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Y EL BUEN EJEMPLO Y EL ACCESO A UN MEJOR STATUS SOCIAL

Pero no sólo era esto lo que aprendían de los blancos. Por aquel otro año de 1685 era capitán de una lancha el mulato Juan de Peñaranda, “que había criado mi comadre doña Josefa de Villegas y Peñaranda” en Cádiz, nos dice Lantery555. Y él mismo vendería sus

negras “a un mulato casado, acomodado, que tenía tienda en una de aquellas cuatro

551 Orden del conde de Cumbre Hermosa, l3 de agosto de 1798, ibidem. 552 Victoria Adelaida al provisor de la Diócesis, 6 de agosto 1798, ibidem. 553 Ibidem.

554 Cit. MORGADO (1991),91-2. 555 LANTERY (1983),212.

esquinas que llaman de la Montaña”556, como dando prueba de su buena disposición hacia

aquéllas (que no habían querido seguirle a Francia cuando pensó en marchar): todo esto un siglo antes de que, en otro orden de cosas, los negros gaditanos se ofrecieran al gobernador de la ciudad para defenderla cuando estalló la guerra... ¿de 1762? La noticia no tiene la deseada precisión pero es suficientemente expresiva. Nos la da en 1770 uno de los protagonistas, quien “en la última guerra, [...] acompañado con otros dio memorial a nombre de todos los negros al [...] gobernador ofreciéndose voluntariamente con amor y lealtad a servir a V.M. en aquella guerra y que se les destinase sitio para defender la ciudad en caso de invasión que intentase el enemigo”557, como por lo demás ya se había hecho

durante la de Sucesión, en que existió un regimiento de negros, con sus mandos del mismo color558.

El caso es que, al filo del invierno de 1766-1767, se había elevado otro memorial al monarca “a nombre de los etíopes lamentándose de que ni aun en los más viles y mecánicos ejercicios se les permitía trabajar”559. Y en marzo de 1767, en respuesta, dictó Carlos III un

decreto en virtud del cual se ordenaba al gobernador de Cádiz

“que protegiese y amparase a los negros para que fuesen admitidos a todos los oficios de la república para que mediante su trabajo tengan el diario sustento y eviten por este medio la ociosidad, mendiguez, y demás vicios anexos”560.

Lo cual podía querer decir algo tan desalentador (pero tan verosímil, porque además coindice con lo se ha encontrado al otro lado del Atlántico561) como que la manumisión de

un esclavo no era la solución sin más, que con ella recuperase el reconocimiento de su dignidad de persona. Una vez libres, tenían por delante la tarea de hacerse un sitio en la sociedad, si no se lo habían hecho ya como esclavos.

Los negros de que habla el padrón gaditano de 1713 son dos moledores de chocolate, tres vendedores callejeros, tres trabajadores sin cualificación conocida, otro que se dice trabajador de palanca y una viuda que se gana la vida con el coser ajeno. (Pero eran más y la cualificación de este resto no consta.) Figuran además nueve pardos, libres también, de ellos dos encaladores, un cocinero, otro que tiene tienda de verduras, otro trabajador, dos más albañiles, una tendera y otra que vive de lavar y coser. Y seis morenos, entre ellos uno que es capitán del Regimiento de Negros y dos que “pasan de hacer comida a los ingleses”.

Y, sesenta años después, en 1773, de los 49 negros libertinos de que habla el padrón también gaditano, veintitrés son sirvientes, nueve cocineros, tres maestros de danza, uno de música, otro chocolatero, otro buñolero, otro más peón de albañil, una mujer se dice casera, dos carecen de oficio u ocupación permanente, otros dos están imposibilitados para ejercer y viven de su industria, se afirma, y no se dice nada de otros dos.

Pero en 1770, con todo y la noticia de aquel cambio legal de 1767 y de otros, un dictamen profesional recogía la idea corriente sobre su inferioridad real, “habiendo tanta

556 Ibidem, 218.

557 Representación de Antonio María Machuca al rey, s.f., apud AMC, Cabildos, 9 de julio de 1770, f. 216v. 558 Hay noticia de sus mandos en el padrón de 1713.

559 Apuntamiento..., 228.

560 Representación de Machuca cit., 216. Dice mayo, pero en el Apuntamiento cit. supra, 227v, se dice que es un decreto expedido el 8 de marzo de 1767 a consulta del Real Supremo Consejo.

561 Recuérdense por ejemplo las conclusiones de ANDREK (1966):en Córdoba del Tucumán, incluso los mestizos eran relegados a los oficios mecánicos y se les imponía una concreta forma de vestir.

disparidad -decía- entre blancos y negros, y estando éstos reputados por la hez de la plebe”. Confesándose liberto, como se confesaba el negro Antonio María Machuca (de quien ahora hemos de hablar),

“esta sola cualidad bastaría a difamar y por consiguiente excluirlo de todo el [oficio] que no fuere servible por personas de la más ínfima suerte; pues, sin embargo de haber sesado la diferencia de las tres clases de libertos562, y concedídose a todos el uso de su

libertad sin restricciones salvo los derechos del patrono, es tal el borrón reliquia de la pasada exclavitud [sic] que a ninguno de ellos se debe proveer por tutor persona que fuere ingenua, si no es en caso de no haber otro libert[o?] que lo pueda ser” 563.

Desde luego que había gente que lograba medrar un poco más, fuera o dentro de Cádiz. Incluso en el delito, revela cierto grado de cultura lo que nos dice en 1762 el cónsul de Nápoles en Barcelona, de un mulato que en la época de Ensenada (o sea en torno a 1750) había dado pruebas en Madrid de su habilidad para falsear firmas, conferir empleos e incluso beneficios eclesiásticos. Se había refugiado en Portugal, cuando lo descubrieron. Y allí, reconocido como óptimo matemático, se le hizo ingeniero. Pero luego lo privaron de empleo y tuvo la ocurrencia de restaurar su crédito y hacer méritos induciendo a la deserción a los soldados de Carlos III, a la sazón en guerra contra el portugués. Descubierto, acabó por sucumbir en la horca564.

El decreto de 1767 que ordenaba admitir a los negros en todos los oficios de la república, de hecho, debió de suscitar cierto recelo entre los blancos gaditanos. Su “generalidad -explicaba un jurista poco tiempo después- excitó el cuidado y se averiguó que sólo habla el Real Decreto de los oficios menestrales”565. Pese a lo cual aún fue mayor la

preocupación cuando el negro Antonio María Machuca creyó que eso le permitía aspirar a algo más que un oficio mecánico.

LAS PRETENSIONES DEL NEGRO LIBERTINO ANTONIO MARÍA MACHUCA Y EL

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