos digitales” puede disponer de las competencias instrumentales que permiten acceder y disfrutar del inmenso potencial de las tecnologías más novedosas, aunque, en muchos casos, parece que carecen de las competencias emocionales, críticas y morales para manejar adecuadamente el también grandísimo poder y potencial agresivo y/o violento que, en ocasiones, el uso de estas nuevas tecnologías pueden llegar a implicar. Por eso, más allá de la alfabetización digital, los niños y jóvenes parecen estar necesitados de recibir estrategias de gestión emocional adecuada, donde la empatía y los valores éticos les permitan comprender adecuadamente, en qué consisten las relaciones en la red, así como cuáles son sus reglas y en qué consisten las consecuencias de no respetarlas (Urbano, Márquez y Leiva, 2013).

Así, para afrontar los conflictos que pudieran derivarse del ciberbullying, Avilés (2013a) señala la importancia del razonamiento moral, expresando que:

En el ciberbullying los distintos perfiles implicados revelan su grado de desarrollo moral en los razonamientos morales que ponen en juego y las conductas morales que practican, así como en los vínculos que ensamblan esos dos extremos al mostrar su identidad moral en un contexto de valores sociales. Esto se pone de manifiesto en el posicionamiento, la toma de decisiones y las emociones de cada perfil en las dinámicas de ciberacoso, sean víctimas, agresores o testigos (p. 65).

Al profundizar en las competencias socioemocionales para lograr alcanzar una madurez presidida por la solidaridad y el civismo, se puede observar que, la creciente expansión de las relaciones virtuales, especialmente las acaecidas en los sectores más jóvenes de la sociedad, acelera la necesidad de afrontar el reto de formar para lo que ya se ha denominado como “ciberconvivencia”.

En esta dirección y, coincidiendo con el Día Escolar de la No Violencia y la Paz, el pasado 30 de enero de 2014, varias instituciones y asociaciones españolas (Pantallas Amigas, Instituto de la Juventud e Instituto Nacional de Tecnologías Educativas y la Formación del profesorado, INTEF) se coordinaron para consensuar y difundir diez consejos prácticos dirigidos a mejorar la referida ciberconvivencia y disminuir el riesgo de violencia en las relaciones virtuales. Consejos que consisten en:

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1. Cuidado de los datos ajenos: Los datos personales de los demás no te

pertenecen. Evita usarlos o publicar fotografías sin permiso.

2. Discreción: No reveles asuntos particulares de otras personas aunque pienses

que no les van a importar.

3. Respeto y Prudencia: Dirígete a las demás personas con mucho cuidado y

respeto. Puede que no te entiendan bien o que tengan un mal día.

4. Visión global y creativa: Cuida mucho las bromas en público. Aunque la

persona implicada sepa que no estás expresándote en serio, otras personas lo pueden interpretar mal.

5. Observación y empatía: Cuando entres en un lugar nuevo observa durante

algunos días antes de actuar.

6. Gestión positiva de emociones: Si alguien te enfada, desconecta un rato.

Puede tratarse de un malentendido o algo no intencionado.

7. Compromiso y sensibilidad: Cuando veas que alguien comete una

imprudencia, hazlo saber de manera discreta.

8. Implicación activa y constructiva: Si perteneces a una comunidad o red,

participa y contribuye de forma positiva.

9. Tolerancia y participación: Muestra respeto por las opiniones de las demás

personas y manifiesta la tuya.

10.Solidaridad: Si ves que alguien sufre trato injusto y abuso, intenta ayudar

evitando presuposiciones y conflictos.

Así mismo, no podemos finalizar el tratamiento de la incidencia actualizada del ciberacoso, sin dejar de referirnos a una de las últimas aportaciones derivadas del XIII Congreso Internacional Gallego-Portugués de Psicopedagogía, celebrado en La Coruña, en el que Monelos, E., García-Fuente C. y Mendiri P. (2015) señalan en la presentación de su ponencia que:

…….el momento actual urge a contemplar estudios posteriores, todavía más actuales que versan sobre el ciberacoso, tales como Parry (2009) y Kowalski (2010), Reyzábal, Sanz (2014). Mencionamos las aportaciones del Instituto Nacional de Tecnologías de la Comunicación (2011). Este mismo instituto, advirtiendo la incidencia del ciberacoso pasa a llamarse Instituto Nacional de Tecnologías de la Ciberseguridad INCIBE (2014), cambio producido para ajustarse mejor a sus funciones en los últimos tiempos (p. 216).

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Y sin citar el estudio de Vodafone junto a la consultora YouGov el cual señala que el porcentaje de jóvenes que indican que han sufrido ciberacoso es el más bajo junto a la República Checa entre todos los países del estudio, que está encabezado por Nueva Zelanda (30%), EEUU (27%), Irlanda (26%) y Sudáfrica (24%).

En España también ocupa uno de los lugares más bajos en la percepción de este fenómeno. Así, a la pregunta de que si el joven ha oído que otra persona ha sufrido ciberacoso, un 63% de los jóvenes españoles responden afirmativamente frente a la media de 70%. Más relevante aún es que solo el 37% de los menores españoles declara tener conocimiento de que algún amigo o familiar haya sufrido esta práctica, frente a la media del 41% del conjunto de los países.

Los tipos de ciberacoso que han sufrido los jóvenes españoles encuestados son de diferentes tipologías. La excusa más común que utilizan sus agresores es la apariencia o el aspecto físico (38%), seguido del sexismo (27%), homofobia (21%), racismo (19%), clasismo (14%), discriminación religiosa (10%) y por razones de edad (10%).

A escala global, el estudio revela que de los aproximadamente uno de cada cinco jóvenes que ha sufrido ciberacoso, el 41% se sintió deprimido o falto de ayuda; el 26% se sintió completamente solo; el 18% llegó a tener pensamiento suicidas; el 21% dejo de ir a la escuela, y el 25% cerró sus perfiles de redes sociales. En España, la reacción más común, en 42% de los casos, es la de evitar actividades sociales, aunque un 18% deja de ir a la escuela o cierra sus redes sociales. El porcentaje de los que desarrollan sentimientos suicidas baja al 8%.

En caso de observar que alguien ha sufrido ciberacoso y haber actuado, un 66% de los jóvenes españoles reacciona manifestando su apoyo a la persona ciberacosada; un 44% lo pone en conocimiento de un adulto de confianza y el 15% pide al acosador que pare en su acción.

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RESUMEN

Hemos comenzado este capítulo delimitando el término de ciberacoso o ciberbullying, señalando autores relevantes comoAvilés (2009,2014),Buelga, Cava y Musito (2010), Garaigordobil (2014) yOñederra (2010) entre otros. En el siguiente apartado señalamos las semejanzas y diferenciación entre el bullying y el ciberbullying, centrándonos a continuación en las características específicas del mismo.

También mencionamos varias formas de acoso como son el grooming , el sexting, el happy slapping o pareja feliz, el ángel vengador, el hambriento de poder, las chicas malas y el ciberacosador accidental para centrarnos a continuación en el análisis del acosador cibernético, donde destacamos sus características y las diferencias respecto a otras formas de acoso.

Analizamos las modalidades de comunicación para practicar el acoso cibernético citadas por autores comoGaraigordobil (2011), Kowalski (2010), Reyzábal y Sanz (2014) entre otros. Destacamos los mensajes a través de SMS o mediante el correo electrónico, burlas canalizadas mediante foros de Internet o páginas web, montajes fotográficos vejatorios, suplantación de la personalidad en chats, correos, foros, creación con el nombre de la víctima de espacios virtuales falsos, grabación de imágenes comprometidas y difusión de las mismas, para finalizar analizando la violencia en el noviazgo o dating violence.

Finalizamos el capítulo con los estudios recientes sobre la incidencia del fenómeno, siguiendo el informe realizado por el Instituto Nacional de Tecnologías de la Comunicación INTECO (2011). Este organismo fue creado en el año 2006 y modificado su nombre el 28 de octubre de 2014 el cual pasó a denominándose INCIBE cuyo objetivo es el de desarrollar la Sociedad de la información mediante la innovación y el desarrollo de proyectos relacionados con la ciberseguridad nacional e internacional. También citamos el estudio de la Fundación Pfizer (2011) la cual señala que el 11.6% de los adolescentes españoles sufren maltrato y el estudio de las “Pantallas Amigas” que realiza una encuesta a nivel internacional con el objetivo de prevenir el acoso escolar. Como broche final hemos analizado el estudio de la fundación telefónica y Vodafone con la consultora YouGov (2015) que señalan que los jóvenes españoles que han sufrido ciberacoso es el más bajo junto a la República Checa.

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CAPÍTULO

IV

El

bullying

y

el

ciberbullying:

evaluación

e

intervención