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Bibiana Vilá

In document Ecología y ambiente (página 194-196)

La vicuña (Vicugna vicugna) es una especie emblemática del altiplano que posee un alto

valor ambiental y simbólico en la cosmovisión andina. Grácil y veloz, es uno de los pocos ejemplos de una especie recuperada de la extinción a un grado tal que puede ser nueva-

mente utilizada por las poblaciones locales. Vicuñas y guanacos (Lama guanicoe) son los

herbívoros nativos silvestres más importantes de las estepas de América del Sur, siendo los ungulados el grupo dominante en una fauna rica en roedores pero pobre en grandes ma-

míferos (Franklin, 1983). A su vez son los antecesores silvestres de alpacas (Vicugna pacos) y

llamas (Lama glama) respectivamente.

La domesticación de los camélidos es un proceso que se inicia hace unos 6000-5000 años en varias zonas de los Andes y que inaliza con las dos especies domésticas y diferentes razas en las mismas: llamas (q´aras y chaku o llampulli) y alpacas (huacaya y suri). El proceso de domesticación presenta numerosas etapas iniciándose en una protección de la manada de caza por parte de los cazadores recolectores y inalizando y manteniéndose con técnicas de selección artiicial cuidadosas por parte de los pastores, en un continuo de miles de años hasta la actualidad (Yacobaccio & Vilá, 2002; Yacobaccio & Vilá, en prensa).

Todas las especies de camélidos poseen ibras de buena calidad, excepto las llamas cargue-

ras, q´aras o “peladas”. Entre estas ibras se destaca la de las vicuñas por su extrema inura (aproximadamente 11-13 µ de diámetro) menor que el cashmere (15 µ) lo que convierte a estos animales en un recurso preciado y precioso.

A diferencia de los guanacos -con amplia distribución- las vicuñas habitan exclusivamente el sistema puneño y altoandino en Argentina, Bolivia, Chile y Perú. Estas áreas se caracteri-

zan por su elevación (más de 3.500 metros) y su relieve de montaña que incluye mesetas de altura y suaves valles. Las temperaturas mínimas alcanzan varios grados bajo cero y las máximas suelen rondan los 12 grados Celsius.

Las vicuñas son territoriales y su organización social se basa en grupos familiares estables y grupos de solteros, variables en composición y distribución, con estructuras laxas. La com-

posición de los grupos familiares es bastante ija, y la familia “media” está compuesta por un macho, tres a cuatro hembras y dos crías (Koford, 1957; Franklin, 1983; Glade & Cattan, 1987; Bonacic, 1996; Renaudeau d´Arc & Vilá, 1998). Los machos mantienen el número de animales en su familia y evitan que sus hembras se puedan cruzar con otros machos. Las hembras pertenecientes a una familia están generalmente cerca unas de otras (distancia

media de 2.6 m) y este espaciamiento interindividual no varía en función de las actividades

de las mismas (Vilá, 1995).

Con respecto al comportamiento maternal, los ungulados se clasiican en seguidores y escondedores (Lent, 1974). Las vicuñas son seguidoras (Vilá, 1992). La distancia entre las madres y las crías es fundamental para la defensa antipredatoria en ungulados seguidores (Lent, 1974; Leuthold, 1977) y en un estudio que compara díadas madre-cría en silvestría y en un corral, se observó que la distancia en el corral era signiicativamente mayor que en el campo (Vilá, 1992).

Utilización histórica de las vicuñas: La Puna tiene evidencias de ocupaciones humanas desde hace 12.000 años siendo los camélidos sudamericanos silvestres el sustento principal de las poblaciones de cazadores-recolectores. Su importancia se mantuvo durante milenios. Durante el imperio incaico, la utilización de las vicuñas tenía reglas de manejo especíicas que dependían de las máximas autoridades del incanato. Se las capturaba con la técnica del “chakku”, arreando a los animales hacia corrales. Con la ibra se tejían telas livianas llamadas kumpi que eran usadas por la realeza incaica y cuya confección y cuidado estaba a cargo de las “vírgenes del sol”. Antes de la dominación española había aproximadamente 3 millones de vicuñas, y con los españoles comienza la caza indiscriminada con armas de fuego. Esto se documenta bien en una crónica de Garcilaso de la Vega en sus Comentarios Reales de los Incas: “El numero de venados, corzos y gamos y del ganado mayor que llaman huanacu, que es de lana basta, y de otro que llaman vicuña que es de menor cuerpo y de lana inísi-

ma, era muy grande, que muchas veces, y según que las tierras eran unas mas de caza que otras, pasaban de veinte, treinta y cuarenta mil cabezas, cosa hermosa de ver y de mucho regocijo. Esto había entonces; ahora digan los presentes el numero de las que han escapado del estrago y desperdicio de los arcabuces, pues apenas se hallan ya huanacus y vicuñas, sino donde ellos no han podido llegar (...). Los chakkus se hacían en cada distrito, de cuatro en cuatro años, dejando pasar tres años de la una a la otra, porque dicen los indios que en este espacio de tiempo cría la lana de la vicuña todo lo que ha de criar, y no la querían trasqui-

lar antes porque no perdiese de su ser, también lo hacían porque todo aquel ganado bravo tuviese tiempo de multiplicar y no anduviese tan asombrado como anduviera si cada año lo corrieran, con menos provecho de los indios y más daño del ganado (...). Porque decían que se había de tratar el ganado bravo de manera que fuese tan de provecho como el manso, que no lo había criado el Pachacamac o el sol para que fuese inútil.”.

La ibra de vicuña mantuvo su gran valor y la caza de la que habla Garcilaso fue continua y sumada a la transmisión de enfermedades por parte del ganado introducido por los con-

quistadores, generó en las vicuñas una situación crítica. Tanto es así, que el libertador Simón Bolivar, se sorprendió del grado en el cual las vicuñas se iban haciendo más raras y dictó una de las primeras leyes conservacionistas americanas especíica para esta especie.

En la década de 1960 sólo quedaban 10.000 vicuñas. En ese momento se inician acciones para salvar a la especie entre las cuales se destaca un esfuerzo andino intergubernamental: El Convenio para la Conservación de la Vicuña irmado en 1969 por Bolivia y Perú y al que adhirieron posteriormente, Argentina y Chile. Este convenio inicial era estrictamente con-

servacionista y su función principal consistía en evitar la extinción de las vicuñas. Diez años después se reconoció la importancia de incorporar la posibilidad del uso sustentable y el Convenio se re-denominó Convenio para la Conservación y el Manejo de la Vicuña en 1979. En su artículo primero el Convenio destaca: Los gobiernos signatarios convienen en que la conservación de la vicuña constituye una alternativa de producción económica en beneicio del poblador andino y se comprometen a su aprovechamiento gradual bajo estricto control del Estado, aplicando las técnicas para el manejo de la fauna silvestre que determinen sus organismos oiciales competentes. Del Convenio se desprenden numerosas otras medidas conservacionistas de índole legislativa nacional, provincial, regional y comunal, la creación de reservas, la penalización de la caza furtiva y otras. Otras acciones importantes para la conservación de las vicuñas en el ámbito supranacional, fueron: la categorización como especie vulnerable en el Libro rojo de las especies amenazadas (IUCN, Unión Internacio-

nal para la Conservación de la Naturaleza), la clasiicación en el apéndice I (de prohibición de comercialización) en CITES (Convención sobre el Comercio Internacional de Especies

ECOLOGÍA Y AMBIENTE | LEONARDO MALACALZA

Amenazadas de Fauna y Flora Silvestres). Estas iniciativas con el apoyo y compromiso de las gobernanzas nacionales, regionales y comunales lograron la recuperación de la especie en gran parte de su distribución y en la actualidad la población mundial de vicuñas supera los 400.000 animales de los cuales aproximadamente 70-100.000 habitan la Argentina (Figura 1).

Figura 1. Población actual de vicuñas según los últimos informes de los países al Convenio. Extraído de Vilá B.

2012. Camélidos Sudamericanos. Eudeba.

Hoy día, la conservación y las condiciones de vida de los camélidos tanto silvestres como domésticos están fuertemente inluidas por decisiones de manejo en un ambiente cada vez más intervenido por diferentes actores sociales e intereses regionales y exógenos.

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