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LA CIRCULACIÓN Y LA COMUNICACIÓN

CAPÍTULO IV LAS REDES Y EL PODER

I.- LA CIRCULACIÓN Y LA COMUNICACIÓN

La circulación y la comunicación son las dos caras complementarias de la movilidad. Ambas están presentes en todas las estrategias que desencadenan los actores para dominar las superficies y los puntos a través de las gestión y el control de las distancias. Cada vez que se trata de transferir seres o bienes hablamos, lato sensu, de circulación, mientras que reservamos el término de comunicación para la transferencia de información. Aunque esta distinción sea tan útil puede parecer ambigua, ya que podría dejarnos creer que hay, ya sea circulación o comunicación. En realidad hay, de manera simultánea, circulación y comunicación en cualquier “transporte”. Los hombres o los bienes que circulan son portadores de una información y en consecuencia “comunican” alguna cosa. Del mismo modo, la información que se comunica es al mismo tiempo un “bien” que “circula” (Figura 37).

Figura 37

Este simple esquema nos recuerda que en cualquier proceso de transferencia está presente el binomio circulación-comunicación. En la situación S¹ es la circulación la que predomina,

mientras que en la situación S² es la comunicación la que impera, sin que por ello haya

exclusión de una u otra. Dicho esto, la noción de circulación es, sin duda, más general que la de comunicación, ya que aquélla engloba todo lo que es susceptible de movilizarse. Sin caer en una analogía burda, es posible y hasta legítimo asimilar la circulación al “significante” y la comunicación al “significado”: cualquier elemento material es portador de significación, cualquier significación es “materializable”, sea por medio de un

142 “grafismo” o a través de otro soporte: “la problemática de la circulación material recobra la circulación del signo.”1 Circulación y comunicación están vinculadas, pero no se confunden.

Si es verdad que hasta la época contemporánea la red de circulación y la red de comunicación son la misma, la tecnología moderna las ha disociado. Mientras que la información ha corrido más o menos al ritmo de los hombres y de los bienes hasta el siglo XIX aproximadamente, desde entonces las distancias en materia de comunicación fueron abolidas, en la medida en que la transferencia de información de un punto del mundo a otro puede ser casi inmediata. Si, paralelamente, las “distancias temporales” en materia de circulación han sido reducidas considerablemente -es decir, que las tasas de convergencia han tenido saltos bruscos-, hay una especialización tan avanzada de las redes de circulación y de comunicación que ya no se confunden. Esta discordancia entre distancia de circulación y distancia de comunicación no ha impedido la creación de nuevos problemas muy específicos en nuestros días.Esta distorsión es a la vez una ventaja y una desventaja para quienes ejercen el poder. Ventaja de estar informado casi inmediatamente, pero desventaja si la información recibida implica la necesidad de transferir hombres o bienes de un punto del espacio a otro. Lo ideal para el poder es actuar en tiempo real. Si la distancia de circulación y la distancia de comunicación tendieran a la igualdad, el poder no estaría lejos de ser absoluto y cualquier intento totalitario encontraría ahí un punto de apoyo para controlar… el mundo. La actualidad, a través de algunos acontecimientos, nos ha dado, en estos últimos años, ejemplos particulares de esta acción en tiempo real de diferentes poderes políticos: las operaciones de aerotransporte israelíes, francesas, etc., mostraron sorprendentes posibilidades de intervención. No juzgamos si esas operaciones estaban justificadas o no. Retengamos solamente su profundo significado: ajustar dos tipos de distancia-tiempo a gran escala.

Cualquier estrategia integra la movilidad y, en consecuencia, elabora una función circulación-comunicación. Es una función de poder: “la circulación imprime su orden. La circulación es un espejo del poder.”2

Stourdze tiene razón pero no va más lejos. Es verdad que la circulación es un espejo del poder y no puede ser de otra manera, ya que la circulación, en el sentido en que la hemos definido, se visibiliza por los flujos de hombres y de bienes que moviliza, por las infraestructuras que supone. En ese caso, el poder no puede evitar ser “visto”, ser “controlado”. Así que, lo quiera o no, el poder proporciona información sobre él, y llama la atención de quienes puedan tener interés en controlarlo y/o en vigilarlo. ¿Es necesario recordar las acrobacias que hacen los ejércitos en guerra para disimular los movimientos de tropas o los convoyes de avituallamiento? Podría decirse que el de la guerra es un caso extremo, cierto, pero incluso en tiempo de paz, al interior de cualquier país democrático, hay circulaciones que buscan mantenerse invisibles, o al menos disimularse, ocultarse: la circulación de los hombres “importantes”, de los bienes raros, de las sustancias peligrosas, etc. La circulación es espejo del poder, pero el poder no siempre necesita un reflejo, e incluso si se refleja es a pesar de él. “La circulación es signo de poder”3: es una observación justa, pero la potencia se pulveriza, se debilita, si el adversario puede controlarla, valorarla, apreciarla. El ideal del poder es ver sin ser visto; por eso la comunicación ha tenido en la sociedad contemporánea tanta importancia, ya que se puede disimular: es el caso en el que el poder puede controlar, vigilar, interceptar, prácticamente sin ser visto. Al control del correo de las antiguas monarquías lo sustituyó el control telefónico, para no citar más que un caso. El poder ha comprendido que su eficacia será tan grande cuanto menor sea su visibilidad. La verdadera fuente del poder se debe

1 Yves STOURDZE, Espace, circulation, pouvoir: l’Homme et la Société, nº 29-30, p.90. 2 STOURDZE, op.cit., p.98.

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143 buscar, entonces, en la comunicación más que en la circulación. Esto es verdad para todos los actores que son conducidos a adoptar una estrategia paradójica, pero notablemente coherente. La circulación se ofrece a sí misma como un espejo, no se le puede disfrazar ni disimular; en una palabra, es inútil volverla invisible; en consecuencia se le debe exaltar, mostrar, manifestar en todo su esplendor. Así se puede saber todo o casi todo acerca de las redes de circulación. Es relativamente fácil conocer los flujos de hombres y de bienes en la red de carreteras, ferrocarriles, barcos y aviones. Así, si se emiten de manera abierta datos sobre la circulación, hablamos de la secuencia “liberal” de la estrategia del poder. Si por el contrario, se brinda muy poco sobre la comunicación de la información, ya que es mucho más fácil disimularla, esconderla, hablamos de la secuencia “totalitaria” de la estrategia del poder. La función de movilidad del poder no es,a fin de cuentas, bien conocida más que en materia de circulación y,sólo de manera mínima, en materia de comunicación: divulgación de la red de circulación, privatización de la red de comunicación. No es por azar que los actores siguen esta estrategia paradójica: han comprendido que los medios se desplazaban cada vez más hacia la información, cuya gestión y control se facilitan con las técnicas actuales.

Esas estrategias paradójicas llevan a la transparencia de los flujos materiales y a la opacidad de los flujos inmateriales. ¿Quién ignora todavía que es más útil poseer tecnología que recursos materiales? Se objetará que no es evidente en lo que respecta al petróleo. Es parcialmente verdad y, en cualquier caso, es una situación-límite, ya que la complementariedad es indispensable. La ciencia y la técnica pueden producir bienes para sustituirlo.

Uno de los recursos del poder hoy en día es lo informacional y lo informático es uno de sus medios. El verdadero poder se desplaza hacia eso que es, en gran parte, invisible, ya sea que se trate de información política, económica, social o cultural. La comunicación ocupa cada vez más el centro de un espacio abstracto, mientras que la circulación no es más que la periferia. Esto no significa de ninguna manera que la circulación sea menos importante; al contrario, es ésta la que da testimonio de la eficiencia de la comunicación, pero sí significa que el movimiento de la información organiza la movilidad de los seres y de las cosas. El espacio central de la comunicación vampiriza al espacio periférico de la circulación. La comunicación se nutre de la circulación; el territorio concreto se transforma en información y deviene un territorio abstracto y representado: deja ver todos los fenómenos particulares y confusos y esconde lo esencial, que se transforma en orden. Independientemente de que se trate de circulación o de comunicación, los actores están siempre enfrentados a la misma cosa: una red. No a las “líneas obligadas” que toman los flujos y que nadie ve nunca en su realidad y su totalidad, sino más bien a la representación de esos caminos conectando puntos: “Imaginemos, dibujado en un espacio de representación, un diagrama de red. Está formado por un instante dado -ya que veremos ampliamente que representa un estado cualquiera de una situación móvil-, por una pluralidad de puntos (vértices) conectados entre ellos por una pluralidad de ramificaciones (caminos).”4

La palabra importante es “dibujo”: la marca del “dibujo” del poder. Cualquier estrategia no es, al principio, más que un pensamiento, un discurso o un grafismo que sintetiza las preguntas “cómo”, “por qué” y “cuándo”. Preguntas organizadas, no en el modo de la linealidad, sino en el de la “tabularidad” que enriquece la cantidad de mediaciones posibles y las suaviza.5 Esta multiplicidad de caminos que funda la indeterminación del flujo es, según Michel Serres, la condición de la astucia.6 La red aparece, desde ahí, como los hilos sostenidos por una malla suave que puede amoldarse a

4 Michel SERRES, Hermès ou la communication, Editions de Minuit, Paris, 1968, p.11. 5 Michel SERRES, op.cit., p.13.

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144 todas las situaciones concretas, y por lo mismo, deformarse para apresar mejor. La red es proteiforme,7 móvil e inacabada. De esta condición inacabada obtiene su fuerza en el espacio y en el tiempo: se adhiere a las variaciones del espacio y a los cambios que se dan en el tiempo. La red hace y deshace las prisiones del espacio convertido en territorio: libera al mismo tiempo que aprisiona. Por eso es el “instrumento” por excelencia del poder. Circulación y comunicación proceden de estrategias y están al servicio de estrategias. Las redes de circulación y de comunicación contribuyen a modelar el contexto espacio- temporal que es cada territorio. Dichas redes son inseparables de los modos de producción que aseguran la movilidad. Los sistemas sémicos materiales son producto de una “lectura” ideológica en varios niveles, en la medida en que están trazados, construidos y utilizados o, si se prefiere, “consumidos”. El dibujo, construcción y utilización de una red, dependen de los medios a la disposición (energía e información) de los códigos técnicos, socio-políticos y socio-económicos y de los objetivos de los actores.

Si no hubiera restricciones de ningún tipo, es evidente que cualquier actor aseguraría la circulación o la comunicación entre una serie de puntos y escogería la red máxima “definida por la totalidad de las relaciones más directas.”8

Sería un caso ideal, seguramente, que no tiene sentido en un mundo donde los recursos son finitos. De hecho, nunca estamos en relación con la red máxima, sino con redes de circulación que son “el resultado de la manifestación de las restricciones técnicas y económicas a la vez.”9

En la práctica intervienen otras restricciones, como las que son producto del dominio político o del dominio social. La red de circulación implica un compromiso entre la red máxima, los medios disponibles y las condiciones reales. Es “la red de las circulaciones [la que] permite concebir la naturaleza de la red geográfica”10

, que es la que toma en cuenta la disposición de los territorios y la distancia. Algunos autores, como Leawit, se han interesado por la descripción de los gráficos y han creado índices de centralidad y de periferialismo, por ejemplo.11 (Figura 38) (tabla 3).

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De Proteo, que puede presentarse bajo las formas o aspectos más diversos (NdT) 8 Cf. Michel CHESNAIS, Le renouveau du chemin de fer, Economica, Paris, 1979, p.187. 9 Ibid., p. 187.

10 Ibid., p.187. 11

145 Figura 38 Tabla 412 A B C D E F G H I A 0 1 3 2 3 4 3 4 4 24 B 1 0 2 1 2 3 2 3 3 17 C 3 2 0 1 2 3 2 3 3 19 D 2 1 1 0 1 2 1 2 2 12 E 3 2 2 1 0 3 2 3 3 19 F 4 3 3 2 3 0 1 2 2 20 G 3 2 2 1 2 1 0 1 1 13 H 4 3 3 2 3 2 1 0 1 19 I 4 3 3 2 3 2 1 1 0 19 162 Índice de centralidad Índice relativo de periferialismo A 6.75 6.75 B 9.52 3.98 C 8.52 4.98 13.50 0 E 8.52 4.98 F 8.10 5.40 G 12.46 1.04 H 8.52 4.98 I 8.52 4.98 12

146 Podemos imaginar redes en las que el índice de centralidad es máximo para todos los puntos y el índice relativo de periferialismo, mínimo.13 En cambio, en la red llamada “rueda” hay un solo centro con un índice máximo de centralidad y de puntos con el mismo índice relativo de periferialismo (Figura 39).

Figura 39

Es fácil percibir el interés que estos dos índices pueden presentar en materia de análisis del poder. Sin embargo, sería ingenuo pensar que agotamos el problema del poder con esos índices de centralidad y de periferialismo. Se trata de instrumentos cómodos, cierto, pero que son insuficientes ¿es preciso decirlo? En efecto, sería plantear la equivalencia o la equipolencia de cada uno de los ángulos, lo cual sería imposible. La red es, por definición, móvil en el contexto espacio-temporal.Depende de los actores que administran y controlan los puntos de la red; es decir, dependen de la posición relativa que ocupa cada uno de ellos en relación a los flujos que circulan o que son comunicados en la o las redes.

Es esta movilidad de la red la que vuelve superficial la imagen utilizada por quienes comparan al sistema de circulación con un organismo vivo.14 Un sistema de circulación no posee esta propiedad “que llamamos la teleonomía”15

y no se reproduce de manera invariante.16 Un sistema de circulación es un instrumento creado, producido por actores y reproducido de manera variable en función de proyectos políticos y económicos que evolucionan. La analogía no es solamente inadecuada sino peligrosa, ya que “naturaliza” una situación que, por definición, evoluciona en un espacio tiempo.

Si consideramos solamente la circulación, notaremos que cualquier red está en perpetuo cambio, según lo que las estrategias privilegien, la gran o la pequeña escala. La estrategia

13

Cf. KAUFMANN, Des points et des flèches…la théorie des graphes, Paris, 1968, p.102-104. 14 Cf. Maurice WOLKOWITSCH, Géographie des transports, A. Colin, Paris 1973, p.6

15 La teleonomía se refiere a la calidad de aparente propósito y de orientación a objetivos de las estructuras y funciones de los organismos vivos (NdT)

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147 romana en materia de circulación reivindica una concepción a pequeña escala. Se trataba de romper el aislamiento de los territorios conquistados respecto a Roma, en la medida en que crecía la extensión del Imperio. De ahí la construcción de grandes ejes. Grandes ejes que conectan los puntos centrales, que permiten el control y la gestión de vastos espacios. Grandes ejes que facilitan el desplazamiento de las legiones, garantía de la “pax romana.” Estrategia a pequeña escala también, como la de los Waldstätten, quienes aseguraban, dada la maestría del puente de San Gotardo, las conexiones entre las vertientes norte y sur de los Alpes. Estrategia incluso a menor escala, la de los rusos que lanzaron la vía del ferrocarril Transiberiano hasta Asia.

Las estrategias a pequeña escala se utilizan para intentar una integración territorial y una continuidad en el ordenamiento de las distancias: control de los espacios “moleculares”, por oposición a los espacios “atómicos”. En dichas estrategias se le otorga mayor importancia, más significado, a los puntos terminales que a los intermedios. Esto aparece con toda claridad cuando los grandes conjuntos territoriales se desintegran. Pensemos en la red ferroviaria del Imperio Austro-húngaro, centrada en Viena y Budapest. Era prueba de una bipolaridad política que voló en pedazos al día siguiente de la primera guerra mundial. Con la creación de nuevos Estados, fue necesario reorganizar las redes y construir nuevos ejes para afirmar el papel de ciertas capitales como Belgrado, por ejemplo.17 La concepción territorial de estas estrategias es con frecuencia muy abstracta, ya que postula la homogeneidad, la isotropía y la transparencia del espacio. Todas ellas son propiedades que no existen más que a nivel de una representación, pero de ninguna manera en la realidad territorial vivida. ¿Es preciso agregar que estas estrategias, en la mayoría de los casos, si no es que siempre, se desarrollan por Estados que se inspiran en códigos jerárquicos y centralizados? Es la presbicia bien conocida de los “Imperios”.

Los actores políticos se inspiran casi siempre en principios jerárquicos y centralizadores; las estrategias a grande y mediana escala son menos fáciles de poner en evidencia y de ilustrar. Aunque en países de vieja tradición federalista, por ejemplo en Suiza, se puede descubrir, respecto a la red de carreteras, una estrategia a mediana escala. La red de Suiza occidental y la de Suiza oriental se desarrollaron en forma simultánea. No se han vinculado, por lo que hay una ruptura que puede sorprender al observador y que es difícil de interpretar, ya que es ambigua. La discontinuidad pareciera caracterizar las estrategias a mediana y gran escala, pues sus proyectos se interesan menos por la integración de los espacios moleculares que por la de los espacios atómicos. ¿Será que la miopía de los regionalismos se da a partir de la presbicia de los Imperios? En cualquier caso, hay una oposición entre el dominio territorial atómico y el dominio territorial molecular. La habilitación del ferrocarril en Australia parece haber sido producto de estrategias del mismo tipo, conducidas por actores que, sin haber adoptado las mismas separaciones de vías, determinaron la existencia de redes yuxtapuestas.

Esas diferentes estrategias no son exclusivas, sino complementarias. Son, además, secuenciales y sucesivas. Es raro, en efecto, que el desarrollo de las redes se haga simultáneamente a pequeña y gran escala. Es conveniente descifrar las redes a través de su historia y a través de los territorios donde se instalaron, a través de los modos de producción que permitieron su instalación y a través de las técnicas con que las construyeron. Las redes son no solamente el espectáculo del poder, sino la imagen del poder.

Consideremos ahora las redes de comunicación.18 Es la otra cara de la movilidad, la que por su naturaleza esencialmente informacional, da significado al movimiento. Mucho antes

17 WOLKOWITSCH,Op.cit., p.132.

18 Cf. Kart W. DEUTSCH, The nerves of government models of political communication and Control, the Free-Press, New York, Collier-McMillan Ltd, London, 1968.

148 de M. Mc Luhan, quien mejor ha puesto en evidencia la importancia de la comunicación como forma de distribución de información, fue seguramente H. A. Innis.19 La información, hecha de mensajes, es “comunicada” por medios cuya naturaleza y utilización implican cierta concepción del espacio y el tiempo, de la gestión y del control, para los que la comunicación es indispensable. Esta consideración de Innis sobre el tiempo y el espacio no carece de originalidad: “Gobernar de modo efectivo grandes áreas depende en gran medida de la eficiencia de la comunicación”.20

Gobernar, claro, pero ¿sobre qué superficie y durante cuánto tiempo? La idea fundamental de Innis es que, al parecer, no es posible dominar igualmente el espacio y el tiempo: “Los conceptos del tiempo y el espacio reflejan la importancia de los medios de la civilización.”21

El medio de la comunicación, es decir, la parte significante o “material” del mensaje o, en otros términos, la forma de circulación del mensaje, determina más nítidamente el dominio del contexto espacio-temporal.

¿Qué quiere decir esto? Que hay medios masivos de comunicación que permiten “atravesar