Capítulo I. El papel de Shakespeare en la renovación literaria española del
B. Jacinto Benavente, discípulo y traductor
B.1. Benavente, traductor de Shakespeare
Benavente sentía una verdadera fascinación por Shakespeare. No sólo empleó ciertos recursos aprendidos de su maestro sino que estudió y tradujo sus obras. En muchas declaraciones suyas se percibe el cariño especial que tenía por el escritor de inglés. Los dos artículos narrando su viaje a Inglaterra, «Abril predestinado» y «El teatro de Strafford»,
publicados en el diario ABC, constituyen un buen ejemplo de esta admiración sin límites. En el segundo, Benavente deja constancia de su opinión sobre el dramaturgo inglés:
Shakespeare es, ¿quién puede dudarlo?, un gran autor dramático, pero nada sería si sólo fuera autor dramático. Es ante todo un gran poeta, un admirable poeta lírico. Ningún autor dramático ha hablado tanto por sí mismo como Shakespeare por boca de sus personajes. Si en la representación no parece el poeta sobre todo; puede decirse que la obra gana poco representada y es preferible su lectura. [1948: 3]7
A la luz de estos testimonios benaventinos, no es de sorprender que el dramaturgo español se dedique a estudiar los personajes del Bardo y a traducir algunas de sus piezas teatrales. Sin embargo, Emilio Peral Vega señala que la traducción de las obras de Shakespeare fue «una empresa que, habida cuenta de su ritmo creativo, había de quedar atisbada, pues fruto de ella sólo no han llegado una traducción de El rey Lear -para la editorial La Lectura- y otra, bastante posterior, de Hamlet» [2010: 240]. Al leer la reseña que pareció el 30 de diciembre de 1911 en El Imparcial, no cabe duda de que Benavente pretendiese poner al alcance de todos los españoles la belleza de las obras de Shakespeare:
Traducciones de Shakespeare
La Lectura acaba de enriquecer sus notables ediciones de libros clásicos, inaugurando una Biblioteca
shakespiriana [sic], que comprenderá las obras completas del inmortal trágico inglés. El primer tomo que acaba de aparecer está dedicado a la versión de El Rey Lear.
El gran atractivo que ofrecerán estas traducciones consiste en estar hechas por el insigne autor dramático Jacinto Benavente. La traducción de El Rey Lear es sencillamente magnífica, reuniendo todas las cualidades que avaloran este género de labor literaria; conocimiento del idioma del autor traducido, análisis profundo de su espíritu, fidelidad escrupulosa e interpretación insuperable. [Anónimo, 1911: 5]
No es casualidad si la primera traducción que realiza el madrileño es la del El rey Lear. Se trata de una de sus obras preferidas del Bardo. Siendo así, su conocimiento de la obra es excelente y la calidad del trabajo de Jacinto Benavente es indudable. Su objetivo principal es respetar el texto, ser lo más fiel posible a los vocablos empleados por su maestro. No obstante, Laura Campillo Arnaiz señala que no es una traducción académica:
Benavente's translation is definitely not a philological one -there are no lenghty introductions to the play, preliminary notes or scholary epilogues to the text. As Benavente himself declared, he didn't want his translation to be "tiring and boring to read" and so he devoted much time and thought to emphasise the crispness and spontaneity of dialogue. [2009: 132]
7
Este artículo y el anterior, publicado el día 18 de abril, se pueden consultar en los anexos. No sirven únicamente para conocer las impresiones de Benavente tras su viaje a Inglaterra, sino que descubren la real importancia que tuvieron Shakespeare y sus obras en la vida del dramaturgo español. Asimismo, estas dos publicaciones pueden también verse como un guiño a otro escritor muy preciado del madrileño, Benito Pérez Galdós, quien había publicado La Casa de Shakespeare, relato de su viaje a la patria del Bardo.
El deseo de no dar al lector una traducción aburrida puede entenderse a luz de un artículo de Benavente en Revista contemporánea. En su texto, se percibe la importancia que tiene para él la lectura de las piezas shakespearianas y el deleite que de ellas saca:
Como irisada urdimbre, va tejida nuestra existencia con los hilos de nuestros sueños. Shakespeare lo dijo: ¡Shakespeare! He aquí uno a quien puede leerse una y otra; de niños nos asombra, no lo entendemos pero atrae como algo misterioso y grande, y sin comprender lo seguimos leyendo sin cansancio, y terminada la lectura, percibimos con mayor claridad la obra en nuestro espíritu, como percibimos mejor nuestras emociones de hoy, en el recuerdo de mañana. La obra de arte es recuerdo de emociones, nunca la emoción misma. No hay paisajes de luz más falsa que los pintados a plena luz. El verdadero artista no coge del natural, recoge de su propio espíritu.
Por eso la obras de Shakespeare sólo se abren verdaderamente cuando se cierran; pasado tiempo, podéis volver a abrirlas y a leerlas. [1897: 324]
Es de pensar que el placer que le produjo la lectura de Shakespeare lo quiso compartir con los lectores de su inacabada colección de traducciones. Dejando de lado las informaciones culturales que insertó, Benavente intentó ofrecer a los españoles las obras de Shakespeare en su belleza más pura, sin adornos académicos que pudieran entorpecer la lectura.
Esta admiración que reflejan sus traducciones, también se puede apreciar en el propio arte de Jacinto Benavente, sea por medio de las alusiones a Shakespeare presentes en sus obras, o gracias a las adaptaciones que hizo de las piezas del Bardo.