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A LA BÚSQUEDA DE UNA NUEVA DIVISIÓN: LA REGIÓN

EL TERRITORIO Y EL PODER

LAS RETÍCULAS DEL PODER I LÍMITES Y FRONTERAS

IV.- A LA BÚSQUEDA DE UNA NUEVA DIVISIÓN: LA REGIÓN

Vieja idea geográfica, emblema siempre enarbolado, la región parece concentrar hoy -desde hace veinte años, de hecho- numerosas protestas en los lugares en los que el Estado contribuyó a descomponer el tejido social para instaurar la centralización.40 El Estado persigue una lógica de la unidad y la uniformidad, cierto, y por ello sustituye la diversidad con la generalidad, es decir, la regla deviene instrumento de orden puro en lugar de ser instrumento de regulación. De hecho, hay una antinomia entre la voluntad y la acción del Estado, por una parte, y la aspiración a una vida regional, por otra. Eso explica por qué algunos piensan que “la cuestión regional no designa ninguna realidad objetiva, no remite a ningún soporte material; en todo caso, es una cuestión vacía. ¿Qué significa esta entrada en materia? Dos cosas: 1) Que la región representa, cuando menos hasta hoy, un objeto de discurso más que de prácticas; 2) A partir de esa constatación, el trabajo del sociólogo consiste, sobre todo, en dar a esta cuestión un contenido en términos de relaciones sociales.”41

Objeto de discurso versus tema de prácticas, esta oposición puede constituir el primer elemento de una lectura posible. Construir una pantalla de diversidad que adhiere a la uniformidad es algo integrado totalmente a la lógica del Estado. La región, se dice, no es vivida y, sin embargo, uno se puede equivocar con ella y se equivoca, sin duda, ya que las baterías de decretos y de leyes parecen dar consistencia a la idea de región. La región no está ausente de las preocupaciones del Estado, al contrario: éste recorta, subdivide, delimita, cuadricula, ciñe…. el mapa, pero no el territorio, que permanece como una arcilla dispuesta a recibir cualquier huella, al gusto de las necesidades del poder central. “Porque no remite a ningún significante, la palabra ‘región’ y los discursos que se construyen a su alrededor, son libres de cualquier relación con la realidad.”42

Se trata, en el fondo, de la producción de una información realizada para marcar lo vacío de la práctica: la política enunciada es regional, la política no enunciada es a-regional. Cometeríamos un error, nos parece, si habláramos de duplicidad, ya que se trata justamente de otra cosa. Se trata de un ejemplo de doble estrategia, ubicada en planos diferentes: discurso regional y práctica a- regional.

Las aspiraciones de muchos grupos se dirigen a ese polo regional, una especie de tierra prometida, pero el Estado no la desea; entonces, multiplica los discursos sobre la región de tal manera que juega con múltiples sentidos. La región para el Estado, es una expresión con la cual se mantiene hábil y sutilmente la polisemia. Juego difícil, pero en el que el Estado destaca; más todavía cuando el discurso permite jugar alternativamente en la pequeña y la gran escalas, según las necesidades del momento. Es el juego sobre los signos que permiten decir todo “lo que hay que decir” en el momento en que hay que decirlo, sin que por ello la realidad sea afectada.43 Se trata de dar la impresión de la diversidad en la uniformidad.

Podría ser de otra manera en el modo de producción capitalista, en relación al cual podemos preguntarnos si no suprime cualquier diferencia y en particular cualquier diferencia ligada al espacio.44 Si se responde afirmativamente, ello implica la negación del tiempo local y del espacio local. Pero ¿qué es ese tiempo local y ese espacio local? Visto desde el centro, es muy poca cosa: un ensamble de particularidades, de costumbres y de valores que constituyen un obstáculo para la uniformización. Visto desde el “lugar” es

40 François MONCONDUIT, Tocqueville: la décentralisation, impératif démocratique: L’objet local, Paris U.G.E., 1977, p.30.

41 Renaud DULONG, Les régions, l’Etat et la société locale, P.U.F., Paris 1978, p.17. 42Ibid., p.18.

43 Sobre ese mecanismo, cf. Gregory BATESON, Vers une écologie de l’esprit. Seuil, Paris, 1977, p.120-139. 44

128 mucho más, porque es la “territorialidad” cristalizada; en una palabra, es el significado de la vida cotidiana. Destruir esta territorialidad es destruir toda una simbología, cuya desaparición impediría mantener un diálogo con el entorno espacio-temporal: “Desde esta perspectiva, lo particular, lo singular, lo concreto, lo local, se oponen a lo universal o formal, al Estado, de la misma manera que el folklore puede oponerse a la técnica.”45 Es el fin de un diálogo multidimensional: sólo se mantiene el diálogo alto versus el diálogo bajo; el diálogo horizontal es eliminado. Es evidente, desde la lógica del poder, que se funda en la idea del poder descendente, es decir, del poder que viene de arriba y que debe mediatizar todo. La relación se vuelve triangular, ya que hay que pasar por la cima para mantener una relación a nivel de la base: lo local no tiene significado más que para el “todo” abstracto y formalizado. De hecho, con frecuencia la región no remite a algo material. Así por ejemplo, el significado “Bretaña” es una palabra sin soporte y susceptible de recibir muchas acepciones posibles en función de proyectos políticos diferentes, o adversos.46 Eso no impide la emergencia de una reivindicación regional. Bretaña y Occitania en Francia, por ejemplo. Pero se permanece ahí también a nivel de los discursos: “el regionalismo bretón es menos un asunto de quienes hacen vivir a Bretaña que de aquellos que la hacen funcionar como sociedad.”47De más está decir que “el regionalismo bretón preocupa más a los notables y a los profesores que a los agricultores, marinos, pescadores y obreros.48 Si ese es el caso, es que los notables han percibido probablemente, antes que los demás, “una fisura que anuncia la muerte de una sociedad.” 49

Defender la región, defender el lugar, “es tal vez simplemente la búsqueda de sentido; este desafío ya no se puede admitir en una acepción filosófica o psicológica, sino como una cuestión de relación de la sociedad con los individuos, como una cuestión del consentimiento de los individuos de pertenecer a dicha sociedad.”50

Es el descubrimiento de que la pertenencia a una sociedad pasa por la pertenencia a una territorialidad sensu

lato. Ese es todo el problema de la territorialidad.

El discurso regional revela, de una manera con frecuencia patética, el drama de la desterritorialización y, en consecuencia, la crisis de la territorialidad. Al discurso del Estado, que se acomoda finalmente a esta situación, se le oponen, en la base, discursos, pero también prácticas que son igualmente protestas. Éstas liberan una información que demuestra que los actores paradigmáticos se transforman en actores sintagmáticos que compiten en la creación de nuevas relaciones de poder.

La protesta regional raramente es única y converge con otras, como el feminismo, la autogestión y la ecología.

Estas cuatro causas están vinculadas: “Lo que significa simplemente que no se podría ser autogestivo sin ser partidario de una liberación completa de la mujer y de la autonomía de las regiones,pero que tampoco se puede resolver el tema de la restauración de los equilibrios naturales sin una reforma de las relaciones entre los grupos sociales.”51

Es la demostración de que la apuesta es fundamentalmente la territorialidad, tal como la hemos definido. En esas cuatro protestas, lo que está en juego son las relaciones esenciales y existenciales. A través de esas protestas, se siente la voluntad de afirmar la necesidad de relaciones simétricas con los seres, con los lugares, con el trabajo y con el contexto espacio-temporal. Recuperación del poder para la base, a través de lo cotidiano, y sobre

45 François GODARD, Quelques aspects de la problématique localiste des besoins: Objet local, op.cit., p.324.

46 Renaud DULONG, op.cit., p.21. 47 Ibid., p.26. 48 Ibid., p.27. 49 Ibid., p.28. 50 Ibid., p.32. 51 Ibid., p.163.

129 todo recuperación de las redes concretas que se oponen a las divisiones abstractas propuestas por el Estado. Estamos ciertamente en el umbral de una era en la que la región, la vivida, jugará un rol cada vez más importante para las diversas comunidades.

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CAPITULO III