Leonardo Da Vinc
2.3. Participantes en el bullying
2.3.2. El género en las conductas de acoso escolar
Un gran número de estudios realizados en el ámbito del bullying se han llevado a cabo con objeto de esclarecer e intentar conocer mejor, las características de quienes se encuentran implicados como participantes, ya sea en su rol de agresores, seguidores, víctimas, defensores o testigos. El interés de estos estudios estriba en conocer los factores relacionados con el bullying para potenciar los esfuerzos preventivos. En este sentido, la variable sexo ha alcanzado un lugar privilegiado entre los factores examinados.
Sin embargo, en aras de intentar superar la anterior disquisición argumental, en las próximas líneas se incluirán todas las aportaciones destacadas en el ámbito del género como factor relacionado a las conductas manifiestas de agresión y violencia. En este sentido, expertos como Ortega y Monks (2005) señalan los estudios de Salmivalli et al. (1996) expresando que “evidencian que un mayor porcentaje de chicos se encontraban implicados en los roles de animadores y ayudantes del agresor, mientras que las chicas se distribuían más frecuentemente en el rol de defensoras, encontrándose estas diferencias desde los años de Educación Infantil” (citados en Albadalejo, 2011).
Así mismo, Cook, Williams, Guerra, Kim y Sadek (2010), indican que “En cuanto a la influencia de variables moderadoras, se constata la importancia del sexo y la edad. Así, los chicos suelen estar más implicados en problemas relacionados con el acoso escolar (ya sean agresores y/o víctimas) que las chicas” (p. 73-75)2.
2 Citado en la Edición de Infocop On-Line. Consejo General de la Psicología de España. Edición
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Por otra parte, atendiendo a la posible influencia diferencial de una variable como el género, en relación a las conductas del acoso escolar, Cava, Buelga, Musitu y Murgui (2010) señalan:
Respecto a la violencia indirecta o relacional, es interesante señalar que los primeros estudios en los que se comenzó a analizar este tipo de violencia estaban relacionados con las diferencias de género en el uso de las formas directas e indirectas de agresión (Crick y Grotpeter, 1995; Lagerspetz, Björkqvist y Peltonen, 1988). En estos primeros estudios se planteaba que los chicos utilizaban en mayor medida la agresión directa, mientras que las chicas utilizaban más la agresión indirecta (Archer y Coyne, 2005; Card et al., 2008). Sin embargo, en el caso de la agresión indirecta los estudios sobre diferencias de género no han sido concluyentes. De hecho, en la revisión realizada por Card y colaboradores (2008), un metaanálisis realizado a partir de 148 estudios, los autores concluyeron que si bien existían diferencias de género significativas a favor de los chicos en el uso de formas directas de agresión, las diferencias eran mínimas en agresión indirecta. Respecto a las posibles diferencias de género en los efectos negativos de una u otra forma de violencia, ésta ha sido una cuestión apenas analizada (p. 23).
No obstante, según lo expuesto por Sánchez, Moreira y Mirón (2011), podemos mencionar que:
A pesar de este interés creciente por las diferencias entre hombres y mujeres en las distintas modalidades de conducta agresiva, resulta llamativo el escaso número de trabajos previos que se han planteado evaluar también los aspectos de rol de género o identidad de género, para clarificar su posible incidencia sobre la probabilidad de que hombres y mujeres se impliquen en conductas agresivas (p. 37).
De modo global Ovejero, Smith y Yubero (2013) afirman que los análisis de las diferencias por sexo en el bullying y en la victimización escolar han encontrado resultados similares a los de otra forma de conducta agresiva. Las investigaciones sobre su prevalencia coinciden en señalar que los chicos, comparados con las chicas están más implicados tanto en el rol de agresor como en el de víctima.
Se ha producido una mayor discusión en torno a las distintas formas de agresión que se utilizan en las dinámicas de la intimidación/victimización, con respecto a las diferencias de sexo. De acuerdo con los primeros estudios en torno a esta cuestión, los chicos emplean en mayor medida formas de agresión directa, como la agresión física, mientras que las chicas harían un mayor uso de estrategias indirectas o relacionales, como los rumores. Sin embargo, esta diferencia no parece tan clara como la encontrada en los porcentajes de implicación dentro de los roles de agresor y víctima.
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Diversos estudios han puesto de manifiesto que, si bien los chicos difieren significativamente en el uso de la agresión física, no existe una diferenciación tan clara en el caso de estrategias indirectas.
Al parecer, el género influye en la violencia, pero conviene matizar respecto a determinadas creencias erróneas que existen en cuanto a la manifestación de la agresión de tipo relacional. En este sentido, citamos a Gómez y Chaux (2013), quienes expresan al respecto que:
Existe la creencia errónea de que las mujeres son las únicas que usan la agresión relacional (Gyles & Heyman, 2005; Ostrov & Keating, 2004). A pesar de que algunos estudios han mostrado que la agresión relacional es más frecuente entre niñas que entre niños (Crick, Casas & Mosher, 1997; Crick & Grotpeter, 1995), otros estudios no han encontrado diferencias (Card et al., 2008; Salmivalli & Kaukiainen, 2004) (p. 16).
Así mismo, cuando se analiza la consideración de la violencia y sus formas en función del género, diferentes estudios nos muestran particularidades específicas de género de interesante consideración. En este sentido citar:
- Owens y MacMullin (1995), con una muestra de 422 estudiantes de distintos niveles y edades (menores y adolescentes), informaron que los chicos estiman una mayor utilización de la agresión física para su propio sexo en todas las edades, al tiempo que las niñas utilizan en mayor medida que sus compañeros la agresión indirecta.
- En Osterman, Björkqvist, Lagerspetz, Kaukiainen, Landau, Fraczek y Caprara (1998): Osterman et al. (1994) encontraron, en niños y niñas de ocho años, que los chicos eras vistos física y verbalmente más agresivos que ellas.
- Díaz-Aguado (2005) sugiere que, según la mayor parte de investigaciones realizadas en el ámbito general de la manifestación de conductas violentas, la citada actitud agresiva, siempre surge en mayor medida, en estrecha asociación con el varón, ya que la superioridad de género masculino:
……se manifiesta desde la infancia en cualquier contexto, incluido el escolar (Defensor del Pueblo, 2000; Olafsen y Viemero, 2000; Olweus, 1993; Whitney y Smith, 1993), y que, como sucede en otros contextos y edades, cabe relacionar con los estereotipos masculinos tradicionales, en los que se asocia el valor del hombre con el dominio, el control absoluto y la violencia (Cowie, 2000; Díaz-Aguado y Martínez Arias, 2001) (p. 552).
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- Posteriormente, continuando con el análisis de las conductas estereotipadas, mediante sus interesantes aportaciones acerca del sexismo, entendido como limitador de las estrategias de tipo emocional y como factor que puede contribuir al proceso de victimización, Díaz-Aguado (2006) encontró que:
Las creencias sexistas y de justificación de la violencia son rechazadas en mayor grado por las adolescentes, el 70% o el 98%, de las cuales rechaza las creencias que lo expresan, que entre los adolescentes, entre los cuales el rechazo se sitúa del 43% al 86%, según el tipo de creencia. De lo cual se deduce la necesidad de orientar la prevención de este problema de forma que contribuya a incrementar el rechazo al sexismo y la violencia de género también en ellos, en los que dicho rechazo parece ser a veces demasiado superficial…..(p. 45).
- Yovany, Cárdenas, Frías y Villamizar (2007) encontraron que los procesos de victimización escolar están basados en relaciones de abuso de poder Al tiempo que destacaron que “Los estudios europeos (Astor, Benbenishty, Vinokur, & Zeira, 2006) muestran que, en cuanto al género, se encuentran más implicados los estudiantes varones que las mujeres en la frecuencia de intimidación a otros en los centros escolares” (p. 128).
- Para Postigo, González, Mateu, Ferrero y Martorell (2009), la perspectiva evolutiva ofrece argumentos interesantes a destacar.En concreto:
La perspectiva evolutiva señala que, en edades semejantes, las chicas muestran mayor desarrollo cognitivo-social que los chicos, lo que facilitaría el uso de estrategias relacionales de acoso (Hawley, 2003). A favor de esta hipótesis se observa que este tipo de agresiones aumentan con la edad (Ortega y Monks, 2005; Gruber y Fineran, 2007). En contra, se observa que la madurez cognitiva en preescolar pronostica conductas agresivas o disruptivas en los chicos, y en las chicas conducta prosocial (Walker, 2005). Asimismo, el acosador y sus cómplices manifiestan déficits en los aspectos emocional y moral de la empatía, siendo hábiles en la toma de perspectivas (Ortega, Sánchez y Menesini, 2002; Gini, Albiero, Benelli y Altoé, 2007); mientras que, atendiendo al género, sólo se observa relación con conductas antisociales en chicos adolescentes (Sobral, Romero, Luengo y Marzoa, 2000; Gini et al., 2007) (p. 454).
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- Así mismo, en referencia a la inadecuada conducta del sexismo, Ovejero, Yubero, Larrañaga y Navarro (2013) señalan:
Glick y Fiske (2001) exponen en su teoría del sexismo ambivalente, que el sexismo tiene un componente hostil y un componente benévolo. El sexismo hostil representa una actitud negativa de antipatía hacia las mujeres y se basa en su supuesta inferioridad como grupo social. Se considera que las mujeres deben ser controladas por el hombre, ya que son incapaces e incompetentes. El sexismo benevolente implica una imagen también negativa de la mujer, dado que la percibe de forma estereotipada y limitada a ciertos roles, aunque aparenta una actitud más positiva, dado que pretende expresar un deseo por parte del hombre de proteger a las mujeres. A su vez, reconoce la dependencia del hombre en aspectos como la realización de las tareas domésticas, la intimidad sexual o por el amor que le proporcionan las mujeres. Ambas formas de sexismo, el hostil y el benévolo, llevan a una discriminación de la mujer. El sexismo legitima la desigualdad de género y mantiene a las mujeres en una posición de roles subordinados (p. 1).
- Por su parte, Álvarez-García, Dobarro, Álvarez, Núñez y Rodríguez (2014), analizando las diferencias de género bajo la perspectiva de la percepción de los/as alumnos/as, encuentran que:
Respecto a las diferencias en función del género, los resultados obtenidos coinciden con los hallados por estudios previos (Ararteko-IDEA, 2006; Núñez et al, 2010) en que los alumnos perciben más violencia del profesorado hacia el alumnado y más violencia física, tanto directa entre estudiantes como indirecta por parte del alumnado, que las alumnas. Coinciden, asimismo, en vincular la violencia verbal indirecta entre estudiantes con las alumnas (Defensor del Pueblo-UNICEF, 2007). (p. 356).
Finalmente, concluiremos este apartado, señalando con Ovejero, Smith y Yubero (2013) que parece existir suficiente evidencia científica respecto a la idoneidad de incluir a la variable género como una variable importante en el estudio de las diferencias de actuación en la conducta de acoso escolar.
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En este sentido, los estudios señalan la importancia de que los investigadores y los profesionales presten atención en el bullying tanto a las diferencias por sexo como al porqué se producen dichas diferencias. El género es una de las variables que se debe tener en cuenta, los rasgos estereotipados, el conflicto de rol de género y el sexismo pueden contribuir a explicar el acoso y la victimización escolar.
Los datos expuestos deben llevarnos a reflexionar sobre los valores y conductas que, desde los procesos de socialización de género, se transmiten a chicos y chicas, al tiempo que deben facilitar la mejora de la efectividad de los programas de prevención e intervención sobre el bullying.
A continuación presentamos una tabla donde se analizan las diferencias sexuales en diferentes investigaciones sobre el acoso escolar, analizando variables como incidencia, empatía, amistad, motivación social y popularidad.
Tabla 5
Diferencias sexuales en la investigación sobre el acoso escolar Variables
estudiadas
Chicos Chicas Referencias ejemplo
Incidencia Más agresión de tipo relacional
Mayor como acosador Más agresión física
Ortega &Monks, 2005 Veenstra el al, 2007 Defensor del pueblo 2007
Características personales
Empatía Alta empatía relacionada con la conducta prosocial En general relación indirecta y negativa con agresión
Baja empatía relacionada con la agresión
Walker, 2005 Caba el al. 2006 Buelga el al. 2008
Características relacionales
Amistad Exclusión que fomenta el acoso indirecto
Amigos agresivos predicen la agresión
Remillard & Lamb 2005 Lamarche el al. 2007 Motivación
social
Defensa de los recursos socioafectivos
Mantenimiento de autoestima y estatus social
Campbell 2004
Popularidad Agredem para ser aceptadas por los chicos
Víctimas más rechazadas agreden para ser aceptados por chicos acosadores
Dijkstra et al. 2007 Olthog & Gossens 2008 Westermann 2008 Fuente: Postigo, González, Mateu, Ferrero y Martorell (2009)
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