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AXIOMAS DE LA PRAGMÁTICA DE LA COMUNICACIÓN HUMANA 1 No es posible no comunicar (se).

CAPÍTULO 2: PRAGMATICA DE LA COMUNICACION HUMANA.

2.2 AXIOMAS DE LA PRAGMÁTICA DE LA COMUNICACIÓN HUMANA 1 No es posible no comunicar (se).

Este axioma está basado en una premisa inapelable: no hay nada contrario a comportarse; en otra palabras, no existe el no-comportamiento. Si además se acepta que en situaciones de interacción, toda conducta tiene un valor de mensaje, resulta que aun intentándolo, la comunicación no se puede evitar.

Ello ocurre porque, en última instancia, dicho acontecer no tiene que ver con las intenciones de que ello ocurra o no por parte de los interactuantes, sino con la condición que, participando éstos de una realidad compartida, resulta de hecho, imposible no hacerlo. Desde esta perspectiva y dentro de un contexto interaccional, conducta y comunicación se entienden entonces como sinónimos.

Todo gesto, toda forma de comportamiento en una instancia compartida con otras personas, constituye una forma de comunicación; no importa que no haya palabras. El silencio, el acercamiento o el alejamiento, la sonrisa o la indiferencia en presencia de otro (s), tienen un valor comunicativo y se manifiestan en tanto tales, es decir, operan como conductas y generan conductas en un entrelazamiento que sólo tiene fin, cuando alguno de los participantes abandona transitoria o definitivamente la situación.

Resulta difícil entonces, pretender que "no hay comunicación" en situaciones de convivencia cotidiana. La vida diaria de una persona en los distintos sistemas sociales en los que participa, se realiza inevitablemente en el lenguaje y la comunicación.

2.2.2 Toda comunicación tiene un aspecto de contenido y un aspecto de relación, tales que el segundo clasifica al primero, y es por ende una metacomunicación.

El presente axioma asume que la comunicación humana no se presenta en un solo nivel, sino que conlleva operaciones en dos niveles distintos. Uno que alude al contenido de lo comunicado y que se realiza mediante el uso de diversos sistemas de signos (en el caso humano, predominantemente lingüísticos) y otro, que

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refiere a la relación entre los comunicantes; dicho aspecto relacional opera como un 'calificador' que da un cierto marco de entendimiento a todo aquello que se expresa en el contenido de lo comunicado.

El nivel del contenido corresponde al nivel denotativo simple o, en otras palabras, a lo que es explícito dentro de un cierto mensaje. Incluye, entonces, todo lo que es comunicable, más allá de que sea cierto o no, válido o preciso. En el caso humano, se expresa por lo general a través de palabras o de lo que globalmente se denomina 'discurso', pudiendo ser éste hablado o escrito. Puede decirse, por tanto, que el nivel de contenido en la comunicación humana, principalmente trasmite información.

En lo relacional, por otra parte, aun cuando también hay trasmisión de información, ésta corresponde a otro orden lógico (superior), pues se trata de información acerca de la información; es decir,son 'instrucciones' respecto del cómo debe entenderse la información. Este aspecto está centrado en la relación entre los comunicantes. Acorde como ella se defina, se entenderá lo comunicado entre los interactuantes.

Lo relacional no es habitualmente explícito, sino por el contrario, corresponde a un aspecto meta- comunicacional del cual no se es conciente la generalidad de las veces. No por ello la relación entre los comunicantes (cualquiera sea su forma o tipo), no se manifiesta, sino que es omnipresente en todo intercambio comunicativo humano, sea éste de la naturaleza que sea.

Las distintas formas que constantemente asumen las relaciones entre las personas, producto de las diversas definiciones que de dichas relaciones hacen quienes participan en intercambios comunicativos de breve o prolongada duración, hacen que todo lo dicho o comunicado de cualquier modo, resulte en un cierto tono que matiza todo aquello que ocurre en la reciprocidad del convivir.

Así, aquellas relaciones definidas como de cooperación mutua, tiñen todo intercambio conductual- comunicativo con esa coloración y generan un sistema de convivencia particular, mientras se mantenga dicha definición de relación. Si cambia, por ejemplo, por una definición de relación competitiva, consecuente y contingentemente la calificación de todo lo dicho o hecho también cambia y el patrón global de interacción y comunicación se modifica.

Por tanto, la forma en que las personas llegan a definir sus relaciones de convivencia con aquellos que le rodean, no es un mero agregado a dicho convivir, sino que resulta ser un aspecto medular que señala los confines dentro de los cuales se entenderá la generalidad de los intercambios propios del compartir un espacio social, cualquiera que sea (trabajo, familia, escuela, grupo de amigos, club social, iglesia, etc).

2.2.3 Los seres humanos se comunican tanto digital, como analógicamente. El lenguaje digital cuenta con una sintaxis lógica compleja y poderosa, pero carece de una semántica adecuada en el campo de la relación, mientras que el lenguaje analógico posee la semántica, pero no una sintaxis adecuada para la definición de relaciones.

La tercera proposición axiomática de la teoría aquí revisada, se refiere a las dos grandes modalidades mediante las cuales se realiza el proceso de comunicación humana: lo digital, que se refiere a texto, palabras, discurso, etc. en última instancia contenido propiamente dicho y lo analógico, que alude a todas aquellas formas comunicativas distintas de lo que se quiere decir, diferentes de la temática, el contenido o el discurso.

Lo digital se circunscribe al qué de la comunicación, independientemente de que sea materializado mediante signos lingüísticos hablados o escritos, e incluso mediante señas particulares, como en la utilización de ciertos códigos específicos, al modo del utilizado por los sordomudos.

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Lo analógico, remite al espacio del cómo de los procesos comunicativos y guarda relación por tanto, con la diversidad de manifestaciones que acompañan --pero no en un sentido secundario--, a aquello expresado como contenido, ya sea mediante la verbalización, o el uso de cualquier otro código particular.

De la misma manera en que puede observarse que lo digital se halla estrechamente ligado a lo denotativo del intercambio comunicacional, es visible también que lo analógico se vincula con la dinámica de la connotación de todo mensaje intercambiado. Al mismo tiempo y por lo general, lo digital asume aquella parte del comunicarse que tiene que ver con la transmisión de los contenidos, en tanto que lo analógico se hace cargo de transportar los aspectos vinculados al tipo de relación existente entre los comunicantes, pudiendo ocasionalmente ser a la inversa.

La comunicación digital corresponde a un mayor nivel de abstracción que la analógica (ligada a lo presente y lo concreto) y se rige por principios lógicos de no contradicción. Esto permite mayor versatilidad y complejidad al mensaje digital. En tanto la lógica misma es producto de lo lingüístico (digital) esta modalidad conlleva la posibilidad de representar términos como 'no', 'si', 'dado que', 'y', 'o', 'ninguno', etc. y permite dar cuenta de conceptos que no tienen un referente concreto, tales como 'sabiduría', 'valor', 'fe', etc.

En lo analógico, en cambio, nada de lo anteriormente descrito es posible, o sólo lo es dentro de márgenes muy restringidos. En dicho espacio, todo se define positivamente, es decir, a través de comportamientos. No existe el no-comportamiento y, por lo tanto, la negación sólo es posible en el lenguaje digital.

En el modo analógico, la negación sólo se puede representar mediante la realización (primeramente) de aquello que se quiere negar o a través de la ejecución de una conducta claramente antogónica. Ambas formas pueden resultar ambiguas o confusas, pues el lenguaje analógico carece de los calificadores explícitos del lenguaje digital, para indicar cuál es el significado implícito. Por su parte, el modo digital no posee expresiones propiamente adecuadas para definir el aspecto relacional.

2.2.4 Todos los intercambios comunicacionales son simétricos o complementarios, según estén basados en la igualdad o en la diferencia.

Dentro de la diversidad de tipos de relaciones que pueden establecer personas que interactúan y se comunican (circunstancial o regularmente), la Pragmática de la Comunicación postula dos grandes categorías agrupadoras: las relaciones simétricas y las relaciones complementarias. Las primeras, conllevan una definición de relación que hace que ambos interactuantes realicen, o puedan realizar, el mismo tipo de comportamiento, y de hecho, están basadas en esa modalidad de intercambio. Quienes participan de ella, pueden jugarse bromas, llamarse la atención, realizar tareas domésticas, etc.

Por otra parte, las segundas, se basan en una definición de relación que implica comportamientos disímiles de ambas partes, y si así no fuera, la relación (o comunicación) no podría tener lugar. Los participantes en ella, deben aportar un comportamiento diferencial respecto del otro comunicante, de modo tal que la conducta de éste último, pueda tener lugar y sentido. Así, alguien ha de aceptar ser "regaloneado", para que otro alguien pueda expresar cuán cariñoso es. Algunos han de querer seguir directrices y permitir que otro tome la iniciativa, para que la conducta de liderar de éste último, pueda tener lugar y su liderazgo pueda, a la vez, tener algún sentido.

Si bien las relaciones complementarias implican la existencia de dos posiciones distintas, ello no debe considerarse como indicativo de una posición superior (positiva, buena, etc.) y otra inferior (negativa, mala, etc.). Este tipo de relaciones pueden constituirse a partir de convenciones sociales (médico-paciente, entrenador-jugadores), o del particular modo de relación de dos partes en interacción (amigos, pololos). Sin

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embargo, lo medular de la complementariedad consiste en que cada uno aporta a la relación, aceptando de un modo u otro, la definición que ambos hacen de ella.

2.2.5 La naturaleza de una relación depende de la puntuación de las secuencias de comunicación entre los comunicantes.

El quinto axioma aquí revisado, considera la comunicación como una secuencia ininterrumpida de hechos, mientras dos interactuantes permanezcan compartiendo una situación. Al ser de este modo, la interacción humana puede dar cabida a versiones parciales, pero igualmente válidas, de parte de cada uno de quienes participan de una cierta relación.

Cada individuo puede tener un entendimiento particular de las relaciones o realidades en que participa, a partir del punto o momento en que éste realiza su particular "lectura" de ellas, proceso al que globalmente se denomina puntuación. De hecho ésta no es buena ni mala, pero evidentemente 'organiza' los hechos en que las personas participan, y por lo tanto, resulta crucial para el curso que sigue la interacción entre ellas. Como se verá en la siguiente parte (2.3), las divergencias en el modo de puntuar la secuencia de hechos, se encuentran a la base de una gran parte de los conflictos en las relaciones interpersonales.

Así, la naturaleza o tipo de relaciones que se desarrollan, van siendo determinadas por la puntuación que los interactuantes realizan, acerca de los intercambios que están teniendo lugar en el proceso comunicativo global en que participan.