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79 bios y tratando de impedir que la vía media escogida concluya

El descubrimiento de nuestra realidad

79 bios y tratando de impedir que la vía media escogida concluya

simplemente en un capitalismo modernizado. Hay relativamente pocas formulaciones teológicas explícitas en los documentos pu- blicados hasta el presente. Se limitan a remontar sus posiciones a la doctrina social de la iglesia tal como fue definida por el Vaticano n y la encíclica Populorum progressio. Uno de -los miembros más conspicuos de ONIS, sin embargo, Gustavo Gu- tiérrez, ha escrito la más explícita exposición de la teología de la liberación, que expresa la reflexión teológica que ha acompa- ñado a este proceso.

Colombia, la tierra de Camilo Torres, es el país latinoame- ricano en el cual tanto la legislación como la historia han otor- gado a la iglesia la mayor suma de poder e influencia en la vida social y política. Cuando un grupo de sesenta sacerdotes, reuni- dos en Golconda, publicó un análisis de la situación colombiana básicamente similar al de ONIS, la respuesta de la jerarquía fue radicalmente diferente. Algunos de los signatarios fueron sus- pendidos. Poco después los sacerdotes acusaron al ejército de genocidio contra los indios en Guahiba. Cuatro sacerdotes fue- ron acusados de subversión y encarcelados por denunciar como «una farsa» la elección nacional que se avecinaba. El arzobispo (un hombre de tradición aristocrática) rechazó las posiciones de los sacerdotes.

Es interesante resumir algunos aspectos del Pronunciamiento

de Golconda ie, porque ofrece unos elementos nuevos. El pri-

mero es la insistencia en que «no basta la buena voluntad y... es necesario conocer la realidad objetiva», y más tarde, «elabo- rar una metodología científica de investigación y de trabajo que nos impida caer en el empirismo y en el practicismo». Por otra parte, se advierte el esfuerzo por apoyar la opción tomada sobre una base teológica sólida: 1. «la inclusión de lo temporal en el designio salvífico», superando la dicotomía entre lo temporal y lo eterno («sin caer en confusiones o identificaciones simplistas, se debe manifestar siempre la unidad profunda que existe entre el proyecto salvífico de Dios, realizado en Cristo, y las aspiracio-

Encuentro del grupo sacerdotal de La Golconda, reproducido por INDAL, 119 s.

nes del hombre, entre la historia de la salvación y la historia hu- mana... excluyendo así toda dicotomía o dualismo en el cristia- no»); 2. consiguientemente, no puede entenderse la fe como mero asentimiento intelectual a la doctrina propuesta sino co- mo actitud de compromiso, a la luz del designio de Dios, con todo lo que constituye lo humano, en el plano individual, social, económico, político, educativo, etc.»; 3. finalmente, la com- prensión de la fe y el análisis de la realidad resultan en un pro- grama de acción que se propone «colaborar en la formación po- lítica de los ciudadanos», «alentar y favorecer todos los esfuer- zos del pueblo por crear y desarrollar sus propias organizaciones de base» y desarrollar una «tarea de concientización y de educa- ción social». El documento explícita luego estas tareas en tér- minos de metas a nivel político, social, económico, y de un minis- terio litúrgico, catequístico y de evangelización, incluyendo se- rias demandas de reforma interna de la iglesia y la eliminación de sus vínculos con el sistema opresor.

Omitiendo la presentación de grupos semejantes, que sur- gieron a lo largo y a lo ancho de América latina, dedicaremos

las páginas finales de este capítulo a un movimiento iniciado en el ámbito protestante: «Iglesia y Sociedad en América latina», habitualmente conocido como ISAL. La organización nació en una conferencia celebrada en Huampaní (Perú) en 1960, en la que participaron miembros ministeriales y laicos de diversas iglesias, interesados por problemas sociales i r. Era, en parte, un

movimiento importado, impulsado por el interés ecuménico en el problema del desarrollo. Las sucesivas reuniones de 1966, 1967 y 1971 jalonaron la rápida transformación en la concep- ción isalina de sí mismo, de su relación con las iglesias y de su rol en América latina. Durante los primeros años (1960-1965), el análisis de la situación, que osciló en un comienzo entre un enfoque desarrollista y otro revolucionario, alcanzó mayor con- sistencia, adoptó la «sociología de la dependencia» (estructurada

17 Los más importantes informes son los de la reunión de Huam- paní, Encuentro y desafío (Buenos Aires 1961), de El Tabo (Chile),

América hoy (Montevideo 1966) y de Ñaña (Perú), América latina, mo- vilización popular y fe cristiana (Montevideo 1971). Véase además la

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en torno a las categorías de neocolonialismo y dependencia) y una estrategia revolucionaria vinculada a una opción socialista. Esta clarificación fue seguida en los años 1966-1968 por una transformación de la perspectiva teológica, que deriva de una teología predominantemente barthiana a una «teología de la acción transformadora de Dios en la ¡historia», fuertemente in- fluenciada por la teología de Paul Lehman y Richard S'haull, hasta que Rubem Alves le dio una expresión creadora en diálogo crítico con Marcuse por una parte y con Moltmann por otra. A la vez, ISAL iba profundizando su crítica de las iglesias pro- testantes a las que veía como «enclaves culturales» más vincu- lados a las metrópolis de ultramar que a su ambiente inmediato. Las iglesias, por su parte, no podían seguir las formulaciones teológicas e ideológicas de ISAL, marcadas por una adopción, crítica pero decisiva, de un instrumental analítico derivado del marxismo (aunque no haya habido en ISAL uniformidad ni rigi- dez dogmática en la medida del uso ni en la interpretación del significado de tal instrumento).

Desde entonces, ISAL buscó cada vez una mayor eficacia en su compromiso. Tanto por su origen protestante como por ha- berse constituido en sus primeros pasos por una minoría inte- lectual de esas iglesias, había vivido en una cierta artificialidad ideológica. Desde 1970 ha ido definiendo más y más su función como la de «movilización del pueblo». Esta definición, a su vez, le devolvió un nuevo interés por las iglesias y un énfasis mayor en los movimientos nacionales más bien que en una acción cen- tralizada. Los grupos nacionales tienden a adquirir mayor auto- nomía, tanto en la definición de su estrategia como en la arti- culación de sus posiciones. La asamblea de Ñaña habla en estos términos 18:

La cuestión no radica tanto en caracterizar nuestra dependencia y definir cuáles son los grupos que la mantienen, sino plantear la pregunta: ¿cómo es posible superarla? Esta superación no será consecuencia de un milagro, ni del cumplimiento inexorable y má- gico del proceso histórico. Para superar nuestra situación de de-

pendencia es necesario impulsar la organización de los sectores del pueblo que son explotados por las clases dominantes nacionales y por el imperialismo.

Esta clara definición ideológica y estratégica demanda una teología que no se proponga una explicación sistemática y glo- bal (y por consiguiente (hay gran desconfianza hacia las teologías importadas) sino que se entienda a sí misma como reflexión na- cida de un activo compromiso cotidiano.

Las repetidas alusiones a los conflictos entre los grupos cristianos revolucionarios de avanzada y sus jerarquías eclesiás- ticas podrían dar al lector la errónea impresión de que éstas se atrincheran uniformemente en posiciones reaccionarias y repre- sivas. En la realidad, la situación varía de país en país y de igle- sia en iglesia. La multisecular alianza con las oligarquías tra- dicionales y sus sucesores liberales capitalistas tiene vínculos muy resistentes y perdurables y es en muchos casos suficiente- mente fuerte como para enrolar a obispos locales o jerarquías nacionales (católicas o protestantes) como decididos defensores del statu quo. Grupos de laicos prominentes, organizados como defensores de la «tradición, la familia y la propiedad» o «la religión, la patria y el hogar» agitan el fantasma del comunismo y seducen o presionan a las jerarquías en apoyo de sus posicio- nes. Los movimientos religiosos organizados de tendencia más o menos corporativista o fascista, tales como el «cursillismo», «los caballeros de Colón» o el «Opus Dei», alcanzan en algunos casos notables victorias. Pero en general la situación es más ma- tizada y compleja.

El impacto de las fuerzas progresistas sobre el ministerio de las iglesias y la evidencia innegable de las condiciones que des- criben y denuncian es demasiado fuerte como para ser ignorado o soslayado. Con una mezcla de diversas proporciones de deci- sión, entusiasmo, vacilación y timidez, los pronunciamientos oficiales de las iglesias se ven forzados a responder de alguna manera a este nuevo talante profético. Una vez que, a nivel mun- dial, queda descubierta la conflictiva arena de la historia, ningu- na iglesia puede ya aislar la religión de los acontecimientos que tienen lugar a su alrededor. En América latina, este intento con-

duce inevitablemente a la denuncia del orden existente. Los pronunciamientos eclesiásticos difieren en la profundidad, cohe- rencia, motivación y fuerza de sus análisis y conclusiones. Al- gunos se limitan a deplorar las condiciones existentes o a ex- hortar a los ricos y poderosos a otorgar mayor medida de jus- ticia y bienestar. Otros avanzan a un análisis estructural más profundo y a requerir transformaciones básicas en la estructura de la sociedad. La reunión de la segunda asamblea general del episcopado latinoamericano, reunida en Medéllín (Colombia) en 1968, marcó el punto más alto de la conciencia jerárquica de la iglesia católica en América latina18. Aunque los documen- tos que emanaron de la asamblea no son totalmente coherentes entre sí, todos están impregnados del reconocimiento de la de- pendencia y de la injusticia estructural como las raíces de la situación de subdesarrollo. Se pide una transformación total (evitando a la vez las palabras desarrollismo y revolución, tan cargadas ideológicamente) y la iglesia se compromete a participar en este cambio mediante un ministerio educacional, concienti- zador e inspirador. En una escala mucho más modesta, las igle- sias metodistas de Bolivia y Argentina han producido declara- ciones en las que expresamente se rechaza el sistema capitalista por su incapacidad para responder en el presente a las necesi- dades de los pueblos y se urge al pueblo metodista a participar activamente en la creación de una sociedad nueva y más hu- mana 20. Pronunciamientos de obispos singulares y de sínodos

van a veces mucho más lejos. De particular interés son las ex- presiones de algunos obispos de Puerto Rico, Brasil, Méjico, Perú y otros países que han manifestado explícitamente su apo- yo a un sistema socialista, si bien añadiendo siempre reservas en cuanto a la naturaleza y características del socialismo que pro- ponen.

Sin embargo, la distancia entre estos pronunciamientos pro- ,0 La iglesia en la actual transformación de América latina a la luz

del concilio, Buenos Aires 1968, 2 vols.

ao Manifiesto al pueblo de Bolivia, declaración de la iglesia meto- dista de Bolivia en ocasión de su autonomía, marzo de 1970. Declara-

ción sobre la situación nacional de la Asamblea de la iglesia evangélica

gresistas y el pensamiento y la acción de los grupos mencionados anteriormente es mucho mayor que la que pudiera aparecer de la simple lectura de los documentos. Se produce, en mi opinión,

por la acción de dos hechos interrelacionados. El primero es la renuncia de las autoridades eclesiásticas a admitir una opción ideológica, especialmente en cuanto parezca en alguna medida relacionada con el marxismo. Sospechan cualquier intento de separar el instrumental analítico de las posiciones ideológicas y sobre todo de la filosofía materialista del marxismo y por ello evitan las categorías y articulaciones analíticas que pudieran conllevar la aceptación o tolerancia de la ideología y filosofía con las cuales nacieron. Pero esta prescindencia resta muchas veces a sus denuncias unidad y precisión: sus pronunciamientos se hacen descriptivos; los análisis, parcializantes y las propuestas, vagas. Tras estas vacilaciones se halla también el temor de que- brar la unidad de la iglesia: una iglesia que se entiende como iglesia de conservadores y progresistas, reaccionarios y revolu- cionarios, derechistas e izquierdistas, no puede comprometerse ideológicamente. El segundo factor es el temor de llamar a los oprimidos y explotados a obrar su propia liberación. Esto se debe, a su vez, a dos razones: una, el hecho de que las jerarquías, particularmente la católica, están mucho más estrechamente vin- culadas con las clases dominantes y tienden a dirigir a ella sus exhortaciones; la otra, el temor de incitar a una lucha de cla- ses que pueda conducir a la violencia. Pero estos dos puntos — un análisis estructural y una convocación del pueblo— son precisamente los decisivos para una conciencia revolucionaria. Sin duda, nos hallamos aquí frente a problemas teológicos y prácticos de decisiva importancia, que trataremos de explorar en los capítulos siguientes.

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