Sin duda, la calidad moral de estas gentes tenía que ver con ese desarraigo, aparte de los problemas que existieran de formación, precisamente moral. Entre las esclavas, era frecuente el desorden sexual. La fístula del muslo derecho por la que evacuaba abundante materia la negra ciolla esclava María Tomasa Ayesa, de Lima, era fruto de una gonorrea, según los médicos412. Y no hay que echar en saco roto la afirmación de un procurador
limeño, por los años de 1765, de que “en esta ciudad es muy regular que las esclavas oculten sus partos”413; circunstancia que hay que poner en relación con la baja natalidad
que era común entre los negros (del 25’6 por mil en el Obispado peruano de Trujillo en los años ochenta del siglo XVIII414; entre el 27’3 y el 12’3 en 1759-1768 en la hacienda jesuítica
peruana de San Juan415), aunque no fuera ésa –ni muchísimo menos- la única causa.
Concolorcorvo, sin ir más lejos, decía hacia 1773 que la razón de esta escasa fecundidad de las negras radicaba en que se unían a los españoles y el resultado no eran negros, sino unos mulatillos cuyos padres procuraban liberar de la esclavitud416.
En Cuba, el censo de 1827 aún nos ofrece sin embargo la “contraprueba” de la proporción entre matrimonios existentes en esa fecha e hijos nacidos de esos matrimonios, ambas cosas tan sólo en el Departamento Occidental de la isla (no trae los datos de matrimonios existentes en los Departamentos Central y Oriental). El censo no contempla tampoco la existencia de matrimonios mixtos, posiblemente porque los agrupa en función del color del cabeza de familia (aunque es ésta una mera suposición). Pero lo cierto es que
410 Cfr. AGN(L),Real Audiencia: Causas civiles, leg. 24, cuad. 431 (1770), passim.
411 Cfr. relacion de causa (1744), AHN/I, leg. 5346, exp. 3 (Trib. de Lima.- Relaciones de causas de fe = Años:
1749), doc. núm. 3, f. 148.
412 Vid. certificado médico, AGN(L),Real Audiencia: Causas civiles, leg. 162, c. 1356 (1767), f. 18.
413 Recurso de Tomás Ignacio Camargo, AGN(L),Real Audiencia: Causas civiles, leg. 153, c. 1283 (1765), f. 22.
414 Cfr. RESTREPO (1992),I,175.Yno parece que sea aplicable en este caso la tesis de TADMAN (2000), según el cual las bajas tasas de natalidad estaban ligadas a las plantaciones de azúcar y, secundariamente, de café y al tipo de exigencia laboral y a la preferencia por los esclavos varones que dominaba en ese tipo de explotación.
415 Según CUSHNER (1975),191. 416 CONCOLORCORVO (1943),146.
resulta que los esclavos eran más fértiles que los libres, y más la gente libre de color que los blancos417: BLANCOS PARDOS LIBRES MORENOS LIBRES ESCLAVOS Matrimonios existentes en 1827 32.407 2.279 3.916 19.558 Bautismos administrados en 1827 7.254 786 1.101 9.142
Proporción de bautismos por cada matrimonio 0’22 0’34 0’28 0’46 No deja de ser ilustrativo, no obstante, que, en 1846, el número de bautizos de hijos ilegítimos fuera tan desmesuradamente mayor en las etnias “de color” que en la etnia blanca418:
NATURALEZA BLANCOS DE COLOR TOTAL
Legítimos 14.768 3.864 18.632
Ilegítimos 3.607 12.226 15.833
Cifra de ilegítimos por cada legítimo 0’24 3’16 0’84
En fin, el propio sacramento del matrimonio estaba más difundido entre los blancos (29’6 de cada cien de los cuales eran casados en 1846; 30’8 en 1860) que entre los libres de color (18’5 y 25’7 respectivamente) y más aún que entre los esclavos (12’4 y 10)419. Se
observará, por cierto, el declive que además se dio en estos últimos.
Por razón de justicia, hace falta decir que este comportamiento moral no siempre era forzado por los blancos (aunque hubiera blancos que indujeran a él y, como advertía el obispo de Santiago de Chile en 1646, “una esclava, ¿cómo se ha de resistir a su señor? Ése es el grado postrero de la facilidad”420). Lo que quiero decir es que no hay que pensar que la
relación sexual entre esclavas y amos obedeciera siempre a violación. Ni en realidad lo fue en la mayoría de los casos que conozco –subrayo esta última acotación-, sino a permisión de la esclava, desde luego que por insistencia del amo. En San Miguel de Tucumán, cuando el hacendado don Juan Antonio Bazán pretendió los favores de su esclava María Juana Artaza, mulata, ésta se negó a ello reiteradamente “por no ser mujer corriente” -diría más tarde-, hasta que la obligó bajo promesa de hacerla libre421. Por su parte, cuando María
Magdalena Bazán, que pertenecía al mismo don Juan Antonio, contara que había sido pretendida por el vecino y propietario don Asensio Ruiz, emplearía el verbo consentir para explicar por qué pasó de uno a otro: “por las ofertas que dicho mi amo me hizo de darme la libertad consentí a que me compraze”422.
El giro es más llamativo si se recuerda que el derecho decía que el propietario del esclavo podía venderlo cuando y como quisiera. No es –probablemente- que la persona que escribió ese alegato de María Magdalena Bazán (porque es más que improbable que lo
417 Los datos que siguen, en VIVES (1829),50-60. 418 Lo que sigue, en O’DONNELL (1847), 40-1, 150, 219. 419 Cfr. LA SAGRA (1862),19.
420VILLARROEL (1656),q. 2, art. 6, núm. 62, f. 265. La presentación está fechada en 1646. 421 Cfr. AGT,Sección judicial: Expedientes civiles, Serie A, caja 20.
hiciera ella misma, que sería analfabeta) conculcara las leyes, sino que simplemente ponía por escrito una actitud común.
La relación sexual, en efecto, se convertía a veces en una forma de convivencia que creaba la ficción de consistir en un status distinto, no propiamente libre pero tampoco enajenado por completo como el de la esclavitud pura y simple. Obsérvese este otro giro que se emplea en el pedimento de la esclava María Magdalena para relatar cómo vivió con su amo:
“[...] con la ocasión de estar en su casa, aparentando ser su esclava se mantuvo en la inlícita [sic] amistad”423.
Aparentando ser su esclava. Que es precisamente lo que era.
En el fondo, lo que ocurría con todo esto es que las relaciones sexuales entre amos y esclavas no eran ajenas al verdadero amor. Ya hemos hablado de María de los Santos Recabarren, que vivió algunos años en amistad ilícita con su amo, don Antonio Herbaes, a quien dio dos hijos. Y, cuando éste la dejó por otra –doña Paula de Castro- y vendió a aquélla para quitársela de encima, las quejas de la esclava eran las de una enamorada:
“¿No se contentó con burlarme y dejarme por otra? [...] En mí fue malo el pecado, pero peor es, en él, la correspondencia”424.
También es cierto (y significativo) que estos comportamientos –que presuponían relaciones prematrimoniales- no solían constituir obstáculo para que luego encontraran esposo. Hacia 1758, cuando la llevaron de Buenos Aires a Santiago de Chile, la morena María de la Cruz y Arce iba preñada y dio a luz en Valparaíso, antes de llegar a Santiago, y, diez años después, la hallamos matrimoniada en Lima, con un esclavo criollo que la defendía a capa y espada425.
Por otra parte, no se puede decir, sin más, que fuera gente permisiva en materia sexual. En realidad, tenían asumido el mismo código de conducta de la gente común. Mientras estuvo en el palenque del monte de Sambrano, hacia Pampa del Rey, en el Perú, la esclava Isabel “no frecuentaba –decía ella misma- a las viviendas de los demás negros, porque sólo vivía en su acogimiento sin permitir que ninguno de dichos negros la visitasen, sino solo el dicho negro José, esto porque es su pariente y la llevó a dicho monte”426. Claro,
que lo declaraba ante un juez... Pero el orden moral y mental ahí estaba. Por no ser mujer corriente, acabamos de ver que decía la esclava María Juana Artaza al explicar por qué resistió las pretensiones de su amo.
Y es que, sin duda, había muy importantes excepciones. Entre los esclavos jesuíticos (y recordemos que su monto pasaba de la cuarta parte de todos los que había en algunas regiones), el desorden sexual era menor; aunque lo había. De los 177 que aparecen señalados como hijos de alguien en los recuentos de esclavos jesuíticos del Tucumán tras la expulsión de 1767, sólo cuatro eran -quizás- ilegítimos. Además, entre los esclavos mayores había dos enfermos de mal gálico: una esclava de 25 años, madre, y un violinista, casado
423 Ibidem.
424 Memorial de María de los Santos Recabarren, AGN(L),Real Audiencia: Causas civiles, leg. 21, c. 354 (1766), f. 16.
425 Vid. AGN(L),Real Audiencia: Causas civiles, leg. 164, c. 1385 (1767), f. 1.
también427. Pero, entre 1714 y 1775, el 10’31 por ciento de los nacimientos habidos en un
conjunto de haciendas jesuíticas del Perú fue ilegítimo428; en 1752, el administrador de la
hacienda peruana de Belén advertía que había bastantes esclavos solteros que cohabitaban429.
Una manera de evitar estas conductas era casarlos pronto. En estos grupos tucumanos de esclavos jesuíticos a que nos referimos -los de La Rioja, San Miguel y Santiago del Estero-, la inmensa mayoría de los matrimonios se celebraban entre individuos de la misma propiedad; hay tan sólo dos casos seguros de varones casados con libre, ambos en segundas nupcias, y quizá tres mujeres. En los demás, eran esclavos ambos cónyuges. Y la edad media en que procrearon su primer hijo conocido las madres que tenían menos de veinticinco años en 1767 fue de 15'60. La de los padres, 17'36430: las relaciones eran
sorprendentemente precoces, por tanto. Había dos mujeres que habían concebido su primer hijo a los once años, seis a los doce, siete a los trece, cinco a los catorce...431 Así que
427 Vid. Postura de esclavos que eran de los jesuitas, 13 de agosto de 1768, AGT,Sección judicial: Expedientes civiles, serie A, caja 23, exp. 6, f. 26-52v.
428 Vid. CUSHNER (1975),198. 429 Cfr. CUSHNER (1975),184.
430 Hay que explicar los datos: la edad media en que procrearon su primer hijo conocido las 73 madres que forman nuestro grupo fue de 19'50 años. La de los 72 padres (hay viudas y viudos y eso hace que no cuadren los números de unos y otros), 24'01.
Sin La Rioja (cuyos datos son inseguros en este aspecto), las edades medias se cifran, respectivamente, en 20'6 y 24'51.
Ahora bien, el cálculo adolece de un inconveniente importante: que los inventarios no consignan como hijos aquellos que ya estaban casados. Los consignan solamente como cónyuges, por tanto como miembros de otro grupo familiar. De ahí que los hijos de veinte años o más sean excepcionales en nuestro documento.
Más aún: como veremos enseguida, había mujeres que concebían incluso a los once años y que, por tanto, dejaban de pertenecer al hogar -nominalmente- a esa edad tan temprana.
Si -para evitar esta dificultad- calculamos la edad de la primera concepción sólo sobre el grupo de padres de menos de veinticinco años, la media se reduce a 15'60 en el caso de las mujeres y a 17'36 en el de los hombres.
Sin La Rioja, 16'66 y 15 respectivamente. Nos hallamos, por tanto, ante una nupcialidad extremadamente joven.
Y aún habría que añadir a esto el envejecimiento estadístico que impone la mortalidad infantil, que desconocemos completamente y que es más que probable que afectara también a los primogénitos. Conociéndola, la edad de la primera concepción resultaría aún más temprana.
Los datos proceden de Postura de esclavos que eran de los jesuitas (colegios y estancias de La Rioja, San Miguel de
Tucumán y Santiago del Estero), 13 de agosto de 1768, AGT,Sección judicial: Expedientes civiles, serie A, caja 23, exp. 6, f. 26-52v. Sobre ellos, elaboramos la base de datos que se recoge en APÉNDICE.
431 Consignamos a continuación el número de mujeres que tuvieron su primer hijo conocido en cada edad:
se trataba de un conjunto –el de toda esta población esclava jesuítica- muy joven, con una media de veintiún años, y eso a pesar de la alta tasa de mortalidad infantil que se padecía432.
sin La Rioja A los 11 años: 3 A los 12: 9 A los 13: 9 A los 14: 8 A los 15: 6 A los 16: 7 A los 17: 10 A los 18: 9 A los 19: 3 A los 20: 7 Con más de 20: 37
FUENTE:Postura de esclavos que eran de los jesuitas (colegios y estancias de La Rioja, San Miguel de Tucumán y Santiago del Estero), 13 de agosto de 1768, AGT,Sección judicial: Expedientes civiles, serie A, caja 23, exp. 6, f. 26-52v.
Insistimos en la salvedad de La Rioja porque el inventario correspondiente a esta ciudad, a diferencia de los de San Miguel de Tucumán y Santiago del Estero, no consigna más que la relación conyugal, no la paternofilial (no dice si uno era hijo de otro). Lo hemos intentado subsanar por deducción. En San Miguel y Santiago, los hijos se consignan inmediatamente después de los padres y por orden de edad. Si se hizo igual en La Rioja -aunque no se indicara expresamente que se trataba de hijos-, se puede hacer una atribución tentativa (que, en la base de datos del APÉNDICE, nos induce a ponerla entre signos de interrogación).
432 La imagen del conjunto como una población notablemente joven está ratificada por la pirámide de
edades, de la que sin embargo se deduce (1) una alta tasa de mortalidad infantil, que hace que la población casi
se redujera a la mitad entre la primera y la segunda década, y (2) la tendencia -lógica por demás- a comprar esclavos en la edad más fértil desde el punto de vista laboral. Esta tendencia hacía que la cohorte de 21 a 30 años recuperase con creces lo perdido por la mortalidad infantil:
LA RIOJA SAN MIGUEL SANTIAGO TOTAL