Aquí presentamos algunos consejos para ayudarte a que las visitas que hagas a los nuevos contactos sean efectivas para tu iglesia:
1. Cuando visites a nuevos contactos, sería mejor que no
fueses solo, particularmente cuando la persona que
visites sea del sexo opuesto. Si eres casado, es mejor que vayas con tu cónyuge. Puedes visitar por pareja en caso que sean del mismo sexo, o en tríos en caso que sean de sexos opuestos. Más de tres personas visitando podrían infundir temor al nuevo contacto. Por otra parte, si un hombre y una mujer visitan juntos podrían ser objeto de chisme. Sin embargo, dos hombres que visitan un hogar podrían intimidar a los residentes de las grandes ciudades, que suelen ser desconfiados. Parece que suele ser mejor visitar en grupos de tres con por lo menos una dama en el equipo. Haz lo que puedas, sea por teléfono o por nota, para que la persona que van a visitar sepa con antelación que ustedes van a ir.
2. Trata de reducir al mínimo las diferencias de forma de
vida entre tú y la persona que vas a visitar. Si vas a
visitar a alguien que vive en un barrio de gente pobre, deja tu auto en casa. Usa un medio modesto como el autobús o algo así. Por otra parte, si vas a visitar a un profesor universitario, no vayas con ropa informal, como lo es una camiseta, pantalones rotos o botas sucias. Usa ropas formales de trabajo. Visites al rico o al pobre, no uses ropa llamativa. Viste de manera digna, que se adecue a tu oficio como vocero de Dios. No lleves tu Biblia lujosa de estuche negro, carátula de cuero, bordes dorados, y con letras en rojo, sino más bien usa una de carátula tosca o dura, que parezca algo ordinaria y con lenguaje moderno. Esta es menos
intimidante para los nuevos. Tu propósito no es impresionar, sino comenzar una amistad.
3. Ten claro en tu mente el propósito de tu visita. Si estás
visitando por primera vez a un invitado que vino al culto del domingo, tu propósito es simplemente conocer a la persona. Si, por otra parte, estás visitando a un miembro o alguien que asiste a la iglesia con regularidad, tu propósito será conocer aun más a la persona, particularmente en el contexto de su hogar o casa de huéspedes.
4. Antes de salir a visitar, ten un tiempo de oración. Pide discernimiento para saber qué vas ha decir, cómo manejar las situaciones inesperadas y cómo actuar de forma tal que des la gloria a Cristo. Si vas a visitar acompañado, asegúrate de que se puedan reunir con antelación.
5. No hagan visitas largas. Normalmente para la
primera visita con 20 a 30 minutos es suficiente. Bajo ninguna circunstancia la primera visita debe excederse de una hora. Esto es de suma importancia en los casos en que la visita no se ha anunciado con anterioridad. Aun cuando haya un gran interés por parte de la persona en los asuntos espirituales, necesidad de consejería, o unja conversación animada respecto a un asunto importante, ten la disciplina de no prolongar indebidamente la visita. Hacer lo contrario es imponértele a tu anfitrión. Lo más probable que suceda es que la persona evada tu próxima visita. Después de media hora, termina la conversación con mucho tacto y pregúntale si le gustaría que le visitaran en otra ocasión. Ponte de acuerdo en el día y la hora, el asunto del que hablarán, el tiempo aproximado que durará la visita y si vas a traer a otro u otros contigo.
6. Cumple con todas las cortesías sociales que te vas a
encontrar. Cuando te inviten a pasar, no te sientes
hasta que no te lo digan. Habla despacio, en tono bajo, especialmente si hay un bebé durmiendo. Escucha más a tu anfitrión y habla menos. No caigas en discusiones; nunca hagas comentarios adversos respecto al hogar, a
sus alrededores o del barrio donde se encuentra; por ejemplo: Ang lubak pala ng daan dito! (¡qué malo está este camino!) No le susurres nada a tu acompañante ni se rían bajito entre ustedes, mucho menos cuando la persona no esté mirando; pensará que se están burlando de él o de su casa.
Hablen con la persona y no entre ustedes. Cuando vayan a usar algo como el teléfono o alguna
comodidad del lugar, háganlo pidiendo permiso con cortesía. Si es posible, absténganse de pedir o usar algo, en particular algún tipo de comodidad. Puede que le causes vergüenza si el lugar no está preparado o está sucio como para recibir visitas. Limítate a la sala. Evita introducirte en la cocina y mucho menos en los cuartos. No te sirvas comida si la hay en la mesa, a menos que te hayan invitado, y aun cuando lo hayan hecho, sé discreto. No comas hasta llenarte, ¡puede que te estés comiendo la comida de toda la familia sin darte cuenta!
7. Di el propósito de tu visita y preséntense. Di algo en
agradecimiento al que visitan, tal como su
agradecimiento por haberlos visitado el culto pasado o por dejarlo entrar a su casa. Da elogios sinceros tal como: “!Qué interesante su librero!”, pero no adules diciendo: “Usted debe ser una persona muy culta, con todos esos libros que tiene”.
8. Haga preguntas amables, como por ejemplo: “¿De qué
lugar proviene usted?” No lo pongas en una situación difícil preguntándole cosas como: “¿Qué le pareció el sermón del domingo pasado en nuestra iglesia?” Sé sensible y escucha con atención. Participa de la
conversación, pero con interés. Pídele al Espíritu Santo que te guíe en ella.
Percátate de la presencia de otros miembros de la familia. Podrías preguntar: “¿Te gustaría presentarnos a otros miembros de tu familia?” Nunca te ofrezcas a adivinar la identidad de otros en el hogar al preguntar: “¿Ella es tu madre?” Porque la persona a la que te estés refiriendo puede resultar ser ¡la esposa del
anfitrión! Puede que entonces la hagas alejarse a causa de tu ingenuidad o falta de tacto.
9. Come o bebe de lo que te ofrezcan ¡a menos que sea
una bebida fuerte! Por supuesto, si la comida que te ofrecieron te fue prohibida por el médico, puedes rehusarte. Si lo llegas a hacer, explica el por qué. Hacer lo contrario es una muestra de falta de cortesía kahit
busog ka pa (aunque hayas acabado de comer) o kahit masyadong maasinm o matabang ‘yong juice (aunque la
bebida sepa horrible), o incluso si la comida no fue preparada con la limpieza apropiada.
10. Si crees que la persona se encuentra lista y está interesada, pídele permiso para leer un pasaje
apropiado de las Escrituras o elevar una oración.
Hazlo parecido a esto: “Cuando hablábamos de esto, cierto pasaje de las Escrituras vino a mi mente. ¿Le gustaría que se lo leyese antes de que partamos?”, o diga: “Hemos estado hablando de su situación. ¿Le molestaría si ponemos este asunto en las manos de Dios?” La lectura debe ser corta y relevante para lo que se ha conversado. Que tu oración sea sencilla y
específica. No uses términos evangélicos o la
conjugación del “vosotros”, ni pasajes profusos de las Escrituras. Menciona una o dos cosas respecto a las circunstancias de la persona en la oración que eleves.
Pero si notas que no está preparado para asuntos espirituales, omite esta parte de la visita. Con la presencia tuya en su casa ya se ha logrado bastante, incluso cuando no se haya hablado nada de lo espiritual en forma directa.
11. Después de 30 minutos aproximadamente, pon fin a la
conversación con mucho tacto, y con mucha cortesía pídele permiso para marcharte. Di algo semejante a
esto: “Agradecemos muchísimo que nos haya regalado de su tiempo, pero es hora de marcharnos”. Sé
cuidadoso con el tiempo. Puede que la persona esté ocupada y haya dejado de hacer algo para atenderte, por lo tanto no prolongue su visita. Pero por otra parte tampoco des la impresión de que estás apurado. Evita
mirar continuamente al reloj, pues podría parecer que estás apurado por terminar la visita. Si ves interés, haz los arreglos específicos para volver en otra visita. Entonces despídete y márchate. Ya en la puerta no des pie para otra conversación que pueda extenderse. Puede que tu anfitrión no quiera ser visto
abiertamente con los “¡nacidos de nuevo!”
12. Haz una evaluación posterior de la visita con tu
acompañante y tengan un tiempo de oración.
Identifiquen las cosas que hicieron, las no debieron hacer y las que no hicieron pero que sí debieron hacer. Aprendan para que la experiencia les sirva para futuras visitas. Denle gracias a Dios por permitirles entrar a la vida de otra persona. Oren por la persona que visitaron haciendo mención de sus dificultades, su actitud hacia Cristo y por el hecho de que se pueda abrir a la Palabra de Dios.
CAPÍTULO ONCE