Las enfermedades que ocurren en los animales se agrupan bajo la denominación general de zoonosis. Algunas en determinadas circunstancias son transmitidas de los ani-
males al hombre, ya sea en forma directa o por intermedio de agentes biológicos a los que denominamos vectores. Se denomina vector al organismo que transmite un agente patóge-
no desde un organismo enfermo a uno sano que se enferma. Los vectores son generalmen-
te artrópodos, en su mayoría insectos hematófagos, que pican tanto a los hombres como a los animales, ya estén sanos o enfermos. Estas enfermedades, causadas por agentes en cuyos ciclos de vida quedan al mismo tiempo involucrados los hombres y otros animales, se deno-
minan antropozoonosis.
En general la distribución de los agentes patógenos en los ambientes naturales es indepen-
diente del hombre. Muchas especies de animales silvestres constituyen reservorios naturales de agentes patógenos de antropozoonosis y la epidemiología de esas enfermedades puede comprenderse sólo cuando se conocen bien las condiciones de existencia de tales reservo-
rios. Reservorio se considera al organismo animal o vegetal dentro del cual el agente pató-
geno completa su ciclo de vida y no necesariamente pasa directamente al hospedador, sino que puede ser liberado al medio y de esa forma producirse el contagio, pero los animales o
ECOLOGÍA Y AMBIENTE | LEONARDO MALACALZA
vegetales reservorios de enfermedades no siempre las sufren.
Desde el punto de vista de los intereses del hombre, se tiende a centrar los efectos per-
judiciales de las enfermedades sobre la población humana o sobre los animales domésticos. Sin embargo, en un enfoque más general, es importante tener en cuenta que las enferme-
dades producidas por un agente patógeno biológico no se pueden restringir sólo a este aspecto. ¿Pueden las enfermedades considerarse como factores importantes en la evolución biológica? Si bien la regulación de las poblaciones en la naturaleza es un tema controver-
tido en ecología, en general se acepta que sobre las poblaciones de animales silvestres, las enfermedades ejercen efectos reguladores que pueden considerarse similares a los produci-
dos por los depredadores. Eliminar esa regulación podría ocasionar cambios imprevisibles a largo plazo. Se puede demostrar que la eliminación de los depredadores y parásitos de de-
terminadas poblaciones de animales silvestres produce un incremento rápido en su densidad poblacional. En algunos casos la enfermedad producida por un agente parásito podría salvar la situación. Pero el incremento en la densidad de potenciales hospedadores podría aumen-
tar la tasa de transmisión del agente patógeno y morirían más individuos por la enfermedad. En ese contexto, las medidas de control de determinadas antropozoonosis, no deben necesariamente estar dirigidas a la erradicación de reservorios o de las poblaciones de parásitos -que en la mayor parte de los casos es muy difícil de llevar a cabo- sino más bien enfocar el problema hacia la creación de condiciones ambientales e implantación de medidas proilácticas que minimicen el contacto del hombre con los agentes patógenos.
Actualmente se conocen más de 150 antropozoonosis, de las cuales más de la mitad causan problemas importantes para la salud de la población humana, particularmente en países cerca-
nos al ecuador. A continuación aquí veremos algunas de las que afectan a más seres humanos.
ESQUISTOSOMIASIS
Se trata de una enfermedad causada por un gusano plano, un platelminto. Durante las últimas décadas y paralelamente al aumento de los embalses de las aguas continentales, para obtener energía eléctrica o para regar, la cantidad de enfermos de esquistosomiasis también ha aumentado. La Organización Mundial de la Salud (OMS) estimó que en el año 2012 había alrededor de 200 millones de seres humanos que la padecían.
El ciclo de vida de este parásito tiene una etapa de reproducción sexual en un hospeda-
dor vertebrado terrestre, que puede ser el hombre, y una etapa de reproducción asexual en un caracol. Este molusco libera larvas acuáticas que infectan al hombre a través de la piel en contacto con el agua. Las larvas migran por los vasos sanguíneos hasta el hígado, donde maduran y se aparean, luego llegan al intestino donde durante años puede vivir, produciendo huevos que salen al exterior con las heces. Síntomas de la enfermedad son-iebre, anemia, debilidad, confusión mental, espasmos en las extremidades, y están vinculados con la acu-
mulación de huevos en el hígado, la pared intestinal y los pulmones. La capacidad laboral del portador disminuye y por tanto sus posibilidades de comprar los medicamentos con los que podría curarse. Si además hay desnutrición, puede provocar la muerte.
Causada por el gusano Schistosoma mansoni, la enfermedad tiene un área de distribución
que abarca, África, Japón, China, Filipinas, Egipto, en especial a lo largo del valle del río Nilo, y América del Sur. Según la Organización Panamericana de la Salud en el sur de Brasil hay alrededor de 3 millones de casos. En Argentina, en el NE, se encuentran dos de las tres es-
pecies de caracoles que pueden infectarse y ser los vectores; no existen datos de casos de humanos enfermos que la hayan contraído en el territorio argentino, pero existe alto riesgo
de que la endemia se extienda desde Brasil. Por ahora, la mejor medida de prevención es controlar la proliferación del caracol que la trasmite (Mirkin et al., 2000).