Y FACTORES DETERMINANTES
No todos los acercamientos al tema de la profesionalidad de la ASC se han hecho con el mismo acierto y claridad de ideas. Algunos confunden las características profesionales de la ASC con lo que en realidad deben ser las cualidades perso- nales de cualquier animador, ya sea profesional o voluntario, incluso se llegan a mezclar unas con otras, abundando más en la confusión reinante que en la clarificación del tema (Quintana, 1993: 45-46). Otros, en cambio, nos aportan una buena base para establecer las condiciones fundamentales pa- ra profesionalizar la animación. Partiendo de estos últimos autores (Augustin y Gillet, 2000: 113 y ss; López-Aróstegui, 1997: 83-145), podemos resumir dichos criterios de profesio- nalización en cinco:
1. Delimitación de su objeto: en base a la determina- ción de su campo de trabajo, de sus destinatarios y de su finalidad.
2. Establecimiento y reconocimiento de una formación au- tónoma y específica, a través de unas titulaciones oficiales que transmitan un saber científico fundamentador y confi- gurador de la profesión.
3. Existencia de un estatuto —que establezca y explicite un conjunto básico de reglas profesionales— y de un códi-
go deontológico, que defina un sistema de valores, compor-
tamientos y directrices sustentadores de la ética profesional del animador.
4. Reconocimiento de la profesión, tanto por parte de la
sociedad, como de las instituciones y también del resto de los profesionales. Este reconocimiento se ha lleva a cabo a
través de las instancias legitimadoras de los poderes públicos y del mercado.
5. Existencia de mecanismos de producción, control e iden-
tificación profesional del sistema de la ASC que permitan la
adaptación, la creación, el mantenimiento y la defensa del trabajo y de los trabajadores de la animación.
Partiendo de este esquema básico, voy a intentar co- mentar a continuación algunos de los aspectos que consi- dero más urgentes e importantes.
1. Determinación de su objeto y finalidad
He aquí una de las primeras y más importantes dificulta- des, habida cuenta del carácter polisémico del término ani- mación, así como de la heterogeneidad de definiciones da- das al respecto. Por tanto, sólo podremos dar este paso, si somos capaces de superar este primer estadio centrífugo y llegar a converger en una finalidad común a todas las mo- dalidades de ASC existentes que dé con el objeto básico de dicha profesión. Esta finalidad podríamos situarla en torno a la participación (social, cultural y educativa fundamen- talmente). De este modo, la finalidad de la ASC será el de -
cultural y su objeto vendría dado por los destinatarios de
aquélla —esto es, todas aquellas personas con necesidad o
déficit de autonomía sociocultural— así como por sus espa-
cios preferentes de actuación (en nuestro caso, la anima- ción trabaja en la intersección e intermediación de diferentes espacios: a saber, el social, el cultural y el educativo prefe- rentemente).
J Delimitación de competencias. Una vez aclarado el obje- to de la ASC, es preciso determinar las competencias del animador: ¿qué es capaz de aportar para el logro de dicha finalidad, teniendo en cuenta las características de los des- tinatarios? La ASC no es el bálsamo mágico que sirve para todo, ni el animador es el superman que puede solucionar todas las necesidades socioculturales de la gente. La poli- valencia y flexibilidad, por otra parte necesaria, de la ASC, ha de tener unos límites si quiere llegar a ser profesional. Y estos límites los han de poner:
• los destinatarios: sus características, intereses, nece- sidades...
• la finalidad de la animación: desarrollar la participa- ción para la autonomía sociocultural.
• las competencias del animador: que vienen dadas por su capacitación (funciones y tareas, formación de ba- se y cualificación específica o especialización) y por su nivel profesional (de entre los cinco niveles euro- peos existentes).
Como podemos observar, el camino de la profesionali- zación está muy alejado de esa tendencia mi(s)tificadora, que concibe la ASC como una nebulosa de heterogéneas e imprecisas acciones o como un saco sin fondo en el que ca- be casi todo, sin quedarse nunca con casi nada. La viruela del «pananimacionimo», en su momento certeramente de- nunciada por autores como Ezequiel Ander-Egg (1983) o Charles Delorme (1985) nos ha demostrado cómo este tipo de estrategias expansionistas indiscriminadas, lejos de con-
tribuir al desarrollo profesional de la ASC, terminan abo- cándola al desprestigio y a su disolución. Si queremos real- mente consolidar la profesión del animador sociocultural, es imprescindible que su espacio profesional esté bien de- finido. Esto no quiere decir que haya que cerrar el campo de la ASC haciéndolo impermeable a nuevos y futuros es- pacios y demandas de intervención. Por el contrario, el te- ner un patrón profesional definido ayudará a relacionarlo y aplicarlo certeramente a cada una de las nuevas situacio- nes sociales, sectores poblacionales desatendidos, ámbitos de intervención potenciales, huecos desatendidos...
Para todo ello, se debería crear un observatorio profesional
de la ASC, capaz de detectar las nuevas tendencias, descu-
brir nichos o yacimientos inadvertidos, rompiendo y supe- rando al mismo tiempo determinados clichés, estereotipos y asociaciones cerradas o empobrecedoras entre sectores y ámbitos tradicionales de animación (ocio e infancia, ani- mación y educación no formal...), potenciando aquellas es- trategias y áreas menos desarrolladas, pero con demanda potencial de futuro.
Junto a las condiciones mencionadas, conviene asimis- mo tener en cuenta una serie de estrategias para incremen- tar el desarrollo profesional de la ASC:
1. Desarrollar los distintos niveles de intervención en ba- se a niveles de formación diferentes, distinguiendo las tareas auxiliares y de apoyo (niveles I y II) de las de acción directa (nivel III), coordinación (nivel IV), in- vestigación y diseño de políticas (nivel V) (Ventosa, 1997: 15 y ss.).
2. Diversificar las fuentes de financiación de los progra- mas y servicios de ASC, implicando a otras instancias distintas a las de la Administración pública, con el fin de garantizar su estabilidad y permanencia.
3. El papel de los animadores en el desarrollo de su pro-
animadores de la gente han de ser animadores de su propia profesión a través de una serie de estrategias tales como:
a) El aumento de la conciencia profesional.
b) Incremento de publicaciones, investigaciones, en- cuentros...
c) Desarrollo del asociacionismo profesional. d) Aumento de su presencia, peso y capacidad de in-
terlocución como colectivo ante los estamentos públicos y privados con responsabilidad en la con- figuración y funcionamiento de las políticas y ser- vicios socioculturales.
e) Coordinación y colaboración con otros colectivos de profesiones afines (educadores y trabajadores sociales, gestores y técnicos culturales, agentes y técnicos de turismo, deporte y desarrollo local...). f) Sistematización y explicitación de las herramientas
y procedimientos propios del trabajo de la ASC. g) Incremento de la presencia en los medios de co-
municación tanto propios (revistas especializadas de ASC, desarrollo de portales o web temáticas de ASC en Internet...), como ajenos (prensa, radio, televisión...).
h) Desarrollar elementos simbólicos de identifica- ción profesional (unificación del discurso y del lenguaje, símbolos profesionales, equiparación y homogeneización de escalafones laborales...). Un aspecto especialmente importante del protagonismo que los animadores y animadoras socioculturales han de afrontar en relación a su propia profesión es el de la pre-
ponderancia de su autonomía profesional, tanto frente a las
exigencias institucionales y políticas como ante las modas o inercias sociales. Esto significa:
1. Tener voz propia, opinión cualificada e independen- cia de criterio.
2. Prestar atención en primer lugar a las necesidades la- tentes o implícitas del cuerpo social, luego a las de- mandas explícitas de los destinatarios, y finalmente contrastarlas con las directrices políticas o institucio- nales.
El animador como mediador/intermediario que es entre la población y las instituciones, ha de salvaguardar celosa- mente su independencia a la hora de apoyar a unos o a otros, según su propio criterio y no obedeciendo a consignas externas y preestablecidas. Una defensa a ultranza y siempre de las posiciones de la Administración deja de ser interme- diación para convertirse en control social. Pero un posicio- namiento acrítico y permanente de parte de los destinata- rios, puede convertirse en una pose populista y demagógica. Otro de los temas pendientes que hay que aclarar es la
diferenciación entre el campo profesional y el del voluntaria- do. En la actualidad, persiste una gran confusión al respec-
to, en buena parte derivada del contraste entre el origen históricamente asociativo y voluntario de la ASC, su poste- rior institucionalización y su actual desarrollo profesional. La incorrecta transposición de esta visión diacrónica a un análisis sincrónico del presente, ha llevado a unos a conce- bir el voluntariado sociocultural como una fase previa y me- nos evolucionada, frente al ejercicio profesional de la ani- mación (Augustin y Gillet, 2000: 102-103) o a confundir las características profesionales de la ASC con las cualidades personales de cualquier animador, profesional o volunta- rio (Quintana, 1993: 45-46).
Esto lleva a desacreditar o, cuando menos, a ignorar al voluntariado, convirtiéndolo en una versión barata y des- cualificada de la animación profesional, cuando en realidad ambos campos son de naturaleza distinta, con funciones di- ferentes aunque igual de importantes y complementarias. Es
necesario comprender de una vez por todas que el trabajo profesional del animador es una labor básicamente de inter- mediación y de apoyo al tejido social, por lo que se ha de sus- tentar en un sustrato previo en el que la iniciativa ha de ser ciudadana y asociativa, es decir, voluntaria. Por tanto, no es posible el ejercicio profesional de la ASC sin una base de vo- luntariado que mantenga ese tejido social por el que el ani- mador profesional trabaja. Lo contrario sería convertir la ACS en un trabajo burocratizado y dirigista, en mera pro- gramación y difusión sociocultural precocinada, algo com- pletamente diferente a la naturaleza y finalidad de la ASC. Ni el voluntariado puede convertirse con el intrusismo y la pre- carización profesional, ni la animación profesional se ha de confundir con el voluntarismo y la militancia.
De las respuestas de los agentes y expertos consultados al respecto (López Aróstegui, 1995; Ventosa, 1997), pode- mos deducir que el factor que se considera más importan- te para el desarrollo y consolidación profesional de la ASC es el de su conexión con la realidad y con las demandas so- cioculturales que de ella emanen.
El problema surge al plantearnos a qué tipo de realidad y de necesidades nos referimos y sobre todo, quién las de- fine. La respuesta la dan los mismos consultados al abogar por una búsqueda de un equilibrio y de un consenso entre todos los agentes implicados (técnicos, políticos, destinata- rios, formadores, instituciones...). Las variables para tratar de conseguir este consenso deberían contemplar:
• Necesidades sentidas por los destinatarios. • El mercado: oferta y demanda pública y privada. • La evaluación del trabajo sociocultural realizada por
los mismos profesionales de la animación.
• El ajuste entre las necesidades y demandas sociocultu- rales y las funciones propias del animador sociocultural.
Para todo ello, habrá que procurar mantener en equili- brio las relaciones de fuerzas entre los componentes básicos del llamado triángulo contractual de la ASC (Ventosa, 1993: 117 y ss.).
Junto a este importante factor de desarrollo profesio- nal, le siguen en orden de importancia los siguientes:
• El grado de desarrollo económico y de voluntad polí- tica. Tanto la disponibilidad de recursos como la vo- luntad política de los futuros gobiernos se consideran variables esenciales para la futura consolidación pro- fesional de la ASC.
• El mercado, la demanda y la competencia, serán de- terminantes en relación al desarrollo paulatino de la calidad de vida, el diseño de las futuras políticas y de los modelos de gestión de los servicios socioculturales por parte de la Administración y los nuevos servicios comunitarios y personales, surgidos de las cada vez mayores cotas de bienestar social y nivel de vida. • La dialéctica entre las nuevas necesidades y demandas
sociales (redistribución, compensación, promoción sociocultural...) y los intereses político-ideológicos de cada momento (con el peligro constante de manipu- lación de la ASC como instrumento de control social y de amortiguación de conflictos...).
• El papel de la sociedad civil en el futuro inmediato, an- te lo cual ya se llegan a observar diversas tendencias y encrucijadas:
— Pérdida de influencia de los grupos de presión corporativos en favor de una cierta recuperación del movimiento asociativo de base local y comu- nitaria (barrios) a partir de centros de interés con- cretos (ecología, música, juegos de rol y de orde- nador, Internet...).
— A partir de lo anterior, también se entrevé un ma- yor desarrollo de la sociedad civil sobre la buro- cracia político-administrativa, con el consiguiente incremento de la presencia y el control de aquélla sobre ésta.
— Asimismo, se camina hacia una normalización de la gestión privada de los servicios de ASC, tanto los de titularidad privada como los de titularidad pública, previéndose incluso una plena integra- ción de aquélla dentro de la red de servicios pú- blicos (mediante fórmulas de cogestión, externa- lización de gestión o gestión mixta).
— En línea con el anterior punto, se prevé también una potenciación del voluntariado sociocultural como tercer sector, es decir, la conversión pro- gresiva de un cierto sector del asociacionismo en entidades prestadoras de servicios de animación sociocultural sin ánimo de lucro, pero con una gestión cada vez más profesionalizada. Cabe des- tacar cómo en el impulso a esta transición está asumiendo un papel muy destacado la propia Ad- ministración, quien bajo el pretexto de pretender promocionar el asociacionismo, está transfiriendo a sus representantes la gestión —sobre todo lo- cal— de determinados programas y servicios pú- blicos socioculturales. Ello está provocando serios problemas de identidad y desnaturalización del asociacionismo y al voluntariado que lo nutre, y también plantea situaciones de competencia des- leal en relación a las empresas de animación y tiempo libre que ya empiezan a implantarse. • Otra variable importante es la consolidación de la ofer-
ta formativa, dirigida tanto a la homologación y reco-
nocimiento oficial de las titulaciones en animación existentes (profesionales y universitarias), como al de -
sarrollo de la formación permanente y de postgrado de los ya titulados o profesionales de la ASC.
• La tendencia, procedente de la progresiva conver- gencia europea, hacia la construcción de una socie- dad cada vez más cohesionada y con mayores cotas de calidad de vida, se dejará notar sobre todo en los paí - ses más rezagados como los nuestros. Ello influirá po- sitivamente en el desarrollo de una red cada vez más extendida de servicios socioculturales.
• Finalmente, el surgimiento de nuevos espacios emer- gentes de animación, resultado de los factores ante- riormente apuntados, constituye otro de los indica- dores de la futura expansión profesional de la ASC. Junto a los ámbitos y sectores tradicionales de la ani- mación (ocio y tiempo libre, infancia y juventud...), están surgiendo otros nuevos con un prometedor po- tencial de futuro:
— La animación deportiva: el deporte como medio de participación y desarrollo asociativo, deporte po- pular y tiempo libre, deporte de aventura, lúdico- recreativo, popular, asociativo, animación de es- pacios y equipamientos deportivos... (Deechavanne, 1991; De Diego y Sagredo, 1993).
— Animación de y con personas mayores: bien desde la perspectiva del asociacionismo y voluntariado, bien en la del ocio y tiempo libre, las actividades físicas y de animación deportiva o las del turismo social (Castro, 1990; Cubero, 1991; Lara y Cube- ro, 1993; Sáez Carreras, 1996).
— Animación turística: tanto en las nuevas tendencias de turismo activo (agroturismo, turismo rural, tu- rismo cultural...) como en las más consolidadas (animación de hoteles y complejos turísticos) (Chaves y Mesalles, 2001).
— Animación de espacios de ocio y centros comercia-
les: bien sea basándose en campañas puntuales y
programas eventuales, o a través de servicios per- manentes incorporados a los centros de forma es- table.
— Animación sociolaboral: ya sea en su vertiente for- mativa a través de programas y servicios de forma - ción ocupacional (escuelas-taller, casas de ofi- cio...), ya sea en su vertiente de inserción laboral (talleres de autoempleo, servicios de asesora- miento para la creación de empresas, hoteles o se- milleros de empresas...) (López-Aróstegui, 1995). — El desarrollo del sector educativo: tanto en su ver- tiente formal (animación de centros educativos, ac- tividades extraescolares, comedores escolares...), como no formal o de apoyo al sector escolar (clubes o centros de ocio y tiempo libre, diseño y elabora- ción de materiales y recursos lúdico-didácticos pa- ra asignaturas transversales y nuevas áreas educa- tivas: educación para el consumo, educación para la salud, educación para la convivencia y la paz, educación para la participación...) (Ventosa, Blan- co, Escudé y Entrena, 1992).
— La animación con sectores y grupos de necesidades
especiales, tales como discapacidades (Mora y Sal-
daña, 1992; Ventosa y Marset, 2000) o delincuen- cia (Arnanz, 1988; Sedano y Fernández, 1995)... Estos nuevos ámbitos y otros muchos más (animación teatral, animación museística, animación a la lectura, ani- mación en prevención y tratamiento de toxicomanías y dro- godependencias...), revelan la vitalidad de un campo pro- fesional que lejos de haber tocado techo, está en los inicios de un prometedor despegue.
Para terminar este capítulo y como muestra de este fe- cundo panorama, nos vamos a detener, si quiera breve-
mente, en algunas de estas nuevas especialidades emer- gentes de la animación.