Capítulo I. El papel de Shakespeare en la renovación literaria española del
B. La herencia shakespeariana en los personajes lorquianos
B.1. Bernarda Alba y Lady Macbeth, dos mujeres virilizadas
Lady Macbeth, una de las protagonistas de la tragedia Macbeth, y Bernarda Alba, la cabeza de familia del drama rural andaluz, son dos personajes singulares dentro de la dramaturgia de Shakespeare y de García Lorca. Aunque sean representantes del mal llamado «sexo débil» y a pesar de que les separen cientos de años, ambas asumen un papel muy virilizado dentro a obras. En rigor, Bernarda es viuda y tiene que mantener bajo su autoridad a sus hijas y criadas, convirtiéndose así en una tirana doméstica. Por su parte, Lady Macbeth está casada con un hombre bueno, cándido y de poca voluntad. Su principal tarea será enseñar a Macbeth
el camino al poder, poder que ella tanto ansía pero que no puede conquistar sola por su condición de mujer. Tanto su inteligencia como la autoridad que tiene sobre su marido son elementos claves de la tragedia shakespeariana. Ambas protagonistas representan un buen ejemplo de lo que se ha llegado a nombrar «mujeres virilizadas».
En primer lugar, tanto Lady Macbeth como Bernarda Alba están muy preocupadas por las apariencias, aunque sus motivaciones sean distintas. La reina de Shakespeare no puede permitirse que nadie descubra el malévolo plan que está poniendo en marcha para llevar a Macbeth al trono. Para ello, no le importa aconsejar a su marido con mucha condescendencia, dejando claro quién es la que manda en la pareja:
LADY MACBETH. - En tu rostro, esposo mío, leo como en un libro abierto lo que esta noche va a pasar. Disimula prudente: oculte tu semblante lo que tu alma medita. Den tu lengua, tus manos y tus ojos la bienvenida al rey Duncan: debes esconder el áspid entre las flores. Yo me encargo de lo demás. El trono es nuestro. [Shakespeare, 2009: 42]
Heather McPherson señala, en su artículo «Masculinity, Femininity, and the Tragic Sublime: Reinventing Lady Macbeth», que « [e]ven though Lady Macbeth is not on stage for much of the play, she plays a seminal role in the dramatic action and functions as a catalyst and psychological foil for Macbeth» [2000: 302]. Por tanto, el aparentar se convierte en una de las claves del estratagema de la mujer para convertir a su marido en rey y acceder al poder, que ella anhela más que nadie.
El ser y el parecer es también uno de los ejes principales en los que se fundamenta La casa
de Bernarda Alba. En el caso de la matriarca, el temor se debe a la presión social que se
ejerce sobre las mujeres en los pueblos de la España de los años 1930. Una actitud mal vista por las gentes del pueblo puede traer la desgracia sobre toda la casa. Numerosas son las alusiones a los cotilleos de las de las vecinas:
BERNARDA. ¡Qué escándalo es éste en mi casa y con el silencio del peso del calor! Estarán las vecinas con el oído pegado a los tabiques. [García Lorca, 2012: 580]
BERNARDA. Cada uno sabe lo que piensa por dentro. Yo no me meto en los corazones, pero quiero buena fachada y armonía familiar. [2012: 591]
Para escapar al ojo inquisidor de los que les rodean, Bernarda no duda en tener una actitud despótica hacia sus hijas. No le importa el afán de las chicas de disfrutar del poco aire que entra al patio o de la necesidad que tienen de ver lo que ocurre en el mundo exterior. Como cabeza de familia, les impone el tradicional duelo: encerradas entre cuatro paredes y siguiendo el estricto código vestimentario, negro y nada más que negro. Al final de la obra,
después del suicidio de Adela, Bernarda se enfrenta a un reto difícil, el de salvaguardar su honor y el de su familia al completo. En rigor, Adela mantuvo relaciones sexuales con Pepe el Romano, ya no es virgen y, peor aún, estaba embarazada. Siendo así, vuelve a surgir el tema de las apariencias:
BERNARDA. […] ¡Mi hija ha muerto virgen! Llevadla a su cuarto y vestirla como si fuera doncella. ¡Nadie dirá nada! ¡Ella ha muerto virgen! ¡Avisad que al amanecer den dos clamores las campanas! [2012: 601]
BERNARDA. Y no quiero llantos. La muerte hay que mirarla cara a cara. Silencio! […] Ella, la hija menor de Bernarda Alba ha muerto virgen. ¿Me habéis oído? Silencio, silencio he dicho. ¡Silencio! [2012: 602]
La matriarca de la familia Alba, por temor a los rumores que puedan surgir en el pueblo, ya no actúa como una madre digna sino como una tirana:
While Bernarda Alba has denied her daughters the right to be themselves, forcing them to fit into the mold of her preconceptions, she has also blocked her own energies through her obssesive lust for power and possession: her ego has overriden her maternal instincts. Instead of expressing her love for her offspring, she uses what nature has bestowed upon her as a weapon to dominate and scourge her daughters. [Knapp, 1984: 382-383]
El deseo de controlar la situación y mostrar su superioridad sobre los demás es otro de los puntos comunes que unen a Lady Macbeth y Bernarda Alba.
Tanto Lady Macbeth como Bernarda Alba son dos personajes femeninos dotados de una extraordinaria personalidad y, más todavía, debido a su condición de mujer. Durante mucho tiempo, la reina de Escocia resultó ser un personaje controvertido. En palabras de Heather McPherson,
Although Lady Macbeth's agressiveness and murderous ambition make her one of Shakespeare´s most powerful female characters, these unnatural attributes clashed with dominant constructs of feminity making her difficult to accept, especially for nineteenth-century audiences. [2000: 302]
Por el contrario, Bernarda Alba no es un personaje tan polémico para los contemporáneos dado que, a pesar de ser tan viril, encarna todos los estereotipos de su generación, especialmente en lo que respecta al papel de la mujer en la sociedad:
In Bernarda Alba's world, […] woman is a vessel, a container, and a procreating agent to be fertilized. Germination of the woman's individuality, of no consequence, merits no consideration. All innovative, joyous, creative sexual elements - outside of birth giving - are extirpated from a woman's life. The happiness of girlhood, of youthful romance and love, is forbidden; to be cut short, crushed. [Knapp: 1984: 383]
El postulado defendido por Bernarda es el que defienden muchos hombres y al cual las mujeres deben someterse, de la misma forma que las hijas se someten a su madre, bajo la amenaza de ser maginadas por el resto de la sociedad y perder su honor.
Dicho esto, no es extraño que la matriarca sea la encarnación de las ideas machistas de la España de los años 1930. De hecho, en varios momentos de la obra, se hace mención de la total autoridad que tenía Bernarda sobre sus maridos. Ninguno de los dos hombres parecía tener el valor suficiente para alzarse contra ella, que les despreciaba de todas sus fuerzas. Poncia, la vieja criada, es la encargada de contar al espectador la pesadilla que vivió el difunto Antonio:
PONCIA. […] Limpia bien todo. Si Bernarda no ve relucientes las cosas me arrancará los pocos pelos que me quedan.
CRIADA. ¡Qué mujer! […]
PONCIA. Ella, la más aseada, ella, la más decente, ella, la más alta. Buen descanso ganó su pobre marido.
(Cesan las campanas.)
CRIADA. ¿Han venido todos sus parientes?
PONCIA. Los de ella. La gente de él la odia. Vinieron a verlo muerto, y le hicieron la cruz. [2012: 553]
Aunque no se llegue a explicar las razones del odio que la familia del muerto le tiene a Bernarda, no sería sorprendente que algo tuviera que ver con la humillación que imponía a su marido durante su matrimonio. En rigor, en las propias palabras de la matriarca se puede percibir el desprecio que sentía hacia él. En el transcurso de una discusión con Magdalena, deja a entender que el fallecido tendía a ser más suave y cariñoso con sus hijas: «Aquí se hace lo que yo mando. Ya no puedes ir con el cuento a tu padre» [2012: 559].
El desdén hacia el marido es algo que comparte Lady Macbeth. En numerosas ocasiones, humilla a Macbeth:
MACBETH. - Tenemos que renunciar a ese horrible propósito. Las mercedes del rey han llovido sobre mí. Las gentes me aclaman honrado y vencedor. Hoy he visto los arreos de la gloria, y no debo mancharlos tan pronto.
LADY MACBETH. - ¿Qué ha sido de la esperanza que te alentaba? ¿Por ventura ha caído en embriaguez o en sueño? ¿O está despierta, y mira con estúpidos y pasmados ojos lo que antes contemplaban con tanta arrogancia? ¿Es ése el amor que me mostrabas? ¿No quieres que tus obras igualen a sus pensamientos y deseos? ¿Pasarás por cobarde a tus propios ojos, diciendo primero: «lo haría», y luego, «me falta valor»? Acuérdate de la fábula del gato.
MACBETH. - ¡Calla, por el infierno! Me atrevo a hacer lo que cualquier otro hombre haría, pero esto no es humano.
LADY MACBETH. - ¿Pues es alguna fiera la que te lo propuso? ¿No eras hombre, cuando te atrevías, y buscabas tiempo y lugar oportunos? ¡Y ahora que ellos mismos se te presentan, tiemblas y desfalleces! [Shakespeare, 2009: 44]
ROSS. - Levantaos: el rey está enfermo.
LADY MACBETH. -No, no continuad sentados. Son accidentes que desde joven padece mi marido. No os levantáis. Es cosa de un momento. Veréis cuál se repone en seguida. No os fijéis en él, porque aumentará su delirio (Aparte a Macbeth) ¡Y dices que eres hombre!
MACBETH. - Y hombre fuerte, pues me atrevo a mirar de hito en hito lo que pondría espanto al mismo Satanás.
LADY MACBETH. -¡Necedad insigne! ¡Sombras que finge el miedo! Es como aquel puñal que decías que te guiaba por el aire cuando mataste al rey Duncan. ¡Consejas tolerables sólo en boca de una anciana el amor de la lumbre. ¡Vergüenza para ti! ¡Y aún sigues turbado! ¡No ves que tu asiento está vacío! [2009: 62]
El desprecio que Lady Macbeth experimenta hacia Macbeth no es racional. Está provocado por sus ansías de poder y el hecho de que Macbeth no esté dispuesto a todo para obtenerlo. Es de suponer que lo mismo ocurre con Bernarda Alba. Es lo que resume perfectamente Moelwyn Merchant en su artículo «His friend-like Queen»:
Lady Macbeth has presumed to judge her husband, reserving the customary moral categories and taking his humane scrupulosity as merely ineffectual weakness. [1977: 48]
Sean cuales sean los motivos del odio que ambas sienten hacia sus maridos, es la razón que provoca en ellas una actitud masculinizada y el deseo de pertenecer al otro sexo. Sin embargo, como lo vimos en el caso de Bernarda Alba, Lady Macbeth también es consciente de cuál es su sitio en la jerarquía social:
LADY MACBETH. - […] Yo he dado de mamar a mis hijos, y sp còmo se los ama; pues bien, si yo faltaría a un juramento como tú has faltado, arrancaría el pecho de las encías de mi hijo cuando más risueño me mirara, y le estrellaría los sesos contra la tierra. [2009: 44-45]
Al conocer el lugar que le conviene ocupar en la sociedad, la reina de Escocia tiene que manipular a su marido poniendo en duda su masculinidad y usar de toda su ingeniosidad para saciar sus ansias de gobernar. En la época isabelina, esta actitud contraviene a todas las normas morales impuestas a las mujeres. Pero, Lady Macbeth, al tener conciencia del obstáculo que supone su sexo, apela a fuerzas superiores:
LADY MACBETH. - ¡Espíritus agitadores del pensamiento, despojadme de mi sexo, haced más espesa mi sangre, henchidme de crueldad de pies a cabeza, ahogad los remordimientos, y ni la compasión ni el escrúpulo sean parte a detenerme ni a colocarse entre el propósito y el golpe! ¡Espíritus del mal, inspiradores de todo crimen, incorpóreos, invisibles, convertid en hiel la leche de mis pechos! [2009: 41]
Señala Manuel Ángel Conejero que, en esta cita, «Lady Macbeth, mujer de acción, mujer viril, […] solicita la ayuda de los dioses para seguir luchando, para alcanzar una meta que encuentra la primera dificultad en su sexo» [1980: 51-52]. Gracias a sus dotes de manipuladora, conseguirá su propósito haciendo que su esposo mate al rey, con el fin de
sustituirle. Pero, «[s]ólo a través de la fuerza que recibe de la mujer se atreverá Macbeth a matar a Duncan; a matar a un ser de su mismo sexo» [Conejero, 1980: 52]. A la vista de la situación conyugal en la que se encuentra la pareja shakespeariana, resulta evidente que Lady Macbeth le consiguió arrebatar a Macbeth las riendas de la familia y se ha convertido en el miembro dominante y viril de la pareja.
En el caso de La casa de Bernarda Alba, el acceso al poder de la matriarca se debe al fallecimiento de sus dos maridos. Sin hombre en casa, el puesto de jefe de familia queda libre, aunque es de pensar que, al igual que Lady Macbeth, Bernarda ya tenía cierto ascendente sobre los difuntos y regía con mano de hierro la vida en su casa. El propio nombre de la mujer no fue escogido por García Lorca por casualidad. De hecho, Bernarda significa «con fuerza de oso». Asimismo, nunca se separa de su precioso bastón, claro símbolo fálico y emblema de su poder absoluto sobre los demás miembros de la familia37. Sus despóticas ganas de tener bajo control a todo lo que ocurre bajo su techo alcanza tanto a sus hijas como a sus criadas:
BERNARDA. […] No he dejado que nadie me dé lecciones. [2012: 556]
BERNARDA. (Golpeando con el bastón en el suelo.) ¡No os hagáis ilusiones de que vais a poder conmigo! ¡Hasta que salga de esta casa con los pies adelante mandaré en lo mío y en lo vuestro! [2012: 568]
PONCIA. Mejor será que no me meta en nada.
BERNARDA. Eso es lo que debías hacer. Obrar y callar a todo es la obligación de los que viven a sueldo. [2012: 584]
ANGUSTIAS. Yo tengo derecho de enterarme.
BERNARDA. Tú no tienes derecho más que a obedecer. […] [2012: 585]
Además, en el año 2017, Carlota Ferrer dirigió Esto no es La casa de Bernarda Alba en el Teatro del Canal de Madrid, una versión masculina de la obra lorquiana, propuesta por José Manuel Mora. En este atrevido montaje, todos los actores, a excepción de Julia de Castro que interpretaba a Amelia, eran hombres. Incluso decidieron dar presencia escénica al hombre del que tanto se habla pero nunca se ve, Pepe el Romano. Sin embargo, el único personaje con indumentaria masculinamente marcada, dentro de la casa, era el de Bernarda Alba. Mientras sus hijas llevaban vestidos o tejidos y cortes muy fluidos, y por tanto muy femeninos, Eusebio Poncela, encargado de dar vida a la matriarca, llevaba un elegante conjunto masculino de tres piezas. De tal forma, pudo prescindir del bastón que tanta importancia adquiere en la pieza de
37 En los dibujos de Federico García Lorca también se pueden encontrar ejemplos de mujeres virilizadas, aunque
sea en los rasgos de la cara o en el trazo de los cuerpos. En el caso de las reproducciones 14 y 15, el busto de las mujeres representadas por el poeta no dejan de recordar al torso masculino.
García Lorca. Esta decisión de la directora de escena demuestra que la esencia masculina de Bernarda Alba todavía sigue perceptible hoy en día.
Pero, para lograr una total autoridad sobre las gentes que les rodean, Bernarda Alba y Lady Macbeth comparten otro rasgo, no menos importante: son dos mujeres muy crueles.
La sed de poder y control absoluto que anima a ambas mujeres las convierte en seres violentos y despiadados. Ya se pudo observar en una de las citas anteriores, la violencia de las palabras de Lady Macbeth hacia su marido, especialmente cuando alude a lo que podría ocurrir si faltase a una promesa como madre. A la hora de matar al rey Duncan, cuando la duda asecha a Macbeth, su esposa le anima a seguir adelante con el plan. Ella misma participó en el crimen, al administrar una poción a los guardias para facilitar el asesinato:
LADY MACBETH. - La embriaguez en que han caído me da alientos. ¡Silencio! Es el chillido del búho, severo centinela de la noche. Abiertas están las puertas. La pócima que administré a los guardas los tiene entre la vida y la muerte.
MACBETH. - (Dentro.) ¿Quién es?
LADY MACBETH. - Temo que se despierten antes de que esté consumado el crimen, y sea peor el amago que el golpe... Yo misma afilé los puñales... Si su sueño no se hubiera parecido al de mi padre, yo misma le hubiera dado muerte. [2009: 47-48]
Después del crimen, cuando el miedo alcanza a Macbeth, es ella quien sigue adelante con el maquiavélico estratagema que ha elaborada para escapar de la justicia. Mancharse de sangre no resulta preocuparle si es lo que le permite acceder al trono:
LADY MACBETH. - […] Esposo mío! No te domine así el torpe miedo, ni ofusque el brillo de tu razón. Lava en el agua la mancha de sangre de tus manos. ¿Por qué quitas de su lugar las dagas? Bien están ahí. Vete y ensucia con sangre a los centinelas.
MACBETH. - No me atrevo a contemplar lo que hice.
LADY MACBETH. - ¡Cobarde! Dame esas dagas. Están como muertos. Parecen estatuas. Eres como el niño a quien asusta la figura del diablo. Yo mancharé de sangre la cara de esos guardas. (Suenan
golpes.)
MACBETH. - ¿Quién va? El más leve rumor me horroriza. ¿Qué mano son las que se levantan, para arrancar mis ojos de sus órbitas? No bastaría todo el océano para lavar la sangre de mis dedos. Ellos bastarían para enrojecerle y mancharle.
LADY MACBETH. - También mis manos están rojas, pero mi alma no desfallece como la tuya. Llaman a la puerta del Mediodía. Lavémonos, para evitar toda sospecha. Tu valor se ha agotado en el primer ímpetu. […] [2009: 49]
Sin embargo, la sed de sangre de Lady Macbeth se terminará castigando, respetando así la moral de la época isabelina. La locura poseerá a la reina de Escocia, que se obsesionará con la sangre que mancha sus manos:
Reproducción 14. Federico García Lorca, Bailarina española (1929-1932), Fundación Federico García Lorca,
Reproducción 15. Federico García Lorca, Teorema de la mujer que se come la luna (1930), Fundación
LADY MACBETH. - ¡Lejos de mí esta horrible mancha!... Ya es la una... Las dos... Ya es hora... Qué triste es el infierno... ¡Vergüenza para ti, marido mío!... ¡Guerrero y cobarde!38... ¿Y qué importa que se sepa si nadie puede juzgarnos?... Pero, ¬còmo tenía aquel viejo tanta sangre? […] Pero, ¬por qup no quedan limpias nunca mis manos?... Calma, señor, calma... Qup dañosos son esos arrebatos! […] Todavía siento el olor de la sangre. Todos los aromas de Oriente no bastarían a quitar de esta pequeña mano mía el olor de la sangre. [2009: 81]
Igual importancia adquiere en el drama lorquiano la maldad de la madre de familia. En efecto, nada más empezar la obra, Poncia da a conocer el terrible carácter de Bernarda Alba:
PONCIA. Tirana de todos los que la rodean. Es capaz de sentare encima de tu corazón y ver cómo te mueres durante un año sin que se le cierre esta sonrisa fría que lleva en su maldita cara. […] Desde que se murió el padre de Bernarda no han vuelto a entrar las gentes bajo estos techos. Ella no quiere que la vean en su dominio. ¡Maldita sea! [2012: 553]
Es de suponer que, tras treinta años a su servicio, la criada conoce bien la actitud de su ama y