Ya hablaremos después de las diversas calidades humanas de que daban muestra los propietarios al tratar a sus siervos. De momento digamos que la primera impresión es que se trataba de cosas y no de personas. En los años sesenta del siglo XVIII,por ejemplo, en la
tucumana Simoca, el vendedor de una esclava Teresa a la que tenían por huidora hubo de devolver el dinero y recuperarla por sentencia judicial; porque no estaba sana y el comprador aseguró que se la había vendido ya enferma. A poco de tenerla echó golpe de sangre por la boca y nariz. Cierto es que la había puesto en manos de curanderos y que no lo habían resuelto218. Pero la reacción final consistió en quitársela de encima.
Hay que comprar cinco negros a los religiosos bethlemíticos que construyen el hospital -dicen los del Cabildo de Mendoza en 1763-. Y en 1765: hay que dar dinero a los
210 Vid. por ejemplo LOBO (1985).
211 Vid.. AGN(BA),Sala 9, 22-1-1, exp. 22 (Escripturas...), f. 15v.
212 Vid. otorgamiento de poder, 29 de agosto de 1769, AHPS,Protocolos, carp. 11, núm. 128, f. 5v. 213 Vid. ADPI, Corregimiento: Causas criminales, leg. 56, exp. 1151 (1764).
214 Vid. AGN(L),Real Audiencia: Causas criminales, leg. 23, c. 264 (1761), f. 1 y 9v. 215 Vid. RUEDA (1995).
216 Vid. AGN(L),Real Audiencia: Causas criminales, leg. 23, c. 264 (1761), f. 8. 217 Según CUSHNER (1975),179.
218 El vendedor alegaba a su vez que, si ocurrió a los pocos días, por qué había tardado siete meses y medio en comunicárselo el comprador: cfr. AGT,Sección judicial: Expedientes civiles, Serie A, caja 21, exp. 12.
frailes para que compren más en Buenos Aires, que atiendan las fincas de que se nutre el hospital219.
De dos esclavos que compraron los del Cabildo de San Juan de Puerto Rico para las carnicerías de la ciudad, en diciembre de 1762 (porque los carniceros libres faltaban la mitad de las veces o más al corte y peso de la carne y, así, la población no podía abastecerse con regularidad), uno apareció muy enfermo en enero, de un lobanillo o tumor grave sobre un cuadril en el izquierdo, y esto era demasiado; no había durado un mes. Optaron, pues, por ponerlo en la cárcel -sin duda como lugar de amparo, pero también para que no escapara- y reclamar a los compradores. Y en marzo, finalmente, se decidió que era mejor revenderlos al precio de comprados porque no resolvían el problema para el que se les había adquirido220.
A la negra Francisca Fernández la llevaron por esos mismos años de Buenos Aires a San Miguel de Tucumán como un encargo más, en la tropa de carretas que conducía don Juan Bautista Iturriós, y al llegar se la disputaron otros dos personajes, uno porque se la había encargado a Iturriós y el otro porque la esclava formaba parte de la tropa, que ahora era suya221.
Formaba parte de la tropa porque al esclavo o la esclava se le unía frecuentemente con el resto de los enseres objeto de comercio. Ya hemos visto lo que ofreció don Miguel de Uriarte en 1765, al pedir por diez años el asiento de negros para desembarcarlos en Cartagena, Portobelo, Cuba, Honduras y Campeche. Pero hay que añadir que lo que pensaba era que sus navíos salieran de la bahía de Cádiz cargados de harinas, aguardientes, vinos, aceites, frutas secas y alguna losa de barro del Reino, los productos del entorno de Cádiz y géneros de Cataluña, Valencia, Málaga y Navarra. Así es como irían hasta la costa de África, concretamente a los puertos del Senegal, islas de Gorea y Cabo Verde, donde se trocarían esos bienes por negros.
Y, si los comerciantes ingleses ponían trabas a este trueque, como era de temer, se autorizaba a Uriarte y compañía a proveerse de negros en cualquier otro puerto o en las factorías de Guinea –que eran portuguesas- y a llevarlos en navíos de bandera extranjera.
También hemos dicho que, en todo caso, los barcos que los transportaran irían a parar a Puerto Rico, donde los esclavos serían trasladados a embarcaciones menores –éstas sí, de bandera y tripulación españolas necesariamente- y se distribuirían llevándolos a los puertos citados de América. Pues bien, irían junto con las harinas y demás enseres de comercio que hubieran sobrado del intercambio hecho en las costas de África.
Como pesaba ya la preocupación de desarrollar la agricultura en tan importante isla, como era la de Puerto Rico, se preveía la conveniencia de dar además a Uriarte, en propiedad, tierra suficiente y apta para el cultivo; de suerte que, con los frutos que produjera y los que obtuviese de aquellos que le pagaran los esclavos en especie, pudiera continuar también el comercio.
Se daba por supuesto que, en los puertos indianos donde se desembarcaran finalmente los negros –Cartagena, Portobelo y los que mencionábamos-, les pagarían los
219 Cfr. AHPM,Colonial, carp. 15, núm. 3, sesión de 14 de mayo de 1763, y núm. 5, sesión de 21 de marzo de 1765.
220 Cfr. ACSJPR,26 de enero y 21 de marzo de 1763, 17 de mayo de 1765, pág. 42 y siguientes. 221 Vid. AGT,Sección judicial: Expedientes civiles, Serie A, caja 20, exp. 24.
esclavos con oro y plata pero también con productos de aquellas Provincias. Que, a su vez, se incorporarían a este comercio poligonal -más que triangular como vemos222-.
Y lo mismo –en punto a variedad de enseres- hacían los contrabandistas de los que antes hablábamos.
Fray Francisco José de Jaca recordaba en 1681 con santa ira los niños y niñas de pecho que él había visto, los cuales, traídos a estas tierras y llevados a otras, como perros, gatos y ovejas, quedaban condenados al degolladero de la esclavitud, sin más culpa que la del pecado original223.
El origen de los esclavos no era indistinto. En Cuba, para un comprador entendido, no era lo mismo adquirir un lucumí –inteligentes y trabajadores pero poco serviles- que un congo o un mandinga, que llamaban la atención por su mansedumbre, su habilidad, su fuerza física, en fin su fidelidad. Y nadie aceptaba de grado un yolofe, senegalés que llevaba fama de levantisco y nada dócil224. En el siglo XVII y en Cartagena de Indias, en cambio, los negros
que más estimaban los españoles y criollos eran los guineos, como más trabajadores y por ser “los que comúnmente llamamos de ley –decía Sandoval-, de buenos naturales, de agudo ingenio, hermosos y bien dispuestos, alegres de corazón y muy regocijados [...]. Son estos guineos los que más ley tienen a los españoles, y los que mejor les sirven, y sus cosas les agradan, pues aun estando en su gentilidad, suelen los principales preciarse de aprender nuestra lengua y de vestirse con regocijo y fiesta a la española, con los vestidos que los nuestros les han dado o ellos les han rescatado, alabando y engrandeciendo entonces nuestra santa Ley y detestando y sintiendo mal de la suya (tan hermosa es la virtud que aun hasta a aquellos la quieren mucho, que nada quieren della) teniéndose por más noble y principal el que alcanza tener en su tierra más españoles y en su casa más vestidos y más cosas de nuestra Europa”225.
En el Brasil, Antonil (1711) llamaba la atención sobre la flaqueza de los negros que procedían de Cabo Verde y Santo Tomé frente a la capacidad de aprender oficios mecánicos de los angola criados en Loanda; aunque también hallaba algunos bastante industriosos entre los congos, y no sólo para el cultivo de la caña sino para las oficinas y la casa226.
Pero sobre todos se llevaban la palma los mestizos que se mantenían en servidumbre; eran útiles para cualquier oficio. El problema es que usaban mal del favor de los señores y se mostraban con frecuencia soberbios, viciosos, preciándose de valientes y dispuestos a cualquier desafuero. Y la cosa es que eran también los que se ganaban más fácilmente a sus señores y señoras, hasta el punto de que era conocido el proverbio de que o Brasil he Inferno dos Negros, Purgatorio dos Brancos, & Paraiso dos Mulatos & las Mulatas.227.
222 Aludo con ello a la vieja tesis del carácter triangular del comercio esclavista europeo. Todo lo que precede sobre la compañía de Uriarte, en el real despacho de 1765 (sin indicación de día y mes) reproducido en facsímil apud MARLEY (1989).
223 Apud LÓPEZ GARCÍA (1982), 131.
224 Todo ello según ORTIZ (1916),56-8.Un elenco de gran interés sobre los orígenes de los negros que llegaron a Cuba y el nombre que consiguientemente se les daba, ibidem, 25-48.
225 SANDOVAL (1647),45-6. 226 Cfr. ANTONIL (1711), 23. 227 ANTONIL (1711), 23-4.