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Han sido concebidas otras correspondencias, que ponen las armas en relación

con otros objetos. Por ejemplo, ciertas armas simbolizan los elementos: La honda de antaño, el fusil, la ametralladora, el cañón, el misil y el cohete actuales están en relación con el elemento aire; la lanza y las armas químicas, con el elemento tierra; la espada y las armas psicológicas, con el elemento fuego; el tridente con el elemento agua; el combate de la espada contra la lanza sería un combate del fuego y de la tierra; el combate del tridente y de la honda, una tromba.

Por otra parte, ciertas armas simbolizan funciones: la maza, el bastón, el látigo son atributos del poder soberano; la lanza, la espada, el arco y la flecha son atributos del guerrero; el cuchillo, el puñal, la daga, el venablo, son atributos del cazador; el rayo, las redes son atributos de la divinidad suprema.

En el psicoanálisis jungiano, el cuchillo y el puñal corresponden a las zonas obscuras del «yo», a lo sombrío, al lado negativo rechazado del yo; la lanza al anima, la feminidad consciente del ser humano o lo inconsciente primitivo; la maza, el garrote, la red, el látigo al  mana; la espada al «sí mismo» o «yo profundo» (en CIRD, 349). Armiño. Carnívoro de pelo blanco inmaculado. El vestido, la muceta y el abrigo de piel de armiño simbolizan la inocencia y la pureza en la conducta, en la enseñanza y en la justicia. Eliano (11,37), dice que, «si el armiño cae en un lodazal, se encuentra como paralizado y muere» (en TERS, 211). Ahí está el origen de su significación simbólica, asociada a menudo a las divisas reales: «preferir la muerte a la mancha». Significa también la pureza moral y, en este sentido, adorna la toga o la esclavina de los dignatarios de la Iglesia, el Estado y la Universidad. [El blasón, el armiño se representa a manera de mota negra y larga, sobre campo de plata.]

Arpa. Es el instrumento tradicional por excelencia, en oposición a los instrumentos de viento (cornamusa) o percusión (tambor). Sus cuerdas frecuentemente son de tripa de lince. Se conocen varias clases de arpas que se reducen esencialmente a dos tipos: el arpa pequeña, especie de cítara fácilmente transportable y la gran arpa de ceremonia. Con el arpa los dioses o sus mensajeros de los países del norte tocan el modo del sueño, que adormece irresistiblemente a quienes lo oyen, con el riesgo de hacerles pasar a veces al más allá (ocui, 3,212-409; OGAC, 1 8,326-329).

El arpa ata el cielo y la tierra. Los héroes de las eddas quieren ser quemados con un arpa a su lado sobre la hoguera fúnebre: ésta los conducirá al otro mundo. Este papel de psicagoga lo desempeña el arpa sólo después de la muerte; durante la vida terrena simboliza las tensiones entre los instintos materia les representados por su cuadro de madera y las cuerdas de lince, y las aspiraciones espirituales, figuradas por las vibraciones de esas cuerdas. Estas únicamente son armoniosas cuando proceden de una tensión bien regula da entre todas las energías del ser, un dinamismo mesurado que simboliza por sí mismo el equilibrio de la personalidad y el dominio de sí.

El célebre Canto del arpista del Egipto antiguo, exalta la búsqueda de la felicidad cotidiana, en una vida donde nada es más cierto que la muerte próxima y nada más incierto que la suerte de ultratumba. El arpista hace vibrar las cuerdas cantando: «Arroja lejos de ti la preocupación, recuerda regocijarte, hasta que llegue el día de abordar la tierra que ama el silencio...» (POsD, 1 7). El arpa simboliza entonces la busca de una felicidad que el hombre no conoce sino a través de las frágiles certidumbres de aquí.

Arquero. «Símbolo del hombre que apunta a alguna cosa y que ya, en cierto modo, la alcanza en efigie... El hombre se identifica con su proyectil» (CHAS, 324;  flecha). Se identifica incluso con su blanco, ya fuere para comer la presa cobrada, ya fuere para probar su valentía o su habilidad. Igualmente, en numerosísimas representaciones de fieras matando ciervas, se muestran aquéllas cubriendo su presa, como para montarla, antes de devorarla: doble fenómeno de identificación y de posesión. El arquero simboliza el deseo de la posesión: matar es domeñar. Eros se representa generalmente con un arco y un carcaj.

Arrecifes. Símbolo opuesto al de la  isla: ésta es un refugio deseado, aquel un objeto de temor. Los arrecifes han sido comparados a  monstruos marinos: en los relatos de navegación, como la Odisea, provocan una verdadera obsesión. Son el enemigo implacable en la vía del destino, el obstáculo a toda consumación. Son tanto más temibles cuando el navegante está ya expuesto a las peores dificultades, por ejemplo la tempestad, la bruma y la noche; el arrecife está ahí para rematar al desgraciado luchador.

Desde un punto de vista psicológico simboliza la  petrificación, es decir el endure cimiento de la conciencia en una actitud de hostilidad, la estancación en la vía del progreso espiritual. Cirlot ve en el peñasco un ejemplo del gran mito de la regresión. Arroz. Como el pan o el trigo en Europa, el arroz constituye en Asia el alimento esencial: tiene pues la misma significación simbólica y ritual.

El arroz es de origen divino. No solamente se lo encuentra en la  calabaza primor dial, a título semejante que las especies humanas sino que, como el maná en el desierto, crece y llena los graneros espontáneamente. Todas las leyendas del Asia oriental

Arpista. Tumba del visir Rekhmire. Arte egipcio de la XVIII dinastía dan fe de ello. El laborioso cultivo del arroz es consecutivo a la ruptura de relaciones entre el cielo y

la tierra. Traído al Japón por el príncipe Ninigi, nieto de Amaterasu, el arroz es objeto de un rito de comunión en el curso del cual el emperador gusta el cereal en compañía de la diosa solar. Es para los japoneses el símbolo de la abundancia, debida al poder celeste.

Alimento de vida, y también de inmortalidad, el arroz rojo está contenido como tal en el  celemín de las sociedades secretas chinas. Proviene exclusivamente, dicen los rituales, del poder del señor Ming, es decir de la luz, o del conocimiento. Es pues también, como el pan, símbolo de alimento espiritual. El arroz se transforma alquímicamente en  cinabrio, sulfuro rojo de mercurio. Lo que podría allegarse al azufre rojo del esoterismo islámico y de la obra al rojo del hermetismo occidental. El arroz es la riqueza, la abundancia, la pureza primera. Incluso en Occidente el arroz es símbolo de felicidad: se lanzan puñados de arroz en las bodas (GRIL, GUET, HERS. HERJ, MAST. ROUN). P.G.

Artemis (Diana). 1. Hija de  Zeus y de Leto, Artemis es la hermana gemela de Apolo. Virgen sombría y vindicativa, siempre indómita, aparece en la mitología

como la opuesta a Afrodita. Castiga cruelmente a quienes carecen de miramientos para con ella, transformándolos por ejemplo en ciervos que hace devorar por sus perros; recompensa con la inmortalidad, por el contrario, a sus adoradores fieles, como Hipólito, que muere víctima de su castidad.

«Artemisa la ruidosa, flechera del arco de oro, la hermana del Arquero» (Ilíada, xx), corriendo a través de montes y forestas, con sus compañeras y su jauría, pronta a tensar el arco, es la diosa salvaje de la naturaleza. Se muestra sobre todo despiadada con las mujeres que ceden a la atracción del amor. Es a la vez la conductora en las vías de la castidad, y la leona en las de la voluptuosidad. Ha sido apodada la «Dama de las fieras». Cazadora, hace masacre con los animales que simbolizan la dulzura y la fecundidad del amor, los ciervos y las ciervas, salvo cuando son jóvenes y puros: entonces los protege como seres consagrados; protege también a las embarazadas, las hembras preñadas, en vista de los niños que vendrán... Virgen, es la diosa de los alumbramientos. Se le ofrecen sacrificios de bestias salvajes o domésticas; chiquillas disfrazadas de obscenas danzan alrededor de ella. Ha reclamado la muerte de Ifigenia, para castigar el ultraje de Agamenón, pero, sobre la hoguera, la substituye por una cierva y transporta la niña por los aires para hacerla su sacerdotisa.

2. Protectora y a veces temible, Artemis reina igualmente sobre el mundo