[1] Si estás bien, todo va bien.
he visto a tu hijo1033 entregado a los estudios más elevados y con una gran fama por su moderación personal. Por esta razón, tú puedes comprender, incluso aunque yo no lo mencione, qué gran placer he sentido. Pues no sabes cuánto te aprecio y cómo, en razón de nuestro muy antiguo y auténtico afecto, me alegro por todas tus ventajas incluso las más pequeñas y no sólo de un bien tan grande. No pienses, querido Cicerón, que con toda esta información halago tus oídos. No hay nadie más apreciado para todos los que están en Atenas que tu joven hijo o, mejor, nuestro —pues tú no puedes poseer nada que quede al margen de mí1034—, ni nadie más devoto del estudio de las artes que tú aprecias de modo especial, esto es, de las mejores. Así que te felicito también de buen grado —cosa que puedo hacer sinceramente—, y también a nosotros dos porque a éste, a quien era necesario querer, sea cual sea su forma de ser, lo tenemos en tal consideración que también lo queremos de buen grado.
[2] Como me insinuó en la conversación que él quería visitar Asia, no sólo lo invité, sino que también le pedí que hiciese lo mejor para él, mientras yo estuviera gobernando la provincia. No tienes que dudar que yo voy a cumplir mi obligación hacia él, como lo harías tú, con afecto y cariño. Yo también me preocuparé de que Cratipo1035 esté con él, para que no pienses que en Asia va a darse vacaciones de estos estudios a los que con tu recomendación lo has estimulado. Pues no debo dejar de exhortarle ahora que está preparado, según veo, y avanzando a paso acelerado, para que progrese cada día más en su aprendizaje y entrenamiento1036.
Cuando escribía esta carta no sabía cuáles eran vuestras líneas [3] de actuación política. Oía algunos asuntos turbulentos que yo deseo que sean falsos, de suerte que algún día disfrutemos de la libertad con tranquilidad: una circunstancia que hasta ahora no me ha tocado vivir. Sin embargo, yo, tras haber conseguido durante nuestro viaje un poquito de descanso, te preparé un regalito de mi cosecha pues he coronado la obrita con una agudeza dicha por ti en verso, que es un gran honor para mi persona, y te la he transcrito aquí abajo1037. Si en estas breves líneas te parezco ‘demasiado explícito’ en alguna expresión, la falta de vergüenza del personaje contra el que me dirijo tan libremente me redimirá. Tú perdonarás también mi cólera, que es la justa contra personas y ciudadanos de esta índole1038. Además, ¿por qué razón tendría Lucilio1039 más derecho a tomarse mayores libertades que yo? Porque aunque estuviésemos a la misma altura en el odio contra aquellos a los que zahirió, contra los que arremetía con una libertad de expresión tan grande, aquellos, desde luego, no lo merecían más.
[4] Tú, tal como me has prometido, me incorporarás lo antes posible en tus diálogos; pues no dudo que si escribes algo sobre la muerte de César, no me dejarás participar de modo insignificante en el tema y en tu afecto. Adiós y acoge bajo tu protección a mi madre y mi familia.
Atenas, 25 de mayo.
(Lanuvio, finales de mayo del 44)
Los pretores Bruto y Casio saludan al cónsul Marco Antonio1040.
[1] Si no estuviésemos persuadidos de tu lealtad y tu benevolencia hacia nuestras personas, no te escribiríamos estas líneas; puesto que tienes esta buena disposición, seguro que las recibes en su mejor sentido.
Nos han escrito que una gran multitud de veteranos1041 ya se ha dado cita en Roma y que a primeros de junio será mucho mayor. Si tuviéramos alguna duda o temor sobre ti, no seríamos nosotros mismos. Pero puesto que nosotros mismos estamos bajo tu poder y, llevados por tu consejo, hemos despachado a nuestros partidarios1042 llegados de los municipios, y lo hemos hecho no sólo por un edicto1043, sino también por carta, somos dignos de que nos consideres partícipes de tus decisiones, especialmente en este tema que nos atañe.
Por eso te pedimos que nos hagas sabedores de tus intenciones [2] hacia nosotros y de si piensas que nosotros vamos a estar seguros en medio de tan gran concentración de soldados veteranos, de los que hemos oído que piensan volver a instalar el altar1044: una cosa que parece que apenas quiere y puede aprobar nadie que desee que mantengamos a salvo nuestra vida y honor.
El desenlace deja claro que, desde el principio, nosotros hemos fijado la mirada en la paz y que no hemos buscado ninguna otra cosa que la libertad común. Nadie puede engañarnos salvo tú, cosa que desde luego queda lejos de tu valía y tu lealtad, pero ningún otro tiene posibilidades de burlarse de nosotros, pues sólo confiamos y confiaremos en ti.
[3] Nuestros amigos han padecido grandes temores; aunque ellos están seguros de tu lealtad, sin embargo, les viene el pensamiento de que es más fácil que algunos empujen la multitud de veteranos hacia cualquier sitio que tú puedas retenerla.
Te pedimos que nos respondas a todos estos temas. Pues resulta totalmente incoherente y engañoso aducir que se ha enviado una notificación a los veteranos debido a que en el mes de junio ibas a promover una mejora de su situación1045; pues ¿quién piensa que podrá impedírtelo, cuando por nuestra parte está decidido que vamos a permanecer al margen? No debemos parecer a nadie demasiado deseosos de vivir, puesto que nada nos puede suceder sin que conlleve la perdición y el desorden general1046.
330 (XVI 23)
(Tusculano, 27 o 28 de mayo, del 44)
1047 Cicerón saluda a Tirón.Tú acaba tu declaración1048, si puedes (aunque este dinero es [1] de tal categoría que no necesita declaración, sin embargo, acábala). Balbo me ha escrito que ha sufrido un ‘ataque’1049 tan grande que no puede hablar. Que Antonio haga lo que sea sobre la ley1050, con tal de que yo pueda quedarme en el campo. He escrito a Bitínico1051.
Tú que no desprecias la vejez, tendrás en tu consideración el [2] tema de Servilio1052. Aunque nuestro Ático, puesto que una vez se dio cuenta que me afectaban los ‘temores infundados’, piensa que siempre es lo mismo y no ve con qué defensas de la filosofía estoy protegido; y, por Hércules, puesto que él está temeroso, ‘se alborota’. Yo, a pesar de todo, quiero conservar la amistad de tiempo que mantengo con Antonio sin ningún menoscabo, y le escribiré, aunque no antes de haberte visto. Pero tampoco quiero apartarte de tus obligaciones1053: ‘la caridad bien entendida…’1054. Mañana espero a Lepta y a †N.†1055 ante cuya ruda tendré que usar el poleo dulce de tu conversación1056.
Adiós.