Del «judaismo» al «cristianismo»
FILÓN DE ALEJANDRÍA O LA FILOSOFÍA COMO «SIRVIENTA» DEL JUDAÍSMO
10 Autores seguidos por otros muchos, como los autores de la Carta de Aris-
tea, del III Libro de los Macabeos, del Libro de José y Asenet, de la Oración de Manassés...
Esa pretensión —para el j u d a i s m o — «de ser la filosofía ver- dadera y auténtica» plantea la cuestión de su naturaleza exacta. ¿Se trata en realidad de la filosofía? ¿No es más bien teología en cuanto que discutso c o n la posesión de la certeza de la fe? «La distinción entre el polo filosófico y el p o l o teológico es cierta- mente indispensable, previene V. N i k o p r o w e t z k y , pero no puede, so pena de perder su legitimidad, dejar de constituir u n a distin- ción de razón. Concretamente, ambos elementos forman un todo orgánico, realizan una fusión viva en la que u n o de los dos asume sin duda un papel director e influye sobre el otro, pero, c o m o consecuencia, no deja de sufrir él m i s m o el impacto» (pág. 157). Eso es verdad, pero la cuestión de su atticulación no se ha solu- cionado.
N o s parece que, si queremos comprender lo que estructura el pensamiento y la andadura de Filón, conviene situarlos en su en- torno y hace que existan: la proclamación escrituraria sinagogal. Filón es judío, de nacionalidad judía y de fe judía. Si recibió una educación helenística de alto nivel (paideia), su verdadera philo- sophia, la que le ofrece sus verdaderas referencias de pensamiento y de vida, es la proclamación de la Palabra d i v i n a el día del sab- bat. Las sinagogas son para él verdaderas «Escuelas de sabiduría», sin que sea necesario inventar, c o m o se h i z o , «escuelas» (didaska- leia) al lado de las sinagogas. Pues bien, ¿qué se lee en las sina- gogas helenísticas? La L e y de Moisés, es decir los cinco libros del Pentateuco. A esa lectura le sigue la homilía, sin la intercalación de un texto profetice Filón pronunció homilías. Sus tratados lle- van claramente la marca de ese anclaje sinagogal: sólo se refiere a los libros del Pentateuco. Sobre todo, la forma homilética d i - rige su escritura. La Palabra de D i o s revelada a Moisés es el refe- rente primero del pensamiento de Filón: es la única Palabra de verdad, la que inspiró a Moisés en la escritura de la Ley, y la que le inspira ahora en la escritura de los comentarios que hace de esa Ley, puesto que sus comentarios se inscriben en la figura de la homilía.
En esa «proclamación» de la Sabiduría y de la L e y divina, todo el referencial de la filosofía griega — d e la que su escritura está amasada— ocupa una función precisa, la de permitir una nueva t o m a de la palabra que constituye su comentario exegético-ho-
milético. Para que esa t o m a de la palabra no sea puramente tau- tológica en relación c o n el texto escriturario, es necesario que i n - terfiera un médium, una tercera palabra mediadora. En la pro- clamación escrituraria palestina, los Profetas aseguran esa mediación y ese distanciamiento. En la proclamación escritura- ria filoniana, desprovista de la mediación de un texto profético, ese papel se le adjudica a la filosofía griega. La filosofía griega es al comentario filoniano de la L e y mosaica lo que el texto profé- tico es a esa m i s m a L e y en la proclamación sinagogal palestina. C o m o el texto profético en el entorno palestino, la filosofía griega permite salir del cerco histórico y de la unicidad de la palabra mosaica para abrirla a un espacio y a u n a temporalidad univer- sales, y, por tanto, a la actualidad. La lengua griega y la filosofía griega no son «vectores externos» del pensamiento filoniano. S o n realmente constitutivas, pero de u n a manera que hace que el j u - daismo así expresado puede, sin lugar a dudas, ser calificado de «filosofía» en tanto que Sabiduría elaborada conceptualmente, pero no en cuanto a andadura filosófica, en el sentido en que la entienden y la practican las gentes «del exterior», los filósofos griegos.
Esa inclusión de la filosofía (en cuanto a coronación de la pai- deia) en la Filosofía (en cuanto a Sabiduría superior) que consti- tuye el judaismo a los ojos de Filón se ve perfectamente ilustrada por la alegoría de Agar, que está en la base del De congressu eru- ditionis gratia y que Filón presenta así: «Al igual que las ciencias encíclicas (ta enkuklia) ayudan a captar la filosofía, también la fi- losofía ayuda a adquirir la sabiduría. Pues la filosofía es el estu- d i o de la sabiduría, la sabiduría es la ciencia de las cosas divinas y humanas y de sus causas. Así pues, al igual que "el ciclo de ac- tividades dedicadas a las Musas" (he egkuklios mousike) es el es- clavo de la filosofía, de igual forma la filosofía es la esclava de la sabiduría. La filosofía enseña a d o m i n a r el vientre, el bajo v i e n - tre, a d o m i n a r también la lengua. Este d o m i n i o , se dice, merece elegirse p o r sí m i s m o , pero tendría un carácter más augusto si fuera buscado para honrar a D i o s y complacerle. Así pues, debe- mos conservar el recuerdo de nuestra soberana cuando queremos cortejar a sus sirvientas (therapainidas); que nos consideren sus maridos, pase, pero c o n la condición de que la otra sea nuestra
verdadera mujer y no tenga sólo el nombre» (De congressu erudi- tionis grafía, 79-80, trad. — a l francés— de M o n i q u e Alexandre). V. N i k i p r o w e t z k y comenta así esa alegoría: «Existe, declara F i - lón, una búsqueda filosófica profana m u y inferior a la "Filosofía verdadera", la única que merece realmente ser nombrada Sara. En tanto que búsqueda de sabiduría, la Filosofía tiene un catácter es- colar y participa aún de la figura de Agar. En otros términos, la en- señanza de las escuelas de Filosofía comparte en cierta medida el estatuto de cultura enciclopédica. La filosofía es la sirvienta de la L e y mosaica. La "clase de filosofía" de la que Filón, según A. J. Fes- tugére, ha retenido tan perfectamente la enseñanza —que sólo le ofrece aún un medio de enfoque, importante desde luego, y supe- rior al que había sacado de su formación enciclopédica— pero que, no obstante, sigue siendo un medio de enfoque. En efecto, pone a su disposición esa lengua de la razón a la que hacíamos alusión, es decit, un conjunto de categorías, de conceptos y de nociones que le permite comprender la sabiduría y expresar sus lecciones» (pági- nas 183-184). El judaismo, en cuanto que es el lugar en que la Pala- bra de D i o s se ha revelado y se sigue revelando aún por medio de los que, al inscribirse en la figura de la homilía, son así sus fieles intérpretes, es pues la «filosofía verdadera». Las ciencias enciclopé- dicas y la filosofía de las escuelas son sus «sirvientas» (tas therapai- nidas): «Según el simbolismo que aquí se nos propone, comenta V. Nikoprowetzky, las Encíclicas son las esclavas de la Filosofía y la Filosofía, la esclava de la Sabiduría» (pág. 208, núm. 47). El judaismo helenístico como fihsofia
Esta es — d e f i n i d a en sus grandes rasgos— la relación de i n - clusión que Filón estableció entre el judaismo y la filosofía. S i n d u d a alguna, la construcción intelectual que edifica le es original y debía superar con m u c h o las capacidades de sus contemporá- neos. Pero no deja de traducir la cultura que debía ser entonces la de sus compatriotas de la Diáspora. Al llevar lo más lejos po- sible la integración de la filosofía en la elaboración de su propio discurso, Filón resalta c o n gran acuidad los objetivos que esa i n - tegración c o m p o r t a y se convierte, de forma paradójica, aún más representativa del judaismo helenístico.
A n t e todo, judaismo y filosofía griega son uno y otra «vecto- res internos», pero en una relación de inclusión y de subordina- ción. Los judíos de la Diáspora helenística hablan griego, leen y comentan la L e y en griego. D e b i d o a que es su i d i o m a cultural — s i no materno—, la lengua griega no puede ser para ellos más que un «vector externo» y neutro, un puro soporte de transmisión de su pensamiento, un canal que no tendría incidencia alguna so- bre ella. Ver así las cosas, sería suponer la existencia de una len- gua oculta en la que su pensamiento sería previamente concebido y formulado antes de ser traducida al griego. A l g o que parece ab- surdo. Piensan pues en griego. En griego pregonan su judaidad. Es en la «lengua común», la koine, que conciben y formulan su singularidad. La lengua griega es para ellos un «vector interno» de elaboración conceptual. Eso es lo que significa la afirmación de que el texto de los Setenta está inspirado en el mismo plano que el texto hebraico. Incluso cuando se dirigen a los demás, cuando hacen proselitismo y tratan de convencerles de que se integren en sus comunidades, no piensan en lo que son a partir de los desti- natarios; no adoptan un punto de vista externo. Este es siempre interno. Así pues, si quieren definir globalmente lo que son, la ca- tegoría que se ofrece «naturalmente» a ellos es la de la «filosofía». Pero dicha categoría, al ser «vector interno» de su pensamiento, se ve modificada porque estructura a la vez que reestructura.
En esa perspectiva, la paideia griega y su coronación, la filo- sofía, se encuentran, en segundo lugar, instrumentalizadas en la filosofía-sabiduría que es el judaismo. Esa instrumentalización al servicio de un pensamiento que se enuncia en la figura de la Re- velación d i v i n a significa que la andadura propiamente filosófica ya no cabe en cuanto tal: «No sería posible comparar la búsqueda filosófica de Filón c o n la de Platón. Platón se esfuerza por ele- varse a la visión del ser por un libre esfuerzo dialéctico. En Filón, se trata de la exégesis inspirada de pasajes escriturarios» (V. N i - koprowetzky, pág. 2 3 7 )1 1. Por vía de consecuencia, la distinción
11 A diferencia del judaismo palestino institucional, el judaismo de la Diás-