[1] Te recomiendo de forma singular a Precilio964, hijo de una persona excelente, que es uno de tus cercanos y amigo íntimo mío. No sólo tengo un afecto excepcional por este joven debido a su mesura, su calidad humana, su forma de ser y su especial cariño hacia mí, sino que además, instruido por la experiencia, he comprendido y he aprendido que su padre ha sido desde siempre uno de mis mejores amigos. Entérate que de los dos este último es quien ha acostumbrado especialmente a reírse de mí y a reprenderme porque no me aliaba contigo965, sobre todo cuando tú, con todos los honores, me estabas invitando a ello:
‘Pero no logró jamás llevar la persuasión a mi corazón’966. Pues oía a nuestros próceres que gritaban:
‘Sé valiente para que algunos de los que vengan después te elogien…’ ‘Así habló, y una nube negra de pesar lo envolvió’967.
Pero, a pesar de todo, esto es lo que también me consuela: [2] quieren incluso incendiar a un hombre consumido por las llamas de la gloria y hablan en los siguientes términos:
‘No, yo no moriré sin luchar y sin gloria,
sino llevando a cabo una gran hazaña cuya noticia llegue a las generaciones futuras’968.
Pero ya no me conmueven, como ves. Así que, desde la grandilocuencia de Homero, me refugio en las enseñanzas auténticas de ‘Eurípides’:
‘Odio al maestro de sabiduría, que por sí mismo no es sabio’969.
Un verso que el viejo Precilio alaba distinguidamente y que dice que la misma persona puede ver
‘a la vez en lo futuro y en lo pasado’970
y, sin embargo,
‘siempre descollar y sobresalir por encima de los otros’971.
[3] Pero volviendo allí donde comencé, me harás totalmente feliz si a este joven lo rodeases con tu calidad humana, que no tiene igual, y si al afecto que creo que te despierta el interés de los Precilios añadieses el apoyo de mi recomendación. Me he dirigdo a ti adoptando un género de carta novedoso972 para que comprendas que no se trata de una recomendación más.
318 (XIII 4)
(Roma, probablemente entre noviembre del 46 y julio del 45)
973 Cicerón saluda al legado propretor Quinto Valerio Orca974, hijo de Quinto.Mantengo un vínculo muy estrecho con los habitantes de [1] Volterra975. En efecto, tras haber recibido un gran beneficio de mi parte, me han demostrado sobradamente su gratitud hacia mí: pues no me han fallado ni en mis éxitos profesionales ni en situaciones problemáticas. Aunque ninguna afinidad me uniese a ellos, sin embargo, puesto que te aprecio de un modo especial y siento que tú me tienes en gran estima, no dejaría de recomendarte y de exhortarte que te encargues de sus patrimonios976, especialmente porque tenían un motivo para mantener sus derechos de un modo casi exclusivo: en primer lugar, debido a que evitaron las amarguras de la época de Sila977 por la bondad de los dioses inmortales, y en segundo lugar, porque durante mi consulado los defendí con el interés más profundo del pueblo romano.
[2] En efecto, como los tribunos de la plebe978 habían promulgado una ley totalmente injusta sobre las tierras de aquéllos, persuadí fácilmente al Senado y al pueblo romano de que aceptaran que aquellos ciudadanos, a los que la diosa Fortuna había respetado, conservaran sus derechos intactos. Gayo César refrendó esta iniciativa mía durante su primer consulado con la Ley agraria979 y liberó la región y la ciudad de Volterra de cualquier peligro a perpetuidad, de modo que no me queda duda alguna de que éste, que intenta ganar nuevas relaciones, quiera conservar sus antiguos beneficios. Por esta razón, es propio de tu inteligencia o bien seguir su autoridad, cuyo principio y poder has seguido con la más grande de las dignidades, o bien reservar a César todo el caso abierto. Sin embargo, no debes tener dudas de querer vincularte por siempre con el mayor beneficio tuyo a un municipio tan importante, tan sólido y tan honesto.
Pero estas palabras que te acabo de escribir están orientadas a exhortarte y aconsejarte. Quedan las que constituyen un ruego [3] personal, para que no sólo pienses que te doy un consejo en interés tuyo, sino además que te estoy pidiendo y rogando lo que realmente me resulta útil. Así que te estaría sumamente agradecido si aceptaras que los habitantes de Volterra mantuviesen en su integridad y sin daño todo su patrimonio980. Encomiendo a tu lealtad, tu sentido de la justicia y tu bondad sus domicilios, sus residencias, sus propiedades y sus fortunas, que les han sido conservadas por los dioses inmortales y los ciudadanos más destacados de nuestra República981, y gracias al interés más profundo del Senado y del pueblo romano.
Si, en razón de las fuerzas con las que yo contaba antes, la situación me diera la posibilidad en este momento de poder defender [4] a los habitantes de Volterra del modo que yo acostumbro a proteger a mis amigos, no pasaría por alto ninguna obligación, ni después ningún enfrentamiento en el que pudiera serles útil. Pero puesto que estoy convencido de que no tengo menos influencia en tu caso que la que siempre he tenido en el caso de personas honestas, en razón de nuestra estrechísima relación y de la mutua y pareja devoción que nos profesamos, te pido que trates a los ciudadanos de Volterra de modo que piensen que, casi por una disposición divina, les ha sido puesto al frente de esta tarea una persona ante quien únicamente yo, que soy su permanente defensor, puedo tener gran influencia.
319 (XIII 5)
(Roma, probablemente poco después de la carta anterior: entre el segundo mes
intercalar del 46 y septiembre del 45)
Cicerón saluda al legado propretor Quinto Valerio982.
[1] No me desagrada que esta relación personal que mantenemos nosotros dos sea de amplio dominio público ni, sin embargo, por esta causa —que tú puedes valorar perfectamente— te estoy impidiendo que puedas llevar a cabo la tarea emprendida en razón de tu lealtad y esmero, de acuerdo con la voluntad de César, quien te ha encomendado una importante y dificultosa empresa. En efecto, puesto que muchos me piden muchas cosas, porque no dudan sobre tu voluntad hacia mi persona, no me arriesgo a alterar tu propia obligación por mi ambición personal.
[2] Mantengo una relación muy estrecha desde la infancia con Gayo Curcio983. Yo no sólo he sufrido por la muy injusta desgracia de éste en la época de Sila, sino que además colaboré en el restablecimiento de sus derechos cuando parecía que a aquellos que habían sufrido una injusticia semejante, aunque habían perdido toda su fortuna, sin embargo, les fue concedido el regreso por voluntad popular. Esta persona mantiene una propiedad en el territorio de Volterra en la que ha reunido las pertenencias que le han quedado, como si proviniesen de un naufragio. En este momento, César lo ha elegido para el Senado984, un rango que él difícilmente puede conservar si pierde esta propiedad985. Pero lo más grave, cuando se ha alcanzado un rango superior social, es tener uno inferior en lo económico; y no parece lógico que sea expulsado del terreno que fue distribuido por orden de César la persona que ha sido nombrada senador por mediación de César.
Pero no me gusta nada explayarme sobre la justicia de este [3] asunto, no sea que pueda parecer que yo tengo más influencia sobre ti por el propio caso que por mi carisma personal. Por esta razón, te pido encarecidamente que consideres el patrimonio de Gayo Curcio como si fuera mío986, y que, cuando hayas hecho por Gayo Curcio cualquier cosa que harías por mi causa, pienses que lo que él haya obtenido por mi intervención es un regalo que tú me haces. Te pido esto con energía e insistencia.