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La aurora, con todas sus riquezas simbólicas, es el signo del poderío del Dios celestial y el anuncio de su victoria sobre el mundo de las tinieblas, que es el de

los malvados. A quienes creen deberlo todo a ellos mismos, Yahvéh dirá,

dirigiéndose ante todo a Job:

¿Has mandado, en tu vida, a la mañana?, ¿Has señalado a la aurora su puesto, para que agarre los bordes de la tierra

y sacuda de ella a los malvados? Ella se transforma en barro sellado, se tiñe lo mismo que un vestido; arrebata a los perversos su luz -

y rompe el brazo que se alzaba (Job 38,12-15).

Automóvil. El automóvil aparece frecuentemente en los sueños modernos, ya sea que el soñador se encuentre en el interior del coche, o bien que vea coches evolucionando a su alrededor. Como todo vehículo, el automóvil simboliza la evolución en marcha y sus peripecias.

Si el soñador se encuentra en el interior del auto, éste reviste entonces un simbolismo individual. Siguiendo sus características, coche de lujo o viejo cacharro, expresa la mejor o peor adaptación a la evolución en marcha. El yo personal del soñador puede estar dominado por un complejo, cuando el conductor no se ve a sí mismo conduciendo el coche, complejo que estará determinado por la personalidad del conductor, que no es sino otro aspecto de la personalidad del soñador.

Si el soñador conduce el auto, lo hará bien o mal, o incluso peligrosamente; cada situación indicará la débil, perfecta o peligrosa manera de conducir su existencia, ya sea sobre el plano objetivo, o sobre el plano subjetivo. Por su potencia, por su precisión mecánica, el coche exige efectivamente un excelente autodominio y una adaptación a la conducción. Para conducir bien es necesario disciplinar las impulsiones, imponerse sobre las reacciones y tener sentido de las responsabilidades. Es necesario igualmente observar el código de la circulación, las reglas del juego de la vida, la parte ineluctable que hay que aceptar de convenciones y coerciones. Conducir bien un coche evoca la autonomía psicológica y la liberación de las coerciones: se pueden observar las reglas, sin sufrirlas, cuando se reconoce su necesidad social, incluso de ser absurdas a ojos de la razón.

Sentirse en un coche en el cual no se tiene el derecho de encontrarse indica que el soñador está equivocadamente comprometido con una conducta de vida, objetiva o subjetiva, que no tenía derecho en adoptar.

Carecer de carburante (avión) puede señalar una deficiencia de libido para conducir con éxito la vida, o una atonía psíquica. Se ha presumido demasiado de las fuerzas o no se las ha empleado completamente.

Un coche demasiado cargado puede atraer la atención del soñador sobre ciertas actitudes de acaparamiento o de apego a falsos valores, que entorpecen y gravan su desarrollo. La evolución biopsíquica está estorbada, entorpecida, lentificada.

La carrocería puede estar en relación con la persona (que significa en latín máscara), el personaje, que busca producir un efecto sobre el prójimo, por deseo de ser admirado o por miedo a ser despreciado.

Si el auto es visto por el soñador en su aspecto puramente mecánico, designa un des arrollo demasiado exclusivo de la función del pensamiento, del intelecto, del aspecto exclusivamente mecánico y técnico de la existencia o el análisis.

Un auto atropellando a un niño puede indicar que el impulso vital, el desarrollo de la personalidad, las presiones exteriores no han tenido en cuenta un apego persistente a la infancia y a valores psicológicos reales, que sólo pueden integrarse en una

evolución armoniosa a través de una cadencia más lenta. Revela resistencias interiores a la ley del movimiento.

Autos chocando de frente recuerdan dolorosamente el poder de los conflictos interiores que se oponen con todas sus fuerzas, en lugar de incorporarse a las fuerzas evolutivas. El choque de los contrarios es traumatizante.

Estrellarse contra un obstáculo revela que el yo consciente se quiebra dolorosamente también contra un obstáculo, que obstruye la vía de la evolución. El obstáculo está por determinar: puede ser interior o exterior, pero subjetivizado en una brutal resistencia.

Los camiones llevan cargas útiles y preciosas, que evocan los contenidos positivos de la psique. Pero pueden también representar al compañero de ruta, mudándose súbita mente en adversario, contra el cual uno va a tropezar y estrellarse. Es de una temible ambivalencia.

El autobús es un vehículo público. Evoca «la vida social que se nos lleva» (A. Teillard). Esta vida social se opone al aislamiento, al egocentrismo, al infantilismo, al exceso de introversión. No podemos sus traernos a la vida colectiva. La dificultad o la obligación de subir a un autobús es reveladora: «El individualista se ve obligado a viajar en un autobús abarrotado o bien se lo mete a la fuerza en aquél» (AEPR, 186). El autobús simboliza el contacto forzado con lo social en toda evolución personal. J.R.

Ave, pájaro. 1. El vuelo predispone a los pájaros, para ser símbolos de las

relaciones entre cielo y tierra. En griego el propio nombre es sinónimo de presagio

y de mensaje del cielo. Ésta es la significación de las aves en el taoísmo, donde los Inmortales toman figuras de pájaros para significar la ligereza, la liberación de la pesadez terrenal. Los sacrificadores o las danzarinas rituales a menudo son calificados por los brahmana de «aves que vuelan al cielo». En la misma perspectiva, el ave es la figura del alma escapándose del cuerpo, o solamente de las funciones intelectuales (la inteligencia, dice el Rig Veda, es la más rápida de las aves). Algunos dibujos prehistóricos de hombres pájaro se han interpretado en sentido análogo (Altamira, Lascaux): vuelo del alma o vuelo extático de chamán.

El ave se opone a la serpiente como el símbolo del mundo celeste al del mundo terreno.

2. Aun más generalmente, las aves simbolizan los estados espirituales, los