¿Nuestras ciudades latinoamericanas son vulnerables? En esta oportunidad desarrollare-
mos una interpretación crítica sobre el reciente crecimiento urbano del Área Metropolitana de Buenos Aires con el propósito de comprender que la segregación urbana y la inequidad ambiental son caras de una misma moneda.
Es frecuente escuchar, ver o leer noticias sobre los “desastres” que sufren algunas ciuda-
des. Estas se presentan con enfoques o concepciones naturalizadas de los problemas ambien-
tales urbanos. Es decir, una inundación y su impacto negativo a la población se producen tan solo porque llovió más que lo regular o porque el río creció sin aviso, teniendo como único protagonista el evento natural. En ocasiones no se tiene en cuenta los procesos pre-existen-
tes como avance de la urbanización en áreas bajo cota de inundación aceleran los efectos nocivos por la crecida del río, o la proximidad a basurales o por los pasivos ambientales de alta toxicidad como el caso de contaminación por plomo (de una vieja zona industrial) en el barrio popular La Teja, en Montevideo. Los procesos de construcción histórica, económica, política y social conllevan a un tipo de construcción material de la ciudad. La sumatoria de procesos y factores naturales y sociales desde los años ´70 y la crisis urbana ha producido un alto riesgo a potenciales desastres. Posiciones críticas a estas situaciones preieren interpre-
tar la realidad ambiental y urbana desde la “construcción social del riesgo”. La noción de la construcción social del riesgo incorpora en su lectura a los procesos urbanos y sus falencias como la falta de planiicación de servicios, la localización de poblaciones expuestas a diversas amenazas; y también pone la atención sobre las nociones de percepción, imaginarios sociales y riesgo subjetivo. Sobre esto último, veremos que frente al deterioro urbano se generaran reacciones de movimientos sociales y ambientales reclamando justicia ambiental 1 y una ges-
tión integral de los problemas-soluciones, de los recursos y de la ciudad.
Generalmente, la temática urbana y la ambiental se abordan a diario con explicaciones que
1 Environmental Protection Agency, US (EPA) a ines de los años noventa, deine a la Justicia Ambiental como: "...el trato justo
a todos los individuos y su participación signiicativa, sin importar su raza, color de la piel, origen nacional o ingresos, en el desarrollo, ejecución y aplicación de las leyes, reglamentos y políticas ambientales. Trato justo signiica que ningún grupo de personas; lo que incluye todos los grupos raciales, étnicos o socioeconómicos, debe sufrir una parte desproporcionada de las consecuencias ambientales negativas que resulten de las operaciones industriales, municipales y comerciales o de la ejecución de programas y políticas federales, estatales, locales y tribales." Desde ese entonces a la actualidad América Latina y otras regiones del planeta han manifestado la necesidad de una mayor eicacia del derecho constitucional. De esta manera, el con-
cepto de Justicia Ambiental o de Acceso a la Justicia Ambiental ha adquirido otra connotación desde la economía ecológica y es dimensión política, por la necesidad de respuestas sociales más equitativas. Hoy, los movimientos sociales se suman en la construcción de los nuevos derechos ambientales y culturales en el proceso de globalización; y de esta manera intentan inluir en la resolución extrajudicial y judicial de los conlictos ambientales y culturales vinculados con el ambiente y con el desarrollo sostenible. En estos años se han multiplicado los movimientos sociales urbanos que aspiran al ejercicio pleno de los derechos
ambientales y las condiciones dignas de la población. En este sentido las luchas reivindicativas son frecuentes frente a planes
de urbanización irregulares como Colony Park, o por la protección de humedales, o por el resarcimiento y mejora frente a la contaminación que provocan algunas industrias y los problemas que ocasionan en la salud de la población más vulnerable.
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reducen la realidad a alguna de estas dimensiones. Pocos estudios han planteado la dimensión ambiental y urbana en forma compleja y no solo puntual o fragmentada. A principios de los ´90 Nora Clichevsky hizo maniiesta esta relación social del ambiente y la urbanización con el estudio de los procesos de los loteos populares del Gran Buenos Aires, desde una mirada integral del fenómeno urbano. Desde los setenta las decisiones públicas o privadas fueron cada vez más fragmentadas y parciales, socialmente asimétricas o escasas; a pesar de los in-
tentos de regulación ambiental y territorial que propuso la provincia de Buenos Aires con el decreto-ley 8912/77. Este instrumento, por un lado, regulará tardíamente la incorporación de suelo urbano, popular, bajo la cota de 5 metros, mientras que en el otro extremo social, dejó un vacío normativo para el proceso de emprendimientos privados de los años 1990.
El proceso de expansión urbana, sobre todo a partir de la década de los ´70 ha sido suicientemente estudiado para insistir en la precariedad de las políticas de planiicación del Estado, en sus diferentes escalas. Fase urbana que será la antesala desoladora de las políticas de privatización del suelo urbano y de sus formas de concebir la ciudad. En este contexto, la temática ambiental urbana es tratada de forma aislada, el análisis se centra en algunos facto-
res sin un esquema de interpretación adecuada a la problemática urbana que la deina como un sistema complejo, dinámico y abierto.
La ciudad es un sistema, para bien o para mal, sistema que integra a sus relaciones con las condiciones del medio físico, con las formas culturales de intervención sobre los recursos vitales como el agua, con las necesidades de infraestructura sanitaria, sin olvidarnos de las actuaciones de los intereses inmobiliarios, entre los principales. Las palabras infraestructura y planiicación integral parecieran borradas del diccionario, sobre todo en contextos neoli-
berales. Es decir, sin tener una imagen dinámica de la realidad social y a la vez sintética de la expansión material de la ciudad. La segregación ambiental, en otras palabras, es apenas una de las expresiones de la fragmentación urbana. Los resultados están a la vista, encontramos en el paisaje urbano una multiplicidad de territorios atravesados por realidades sociales y ambientales extremas. Por ejemplo, la conocida localidad de Dock Sud, en Avellaneda (Buenos Aires) que hoy deja de lado a sus antepasados inmigrantes europeos quinteros y a la vida portuaria de otrora. Hoy los vecinos se encuentran atrapados en una trama o trampa de contaminación de todo tipo, rodeada por un centro petroquímico, y por un crecimiento desde los ´90 de los nuevos pobres en terrenos baldíos, en áreas bajas, anegables y con inseguridad. Paisaje urbano que se encuentra a pocos kilómetros de la Casa Rosada. La es-
cena se reproduce con otros elementos en el Gran Buenos Aires. Esta resultante del tejido urbano en buena parte deberíamos abordarlo desde el comportamiento del mercado de tierras, tanto el mercado formal como el informal dado que son formas complementarias y no independientes. La reciente expansión urbana de Buenos Aires no solo se superpone a las matrices anteriores sino que genera una hibridación que adquiere diferentes matices según la valoración socio ambiental y/o del mercado del suelo urbano, tanto para las áreas rurales como para las suburbanas.
Desde hace 30 años estos fenómenos urbanos, en Argentina, toman resigniicación re-
gional con el intenso crecimiento de las urbanizaciones cerradas (UC): countries, countries náuticos, chacras, chacras náuticas, barrios cerrados, condominios, o pueblos y puertos pri-
vados para residencia permanente o secundaria. En este contexto, también se promovieron, los recientes procesos de privatización de las funciones y del espacio público como fue el abastecimiento del agua potable. Paralelamente se favorecieron las inversiones selectivas que convergen en la privatización urbana como la construcción de las autopistas en detrimento de la mejora del transporte público, bajo modelos económicos y sociales que conllevaron y
agudizaron la fragmentación del territorio y segregación socio ambiental.
El proceso y su matriz territorial de expansión física de las urbanizaciones cerradas (UC) sobre el espacio rural y periurbano tuvieron lugar en tan sólo diez años. Por ejemplo, en setiembre de 1999 las tierras afectadas para sus diversas formas de urbanización alcanzaron las siguientes cifras: los barrios cerrados llegaron a cubrir 4.400 has.; las chacras unas 15.700 has., los countries más de 9400 hectáreas y otros tipos unas 2000 has. Estas 31.500 hectá-
reas equivaldrían aproximadamente a 315 km2, supericie mayor de la que ocupa la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (200 km2) (Carballo, 2004) Cifras que en el término de diez años, según relevamiento de otros investigadores como Nora Clichevsky (2002) alcanzaron el consumo real de unos 270 km2, lo que representa una expansión física del área metro-
politana de aproximadamente un 10% de su actual supericie. Es decir, se consume suelo productivo de uso rural u hortícola que empuja a los productores a buscar otros suelos o a desaparecer. Así, el avance de la frontera urbana no conoce límites impuestos, sino que estará supeditada al grado de conectividad. En otras palabras la expansión urbana cerrada dependerá del acceso directo o semi directo a las autopistas, las que conectan a las urbani-
zaciones con el centro del aglomerado de Buenos Aires.
Se estima que en 1940 Buenos Aires y sus alrededores tenían 3.306.764 habitantes, asenta-
dos en una supericie de 1188 kilómetros cuadrados. La prosperidad de la expansión industrial trajo consigo la explosión metropolitana de Buenos Aires con la consolidación de nuevos distritos fabriles, barrios obreros, barrios dormitorios para la clase media, o villas de emer-
gencia para los sectores pobres, y también quintas de in de semana para los sectores sociales urbanos más acomodados. En los ´70 y ´80 las situaciones de enclave más paradigmáticas en Buenos Aires eran las villas de emergencia o villas miseria. En cambio en los años ´90 las urba-
nizaciones cerradas constituyen los nuevos enclaves, pero esta vez para la clase media, media alta o alta. De este modo se construye un colage social caracterizado por la fragmentación urbana. La expansión llegará a los partidos contiguos del borde metropolitano, como el caso de Luján, Exaltación de la Cruz, Campana, y otros, según la llegada o no de las autopistas.
Junto con las urbanizaciones cerradas, este modelo urbano trae consigo los servicios priva-
dos: shoppings, complejos recreativos, cementerios privados, entre otros (Figura 1). Asimismo todos estos emprendimientos se dirigen a los mismos grupos sociales, los que dejan expresio-
nes materiales y un nuevo mapa de segregación social y urbana. Otro aspecto común de los nuevos territorios urbanos, es el predominio de una ideología de intenso contenido espacial; ya sea tanto por la valoración paisajística-ambiental como por las estrategias comerciales que aplican en la promoción de los countries o barrios cerrados. Es frecuente encontrar un cuidadoso geomarketing -que el mercado planiica y aplica- en la producción del suelo urbano, en los estilos arquitectónicos, o en la creación o promoción de nuevas comunidades.En esta escala se puede inferir el papel central de las urbanizaciones cerradas del Área Metropolita-
na de Buenos Aires. Este será el escenario predilecto para el desarrollo de los cementerios privados. De esta manera los patrones territoriales y políticas urbanas de regulación pública se quiebran dando lugar a otras formas de gestión de los servicios, el privado. En este pro-
ceso se inscribe el auge y difusión de los cementerios parque, fenómeno que es reproducido en otros servicios como el abastecimiento de agua potable.
En el caso del Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA) las políticas en materia urba-
na de los municipios son laxas y vulnerables ante las presiones de los inversores nacionales o internacionales; y muchas veces, las gestiones locales carecen de una mirada compleja para interpretar de manera integral la gestión ambiental del sistema urbano. En algunos casos se aplicaron metodologías importadas de planiicación estratégica dando como resultado una
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mirada local de la conso-
lidación urbana como de sus tendencias.
Se componen proce-
sos en nuestras ciudades que conllevan a una cons-
trucción social del riesgo ambiental y urbano como resultante de los cambios sustantivos y fragmentados de la estructura urbana o suburbana, por ejemplo el crecimiento incontrolado de la Villa 31, frente a una de las áreas más presti-
giosas de la ciudad como la avenida Libertador y de un centro de comunicacio-
nes como es Retiro. En el caso de las ciudades o mu-
nicipios próximos al Gran Buenos Aires se han dado casos extremos en que las comunidades locales son
transformadas sin ningún tipo de políticas que atienda los impactos negativos, ya sea con acciones mitigadoras o remediadoras. Este es el caso del partido de Pilar. Se dejan instaladas tensiones ambientales y desigualdades sociales que en muchos casos se expresan con los conlictos de uso del suelo o el acceso al agua potable, o la contaminación industrial o por basurales, entre otros.
Paralelamente, en las últimas décadas, comienzan a adquirir relevancia social y política los efectos de los mal llamados “desastres naturales”, y a concebirse –entre otros pensamientos- como “problemas no resueltos del desarrollo” dejando en evidencia el olvido, la ausencia o la debilidad de políticas y medidas acordes a los crecimientos de población urbana.