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A la memoria de mi abuelo Alfredo

y a la entereza de mi abuela Berta,

que dentro de poco apagará 90 velas.

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AGRADECIMIENTOS

Guardo una invaluable deuda de agradecimiento con el Dr. Humberto

Maturana, quien en estos últimos años siempre me ha brindado generosamente

su tiempo, su afecto y su estentórea risa. Con el Dr. Carlos Sluzki, quien no sólo

me ha honrado con su amistad, sino además, con su hospitalidad en los Estados

Unidos. También con el Dr. Barnett Pearce y el Dr. Vernon Cronen, a quienes

conocí en distintos lugares y momentos; ambos, además de la atención a

nuestras conversaciones, me proporcionaron material de apoyo para realizar mi

trabajo acerca de su teoría. Con la Fundación Interfas de Buenos Aires y sus

Directores Dora Schnitman y Saúl Fuks, a través de quienes pude tener contacto

directo y conocer a personas de inestimable valor, como Harold Goolishian,

Bradford Keeney, Lynn Hoffman, el Dr. Marcelo Pakman y el mismo Dr. Sluzki.

Tengo reconocimiento también para con la Universidad de Valparaíso, en la

cual he completado 10 años de trabajo académico, durante los cuales he

recibido el apoyo de muchos otros docentes como yo y de autoridades como el

ex-Rector Jorge Espinosa y el Dr. Ernesto Fernández, quienes respaldaron mis

primeras actividades de perfeccionamiento para cursar estudios de Post-título y

luego de Post-grado. Igual disposición encontré en los Profesores Juan Pinto y

Jorge Ruiz, mientras desempeñaron cargos en la División General Académica y,

hasta hoy, en el Decano Dr. David Sabah y el Rector Agustín Squella, lo cual me

compromete con el desarrollo y el futuro de esta Universidad.

A fin de cuentas, este libro representa la materialización de una diversidad de

formas de apoyo y, pertenece por tanto, a todos aquellos con quienes, en alguna

medida, he compartido estos últimos 10 años, muy especialmente mis colegas

de la Escuela de Psicología y las tres primeras promociones (1990, 1991 y 1992)

de la misma. Con este grupo humano hemos transitado un camino difícil, que

al mismo tiempo, creo yo, nos ha ido haciendo un poco mejores. De entre ellos,

mi reconocimiento por su conducta personal y su desempeño académico a

Osvaldo Corrales, Ayudante-alumno de la Cátedra Psicología de la

Comunicación, de valiosa ayuda en la parte final de este trabajo.

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1 Creo que como todos los libros, éste también tiene un largo proceso de gestación. Comenzó a incubarse --sin que yo lo supiera entonces-- hacia finales de 1988. En esa época, me asomaba al mundo de la Terapia Familiar Sistémica como un estudiante más de un Programa de Post-Título en la especialidad, aunque mi interés por la Teoría de Sistemas propiamente tal, había partido unos 10 años antes, a través de la Psicología Organizacional, cuando aún era alumno de pre-grado en la Universidad de Chile.

Al término del Programa de Terapia Familiar, me encontré junto a dos colegas más, con un tema de Seminario final que nadie había tomado al hacer sus elecciones; en el pizarrón, lacónicamente rezaba: "Terapia Familiar de Segundo Orden". Nadie sabía tampoco, demasiado, por no decir nada, de qué se trataba aquello. Aceptamos el tema con una mezcla de resignación y curiosidad. El artículo "On Second Order Family Therapy", de S. Golann, editado ese mismo año, constituía -al parecer por lo mismo- toda una novedad de la que había que enterarse. El trabajo, sin embargo, partió con el pie cambiado. Ni nuestra asesora para el Seminario ni ninguno de nosotros, prestó suficiente atención al término "on" del título del artículo a partir del cual se nos indicaba trabajar. Y eso, en conjunto con nuestro precario inglés de entonces, nos jugó una mala pasada, pues el artículo en el que estábamos basándonos, era la réplica a una publicación previa que todos desconocíamos.

Según leíamos el artículo de Golann, aumentaba nuestra sensación de estar entendiendo poco, hasta caer en cuenta que nos faltaba el artículo original, publicado hacía 3 años en una revista que no estaba disponible en Chile. Inicié un acelerado intento por contactarme directamente con Lynn Hoffman, la autora. Años después tuve oportunidad de conocerla personalmente y ella aún recordaba mi carta y cierto tono angustioso con el que le pedía su artículo. Al parecer tocada por lo mismo, me lo envió con prontitud, acompañado de una nota muy cordial. Ese trabajo, "Beyond Power and Control: Toward a Second Order Family Therapy" (Hoffman, 1985) con el tiempo ha pasado a constituirse en uno de los más frecuentemente citados en la literatura sobre terapia familiar de los últimos años, pues de hecho, propuso un primer marco teórico referencial amplio, para el desarrollo de modelos aplicados en dicho campo, con consideración de los principios cibernéticos de segundo orden.

Al momento de presentar oralmente el trabajo, aún no habíamos recibido la respuesta de L. Hoffman, y pasamos un difícil momento tratando de representar -malamente- la operatoria del Reflecting Team de Andersen (1987), que aparecía referido en el artículo de Golann como una herramienta representativa de esta nueva concepción de Terapia Familiar.

Una vez que pudimos leer el artículo que constituía el primer eslabón del pretendido trabajo, la mayor parte de las cosas se aclararon, lo cual nos permitió, por lo menos, "salvar el honor y recomponer la dignidad" con la entrega posterior de la parte escrita del Seminario. No hubo calendario para resarcirnos exponiendo de nuevo el trabajo, así es que sólo dimos las explicaciones relativas al desencuentro con el artículo de L. Hoffmann a nuestro grupo-curso en la reunión evaluativa final del Programa.

En lo personal, esta experiencia constituyó un hito relevante: por primera vez, para mí, aparecieron hilvanadas en una trama teórica con proyecciones para el campo de la Terapia Familiar, las ideas de H.Maturana, F. Varela, E. von Glasersfeld y H. von Foerster.

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2 fundar la "Cibernética de Tercer Orden"; creo que lo personalizaron en mí y no en mis otros compañeros de Seminario, en tanto me percibían más vivamente interesado en este tipo de nociones y planteamientos. Y aunque la profecía, ciertamente no se ha cumplido, este libro constituye una síntesis integrada y largamente decantada, de los principios cibernéticos que empecé a conocer a partir de entonces.

Quise colocar en la portada el dibujo "Banda sin fin", del pintor holandés M.C. Escher (1956), pues al igual que gran parte de su obra, es una bella representación estética de la condición cerrada, autorreferencial y recursiva, que se ha venido develando en los últimos treinta años respecto de los procesos interactivos y cognoscitivos humanos, aspecto que constituye a la vez, el rasgo peculiar y distintivo de la Cibernética de Segundo Orden. Dichos hallazgos, provenientes de la neurofisiología, establecieron un nuevo referente para observar los procesos de interacción y comunicación humanas, aunque quizás ya estaban incorporados de manera intuitiva en la obra de artistas como Escher, célebre por la creación de mundos gráficos imposibles, donde las perspectivas se trastocan de modo tal, que los límites y condicionamientos de la percepción humana se ven fuertemente confrontados.

Creo que la epistemología cibernética con sus implicancias y aplicaciones en el campo de la Terapia Familiar es, probablemente, la dimensión que connota en forma más marcada, el sentido último de esta obra. De allí que aparezca incluida en el título mismo del libro, más allá de la importancia en extensión y alcances, que sin duda tienen por sí mismas, las teorías de comunicación que en él se revisan.

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Mientras leo este volumen rico, complejo, de Guido Demicheli, psicólogo y académico chileno, me encuentro pensando en dos temas aparentemente no relacionados entre sí; a saber, cartografía y etimología. Mi libertad como prologuista me permite imponer esas disquisiciones al lector desprevenido.

El famoso dictum de Korzibsky “el mapa no es el territorio, el nombre no es la cosa nombrada”, ha sido citado una y otra vez en la influyente literatura de Gregory Bateson. Su referente es, por cierto, el trazado de mapas conceptuales, es decir, de los modelos mentales que utilizamos para orientarnos y organizar la realidad (la metáfora compite con éxito, desde mi punto de vista, con la de Thomas Kuhn, quien describía a los modelos como redes con las que cazamos o aprehendemos la realidad).

Los primeros mapamundis, trazados cientos de años atrás, resultan, desde nuestra sofisticada perspectiva actual, deliciosamente ingenuos y transparentes en su simplicidad: los diseños definían el punto de vista del cartógrafo y del observador, como localizado en el centro del universo (¡cómo podía ser de otra manera!), y al universo como todo aquello que el cartógrafo podía observar, o que los paseantes le informaban como existiendo más allá de su visión. El mundo era bidimensional, plano y simple, y de hecho el mapa cumplía sus funciones útiles para el viajero, informándole no sólo las características del territorio adyacente, sino dónde terminaba el universo de lo conocido: quienes incursionaban más allá de sus confines no regresaban más, se los tragaba la tierra, caían en las cataratas al borde del fin del mundo plano, víctimas tal vez de la falta de contra – mapas que les permitieran re-trazar sus caminos de regreso, cuando no de brigantes o tribus vecinas hostiles, cada una de ellas con sus propios mapas que definían sus propios confines regionales. La competición de los grandes poderes europeos por nuevos mercados, durante la edad media, y la explosión informativa del Renacimiento, dando crédito a la tridimensionalidad de nuestro planeta y a su finitud, empujó la cartografía a nuevos niveles de complejidad. Los trazados de los continentes – en su tensión constante entre representación (detalle, precisión de imagen) y orientación (utilidad instrumental para los usuarios) – comenzó por los bordes, tal cual es el caso de esos portolanos medievales para cuyos diseñadores lo importante no era una representación adecuada del globo, sino su efectividad para orientar a los navegantes. Aparecieron, así, esos mapas que muestran continentes de terra

incógnita, vacía de todo rasgo, rodeada por una costa plena de notaciones minuciosas conteniendo la

información necesaria para su navegación. Con el paso del tiempo, las áreas en blanco fueron siendo llenadas, trazadas y re-trazadas, y a la aventura del diseño cartográfico siguió la tarea no menos fascinante de ensamblar la información de modo de establecer las conexiones: no sólo se re-trazaron las observaciones de los viajeros originales, sino que se fue armando el conjunto con las piezas del rompecabezas de los múltiples mini-mapas dibujados desde distintos puntos de vista o de partida, encajados entre sí como piezas dúctiles que se fueron dando mutuamente forma hasta llegar al acuerdo actual de cómo representar cartográficamente a nuestro navío espacial Tierra.

Cada disciplina tiene como puertos de partida los viajes de navegantes osados que propusieron mapas, modelos y visiones, que de hecho, más que permitir descubrir el territorio de la disciplina y sus confines, la inventaron. Guido Demicheli nos provee una cartografía rica, texturada y compleja de esos modelos, tomando como puntos de partida los primeros mapas que guiaron a quienes incursionaron en el territorio para entonces virgen de la Terapia Familiar, y nos alerta frente al proceso mediante el cual esos mapas influyeron selectivamente en esos viajeros, generando figuras donde hasta entonces sólo había fondo, permitiéndoles ver cosas nuevas y maravillosas, a la vez que sustrayendo selectivamente su atención de otros eventos no relevantes para los mapas/modelos usados como guía. Demicheli nos muestra luego, cómo otros mapas/modelos (algunos más influyentes, tales como los modelos intermedios del equipo reflexivo, algunos menos centrales pero no menos útiles, como la teoría CMM) se entrecruzaron con los anteriores, a veces enriqueciéndolos, a veces simplemente abriendo nuevas dimensiones de exploración, a veces compitiendo en términos de atraer la atención de los exploradores (de nosotros, exploradores) a nuevas dimensiones, a expensas de otras ya reconocidas, generando batallas en las que lo importante es

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El cibernetista Heinz von Foerster, en el curso de una presentación plenaria que le escuché en Bruselas, creo en 1987, hizo una disquisición fascinante acerca de las raíces etimológicas de epistemología, understanding (palabra inglesa lega aproximadamente equivalente a la primera, cuya traducción más apropiada al castellano es “comprender”) y verstehen (el término alemán equivalente). “Epistemología” tiene dos raíces griegas: epi – por encima - e histamein – donde se está -, lo que coloca al observador apropiadamente fuera del objeto de observación, o más precisamente, por encima. “Understanding”, a su vez, está compuesta por under – por debajo – y standing – estar parado o estar -, estableciendo una vez más esa relación de distancia de nivel entre el observador y lo observado, si bien colocándolo por debajo, y no por arriba, del objeto de observación, lo que va bien ya que mantiene la distinción de tipos lógicos tan propia del dualismo newtoniano. Y finalmente, el “verstehen” alemán contiene ver – delante – y stehen – donde se está - . Así, estos tres vocablos relacionados denotan la posición “meta” del observador para abarcar lo observado, a cierta distancia (arriba, abajo o adelante, según la lengua) o a otro nivel lógico.

El recuerdo de esta observación fascinante de von Foerster me empuja, a mi vez, a explorar las raíces latinas del vocablo hispano con que traducimos undertanding y verstehen, y aun con que simplificamos la compleja denotación de “epistemología”, a saber, “ comprender”. Y resulta que “comprender” deriva de dos vocablos latinos, cum o com, un prefijo colectivo por excelencia, que expresa la relación de dos o más personas en compañía o reunión (piénsese en con-fluir, con-versar, con-sentir, con-cordar, com-binar) y

prendere, coger o aprehender. Así, para mi sorpresa, descubro que la raíz de este vocablo clave, usado por

centurias en nuestra lengua, posee una base conceptual que resuena con la cibernética de segundo orden: “comprender” realza la naturaleza consensual (más que la naturaleza “meta”) del proceso de aprehensión de la realidad: este proceso requiere acuerdo, requiere al otro, requiere consenso. Esta sabiduría etimológica, espero, sorprenderá también al lector que acompañe a Demicheli en su discusión crucial acerca del pasaje de la cibernética de primer orden – así llamada “cibernética de los sistemas observados” – a la de segundo orden – así llamada “cibernética de los sistemas observantes” -, punto clave para seguir los desarrollos de la Terapia Familiar desde sus albores a su estado actual.

Este libro constituye un mapa bienvenido que nos ayuda a familiarizarnos con aquellos modelos capturados por nuestro campo que lo han influido más acabadamente y que, a su vez, se vieron influidos por él. Comunicación en Terapia Familiar Sistémica, da cuenta cabal de la complejidad conceptual y política que subyace a los modelos influyentes en el campo de la Terapia Familiar, a la vez que su autor nos recuerda que estos modelos no son propiedad de dicho campo específico, sino que, a lo sumo, los hemos incorporado para ayudarnos a pensar y ver y hacer, al mismo tiempo que, tal vez, hemos contribuido un poco a su desarrollo. Este libro se inscribe así y, lo que es aún más importante, permite al lector participar en el doble proceso dialéctico enriquecedor de aprender y contribuir, de descubrir y construir.

Carlos E. Sluzki, M. D. Santa Bárbara, abril de 1995.

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Este libro pretende, principalmente, bosquejar el modo en que la Teoría General de Sistemas, la Cibernética, y las dos principales teorías de Comunicación de los últimos años (Pragmática de la Comunicación Humana de P. Watzlawick et al., 1967, y Coordinated Management of Meaning de B. Pearce y V. Cronen, 1980), han evolucionado, incidiendo de manera significativa en el curso seguido por la Terapia Familiar Sistémica durante estos 25 años.

El primer capítulo, reseña a grandes trazos la manera en que la Teoría General de Sistemas y la Cibernética (en su triple expresión) se generan y entrelazan, desarrollando progresivas conexiones con la Terapia Familiar de orden sistémico.

El segundo capítulo da cuenta, desde un punto de vista teórico, de los axiomas básicos de la Pragmática de la Comunicación Humana (PCH), así como de la comunicación paradójica y sus potencialidades patológicas y curativas.

El tercer capítulo está dedicado a revisar los aspectos centrales del Enfoque Estratégico en Terapia Familiar Sistémica, tanto en sus dimensiones teórico-clínicas, como en sus recursos técnicos.

Dado que los principios teóricos de la Pragmática y los fundamentos y modalidades propias del Enfoque Estratégico de los capítulos 2 y 3 son los de más amplia difusión, han sido aquí deliberadamente circunscritos a las dimensiones más medulares y expresivas de lo que ellos representan.

Por el contrario, los capítulos 1, 4 y 5 evidencian mayor extensión: el número 1, introduce al amplio campo de la Teoría de Sistemas, describe sus principios fundamentales y señala sus vínculos y diferencias con la Cibernética. Revisa los desarrollos teóricos de ésta última, y la derivación que tuvieron los principios cibernéticos haciendo que esta disciplina pasara de ser una teoría, a ser una epistemología.

El cuarto capítulo, revisa las proposiciones generales y específicas de la teoría CMM (Coordinated Management of Meaning), sus conceptos centrales, el modelo jerárquico de significaciones que propone para explicar la comunicación humana, y las reglas que gobiernan dicha dinámica. Esta teoría de comunicación -que aún no cuenta con versión hispana- parte de premisas medularmente distintas a las de la Pragmática y evidencia, como conjunto, diferencias significativas con esa proposición teórica.

El quinto capítulo trata, en su primera parte, aquellos aspectos provenientes de las Cibernética de Segundo Orden y del llamado Constructivismo, los cuales constituyen las bases teórico-epistemológicas del Enfoque Reflexivo en Terapia Familiar Sistémica. Seguidamente, se revisan los fundamentos de este enfoque psicoterapéutico, sus premisas epistemológicas, sus derivaciones éticas y su operatoria técnica; ésta última, a través de una descripción de los diversos tipos de 'preguntas, reflexivas' (Tomm,1987b) que constituyen la llamada 'entrevista interventiva' (Tomm, 1987a) y de la operatoria del 'Reflecting Team' (Andersen, 1987).

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2 Es necesario, finalmente, señalar que el tipo de planteamientos (sistémicos y cibernéticos) utilizados y enfatizados en el presente texto, van más allá de los límites del quehacer psicoterapéutico; en efecto, las propuestas cibernéticas para los sistemas educacionales y políticos, por ejemplo, (Maturana, 1991) son una clara evidencia de ello, pues pareciera que la nociones de 'circularidad', 'recursividad' y 'pauta organizativa' (nódulos centrales de la Cibernética) son suficientemente aplicables a la diversidad de sistemas que el hombre ha ido configurando en su deriva como ser social.

En consecuencia, ha de entenderse que en esta obra, se ha hecho una opción preferente sobre un ámbito específico -el de la psicoterapia- y sobre otro más particular aun -el de la terapia Familiar Sistémica- sin que ello valide ninguna suposición que pretenda que las proposiciones globales aquí empleadas, se encuentran circunscritas sólo al campo particular del quehacer psicoterapeútico.

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PREFACIO.

AGRADECIMIENTOS. INTRODUCCION.

CAPITULO 1. TEORIA GENERAL DE SISTEMAS Y CIBERNETICA: LOS ORIGENES DE UNA NUEVA EPISTEMOLOGIA.

1.1 BREVE PREAMBULO ACERCA DE EPISTEMOLOGIAS

1.1.1 Epistemología lineal.

1.1.2 Epistemología sistémico-circular. 1.1.3 Epistemología cibernética de la pauta.

1.2 TEORIA GENERAL DE LOS SISTEMAS.

1.2.1 Antecedentes históricos.

1.2.2 Definición y delimitación de los sistemas.

1.2.3 Los sistemas y su condición de apertura operacional. A. Incorporación de energía/información.

B. El procesamiento. C. El resultado.

1.2.4 Características generales de los sistemas abiertos. 1.2.4.1 Totalidad.

1.2.4.2 Homeostásis y estado estable. 1.2.4.3 Retroalimentación.

1.2.4.4 Diferenciación y especialización. 1.2.4.5 Equifinalidad.

1.3 CIBERNETICA.

1.3.1 Antecedentes históricos.

1.3.2 Desarrollo y etapas de la Cibernética. 1.3.2.1 Cibernética de Primer Orden. 1.3.2.2 Cibernética de Segundo Orden. 1.3.3 Los senderos de una nueva epistemología.

1.3.4 Hacia una epistemología cibernética para la psicoterapia.

CAPÍTULO 2. PRAGMATICA DE LA COMUNICACION HUMANA.

2.1 BASES EPISTEMOLÓGICAS DE LA PRAGMÁTICA DE LA COMUNI-CACIÓN. 2.2 AXIOMAS DE LA PRAGMÁTICA DE LA COMUNICACIÓN HUMANA.

2.2.1 Axioma I 2.2.2 Axioma II 2.2.3 Axioma III 2.2.4 Axioma IV 2.2.5 Axioma V

2.3 LOS AXIOMAS DE LA COMUNICACIÓN Y SU PATOLOGÍA.

2.3.1 La imposibilidad de no comunicarse. 2.3.2 El contenido y la relación.

2.3.3 Lo digital y lo analógico. 2.3.4 Simetría y complementariedad.

2.3.5 La puntuación de la secuencia de hechos.

2.4 LA COMUNICACIÓN PARADÓJICA.

• Antinomias

• Definiciones paradójicas. • Paradojas pragmáticas.

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3.1 LOS FUNDAMENTOS TEÓRICOS DEL ENFOQUE ESTRATÉGICO.

3.1.1 Las reglas de comunicación en sistemas familiares. 3.1.2 Las etapas del ciclo familiar.

I El galanteo. II El matrimonio.

III El nacimiento de los hijos.

IV El período intermedio del matrimonio. V La partida de los hijos.

VI El retiro y la vejez. 3.1.3 Las modalidades del cambio.

3.1.4 La noción de doble vínculo terapéutico.

3.2 LA CONCEPCIÓN OPERATIVA DEL ENFOQUE ESTRATÉGICO. 3.3 LAS TÉCNICAS DEL ENFOQUE ESTRATÉGICO.

3.3.1 Instrucciones directas. 3.3.2 Instrucciones paradójicas. 3.3.3 Redefinición.

3.3.4 Connotación positiva. 3.3.5 Prescripción del síntoma. 3.3.6 Desalentar.

CAPÍTULO 4. TEORIA CMM: COORDINATED MANAGEMENT OF MEANINGS. 4.1 ASPECTOS GENERALES.

4.2 PROPOSICIONES GENERALES DE LA TEORÍA CMM.

• Proposición I. • Proposición II. • Proposición III. • Proposición IV. • Proposición V. • Proposición VI. • Proposición VII. • Proposición VIII. • Proposición IX.

4.3 PROPOSICIONES ESPECÍFICAS DE LA TEORÍA CMM.

4.3.1 Concepto de relaciones jerárquicas. 4.3.2 Concepto de reflexividad.

• Proposición I. • Proposición II. • Proposición III.

• Modelo jerárquico de significaciones. Patrones culturales. Guiones de vida. Relación. Episodios. Actos comunicativos. Contenidos. • Proposición IV.

4.3.3 El principio de transitividad en las reglas constitutivas. 4.3.4 Las bases culturales y experienciales de la transitividad.

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5.1 LOS FUNDAMENTOS TEÓRICOS DEL ENFOQUE REFLEXIVO.

5.1.1 Cibernética de Segundo Orden. 5.1.2 Lenguaje.

5.1.3 Reflexividad. 5.1.4 Sistema observante.

5.1.5 Determinismo estructural, clausura operacional, autonomía. 5.1.6 La familia como sistema autónomo.

5.1.7 Objetividad.

5.1.8 Hipotetización, circularidad, neutralidad.

5.2 LA CONCEPCIÓN OPERATIVA DEL ENFOQUE REFLEXIVO.

5.2.1 El Reflecting Team. 5.2.2 Las Preguntas Reflexivas.

5.3 LOS TIPOS DE PREGUNTAS DEL ENFOQUE REFLEXIVO.

5.3.1 Preguntas orientadas al futuro. 5.3.2 Preguntas perspectiva-observador.

5.3.3 Preguntas de cambio inesperado de contexto. 5.3.4 Preguntas con sugerencia incorporada. 5.3.5 Preguntas de comparación normativa. 5.3.6 Preguntas que clarifican distinciones. 5.3.7 Preguntas que introducen hipótesis. 5.3.8 Preguntas de interrupción de procesos.

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CAPÍTULO 1: TEORIA GENERAL DE SISTEMAS Y CIBERNETICA: LOS ORIGENES DE UNA NUEVA EPISTEMOLOGIA.

En los últimos 50 años se ha venido produciendo un cambio epistemológico verdaderamente radical para la ciencia y, por lo tanto, de extraodinaria significación para todo este ámbito de quehacer humano. El advenimiento de la Teoría General de Sistemas y el desarrollo casi paralelo de la Cibernética, juegan un papel fundamental en el curso que ha seguido el quehacer científico durante dicho período.

1.1 BREVE PREAMBULO ACERCA DE EPISTEMOLOGIAS.

Los usos, sentidos y alcances de los términos epistemología y cibernética han sido múltiples y diversos, en parte producto de la evolución de dichos términos dentro del código lingüístico de los científicos o, mejor dicho, de las transformaciones que la propia noción de conocimiento ha ido experimentando durante el transcurso de la historia misma de la ciencia.

En la tradición filosófica, por ejemplo, el término epistemología refiere principalmente a una pregunta global por el conocer usando como instrumento la reflexión; remite, por tanto, a un conjunto de procedimientos analíticos diversos, orientados, en última instancia, a definir los límites y la validez de lo que formalmente podemos saber/conocer.

En este ámbito, la epistemología es entendida como aquella "...rama de la filosofía que estudia la investigación científica y su producto, el conocimiento científico " (Bunge, 1980).

La "epistemología experimental" por su parte, denominación que dio W.S Mc Culloch, biólogo investigador del célebre M.I.T. a un conjunto de trabajos iniciados en la década del 30 en el campo de la neurofisiología y orientados a desentrañar la organización del sistema nervioso que hace posible el conocer, refiere a otra concepción de epistemología que muy poco o nada tiene que ver con la tradición filosófica. En efecto, Mc Culloch sostenía que el desarrollo de la Psicología como ciencia, pasaba por estudiar los sistemas de relaciones formales que, por decirlo de algún modo, corporizan la mente.

Según Dell (1985), Bateson utilizaba el término epistemología en a lo menos cinco sentidos distintos: como teoría del conocimiento, como paradigma, como cosmología biológica, como ciencia y como estructura caracterológica personal .

Globalmente, puede decirse que Bateson sostuvo siempre que mucho más básica que cualquier teoría en particular, era la epistemología, en tanto entendía a ésta como dando cuenta de las reglas de operación que gobiernan la cognición, el conocimiento como acto. Según sus planteos, en la epistemología de cada individuo se encuentran las premisas básicas que subyacen a las acciones y cogniciones de cada cual.

En la concepción de Bateson (1982), la epistemología gira en torno a las reglas que utilizamos para otorgarle sentido al mundo, para configurarlo coherentemente en cada uno de nosotros; es decir, la epistemología se ocupa de las operaciones que realizamos para conocer, pensar y decidir.

Atendidos los postulados de Bateson, en el dominio socio-cultural puede entenderse que la epistemología refiere al estudio del modo en que las personas --o sistemas humanos-- conocen cosas y al modo en que ellas piensan que conocen cosas; es decir, el estudio de la epistemología en este ámbito, conduce a la revisión de cómo las personas construyen y mantienen sus hábitos de cognición (Keeney, 1987).

Durante todo el libro, el término epistemología es utilizado en el sentido de Bateson y Keeney, es decir, se le emplea como una manera de aludir y enfatizar el modo --y los procesos que subyacen a éste-- en que los

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Guido Demicheli M.

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seres humanos construyen y organizan las distintas realidades en que participan. En síntesis, las principales distinciones que pueden realizarse en este ámbito, dicen relación con:

1.1.1 Una epistemología lineal-causal: basada en la noción que una cosa causa a la otra, es decir,

sustentada en la idea que todo fenómeno tiene un origen específico y que sus componentes específicos poseen propiedades inherentes que actúan como determinantes causales de su expresión última. Este entendimiento proviene de la Física newtoniana y fue adoptado con mayor o menor grado de analogía, por los modelos sociológicos y psicológicos clásicos. El psicoanálisis, por ejemplo, la teoría de mayor trascendencia en los inicios de la psicología, sostiene sus explicaciones y tratamiento del comportamiento humano, basado en premisas epistemológicas fundadas en un modelo de energía psíquica (la libido), en que participan distintas fuerzas (impulsos eróticos o tanáticos) y regulado por mecanismos de diverso orden. Si se presta atención a este planteamiento teórico, se verá que enfatiza lo intrapsíquico, lo monádico y los atributos inherentes; en consecuencia, su epistemología no puede ser sino causal y unidireccional.

1.1.2 Una epistemología sistémico-circular: basada en las nociones holísticas, que enfatizan la reciprocidad

de las relaciones y las dependencias entre los distintas partes que constituyen una realidad o fenoméno particular en estudio. Desde esta perspectiva, los organismos o sistemas se conciben como estructuras unificadas, coherentes en su dinámica interna e irreductibles a la suma de sus componentes, sin que se pierda una parte fundamental de lo que se pretende describir o explicar. El método analítico tradicional de descomponer lo más finamente posible el todo en sus partes, resulta aquí inaplicable, ya que el énfasis está puesto justamente en tratar de configurar una visión de conjunto que señale, con la mayor claridad, la mayor cantidad de relaciones posibles que se presentan en el fenómeno o sistema en estudio. De este modo, la consideración del medio o entorno en que se halla un sistema o se presenta un fenómeno, pasa a ser factor central para su comprensión. Se entiende que conforman el medio/entorno del sistema todos aquellos elementos no contenidos en éste, pero que en tanto cambian afectan su dinámica, al tiempo que se ven también afectados, como resultado de las modificaciones de estado del sistema. Desde esta perspectiva, no hay intento explicativo a partir de características inherentes al sistema (por ejemplo, elementos intrapsíquicos o rasgos de personalidad) o de causalidad lineal, sino una óptica en que se considera que causa y efecto son distinciones que realiza un observador al puntuar de una cierta manera la realidad, en tanto que en la dinámica de los procesos sistémicos operan de una manera circular en que la una y la otra resultan, de hecho, indistinguibles e inseparables.

Un ejemplo tomado de P. Watzlawick: en determinado momento de la crisis petrolera de los 70, en Estados Unidos circularon rumores que habría desabastecimiento de combustibles. Los automovilistas comenzaron a llenar sus estanques, por si se presentase la eventualidad. Comenzaron a hacerse filas en las gasolineras; eso llamó la atención de otra gente y pronto las estaciones de servicio se hallaban atestadas de personas que querían aprovisionarse de bencina en cantidades que no requerían habitualmente. En pocos días hubo crisis y el desabastecimiento efectivamente se produjo. ¿ Cuál fue el efecto y cuál fué la causa ?.

1.1.3 Una epistemología cibernética o de la pauta: focalizada en el intento por discernir los patrones o

pautas que organizan, configuran y/o corporizan ciertos eventos o sistemas, ya sean materiales o inmateriales. Dicho aspecto, (la materialidad) no tiene aquí importancia, en tanto esta epistemología claramente enfatiza la forma respecto de la materia. Lo que se quiere dilucidar es el modo en que están organizados los eventos o sistemas que se tratan de explicar, en términos del patrón que los constituye y hace posible distinguirlos como tales. En este mismo sentido, la epistemología cibernética está principalmente orientada a cambiar el foco desde la sustancia/materia a la forma/patrón y, por lo tanto, no hace el mismo énfasis en el todo por sobre las partes, como la epistemología sistémica, sino que examina tanto el todo como las partes, en búsqueda de sus respectivas configuraciones distintivas. Tampoco esto hace incompatible los aspectos físicos con los relacionales. Por ejemplo, en el caso de una máquina cualquiera, la pauta de relaciones que la configura como tal, está dada por la organización de sus componentes en una cierta forma particular. Dicha configuración puede además ser dintinguida --en tanto

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Guido Demicheli M.

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relaciones--, con absoluta prescindencia de las propiedades materiales de dichos componentes. Al mismo tiempo, también se puede señalar el patrón que configura a cada componente material en tanto tal, para lo cual resulta irrelevante la distinción de la pauta que configura a la máquina como entidad.

Por razones de orden diverso, existe una tendencia a asociar la cibernética con el campo más circunscrito de la computación y, a partir de dicha asociación, a considerar que esta perspectiva epistemológica --como conjunto-- pretende aplicar un reduccionismo proveniente de las máquinas y la tecnología, a fenómenos humanos y sociales. Eso tiene un fundamento, aunque distorsionado, en los orígenes (matemáticos) de la Cibernética. G. Bateson, quien llevó estas ideas al campo de las ciencias sociales, aludía con el término 'mente' a la pauta organizativa, concibiéndola como aplicable no sólo a algo que estaría "dentro de la cabeza", sino que a todo fenómeno donde es posible señalar conexiones y distinguir configuraciones, sean éstos redes de conversaciones como las culturas, cadenas de componentes de la naturaleza como los sistemas ecológicos, o agrupaciones de seres humanos como las sociedades.

1.2 TEORIA GENERAL DE SISTEMAS. 1.2.1 Antecedentes históricos.

La Teoría General de los Sistemas comenzó a ser desarrollada desde los años 30 por el biólogo austro-canadiense L. von Bertalanffy, aun cuando fue formalizada en dos trabajos bastantes posteriores en los años 1955 y 1956. (En von Bertalanffy, 1976).

Haciendo un recuento de sus escritos, que se remontan a inicios de los 40, von Bertalanffy (1976), señala que él introdujo la expresión "teoría general de los sistemas" , deliberadamente en un sentido amplio. Lo que importaba, según este autor, era la incorporación del "sistema" como un nuevo paradigma científico, en contraste con el paradigma analítico, mecanicista, unidireccionalmente causal, de la ciencia clásica (pag. XV).

En 1937, durante el desarrollo de un Seminario de Filosofía en la Universidad de Chicago, él expuso --como una extensión de su trabajo en biología-- algunos elementos de lo que más tarde sería su proposición fundamental.

En un lenguaje no técnico, von Bertalanffy publica, en 1955, un artículo que contiene aspectos centrales (isomorfismo, entropía, retroalimentación, equifinalidad), de lo que será su formalización teórica posterior. Al año siguiente, General Systems Theory es el artículo inicial (pags. 1-10) -más formalizado y técnico que el de 1955- del primer Anuario de la Sociedad para la Investigación General de los Sistemas, creada por el mismo Bertalanffy, el bio-matemático A. Rapaport y el fisiólogo R. Gerard en 1954.

La Teoría General de Sistemas --biológica en sus orígenes-- corresponde a una formalización lógico-matemática que por la generalidad de sus principios básicos (totalidad, equifinalidad, entropía y otros) adquirió notoria difusión y aplicación en el ámbito de las ciencias sociales en los años siguientes a su formulación original. Distintas disciplinas como la Administración, la Psicología o la Comunicación, acogieron y adaptaron sus conceptos y desarrollaron modelos fundados en dicho corpus teórico. Al mismo tiempo, la llamada Ingeniería de Sistemas adquirió gran relevancia y llegó a establecerse como expresión predominante en el campo, durante los años 70.

Dichos conceptos fueron rápidamente acogidos y adaptados en diversas disciplinas: en Psicología, la Teoría Organizacional de Katz y Kahn, (1966), la Pragmática de la Comunicación (Watzlawick, Beavin y Jackson, 1967) y el Modelo Estratégico en Terapia Familiar (Haley, 1973, Watzlawick, Weakland y Fisch, 1974), son expresión manifiesta de las primeras y principales aplicaciones de la Teoría General de Sistemas en esos ámbitos.

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De hecho, en Psicología sentaron las bases para el desarrollo de toda la Terapia Familiar Sistémica hasta nuestros días. En el ámbito específico de la Terapia Familiar, puede decirse que la Teoría General de los Sistemas proporcionó una base sólida y coherente para comenzar a conceptualizar a la familia como un

Sistema.

Esta teoría proporciona un andamiaje conceptual divergente con el modelo médico tradicionalmente aplicado a la psiquiatría clásica, en tanto desplaza el énfasis de los intentos explicativos desde lo individual (aspectos intrapsíquicos), hacia la búsqueda de explicaciones en la interacción y la comunicación entre las personas (aspectos relacionales).

Aunque hubo también, otras formas de aplicación derivadas de la teoría de sistemas --principalmente en Terapia Familiar-- durante los años 70, las ciencias sociales tendieron a quedarse en el desarrollo de los hallazgos y proposiciones de la década anterior. Los aportes más significativos provinieron entonces de la Cibernética.1

1.2.2 Definición y delimitación de los sistemas.

La definición más general de 'sistema', considera que se trata de totalidades que resultan de la relación existente entre las distintas partes que las componen, y que son indivisibles mediante análisis, en tanto dichas totalidades poseen condiciones cualitativas propias, que no pueden emerger o estar representadas mediante la sumatoria o agregación de sus partes componentes.

Un aspecto fundamental de esclarecer al tratar con entidades de cualquier tipo, definidas como 'sistemas', es la delimitación de éstas y consecuentemente, de lo que se entenderá como su entorno. De acuerdo a Hall y Fagen (1956), éste correspondería al conjunto de objetos y fenómenos que son modificados, o modifican al sistema, como resultado de su interacción con éste.

Watzlawick et al. (1974) sostienen que la conceptualización sistema-medio o sistema-subsistema y la distinción de sistemas abiertos y cerrados, " ... explica en considerable medida, la eficacia de la teoría de los sistemas generales para estudiar los sistemas vivos, ya sea biológicos, psicológicos o interaccionales" (pag. 118).

Los seres humanos participan diariamente en múltiples sistemas sociales, adquiriendo y representando en ellos diversas identidades, todas ellas transitorias por definición, aun cuando unas más estables que otras en el tiempo. Así por ejemplo, considerando sólo la familia, puede verse que en tanto miembros de ella, cada uno de quienes la integran, se comporta o comunica en, a lo menos, dos dominios diferentes todo el tiempo:

PADRE MADRE JOAQUIN: --- ALEJANDRA: --- ESPOSO ESPOSA

1 La más relevante de las contribuciones teóricas en ciencias sociales con fundamento en la Teoría General de Sistemas

en los últimos años, es sin duda la del sociólogo alemán Niklas Luhmannn, que en 1984 publicó su obra de mayor amplitud y pretensión: Soziale Systeme: Grundrisse einer allgemeinen Theorie. (Sistemas Sociales: bosquejo de una Teoría general).

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HIJO HIJA ALBERTO: --- CONSTANZA: --- HERMANO HERMANA

Lo anterior, sin considerar las familias de origen y extensas de cada uno de los cónyuges, ni las distintas actividades laborales (estudiantiles), sociales, religiosas, etc., de cada una de las personas que conforman el grupo familiar.

Un aspecto relevante (y ciertamente reiterado), que un terapeuta familiar puede visualizar en las problemáticas que presentan las familias, dice relación con el manejo de los límites que ésta como conjunto hace, respecto de otros subsistemas con los cuales interactúan sus miembros como individuos, o ella como agrupación (trabajo o familiares políticos, por ejemplo).

Como la conducta de cualquier persona (un adolescente, por ejemplo), resulta ser una intersección de su actuar personal con otros sistemas de interacción (amigos, polola, padre que vive separado de él, etc.), es más o menos evidente que esos distintos encuentros y el manejo de la distancia o límites respecto de ellos, tiene incidencia en el funcionamiento del sistema familiar a que él pertenece de manera más predominante o permanente.

La consideración de este aspecto es relevante en la tarea del terapeuta familiar. La Teoría General de los Sistemas ha resultado crucial en tal sentido, pues ha proporcionado el fundamento para entender la interacción humana como un fenómeno que se constituye a partir de la recurrencia interactiva entre seres vivos, pero que se expresa al mismo tiempo en una multiplicidad de dominios sociales (y emocionales), que deben ser compatibilizados y armonizados permanentemente.

La preocupación por estas dimensiones y sus dinámicas asociadas, llevó al desarrollo de una de las primeras 'escuelas' dentro de la Terapia Familiar de orden sistémico: el llamado Enfoque Estructural (Minuchin, 1977).

1.2.3 Los sistemas y su condición de apertura operacional.

En una primera etapa, el estudio de los sistemas y sus procesos, estuvo centrado en las relaciones entre el todo y sus componentes, así como en las interrelaciones entre éstos últimos. No hay una noción cabal de sistema cerrado, pero el énfasis apunta claramente a una focalización en las relaciones internas de los sistemas.

Un avance significativo tiene lugar cuando el foco de interés se desplaza, desde la observación de las relaciones al interior del sistema (relaciones parte-todo), a la observación de las condiciones externas al sistema y de las relaciones de éste con aquéllas (relaciones sistema-ambiente). Las relaciones internas adquieren ahora un sentido, en relación con el ambiente; constituyen un recurso instrumental para la viabilidad y la sobrevivencia del sistema.

Dentro de esta etapa, hay un primer énfasis en los procesos morfostáticos, esto es, en aquellos que dan cuenta de la organización del sistema como contrarresto de las tendencias entrópicas, mediante operaciones que establecen y controlan selectivamente sus intercambios con el medio externo. Un segundo énfasis tiene lugar con los aportes de distintos teóricos (Maruyama, 1963; Beer 1970) en relación a las dinámicas

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vinculadas al modo en que los sistemas cambian como parte de su adaptación a los cambios del entorno; la atención se centra entonces, en los llamados procesos morfogenéticos.

El concepto de 'sistema abierto' se difundió rápida y ampliamente y pasó a formar parte de los planteamientos de las ciencias sociales desde mediados de los sesenta en adelante (Katz &Kahn, 1966; Watzlawick, Beavin & Jackson, 1967).

En tanto tales, los sistemas abiertos pueden caracterizarse mediante varias propiedades, tres de la cuales están más directamente relacionadas con su condición misma de apertura operacional:

A. Incorporación de energía/información: desde un punto de vista biológico, los sistemas abiertos toman

del ambiente externo alguna forma de energía. Los seres humanos, en tanto seres vivos, no escapan a ese tipo (constante) de intercambio con el medio en que se encuentran, ya que de ello depende su subsistencia biológica. Al mismo tiempo, es evidente que el mundo psicológico y social de las personas se construye en base a intercambios de otro orden.

En este punto es necesario, sin embargo, hacer la distinción entre energía e información. G. Bateson (1976) en un ejemplo ya clásico, se refirió a este punto, señalando que el desplazamiento de una piedra golpeada por el pie de una persona puede ser explicado en términos físico-energéticos, pero no así la conducta del perro al ser golpeado por el mismo pie y la misma persona, ya que en ese caso lo trasmitido ha de entenderse como 'información' más que como 'energía', si se quiere intentar una explicación más atingente.

B. El procesamiento: los sistemas abiertos transforman la energía incorporada de la cual disponen; en lo

bio-fisiológico, esos cambios son bastante concretos y ostensibles, dado que los 'insumos' también lo son. En lo psicosocial, aun cuando lo incorporado es menos tangible (es información), la manifestación final no lo es. Por ejemplo, las personas modifican algunas de sus creencias políticas a partir de nuevos antecedentes que le entrega una campaña pre-electoral; un sistema familiar adopta nuevos hábitos alimenticios en virtud de los últimos hallazgos vinculados a nutrición y salud, etc. Lo que los sistemas humanos procesan es básicamente información.

C. El resultado: algún 'producto' se entrega finalmente al ambiente por parte del sistema, el que en alguna

forma es distinto a lo originalmente incorporado por éste. Lo que en el caso de organizaciones sociales productoras es una realización material --como un nuevo modelo de automóvil-- y en el caso de una universidad un nuevo profesional formado allí, en los seres humanos, individual o grupalmente, lo resultante son conductas en cualquiera de sus posibles niveles de integración, que se expresan en sus diversos dominios de existencia.

Por tanto ha de asumirse que cualquiera sea su naturaleza, los sistemas no sólo tratan con insumos energéticos, sino que a partir del procesamiento de éstos, en el caso de las máquinas y más allá de dicho tipo de insumos, en el caso de los sistemas humanos, existe otro orden de procesos que resultan ser fundamentales para el entendimiento de la dinámica y la operatoria de cualquier sistema, en tanto se trata, en última instancia, de información acerca de lo que el propio sistema hace y de los efectos que dicho hacer tiene en el medio en que éste se realiza.

1.2.4 Características generales de los sistemas abiertos.

Más allá de las propiedades vinculadas directamente con su condición básica de apertura operacional, los sistemas abiertos presentan otras condiciones que los caracterizan y determinan en su forma general de comportamiento como entidades globales.

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1.2.4.1 Totalidad.

La Teoría General de los Sistemas establece que un sistema es un conjunto en que los componentes y sus atributos (o propiedades), sólo pueden comprenderse como funciones del sistema total. Un sistema no es una agrupación azarosa de componentes, sino una organización interdependiente en que la conducta y expresión de cada uno influye y es influida por todos los otros. El concepto de totalidad implica no aditividad, en otras palabras, el viejo principio aristotélico acerca del todo, como constituido por algo más que la simple suma de sus partes.

En un sentido operativo, la noción de totalidad apunta a señalar que cualquier actividad de un sistema, sea ésta más o menos abarcativa, corresponde a una manifestación de dicha propiedad, esto es, al hecho que las partes son interdependientes entre sí y con respecto al sistema global, por lo que las actuaciones de los miembros de un sistema familiar, por ejemplo, son siempre expresión de un todo inseparable y coherente. En la Teoría General de los Sistemas, el interés está focalizado en torno a los procesos transaccionales que tienen lugar entre los componentes del sistema mismo, así como entre éstos y sus propiedades. En términos prácticos, ello apunta a destacar la imposibilidad de comprender un sistema mediante el solo estudio pormenorizado de sus componentes por separado (análisis) y la operación aditiva posterior (síntesis) de lo obtenido en la fase previa.

En su aplicación a la psicología de la familia y la Terapia Familiar, el principio de totalidad dice relación con un nivel de abstracción más alto que aquél de las acciones de sus miembros como individuos: se trata de procesos transaccionales amplios (de interacción y comunicación) que involucran en distintos grados y maneras, a todos quienes componen un determinado sistema familiar.

Como se observará más adelante, en el campo de la Terapia Familiar, esta propiedad teórica de los sistemas, mostrará su aplicabilidad no sólo en la descripción de la familia misma, sino también para la conceptualización del sistema más amplio, que conforman el terapeuta y sus atendidos (sistema terapéutico).

1.2.4.2 Homeostasis y estado estable.

El concepto de homeostasis tiene su origen en la fisiología y fue desarrollado por W.B. Cannon en la década del 20; por lo tanto, es previo al desarrollo formal de la Teoría General de los Sistemas. Fue incorporado posteriormente al marco general de dicha teoría y ha constituido desde entonces un aporte significativo para las explicaciones biológicas, psicológicas y sociales, que se basan en la perspectiva sistémica.

En la presentación más precisa del concepto original de Cannon (1939), la homeostasis refiere a un mecanismo funcional y protector; no implica algo inmóvil, sino más bien alude a una condición que puede variar, pero que es relativamente constante. Los sistemas abiertos pueden ser caracterizados por la mantención de un estado estable que ha de entenderse referido a la preservación del sistema, por un lado, y a su modificación permanente, por otro.

La mantención de un estado estable por parte de un sistema, está basada en la incorporación y uso que éste hace de la información que retorna a él, proporcionándole indicadores acerca de su propia actuación. Es lo que se denomina retroalimentación, y que se revisará a continuación, como otra propiedad fundamental de cualquier sistema.

Es claro que todo sistema familiar requiere de homeostasis para mantener un cierto grado de seguridad y estabilidad respecto de su medio físico y social, así como en el funcionamiento derivado de la interacción

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entre sus propios miembros. Sin embargo, al mismo tiempo requiere plasticidad y posibilidades de modificación, para comportarse adaptativamente frente a las contingencias siempre cambiantes del entorno y/o de las manifestaciones individuales de sus miembros.

En un cierto nivel, la mantención del 'estado estable' se basa en un proceso homeostático destinado a mantener cierto tipo de intercambios que permitan detener la entropía y asegurar la subsistencia del sistema como tal. En otro nivel, se trata de la mantención del carácter del sistema, aun en el marco de las modificaciones que van teniendo lugar en él, como resultado de contrarrestar la entropía y aumentar los intercambios favorables con el medio.

Ciertos entendimientos restringidos acerca del concepto de homeostasis, han llevado a cuestionar este proceso como algo deseable para el buen funcionamiento familiar. Ello ocurre cuando se observa un sistema familiar que ha estabilizado un patrón interactivo que genera sufrimiento a sus integrantes. Más aún, en tales situaciones es frecuente (y naturalmente esperable), que en la medida que la persona que aparece como portador del problema mejora, las relaciones intrafamiliares empeoren y surjan otros nuevos problemas.

Al momento de consultar y siguiendo una ley básica de todo sistema, la familia presenta un estado homeostático (no podría no tenerlo); sólo que dicho estado se encuentra mantenido merced a una solución dolorosa, problemática. Intuitivamente, el grupo familiar advierte el riesgo de desestabilización debido a la acción terapéutica y 'resiste' el cambio, trasmitiendo a la vez un contradictorio mensaje al terapeuta: ayúdenos a solucionar esto, pero sin cambiarnos.

En otras palabras, la familia se aferra al estado homeostático alcanzado. Sin embargo, forma parte de lo predecible que ello ocurrirá, y por lo tanto, el terapeuta deberá ser capaz de desmontar el dispositivo homeostático actual, cuidando a la vez de generar otro que no resulte (tan) problemático a la familia. A veces la solución terapéutica puede consistir, por ejemplo, en reemplazar un problema o conducta frecuente/inmanejable, por otra menos frecuente y manejable.

Ciertamente la funcionalidad de los estados homeostáticos está en estrecha relación con ciertos períodos de tiempo; los modos de interacción mediante los cuales un sistema familiar ha mantenido la estabilidad en determinado momento y condiciones, pueden resultar muy poco apropiados, y en última instancia patológicos, bajo otras circunstancias.

Por otra parte, el tipo o características básicas de un sistema no cambian directa o esencialmente, como consecuencia de la sola expansión numérica de éste. Se trata más bien de un cambio cuantitativo, que luego llega a manifestarse en una diferencia cualitativa del sistema. Quizás el ejemplo más visible de este tipo de dinámica a nivel familiar, está en el conjunto amplio y significativo de cosas que se modifican (al mismo tiempo que otras no lo hacen), a partir del cambio (cuantitativo) que tiene lugar con el nacimiento de un hijo. Los horarios cambian, las tareas se redistribuyen, se asignan nuevas responsabilidades (o se reasignan las anteriores), las prioridades se evalúan con otro factor presente, se evidencian nuevas aptitudes o destrezas, se redistribuye la auto-estima de los miembros de la familia, se manifiestan nuevos afectos (y también nuevos temores), cambian las relaciones y distancia con los familiares políticos, surgen nuevos compromisos con amistades, etc.

Desde la formalización de la Teoría General de los Sistemas y durante varios años, el debate teórico general y, consecuentemente, la atención de los terapeutas familiares estuvo muy focalizada en los procesos morfostáticos (de mantención o protección de lo ya existente), (Demicheli, 1988); con posterioridad a ello, distintos investigadores (Maruyama 1968, Beer 1970, Buckley 1973) se interesaron en los procesos vinculados a ampliaciones de diferencias, cambio y expansiones. A estos procesos se los denominó globalmente como morfogenéticos.

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Un principio significativo derivado del estudio de dichos procesos tiene que ver con el aumento de la

diferenciación de las partes componentes del sistema, por medio de la cual cada una de ellas puede

desarrollar complejidad propia, permaneciendo al mismo tiempo, en relación funcional con la totalidad. Por otra parte, Ashby (1978) señaló la importancia de la cantidad de información en la relación sistema- entorno y la consecuente capacidad selectiva del sistema, partiendo del supuesto que la variedad de estados posibles del ambiente es prácticamente infinita y que, por lo tanto, éste es siempre más complejo que el sistema.

Basado en dichas nociones, Beer (1970) desarrolló el concepto de viabilidad, considerando que la reducción de la variedad que presenta el medio por parte del sistema, así como su capacidad de respuesta ante la variedad significativa actual y de anticipación a la variedad futura, es lo que determina cuán viable resulta un sistema frente a sus contingencias.

De este modo, el equilibrio pasa a ser considerado como principio fundamental de lo orgánico (sistemas mecánicos y químicos); la homeostasis se entiende como proceso básico de los sistemas biológicos (superiores e inferiores), en tanto que la viabilidad, al implicar capacidad inherente de crecimiento y de cambio autodirigido, pasa a ser factor central en la explicación de los sistemas sociales.

La viabilidad describe un sistema capaz -en diversos grados- de procesos de crecimiento homeostático y morfogenético. El grado en que un sistema familiar es capaz de utilizar ambas modalidades, para manejarse apropiadamente respecto de su operar y sus propósitos, es lo que indica su viabilidad como sistema.

En síntesis, se entiende entonces que los sistemas se desenvuelven merced a una dinámica oscilante que calibra de manera permanente, la estabilidad y el cambio.

1.2.4.3 Retroalimentación.

El concepto de retroalimentación fue formalizado por N. Wiener (1948) junto con los desarrollos iniciales de la Cibernética. Básicamente, describe el proceso mediante el cual un sistema recoge información relativa a su propia actuación y la re-ingresa como parte de su operar, de manera tal de mantener o corregir su funcionamiento, con consideración de las condiciones del medio en que se desempeña. Por lo tanto, el tipo de insumo incorporado no es energético, sino informativo.

Cuando la información re-ingresada a un sistema, permite que éste reduzca la amplitud de la desviación de su operar (en relación al medio), corrigiendo a partir de allí su posterior curso de acción, el proceso es denominado retroalimentación negativa.

El ejemplo más conocido de un sistema (físico) operando en base a retroalimentación negativa, es el de un sistema de calefacción que mantiene estable la temperatura ambiente de un recinto, mediante un termostato. Del mismo modo, los hijos en una familia cualquiera, pueden realizar conductas que contribuyen a aumentar la tensión intrafamiliar y el mal humor de uno o ambos padres; si dicho mal humor llega a manifestarse de manera poco grata, los hijos tienden en el tiempo a regular su conducta dentro de ciertos márgenes que permitan evitar la expresión desagradable final. Como se puede apreciar, los procesos vinculados a retroalimentación negativa tienen que ver directamente con la recuperación o mantención de la estabilidad de los sistemas. A la inversa, la retroalimentación positiva, se vincula con las distintas formas de cambio en los sistemas.

La retroalimentación positiva, alude al fenómeno antagónico al hasta aquí descrito; es decir, información que re-ingresa al sistema pero que no opera reduciendo, sino aumentando la desviación con que el sistema está

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actuando en relación a su medio; llevada a su extremo, esta forma de retroalimentación conduce a la desaparición del sistema.

Si se considera la noción de los sistemas operando en base a permanentes calibraciones entre estabilidad y cambio, la idea tradicional acerca de la retroalimentación positiva como no conducente a adaptación ha de repensarse. De hecho, los teóricos de la Cibernética de Primer Orden, (Segundo Onda) como Maruyama, Beekley y Beer, focalizaron su esfuerzo en explicar cómo los sistemas cambian y logran adaptación mediante ese proceder. Las mutaciones manifestadas y desarrolladas por una determinada especie, serían un buen ejemplo acerca de patrones secuenciales que han operado en base retroalimentación positiva, haciendo que se amplifique la desviación y sobrevenga un cambio estructural, que resulta ser finalmente adaptativo.

El quehacer psicoterapéutico también puede ser entendido como un operar que busca cambio, lo cual hace que esté más predominantemente basado en la retroalimentación positiva que en la negativa; en el trabajo con familias, por ejemplo, manejando los delicados hilos del conversar terapéutico, se pretende que la estructura de ese grupo que consulta, se reacomode de manera tal que, sin perder su organización como familia, sea algo distinto al final del proceso, de lo que ingresó a la oficina en la primera sesión. Lo que se hace, entonces, es ayudar a que desaparezca un sistema particular (el que llegó) y que en su reemplazo surja otro (el que se va) que no tenga contenido el dolor inicial que motivó la consulta.

1.2.4.4 Diferenciación y especialización.

Con el transcurso del tiempo, los sistemas abiertos van adquiriendo un funcionamiento crecientemente diferenciado y elaborado. Las pautas globales, en un principio difusas, van siendo definidas de modo paulatino y adquieren, a la vez, mayor especificidad y especialización funcional.

En lo biológico, los distintos órganos sensoriales y el desarrollo mismo del sistema nervioso, muestran notoriamente un progresivo evolucionar diferenciado y especializado; por ejemplo, motricidad y coordinación viso-motriz.

En lo psicológico, el desarrollo de un individuo se manifiesta en la creciente complejización de sus diversas formas de comportamiento cognitivo, afectivo y social; por ejemplo, las emociones que en las primeras etapas de la vida se remiten a tres grandes formas escasamente moduladas (rabia, temor y alegría), adquieren sutiles expresiones intermedias a través de una creciente modulación socialmente condicionada. Por otra parte, todo sistema social sigue la deriva que las contingencias con su entorno le demandan, debiendo recurrir a modos crecientemente más específicos y diferenciados de respuesta según transcurre el tiempo, pues de lo contrario, la viabilidad global del sistema como conjunto se vuelve gradualmente más frágil, en tanto no cuenta con formas de comportamiento suficientemente afinadas para responder a la diversidad de requerimientos que el entorno le plantea. Por ejemplo, en la actualidad es tal la cantidad y diversidad de información existente, que ninguna organización o persona, puede pretender el manejo completo de ella. Las personas se especializan, las organizaciones incorporan especialistas.

En el plano conyugal, se ha mostrado (Altrocchi, 1959) que los sistemas interaccionales que se mantienen en el tiempo, son aquellos que logran pasar de una relación inicial predominantemente simétrica (indiferenciada), a otra forma en que prima una conducta complementaria (diferenciada) entre los miembros de la pareja. En una perspectiva familiar, lo que inicialmente es una dupla de personas más bien igualitarias en su comportamiento, evidencia la necesidad de diferenciarse con la sola llegada del primer hijo; de allí en adelante, las múltiples demandas intra y extra-familiares, requieren de repuestas diversas de todos y cada uno de sus miembros, más que de una sola conducta corporativa e invariable.

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Esta misma propiedad es la que se expresa dramáticamente en el contexto de la Terapia Familiar, cuando se está frente a lo que se ha denominado el 'paciente índice' o 'designado', entendiéndose que aquél, ha asumido la función de 'regular' el sistema (de un modo problématico/doloroso) ante la falta o imposibilidad de otra opción familiar.

1.2.4.5 Equifinalidad.

Esta característica de los sistemas alude a la posibilidad de éstos de arribar a un mismo estado final, aun habiéndose constituido en condiciones iniciales distintas y habiendo seguido cursos de acción diferentes. En los sistemas con retroalimentación, los resultados o alteraciones del estado del sistema luego de transcurrido cierto tiempo, no están determinados por las condiciones iniciales, sino por la naturaleza misma del proceso. De esta forma, idénticos resultados pueden tener orígenes muy diversos; aquellos son independientes de las condiciones iniciales.

En la interacción humana, el comportamiento de las personas no está determinado por su origen y sólo adquiere sentido en el contexto en que se produce. La conducta no es el resultado de causas particulares, sino una parte integrada de un sistema global en curso.

El concepto de equifinalidad trae como implicancia el hecho que no es necesaria una hipótesis intrapsíquica (en última instancia imposible de verificar) para explicar el comportamiento humano, sino que ésta se puede obtener a partir de la observación y la descripción de la interacción, de la comunicación y las relaciones observables entre las distintas partes de un sistema.

Típicamente, por ejemplo, el 'síntoma' o 'conducta problema' en la familia constituyen sólo un fragmento de un arco o patrón más amplio, pero cuyos efectos pragmáticos alteran todo el sistema del cual ese síntoma o problema forma parte.

Una implicancia significativa de este principio para la psicología radica, entonces, en que es posible explicar el comportamiento de un sistema por el estado actual en que se encuentra y, por lo tanto, la búsqueda de causas deterministas en el pasado, se hace innecesaria.

1.3 CIBERNETICA.

1.3.1 Antecedentes históricos.

La palabra 'cibernética' proviene del griego kybernetike, que significa piloto/timonel y, literalmente, arte de gobernar o comandar. Platón la utilizó en La República para referirse al arte de dirigir una nave y a la vez de comandarla. Según Keeney (1987), que la palabra original se refiera tanto a la naútica como al control

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social, señala que ella se ocupa no sólo de los actos instrumentales, sino también de las personas mismas que los realizan.

El matemático Norbert Wiener, trabajando en el área de la Ingeniería durante la Segunda Guerra Mundial, estudiaba la conducta de tiro de los cañones anti-aéreos, enfrentado al problema que la velocidad de los aviones había aumentado considerablemente desde la Guerra anterior, lo cual hacía que los cañones fuesen inoperantes si no se contaba con un dispositivo que permitiese la auto-corrección de la trayectoria del proyectil, una vez que éste ya había sido lanzado. Así, Wiener desarrolló y formalizó matemáticamente el mecanismo de retroalimentación 2.

Fue Wiener quien introdujo el uso del término Cibernética, para referirse a un cuerpo teórico todavía incipiente, que agrupaba un conjunto de trabajos referidos a analogías entre máquinas, seres humanos y modelos globales de sociedad y definió esta naciente disciplina (1948), como "la ciencia del control y la comunicación en sistemas complejos (computadoras, seres vivos)".

Por su parte, la Teoría General de Sistemas fue formulada y formalizada como tal en 1956 por Ludwig von Bertalanffy, pero como producto de un trabajo previo de casi 30 años, durante los cuales él fue haciendo sistemáticos aportes orientados en igual sentido. En ese mismo período surgieron muchas otras proposiciones teóricas en diversos campos científicos, las cuales también pueden entenderse con propiedad como teorías de sistemas, en tanto corresponden a enfoques en los que predominan los aspectos relacionales entre los componentes de los fenómenos estudiados, a la vez que se enfatiza el carácter de totalidad de ellos, amén de otras correspondencias con la noción de 'sistema' de Bertalanffy.

Las convergencias conceptuales, la utilización recíproca de términos, incluso la sobreposición de nociones e ideas fundacionales entre la Cibernética y la Teoría General de Sistemas, desarrollada desde la biología por von Bertalanffy, dieron origen a un cuerpo teórico amplio y a la vez ambiguo en sus delimitaciones, que desde su conformación misma, se ha denominado globalmente como "sistémica".

Hay algunos equívocos que se originan a partir de la circunstancia --ya enunciada-- que tanto la Teoría General de Sistemas como la Cibernética, se desarrollaron en forma paralela y casi simultánea en los tiempos iniciales; esto ha derivado en que la distinción entre ambas no siempre sea lo suficientemente clara y que, de hecho, se aluda a ellas (y a sus relaciones) de una manera un tanto confusa.

1.3.2 Desarrollo y etapas de la Cibernética.

Como ya fue señalado, las primeras investigaciones cibernéticas aplicadas se realizaron en el ámbito de la cohetería durante la Segunda Guerra Mundial; aplicaciones posteriores la llevaron al campo de la robótica y la inteligencia artificial. Sin duda que el concepto de feedback --como proceso autocorrectivo del operar de los sistemas-- tuvo significativa incidencia en ese quehacer inicial, así como resultó crucial para sus posteriores aplicaciones en otras áreas de conocimiento. De hecho, lo que pudiera no haber sido más que un logro tecnológico en un campo específico --el de los sistemas artificiales--, mostró también ser de utilidad

2 G. Bateson estuvo en el umbral de lo que más tarde Wiener formalizaría como Cibernética. Él reconoció en las

exposiciones de Mc Culloch y Bigelow en las Conferencias Macy de 1942, el concepto de feedback negativo que le había faltado (Bateson, 1976, pag.9). En efecto, en 1936 --aunque sin utilizar el término-- había descrito el feedback positivo, al explicar las posibilidades de ruptura y mantención de la estabilidad de los sistemas sociales mediante acoplamientos entre lo que llamó cismogénesis simétrica y cismogénesis complementaria (Winkin, 1982, pag. 35).

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para la comprensión de los sistemas biológicos, naturales. Al mismo tiempo, sugirió prontamente gran potencialidad para su aplicación ampliada a sistemas sociales.

Según Pakman (1991), cuando los cibernetistas se percataron que la noción de 'circularidad' traía consigo muchas consecuencias, esta nueva disciplina desarrolló un lenguaje interdisciplinario por naturaleza y su red conceptual se amplió significativamente. El examen esas consecuencias muestra por ejemplo, que:

a) la idea de circularidad hace que la noción de causalidad incluya ahora no sólo la 'causa efficiens'

actuando desde el pasado, sino también la 'causa finalis' actuando desde el futuro. Además cuando en una secuencia a-b-c-d, ésta última (d) vuelve sobre la primera (a) se generan dos niveles distintos y simultáneos de causalidad: uno, en que puede distinguirse una cadena lineal-secuencial de elementos causales actuando desde el pasado al futuro, y otro, en que la distinción puede ser hecha sobre el conjunto como tal, cerrado sobre sí mismo, autónomo en relación al medio y con un propósito en el futuro, lo cual hace que se manifieste una 'endocausalidad' que opera en un nivel distinto al de los elementos causales descritos antes. Esto hace que el sistema estimulado 'desde fuera', no responda sólo en base a dicha perturbación, sino que también lo haga en virtud de aquello que el sistema --en tanto conjunto-- tiene como propósito, lo cual corresponde a una causalidad actuando 'desde dentro'.

b) al unir circularmente los componentes, generando el propósito o dimensión teleológica del sistema, se

establece la diferencia medular entre la Física y la Cibernética: el enlace circular de los elementos no establece sólo un circuito retroalimentador energético-material, sino más allá de aquello, la posibilidad de procesos de información y organización de ésta.

c) en los sistemas explicables en términos de circularidad, la historia juega un papel significativo; hay una

acumulación de eventos pasados (información previa) que acota el sistema, determinándolo histórica y estructuralmente.

d) la noción de circularidad trae consigo la de 'regulación', la que a su vez complejiza la noción de control;

es decir, regular implica generar niveles de meta-estabilidad y no imponer un opción directa y predecible. Implica más bien establecer rangos de oscilación posible dentro de los cuales los componentes del sistema pueden rehacer permanentemente su organización.

De este modo, la Cibernética se encontró en condiciones apropiadas para manejarse no sólo con máquinas y sistemas artificiales, sino también con sistemas biológicos. Desde la década del 30, Bertalanffy había venido buscando leyes que resultasen aplicables a todos los sistemas, a fin de formular una teoría general para éstos, independientemente del tipo de componentes que tuvieran. Esto explica las sobreposiciones entre ambas disciplinas durante varios años de sus respectivos desarrollos; sin embargo, la Cibernética tuvo una acelerada evolución en las dos décadas siguientes a la formalización de Wiener, mientras que la Teoría de Sistemas permaneció más ligada, hasta ahora, al ámbito de la ingeniería, la administración y los sistemas artificiales. Durante dicho proceso evolutivo son distinguibles etapas y momentos particulares que a continuación se describen en sus aspectos diferenciales.

1.3.2.1 Cibernética de Primer Orden.

La Cibernética se constituye con Wiener en el mundo matemático y vinculada a la ingeniería en comunicación y a las ciencias de la computación; la premisa de fondo en este momento, es que el sistema observado es independiente del observador.

En esta etapa inicial de la Cibernética son distinguibles a la vez, dos momentos evolutivos: el que se acaba de describir, que tiene lugar con el advenimiento mismo de esta nueva ciencia y que se denomina Cibernética de Primera Onda y otro posterior, a fines de la década del sesenta, que da origen a la llamada Cibernética de Segunda Onda.

Referencias

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