No amos,
sino
siervos
Ejerciendo el liderazgo
en la iglesia local
William Girao
Originalmente publicado en las Filipinas en 1995 con el título Servants not Masters.
Traducido al español por David A. Gomero Borges y Yaíma Gutiérrez Valdés, Traducciones NAKAR
CONTENIDO CONTENIDOCONTENIDO CONTENIDO CONTENIDO
INTRODUCCIÓN
¿CÓMO LIDERAR TU IGLESIA?
1. Aplica siempre la Biblia . . . . 2. Depende de Dios en oración . . . . 3. Guía con tu ejemplo . . . . 4. Ten claras tus prioridades . . . . 5. Otorga liderazgo espiritual a los espirituales . . . . 6. Sé extremadamente cuidadoso con el dinero . . . . 7. Nutre la iglesia como a una familia . . . . ASPECTOS PRÁCTICOS DEL LIDERAZGO DE LA IGLESIA
8. Cómo organizar la iglesia . . . . 9. El pastor de la iglesia: títulos, descripción del
ministerio, apoyo financiero . . . . 10. ¿Cómo hacer visitas para la iglesia? . . . . 11. Haciendo que los visitantes se sientan en tu
iglesia como en su casa . . . . 12. Preparando y dirigiendo el culto . . . . 13. Qué enseñar a la iglesia . . . . 14. Cómo dirigir una reunión administrativa . . . . 15. Ejerciendo la disciplina en la iglesia . . . . APÉNDICES Planilla de membresía Pacto de membresía Compromiso de la directiva Compromiso de servicio 6 10 14 18 24 28 31 37 44 50 55 60 73 81 92
INTRODUCCION INTRODUCCIONINTRODUCCION INTRODUCCIONINTRODUCCION
El concepto que se tiene de un líder es que es alguien que manda. Sin embargo, Cristo nos dice: “El que es el mayor de vosotros, sea vuestro siervo” (Mt. 23:11). Nosotros, los que somos líderes, somos siervos y no amos. Ser líder es servir; servir es ser líder.
Este libro está diseñado para ayudarle a ejercer el
liderazgo en su iglesia. Las sugerencias que aquí se ofrecen
no se escribieron con el lujo del estudio apacible, sino que fueron aprendidas a partir del verdadero liderazgo ejercido diariamente en la iglesia local. La primera parte describe los siete principios básicos que caracterizan al liderazgo. El liderazgo espiritual genuino siempre se fundamenta en la oración y en la aplicación de la Palabra. Sólo puede ser ejercido por aquellos que son espirituales. El liderazgo eficaz necesita tener sus prioridades definidas y cuidado extremo al manejar el dinero. Finalmente, el liderazgo espiritual nutre a la iglesia, y es nutrido a cambio por el carácter familiar de la iglesia.
La segunda parte son consejos prácticos para ayudarte a servir a la iglesia de una manera más eficaz. Por supuesto que no todo lo que se refiera al liderazgo puede ser abarcado en un volumen como este. Sin embargo, lo que aquí se trata recoge los aspectos más fundamentales en donde se requiere un liderazgo sensato.
Los apéndices muestran ejemplos de cuatro de los documentos más fundamentales que se usan en la iglesia local. Durante una conferencia para pastores constaté la necesidad de relacionarse con estos documentos. Estando allí un compañero pastor me comentó: “Escuché que su iglesia tiene una planilla de membresía; la nuestra todavía no tiene la suya. ¿Me podría dar una copia?” La iglesia que él pastoreaba en esos momentos era bastante numerosa y ya tenía muchos años de existencia.
La planilla de membresía debe ser llenada por aquellos que soliciten la membresía a la iglesia local. El pacto de
membresía se puede hacer de forma oral o firmarse al
entrar a la membresía de la iglesia. El compromiso debe renovarse anualmente, más convenientemente en la celebración del aniversario de la iglesia. Al tomar posesión de los cargos, el pastor, los ancianos, los diáconos y diaconisas, y todos los que trabajen en la iglesia deben hacer el compromiso de la directiva. El
compromiso de servicio es para aquellos que van a comenzar
el trabajo a tiempo completo proclamando el Evangelio. Que este libro pueda ayudarle a ejercer un verdadero liderazgo espiritual en su iglesia. Y que Dios use esta obra como un ladrillo más en la edificación de Su reino.
CAPÍTULO UNO CAPÍTULO UNO CAPÍTULO UNO CAPÍTULO UNO CAPÍTULO UNO
APLICA SIEMPRE LA BIBLIA
De vez en cuando a algunos miembros de nuestra iglesia les preguntan: “¿Qué es ese grupo al que vas? ¿A qué tipo de iglesia vas?” Como pastor de ellos les exhortaría a que dijesen que somos una iglesia comprometida a enseñar lo que la Biblia enseña y a obedecer lo que ordena la Palabra de Dios.
Las Escrituras son nuestra autoridad suprema en todo lo que hacemos y creemos (II Tim. 3:16-17). Todo lo que hacemos y creemos tiene que estar basado en lo que la Biblia enseña. Los líderes espirituales no tienen la libertad de enfatizar aquello que la Biblia no enfatiza, ni de pasar por alto lo que sí enfatiza. Lo que la Biblia no exige no lo podemos exigir nosotros. Y lo que ella exige no lo
podemos ignorar. Ninguna enseñanza o práctica de la iglesia debe elevarse a dogma, o convertirse en un requisito universal, a menos que tenga un basamento claro que provenga directamente de la enseñanza bíblica.
Donde la Biblia es clara, se exige obediencia, pero en aquello que no lo es, las personas pueden decidir según lo prefieran guiados por su conciencia. En lo que la Biblia guarda silencio, debe haber libertad. Donde la Biblia es ambigua, nadie debe criticar, condenar o ridiculizar a aquellos que difieren de él. En temas donde la Biblia no es clara debe haber tolerancia mutua. La cultura, lo que se considere en el lugar, la preferencia personal, el
temperamento individual y la tradición del grupo son determinantes en aquello que la Biblia no menciona. Este principio se podría aplicar, por ejemplo, a cuestiones tales como el código de vestir para los cristianos, el liderazgo de las mujeres o la forma de adoración en la iglesia.
Los líderes espirituales deben basarse siempre en la Biblia y ser cristocéntricos (I Corintios 10:31). Como líder
espiritual, todo lo que hagas debe ser obedeciendo la Palabra de Dios y siéndole fiel a Cristo. No bases tu decisión en lo que vaya a tener más aceptación popular. No busques aplausos de hombres; busca solo hacer lo que Dios pide en Su Palabra y lo que te exija tu conciencia.
Lo que vayas a hacer, hazlo por lealtad a Cristo y obediencia a Su Palabra. Solo haciéndolo así podrás protegerte de la trampa del engreimiento que proviene de la adulación de hombres y de la trampa de la desilusión que proviene de la ingratitud de ellos.
Asegúrate siempre de que la enseñanza que sigas sea bíblica, en contenido y en importancia. Cuando te sientas “incómodo” o “inquieto” o tengas la sensación de que “algo anda mal pero no sé qué es”, puede que esa inquietud sea un aviso del Espíritu Santo. Donde en verdad se enseña la Palabra de forma fiel, el Espíritu Santo que mora en nosotros nos la confirma. Donde se proclama la Palabra de Dios de forma fiel, el Espíritu habla a
nuestros corazones diciendo: “Esta es Palabra de Dios; es verdadera, ¡obedécela!” Cuando no exista una
confirmación interna del Espíritu, escudriña las Escrituras una vez más para ver si la enseñanza dada proviene en verdad de la Palabra de Dios.
No accedas de inmediato a lo que alguien te pida que creas o hagas, no importa cuáles sean los títulos de esa persona. Sé cauteloso con cada enseñanza – sea esta material publicado, que se predique en un sermón o que se trate en una conversación – hasta que la hayas
verificado a la luz de las Escrituras. Que cada maestro sea probado en cuanto a la fidelidad hacia las Escrituras, sin importar cuáles sean sus calificaciones.
Como líder de la iglesia, cerciórate de que los invitados a predicar sean bíblicos en lo que enseñan. Las
credenciales académicas excelentes no son una garantía de que se sea bíblico. El estar asociado o incluso ser miembro
de un grupo evangélico no da seguridad de que un individuo vaya a enseñar fielmente lo que dice la Biblia. Cuando un predicador invitado trate algo que no sea bíblico, se debe hacer cualquier esfuerzo para corregir la enseñanza errada.
Que la iglesia sea bíblica en lo que cante. El pueblo de Dios, cuando cante, debe cantar el mensaje del himno y no solo la melodía. Canta con tu mente y no solo con tus emociones (1 Cor. 14:15). Cuando cantes algo, pregúntate: “¿Esto que canto tiene un mensaje y un énfasis bíblico? ¿Qué basamento bíblico tiene?” No es suficiente con que “te guste” o “te inspire”. Cada canción que la iglesia eleve en adoración, sea un coro o un himno, debe estar
firmemente basado en la enseñanza bíblica. Nuestra obligación es hacer lo que las Escrituras enseñan, pero esto no significa necesariamente que estemos cerrados al cambio. Debemos estar abiertos al cambio. No te aferres a algo porque “esa siempre haya sido la forma en la que se ha hecho”. No te resistas al cambio porque simplemente te sientas bien con lo que ya conoces, te sea conveniente o no te ofrezca amenazas. Mantente dispuesto a correr el riesgo. El que no se
arriesga, no triunfa. De los cobardes no se ha escrito nada. Estate dispuesto a sacrificarte. Prepárate para ceder tus privilegios por causa de los demás.
Sin embargo, no busques un cambio por el simple hecho que hay que cambiar. No propicies el cambio solo por la emoción de lo nuevo. No todo lo nuevo es bueno. El peso de la prueba está en la necesidad del cambio y no en dejar las cosas como están. El cambio tiene que estar justificado.
“No arregles lo que no esté roto”. No se debe
experimentar con lo que ya está funcionando. “Más vale un pájaro en mano que cientos volando”. No cedas tu fuerte para remediar tu debilidad. Si, por ejemplo, tu iglesia es fuerte en la enseñanza, pero débil en el
evangelismo, no abandones la enseñanza para hacer más obra evangelística. Antes, continúa enseñando fielmente mientras haces lo que puedes para mejorar en el área de evangelismo.
No cambies por el solo hecho de cambiar. Rehúsa lanzarte al cambio ante frases como esta: “Todo el mundo lo está haciendo”, o “esto le llama la atención a las
personas”, o “esto trae resultados”. Nuestra obligación es el ser bíblicos y no pragmáticos.
Como líder espiritual es tu deber mantener a la iglesia siempre a la luz de la Biblia. Lo que la Biblia exige no debe ser ignorado. Lo que enfatiza no debe ser tomado a la ligera. No debemos hacernos especialistas en aquello que la Biblia no recalca. Está mal poner a un lado lo que la Biblia claramente exige. Igualmente, está mal exigir lo que la Biblia no nos manda (Ap. 22:18-19).
CAPÍTULO DOS CAPÍTULO DOSCAPÍTULO DOS CAPÍTULO DOS CAPÍTULO DOS
DEPENDE DE DIOS EN ORACIÓN
Los líderes espirituales deben ser hombres y mujeres de oración (Stg. 5:16-18). No es de Dios el que contemos con nuestras propias fuerzas para poder lograr las cosas. La verdadera espiritualidad está en la constante dependencia de Dios para todo, desde lo más simple hasta lo más trascendental (Filipenses 4: 6-7). Cuando se enfrenta una crisis o una decisión crucial, el primer impulso del líder espiritual sería elevar a Dios una oración; luego pasar un tiempo de oración más extenso, así como también hacer un llamado a otros a que se le unan en oración. El que al enfrentar una crisis, su primer impulso es convocar a una reunión para analizar la situació, actúa de forma carnal.
La dependencia en nosotros mismos puede traer consigo resultados. Tales resultados, sin embargo, son a corto plazo y carecerán de valor eterno. Los resultados que se logran sin que haya habido la oración debida traerán reconocimiento al líder mismo y no la gloria a Dios. Solamente los resultados como consecuencia de una búsqueda en oración tendrán un significado eterno. Lo que se lleva a cabo bajo oración acentúa el poder soberano de Dios y le da a Él la gloria.
No somos de los que nos reunimos, discutimos y consideramos el problema resuelto. Resistimos la
tendencia de hablar de forma extendida de un problema con todos sus detalles, y entonces, después de dos o tres horas de discusión, pedirle a alguien que “por favor ponga el asunto en manos del Señor”. Para el tiempo en que esa oración tenga lugar, todos ya se encontrarán demasiado cansados o apurados para irse.
Verdaderamente nadie se unirá de corazón a esa solitaria oración final.
Las reuniones de la iglesia deben comenzar y concluir con tiempos de oración. Este tiempo va mucho más allá que el superficial: “Señor, guíanos en todo lo que hablaremos aquí. Amén”. Al final de cada sesión administrativa debe haber otro tiempo de oración. Las decisiones tomadas en la reunión deben ser puestas en las manos del Señor. Este tiempo debe significar más que tan solo “la oración para terminar”.
No podemos decir que las decisiones fueron tomadas bajo la dirección de Dios sin que se haya tenido el tiempo de oración debido, al comenzar y concluir las reuniones de la iglesia. Si es Dios quien en Su soberanía hace todas las cosas, y si solo somos instrumentos suyos, entonces todo lo que hagamos debe estar precedido, acompañado y seguido por tiempos de oración. Cuando estamos de rodillas se logran más resultados de trascendencia eterna que estando de pie.
Cada actividad de envergadura y cada paso significativo en la vida de la iglesia y el ministerio deben estar
precedidos, acompañados y seguidos por tiempos de oración. Las reuniones de planificación, por ejemplo, deben ser tiempos de oración, y no solo de planificación.
Aquellos que presiden deben percatarse de que cuando nos acerquemos a orar sea realmente un tiempo para orar. Lamentablemente, la mayoría de los cultos de oración están menos de un tercio en el verdadero tiempo de oración. Los cultos de oración de una hora y media pasan menos de 30 minutos en lo que a oración de verdad se refiere. El tiempo de testimonios, de estudio bíblico, de enseñanza, y los debates minuciosos son necesarios y útiles; pero cuando se hace un culto de oración, las otras actividades no deben consumir el tiempo separado para la oración.
El pastor del pueblo de Dios debe velar para que tales encuentros no se conviertan en ocasión para los chismes y
las críticas. Estas vienen disfrazadas de “peticiones de oración” o como un componente de la oración misma. Mencionar algo negativo o condenatorio acerca de alguien en una oración o en un motivo de oración, y no estar dispuesto a tratar el asunto directamente con la persona en un ambiente de amor es caer en la crítica injusta. Los cultos de oración no deben de convertirse en “tiempos de aflicción”. Si alguien tiene algo en contra de otro, debe seguir las instrucciones que dio el Señor y que se encuentran en Mateo 18:15-17.
Evítese hablar demasiado respecto a una petición específica. Que se mencione solo aquello necesario para que los oyentes se una en una oración con sentido al respecto. Resiste la tentación de recalcar el concepto que tienes de ti mismo al mostrar, cuando ores, cuánto sabes de asuntos confidenciales. No caigas en el delicioso placer de propagar “una noticia exclusiva” en medio de una oración. Por ejemplo, puedes exhibir cuanto sabes de los asuntos personales de otros cuando oras diciendo: “Gracias Señor, porque Mario y Liza están pensando casarse el mes que viene”. Recuerda que la oración es hablar con Dios y no exhibir tu conocimiento íntimo acerca de los otros.
Ora por los miembros de tu iglesia mencionando sus nombres. Esfuérzate por conocer a las personas. Busca hablar con aquellos que todavía no conoces bien. Puedes orar con conocimiento por alguien solo si lo conoces personalmente. Crea un sistema que te ayude a orar por cada miembro de tu iglesia por lo menos una vez al mes.
Usa el tiempo que pasas en las colas o en los autobuses como oportunidades para orar. Los tiempos de
enfermedad son ideales para llevar a otros a Dios en oración. Cuando te cueste trabajo dormir, ora para que te puedas dormir. Acuérdate de los nombres de las personas y ora por ellas. Cuando no puedas dormir, no cuentes ovejitas; mas bien ora por las ovejas de Dios.
Dedícate a la oración por tu pueblo y por tu patria. Decir que amas a tu pueblo y no dedicar tiempo para orar por él es ser insincero. La mejor evidencia de nacionalismo son las lágrimas que derramamos en oración a favor de nuestra tierra, no las condenaciones estridentes del entrometimiento extranjero en nuestros asuntos nacionales. No solo se debe orar por la nación cuando estemos en tiempos de crisis nacional; mas bien esto debe ser parte de nuestro compromiso con nuestro pueblo.
Las metas de la iglesia, la visión, el desarrollo misionero, los intereses sociales y el alcance de la comunidad deben ser nutridos de nuestra vida de oración. Empezamos a ver a las personas y las cosas como Dios las ve cuando
dedicamos tiempo a la oración. Es por medio de la disciplina de la oración que empezamos a sentir de la compasión Dios por los perdidos y los que sufren (Hechos 20:9-20).
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GUÍA CON TU EJEMPLO
Puedes guiar a otros en la misma medida en que estés obedeciendo a Cristo (1 Cor. 11:1). Solo puedes tener resultados cuando has hecho o estás dispuesto a hacer lo que les estás pidiendo que hagan. El liderazgo espiritual es sinónimo de servicio (1 P. 5:1-5). Cristo está del lado de los que se levantan para servir, no de los que se sientan a esperar que les sirvan (Mat. 20:25-28; Lc. 22:27). El
liderazgo a la imagen de Cristo no es estar por encima de los demás (Mc. 10:42-45); es guiar con el ejemplo.
Sé ejemplo controlando tu lengua (Prov. 21:23). Di siempre la verdad, pero no seas brutalmente franco. Di lo que debe ser dicho, pero retén aquello que no vaya a ayudar. Sé completamente confiable con lo que lo que te revelen. Aprende a saber cuándo hablar y cuándo
permanecer callado. Nunca traiciones al que te reveló un secreto. Aprende la disciplina de no decir más de lo necesario. A los que presidimos se nos informan más cosas en comparación con otros. Resiste la tentación de mostrar cuánto sabes de los demás. Los que no saben guardar secretos debe estar alejados del liderazgo espiritual.
Sé ejemplo al cumplir las promesas. Da honor siempre a tu palabra (Mt. 5:37). Honrar tu palabra incluye que cumplas cuidadosamente con el tiempo. Siempre empieza a tiempo y termina a tiempo. Si anunciaste que una
actividad comenzaba a las 7:00 AM, comiénzala a esa hora aun cuando aquellos que se suponía que viniesen no hayan llegado todavía.
El llegar tarde, mayormente si eres el líder, indica falta de consideración por los otros. Lo más probable sea que las personas hayan tenido que hacer sacrificios para poder llegar a tiempo. Otros puede que hayan dejado de
cancelado alguna otra actividad o se hayan visto obligados a dejar de hacer algo importante para poder venir a tiempo. Cuando se llega tarde, se está mostrando falta de consideración por los sacrificios de otros. Cuando terminas tarde, estás siendo desconsiderado con los otros al imposibilitarles hacer lo que tenían planificado después de la reunión.
Ser informal con tu palabra es un rasgo dañino,
particularmente en un líder espiritual. Si otros no pueden confiar en ti para las cosas sencillas, ¿cómo podrán hacerlo cuando les hables de lo eterno, la moral y las realidades celestiales?
Sé ejemplo de formalidad. Continúa con la reunión planificada aunque no estén todos presentes. No pospongas la reunión porque alguien haya faltado. Si insistes en que haya el 100 % de asistencia antes de comenzar la reunión, estarás perdiendo buena parte del tiempo, o ¡quizás nunca comience!
Si alguien se pone de acuerdo para una actividad y después hace otro compromiso que entra en conflicto con lo ya acordado, tal persona estará dando a entender cuáles son sus prioridades. Te estará diciendo que lo que tratan de hacer juntos no es su prioridad, que otra cosa sí lo es. Deja que se quede atrasada, no esperes por ella.
Lleva a cabo lo que tengas que hacer incluso si otros no pueden cumplir con su palabra. Esta decisión de continuar a pesar de la informalidad de los otros es necesaria en el liderazgo espiritual. Este tipo de compromiso se necesita al presidir grupos de ayuda, el coro, las reuniones de oración a mediados de semana, las reuniones de la iglesia o de cualquier otro grupo dentro de la iglesia. Habrá momentos en que no se pueda cumplir con los
compromisos debido a una fuerza mayor – como lo son accidentes o enfermedades. Sin embargo, nuestras imposibilidades de cumplir con los compromisos deben ser pocas y alejadas – que sean la excepción y no la regla.
Sé un ejemplo de fidelidad. Preséntate allí hasta mucho después que los demás se hayan rendido. Ve, incluso si supieses que otros no cumplirán con su palabra y que no vendrán. Si diste tu palabra de que vendrías, ¡ve, truene, llueve, venga huracán, o relampaguee! Si has prometido asistir, hazlo a pesar del cansancio de tu cuerpo y la presión de otros deberes.
Sé estricto contigo mismo pero amable con los demás; que nunca sea al revés. Sé firme pero no legalista. Sé ejemplo pero no midas a los demás acorde al patrón que has trazado para ti. Haz las cosas porque son agradables ante el Señor, y no porque quieras avergonzar a otros. Lo que hagas, hazlo porque crees en su valor, y no para probar que pudiste hacer algo a pesar de que estabas muy ocupado; entonces otros serán capaces de hacer lo mismo. Sé ejemplo, pero no obligues a los demás a ser como tú. Sé intransigente pero compasivo, paciente e indulgente con aquellos que fallan. Reprende, pero solo hazlo en el contexto de un amor concreto y tangible. Solamente por medio de un liderazgo firme pero a la vez compasivo puedes infundir disciplina sin que tengas que convertirte en un dictador. Solamente por medio de un liderazgo fuerte pero a la vez apacible podrás inspirar éxito ¡sin tener que ser un capataz!
Cuídate del profesionalismo espiritual. Es fácil ejecutar de forma mecánica funciones espirituales. Puede que seas “profesional” a la hora de dirigir la adoración, la
predicación, la enseñanza de la Palabra de Dios o inclusive al dirigir en oración. Cuídate del orgullo de la confianza en ti mismo. No es malo tener confianza en uno mismo si está basada en las promesas de la Palabra de Dios, la obra completada por Cristo y la capacitación del Espíritu Santo. Sin embargo, la confianza en uno mismo se convierte en un engreimiento intolerable y en una
arrogancia abominable cuando está basada en nuestra supuesta inteligencia, experiencia superior, entrenamiento
intenso o capacidades innatas. El orgullo hace que el líder espiritual se convierta en una abominación a Dios.
El líder espiritual debe ser alguien de una fe y una confianza serena en Dios. Es fácil empezar a criticar, luego a ser cínico, y luego a desalentarse cuando miramos las debilidades de otros y las fallas de nuestros colegas en el liderazgo. Es fácil desesperarnos al ver la ineficacia y la corrupción de nuestra sociedad. Sin embargo, nosotros, los que dirigimos, debemos ser heraldos de esperanza y no simples profetas de condenación.
Por supuesto, no debemos cerrar los ojos a las tragedias de nuestro tiempo, pero en medio de un mundo de quejas de que toda anda mal, la nuestra debe ser la voz de la fe. La nuestra debe ser la voz, que aunque solitaria, afirme que Dios tiene el control soberano de los asuntos de los hombres, y llame la atención hacia los buenos, gloriosos y finales propósitos de Dios.
Guía por lo que eres. Dondequiera que estés, que tu presencia sea un rayo de luz refrescante y una brisa suave. No debes ser otra nube oscura más, que se suma a la penumbra desbordante de nuestra tierra atormentada y que sufre. “Hacer algo bien vale más que probar que miles de cosas están mal”. Es fácil quejarse y criticar; es mucho más difícil hacer algo concreto y positivo. Como líderes espirituales, nuestro compromiso es con lo segundo.
La autoridad del líder es moral y espiritual, no meramente organizacional. Otros te escucharán y te
seguirán en la misma medida que vean tu ejemplo moral y tu fidelidad a la Palabra de Dios. Si te desvías de la
enseñanza de la Palabra de Dios, aquellos que son verdaderamente espirituales rechazarán tu liderazgo. La eficacia de nuestra autoridad espiritual está directamente relacionada con tu ejemplo moral y tu fidelidad a la Palabra de Dios.
CAPÍTULO CUA CAPÍTULO CUA CAPÍTULO CUA CAPÍTULO CUA CAPÍTULO CUATROTROTROTROTRO
TEN CLARAS TUS PRIORIDADES
Intentar hacerlo todo es sinónimo de no lograr nada. Como líder espiritual, determina junto a tus ancianos, diáconos, y otros líderes cuál es el llamado que tiene la iglesia. Entonces enfoca toda la atención de la iglesia a la misión que ha sido percibida. Entrégate a la tarea
haciendo uso total de los dones espirituales y los recursos que Dios le ha dado a tu congregación. Tu
responsabilidad es hacer lo razonable según tu capacidad y dejar lo que está más allá de tus recursos.
No hay límite por lo que se pueda orar. Ora, por lo tanto, hasta por aquellas cosas para las que no estés equipado y no podrías hacer. Pero solo haz lo que puedas, y deja de preocuparte por las cosas que no puedas hacer.
“Si puedes mover una piedra, muévela. Si no puedes moverla, déjala donde está”. Este es un buen consejo. Intentar hacer algo que esté más allá de tus recursos es invitar a la frustración. No malgastes tu tiempo y energías intentando hacer lo que no puedes; si lo intentas, no te quedarán fuerzas para hacer lo que pudieras haber hecho con facilidad.
Solamente haz aquello para lo cual estás equipado. Por supuesto, hay que tener fe y sacrificarse. William Carey nos desafiaba así: “Intenta grandes cosas para Dios y espera grandes cosas de Dios”. Sin embargo, no te debes cargar innecesariamente de metas y expectativas irreales. Trabajar para lograr metas inalcanzables hará que
solamente se disipen tus fuerzas en intentos fútiles. Ten claras tus prioridades. “No peleen todas las batallas”, solía recordarnos uno de mis profesores del seminario. “Mas bien escoge las batallas cruciales en las que tengas que levantarte ¡y pelear!” Si peleamos cada
batalla, no nos quedará energía para hacer todas las cosas positivas que esperan por nuestra atención. No te
impongas la tarea imposible de intentar resolver, por ti mismo, todos los problemas de tu pueblo y de tu tierra.
Escoge un ministerio en particular que más se adapte a tus dones espirituales. Concéntrate entonces en ese ministerio; dale prioridad. Otros ministerios serán atendidos sobre la base de lo que puedas hacer. No te comprometas a tres o cuatro responsabilidades y las trates a las cuatro como las prioridades supremas. Esa es la fórmula para la frustración. Cuando intentes hacerlo todo, terminarás logrando nada.
Ten claras tus prioridades y sujétate a ellas:
1) La prioridad principal del pastor es la enseñanza y la predicación de la Palabra (Ef. 4:11). El pastor también debe estar vinculado a la oración y a la consejería personal. Todo lo demás es secundario. 2) Los ancianos deben ser los responsables de
preservar la pureza de la vida y la enseñanza de la iglesia, por medio de sus ejemplos, oraciones, enseñanza de la Palabra y del ejercicio de la disciplina de la iglesia. Lo demás les será secundario.
3) Para los diáconos y diaconizas el servicio es lo primero (Hch. 6:2-4). Son ellos los que coordinan, organizan, administran y laboran en los diferentes ministerios de la iglesia. El servicio práctico es su primera prioridad.
Enseña las prioridades correctas. Formula un
Compromiso de Membresía donde se plasme de forma clara los deberes de la membresía de la iglesia. Esto ayudará a los miembros a ver cuáles son sus prioridades. Crea un Compromiso de la Directiva, el cual firmarás junto a los ancianos, los diáconos y diaconizas, y otros líderes de la iglesia. El Compromiso de la Directiva deberá
servir de guía a los líderes espirituales en cuanto a sus prioridades. Cumple diligentemente con los compromisos de membresía y de la directiva.
Debes comprender que no existe sustituto alguno para la asistencia y la participación en los cultos dominicales de adoración de la iglesia. Un directivo de la iglesia no puede ausentarse de forma regular de los cultos de adoración y aun así seguir siendo un líder espiritual confiable.
Mantén las prioridades correctas. No existe sustituto para el tiempo diario devocional de oración y meditación en la Palabra de Dios. Un líder espiritual que no pasa tiempo con Dios todos los días, meditando en Su Palabra y pasando tiempo en oración no tendrá éxito. Te seguirán cuando sientan que provienes de la presencia de Dios. Los que te rodean podrán decir de inmediato cuándo te has convertido en un extraño para Dios. La intimidad con Dios nunca podrá ser falsificada.
Ten cuidado con el uso de tu tiempo. La televisión es un pasatiempo y te podría robar mucho tiempo valioso. Disciplínate a pasar, por lo menos, la misma cantidad de tiempo entre la tele y la lectura de buenos libros cristianos. Si tienes tiempo para la tele, entonces no tienes excusa de no tener tiempo para leer. Proponte leer por lo menos un buen libro cada dos meses.
Ten las prioridades adecuadas. No debe programarse nada en la iglesia que pueda entrar en conflicto o tome el lugar de los cultos de adoración en los domingos o de los cultos regulares de oración. Lleva a cabo estas dos
actividades cruciales de la iglesia, cualesquiera que sean las circunstancias.
No suspendas los cultos de los domingos y los cultos regulares de oración de la semana incluso cuando tengas actividades especiales tales como campamentos o
dominical a favor de otra, estarás diciendo con tu acción que existen otras cosas más importantes que la adoración de la iglesia reunida. Esto no debe ser.
Vela por tus prioridades. El culto de oración no debe ser cancelado aunque coincida con un día festivo. Los días festivos deberían asistir más miembros al culto de oración, pues nadie tiene que trabajar ese día. Los cultos oficiales de oración no deben cancelarse cuando coincidan con el día de Navidad, el día de Año nuevo o con cualquier otro día especial. Esas ocasiones especiales serían una razón más para pasar tiempo en oración ya que la oración puede centrarse en el significado especial de ese día.
Por supuesto, es muy importante estar junto a nuestras familias en días especiales como Navidad. Sin embargo, con mucho cuidado se podrían hacer arreglos apropiados que nos permitirían cumplir nuestros deberes familiares sin abandonar nuestro compromiso de adorar y orar con la iglesia de Dios.
Las personas son más importantes que los programas, y los individuos son más importante que la multitud.
Cuando alguien que esté en una verdadera necesidad se te acerque pidiéndote ayuda, abandona lo que estés
haciendo y acude a él. No importa cuán ocupado estés, nunca estés demasiado ocupado como para no dedicarle tiempo a las personas. Confía tus otras obligaciones en las manos de Dios y presta atención a la persona en
necesidad, pero ten discernimiento. Cuando sientas que la persona ya no esté necesitando ayuda, culmina, con mucho tacto, tu tiempo con él. Los líderes espirituales deben estar siempre disponibles para aquellos que están en necesidad espiritual. Pero no permitas que nadie consuma tu tiempo innecesariamente.
Formula tus prioridades. Los líderes deben tener una visión de lo que podría y debería ser su iglesia. Sin visión, simplemente “mantendrás las cosas como van”. Sin visión
simplemente estarás manteniendo el status quo. Una visión de lo que el Señor quiere hacer con tu iglesia solo puede tenerse en un ambiente de tiempo con Dios y estudio de Su Palabra. La visión no cae del aire, sino que viene de la meditación y la reflexión serias, así como interactuando con otros que estén también involucrados en la edificación del reino de Dios. La visión viene cuando lees, y de forma sensible, escuchas lo que está sucediendo en nuestra tierra, nuestro pueblo y en nuestro mundo.
Los líderes son los responsables de formular las metas precisas para la iglesia. La manera más segura de no dar en el blanco es no apuntándole. Las metas precisas son necesarias, pues crean un sentido de dirección – pero no necesariamente para medir nuestro éxito. Las metas explícitas son necesarias para indicar las prioridades – aunque se conviertan en una fuente de frustración cuando no sean alcanzadas.
Los líderes guían por su visión. Por lo tanto, tú debes ver de forma más clara que nadie lo que pudiera hacerse, lo que necesita hacerse, y lo que no debe hacerse en tu iglesia. Sin visión caminarás en círculos. Para darle a la iglesia un sentido de dirección, necesitas formular metas precisas y acordar con otros líderes las mejores estrategias para alcanzarlas.
Los líderes deben planificar y tener disciplina para adherirse al plan. Por supuesto, hay lugar para lo espontáneo, para lo que sucede en el momento, de lo contrario las cosas resultarían terriblemente aburridas. Pero el liderazgo en su generalidad necesita planificación meticulosa, esmerada y anticipada. El liderazgo exige la auto disciplina para el seguimiento determinado, fiel y vigoroso de los planes. Sin los planes las cosas se tornan caóticas y se ve dañada la obra de Dios. Sin una acción bien pensada, tu liderazgo podría degenerar en el correr desenfrenado de una gallina a la que le acaban de cortar la cabeza.
Está errada la actitud: “Ya planificamos. No hay que orar”. Igualmente errado está decir: “Ya oramos. No hay que planificar”. Mas bien deberíamos decir: “Planificamos mientras tanto oramos”, y “oramos mientras tanto
planificamos”. Planificar sin orar es depender de nosotros mismos; y orar sin planificar es ser irresponsables. Orar sin planificar es malgastar nuestros recursos. Planificar sin actuar es hacer vanas promesas. Planificar en grande es visión. El no poder darle seguimiento a ese plan es soñar despierto.
Ten las prioridades adecuadas. Tu vida familiar es crucial. El fracaso en el hogar es descalificación directa del liderazgo espiritual (1 Tim. 3:4-5). El liderazgo no debe hacer de ti un cabeza de familia irresponsable o un miembro ausente de la familia. El ministerio fuera del hogar no debe causarte que abandones la significante y responsable vida familiar. A pesar de las exigencias del liderazgo espiritual, no se deben ignorar los sucesos importantes como los cumpleaños, los aniversarios de boda, las graduaciones y las partidas o llegadas de viajes prolongados.
Comparte tu hogar con otros, pero protege la privacidad de tu familia. Extiende el amor de tu familia a aquellos que nunca han conocido el gozo del calor hogareño. Hay más hogares quebrantados de lo que creemos, pero ten cuidado de que tu esposa o esposo y tus hijos no piensen que el bienestar de otros te es más importante que el de ellos.
CAPÍTULO CINCO CAPÍTULO CINCOCAPÍTULO CINCO CAPÍTULO CINCOCAPÍTULO CINCO
OTORGA EL LIDERAZGO
ESPIRITUAL A LOS QUE SON
ESPIRITUALES
La cultura filipina exige la pakikisama. La familia filipina requiere que se compartan con los miembros de su propia familia los beneficios sociales y económicos. Esto incluye la familia extendida de kamag-anak (parientes), kaibigan (amigos), kapitbahay (vecinos), y kababayan (los de la misma provincia). Sin embargo en la iglesia, la lealtad familiar va más allá por nuestra lealtad a Cristo y nuestro amor por los otros creyentes. Los cargos de líderes en la iglesia no son para que se distribuyan entre amigos, parientes y miembros de la familia.
El liderazgo espiritual es solo para aquellos que califican moral y espiritualmete (1 Tim. 3:1-13; Tito 1:5-9). Se
necesita ser probado fiel en las cosas pequeñas antes que se nos otorgue responsabilidad sobre cosas mayores (1 Tim. 3:10). La informalidad en deberes pequeños nos descalifica para ocuparnos en mayores responsabilidades. Decir: “Démosle un cargo de líder para que se vea
obligado a ser más responsable” es no seguir la instrucción bíblica. El dar cargos de liderazgo a los irresponsables es una fórmula segura para el fracaso y el desastre en la iglesia (Mt. 25:26-29; Lc. 16:10).
Cuanto te encuentres en duda de si una persona se encuentra lista para el liderazgo, no hagas experimentos. El liderazgo es algo demasiado crucial para ser puesto en manos de alguien que resulte estar descalificado. Cuando no haya nadie que parezca adecuado para un cargo, es mejor dejar la plaza vacante. Una vez que la persona inapropiada esté en el cargo, será muy difícil quitarlo. Por otra parte, un cargo de liderazgo vacante puede ser fácilmente ocupado una vez que aparezca la persona adecuada.
Mantén lejos de los cargos de líderes a aquellos que son informales, carnales y consentidos. La informalidad descalifica a la persona para el liderazgo espiritual, no importa cuán dotada pueda ser. Por ejemplo, si una persona se malhumora por la más mínima provocación que se imagine y desaparece de la iglesia por nimiedades, tal persona es informal. Mantén el liderazgo lejos de ella.
Cuando una persona está perennemente fallando en cumplir sus promesas, sean grandes o pequeñas, es informal. Alguien que pida libros prestados u algo de la iglesia y no lo regresa hasta que se lo tengan que decir, o lo que es peor, promete devolverlos, pero falla una y otra vez, es informal. Se convertirá en un gran problema una vez que esté en un puesto de liderazgo espiritual.
Cuando una persona hace lo que prometió sin que haya habido que estarle recordando o presionando, es
candidata a ser un buen líder. Cuando una persona cumple su palabra, que incluso el hacerlo supiera que le pudiera resultar inconveniente o caro, ella será de gran valor para el liderazgo espiritual.
Aleja el liderazgo de personas que tiendan a mangonear a las personas. Cuando una persona considere a los individuos como medios para llegar a un fin, como piezas de un tablero para ser movidas de aquí para allá o como bienes económicos para lograr el éxito, esa persona es carnal, no es espiritual. Aleja de ella el cargo de líder. En contraste, el líder espiritual verdadero es aquel que ve a los individuos como vidas preciosas que están bajo su cuidado – como ovejas que deben ser protegidas, nutridas, cuidadas, servidas, amadas e incluso por las que se
pudiera morir si fuera necesario.
El que dirige la iglesia como si fuera una corporación de negocios, o actúa como el jefe o el dueño, o trata a los obreros de la iglesia como si fueran nada, tan solo
alguno. Por el contrario, el líder genuino es aquel que guía con humildad y el ejemplo – que solicita en vez de
ordenar, que pide en vez de amenazar, y que alienta en vez de exigir. El líder espiritual se ve a sí mismo como una parte del todo. Siempre está consciente de ser un miembro del Cuerpo (Ro. 12:4-5), consciente de ser un pequeño pastor bajo la autoridad del Pastor Principal (1 P. 5:4).
No le des el liderazgo al carnal que está solamente para “mostrar lo que puede hacer”. El liderazgo espiritual no es para aquel que con orgullo se siente seguro de “poder cambiar el mundo si se lo permiten”. Es solo para aquellos que, no obstante, conscientes de sus carencias o condición indigna, con temor aceptan la responsabilidad del
liderazgo como un asunto de obediencia al Señor. El hombre espiritual sabe que por sus propios medios no es nada y no puede lograr nada; pero acepta el llamado a guiar, sabiendo que si Dios llama, también Dios proveerá.
Otorga el liderazgo espiritual solo a aquellos que son de pensamiento espiritual. El hombre espiritual es dadivoso y no egoísta. El espiritual sabe que el liderazgo requiere sacrificios y no auto gratificación. Aquel que está en busca de los privilegios y ventajas – que quiere y exige lo mejor, lo más grande y lo más conveniente para él – no está apto para el liderazgo espiritual. El de mente espiritual no exigirá privilegios, ni se levantará y luchará por sus derechos si éstos fueren pisoteados. Por el contrario, el líder espiritual cederá presto, por el bien de los demás, aquello que por derecho es suyo.
El líder espiritual se identifica con aquellos que menos tienen en la vida tanto económica como socialmente. Es agradecido ante el beneficio material que se le ha provisto, pero no se queja cuando carece provisión material o sufre inconveniencias. El hombre espiritual es capaz de
regocijarse en el Señor, no importa cuáles sean las circunstancias (Flp. 4:11). A hombres y mujeres como estos, dale el liderazgo.
Los líderes espirituales ven su posición como un llamado divino. Nadie debe ser obligado a aceptar la responsabilidad de liderazgo. Las candidaturas para estos cargos deben ser elaboradas con mucho cuidado y bajo oración. El que acepte el cargo debe hacerlo con
disposición. Al que se le pide que sea líder debe tener la convicción de que la petición es un llamado de Dios para el servicio. Se puede lograr mucho más con uno que se compromete y se sacrifica, que con diez de poco entusiasmo y que sirvan por conveniencia.
CAPÍTULO SEIS CAPÍTULO SEISCAPÍTULO SEIS CAPÍTULO SEIS CAPÍTULO SEIS
SE EXTREMADAMENTE
CUIDADOSO CON EL DINERO
El dinero que se le da a la iglesia es dinero que se le ha dado a Dios. El dinero de la iglesia es el dinero del Señor. Por lo tanto, los fondos de la iglesia deben ser manejados con extremo cuidado y la mayor honestidad (Hechos 20:33-35).
En cierta forma se hace más fácil serle fiel al Señor cuando hay escasez de dinero que cuando hay mucho. Hace falta una dosis alta de madurez espiritual para manejar correctamente grandes sumas que para manejar las pequeñas. No es suficiente el ser honesto a la hora de manipular el dinero de la iglesia, sino que se debe tener mucho discernimiento al usar el dinero que le fue ofrecido a Dios. La mayoría de nosotros prestamos cuidado al usar nuestro dinero, pero cuando se trata del dinero que no es nuestro, algunos nos descuidamos y lo despilfarramos. Esto nunca debería ser así con los recursos de la iglesia.
Al usar el dinero de la iglesia, no nos preguntamos tan solo: “¿Tenemos los fondos?, sino más bien : “¿Será esta la mejor manera de usar el dinero del Señor?” No se
pregunte simplemente: “¿Cuánto tenemos disponible?”, antes bien debemos preguntarnos: “¿Verdaderamente necesitamos gastar esta cantidad para esta actividad teniendo en cuenta nuestro compromiso con las misiones, los salarios inadecuados de la mayoría los pastores, las necesidades de aquellos que son víctimas de calamidades y el ingreso promedio de las familias de nuestro país?” Nuestro propósito es ahorrar tanto como se pueda para dar más generosamente a los que están más necesitados que nosotros. Nuestros gastos deben estar basados en el contexto de la iglesia nacional y no en el de nuestra iglesia local.
Gasta sabiamente. Busca el equilibrio entre los diferentes intereses y ministerios de la iglesia. No lo arriesgues todo en una sola empresa. No está bien colocar todos tus recursos en los proyectos de interés social y descuidar al pastor y a la vez a su familia. No es sabio gastar una inmensa cantidad para financiar un campamento de la iglesia y en cambio dar a duras penas para las misiones. El dinero de la iglesia debe ser repartido entre las misiones, el alcance evangelístico, los intereses sociales, el pastor y su familia, los gastos operativos de la iglesia y las
actividades ocasionales como son los campamentos. Se pierde la perspectiva y el equilibrio cuando se emplean todos o la mayor parte de los recursos en un solo aspecto.
Saca el presupuesto adecuado. Planifica según los recursos con que cuente la iglesia y no cuentes con lo que te puedan traer los amigos estadounidenses. Los gastos operativos, incluyendo el salario del pastor y su familia, debe ser responsabilidad directa de los miembros de la iglesia. Es más aconsejable que las donaciones que provengan fuera de la membresía de la iglesia se usen para las misiones, intereses sociales y algunos proyectos especiales. No es sabio depender de los fondos externos para los gastos operativos.
Desarrolla un amplio interés. Da para las misiones por lo menos un diezmo del ingreso mensual de tu iglesia.
Entonces incrementa tu ofrenda para las misiones como seas capaz. Las ofrendas para las misiones debe ser parte del compromiso normal de la iglesia, y no algo que se haga cuando tu iglesia tenga dinero para gastar.
Cuando recibas donaciones, sigue las especificaciones del donante. Si no estás de acuerdo con él, conversen al respecto. Si todavía no llegan a un acuerdo, devuélvele el regalo, no importa cuán grande sea la suma.
Nunca emplees en otros asuntos los fondos que hayan sido dados para un propósito específico, no importa cuán aguda sea la necesidad de éstos. No tomes prestado de los
fondos designados para los gastos operativos. Si pareciera extremadamente necesario emplear una donación que haya sido dirigida para un propósito específico, el asunto debería consultársele al donante. Es más, la trasferencia de fondos con propósitos específicos, debería ser una
alternativa remota incluso cuando existiera la posibilidad de hablarlo con el donante.
Cuando emplees dinero, piensa siempre en que más tarde o más temprano tendrás que rendir cuenta a la congregación. Aún cuando no tengas que hacerlo, tendrás que justificar, de todos modos, cada gasto a tu conciencia y al Señor en el día del juicio final. No hagas un gasto a menos que puedas justificarlo con la conciencia limpia.
CAPÍTULO SIETE CAPÍTULO SIETE CAPÍTULO SIETE CAPÍTULO SIETE CAPÍTULO SIETE
NUTRE A LA IGLESIA COMO A
UNA FAMILIA
La iglesia es “la familia de Dios” (1 Tim. 3:15; Ef. 2:19; Ga. 6:10). La congregación de los creyentes de un lugar es una familia y debe ser guiada como tal (1 Tim. 5: 1-2).
“En cuanto a honra, prefiriéndoos los unos a los otros”, eso nos manda la Palabra de Dios (Ro. 12:10). El pueblo de Dios, así como la familia filipina, debe caracterizarse por el respeto mutuo. En la familia usamos títulos de respeto tales como Kuya, Ate, Manong o Manang. En la iglesia, al igual que en la familia, no usamos los títulos oficiales que usa la gente. Entre los cristianos no nos llamamos “Sr.” o “Sra.”, o “Dr.” o “Licenciado”, como tampoco lo hacemos entre los del hogar. Más bien, nos dirigimos los unos a los otros con nombres de cariño o los diminutivos de nuestros nombres. La iglesia es una familia que se caracteriza por el amor y el respeto mutuos.
La iglesia es una familia; por lo tanto, cuídate de las inmoralidades sexuales. Evita el exceso de confianza con el sexo opuesto, aunque nos tengamos amor mutuo. Se confía en los líderes espirituales sin ningún tipo de reservas. La necesidad de guardar la compostura es, en primer lugar, una responsabilidad del líder y no de los seguidores. Los líderes espirituales deben estar libres de inmoralidades sexuales y deben evitar que se desconfíe en lo más mínimo de su moral. La política del “no me
toques” hacia el sexo opuesto es muy filipina, pero a la vez es sabia y prudente.
Cuídate de las indiscreciones “inocentes”. Cuando vayas a dar consejería a alguien del sexo opuesto, hazlo en un lugar abierto donde los puedan ver. Si van a usar una oficina de la iglesia, hazlo con la puerta abierta. Nunca
des consejería a nadie del sexo opuesto estando en un lugar cerrado, especialmente en un cuarto donde se encuentren solos. Si eres mujer, evita dar consejería a un hombre casado que esté atravesando por problemas con su esposa. Remítela a alguien de su mismo sexo. Si eres tú la que tienes que hacerlo, trata de que su esposa o tu esposo esté presente. Si no te has casado, prepara un equipo de consejería cuando se trate de brindar ayuda a alguien casado o del sexo opuesto.
Nutre la iglesia como a una familia. Cultiva relaciones personales con aquellas personas de quienes eres líder. Apréndete el nombre de las personas (inclusive su pronunciación y forma de escribirse). No hay nada que suene más discordante que escuchar tu nombre mal pronunciado. Usa el nombre de cariño o diminutivo de la persona cuando la saludes o te dirijas a ella. Escucha más y habla menos.
Cuando varias personas necesiten tu atención, préstasela a cada una de forma ininterrumpida y por separado. Escucha a una sola persona a la vez y no a todos al mismo tiempo. Es mejor escuchar en cinco minutos a cinco personas de forma sucesiva, dándole a cada una un minuto de tu total atención; que tratar de escuchar a cinco personas a la vez en los cinco minutos. Incluso, cuando estés en un lugar lleno de personas y con mucho ruido, bríndale a cada persona que se te acerque un minuto de tu completa atención. Luego dices: “Por favor, discúlpeme. Creo que (nombre de la otra persona) necesita hablar conmigo”. Entonces vuélvete hacia la otra persona y concéntrate en lo que sucede en ese otro minuto.
Cultiva relaciones significativas con las personas. Recuerda los cumpleaños, los aniversarios de bodas u otras ocasiones que resulten especiales para las personas. Visita, llama, envía una tarjeta o un regalo si puedes costearlo. Invita a otros a para que compartan tu alegría y gratitud en tus días especiales. Si no tienes los recursos
para invitar a todos, podrías invitar a diferentes personas en diferentes ocasiones. Es decir, invitar a un grupo de personas a tu fiesta de cumpleaños, y a otro a la
celebración de aniversario de boda, en vez de invitar al mismo grupo cada vez.
No hagas esto como algo para atraer a los demás, o como un medio para congraciarte con otras personas. Hazlo como una expresión tangible de tu amor y cuidado hacia los que Dios te ha puesto como líder. La prueba de tu sinceridad al relacionarte con otros se muestra en tu actitud hacia ellos después que dejas de ser su líder. Si tu amabilidad hacia los que diriges depende de tu posición de líder, entonces dicha amabilidad es hipocresía. Lo que hagas para los demás, debe ser por un compromiso personal de afecto, y no como cumplimiento con tu trabajo.
Busca estar disponible cuando otros te necesiten. Deja de hacer todo lo que estés haciendo para que puedas atender al que esté necesitando verdadera ayuda. Acude y preséntate tan pronto alguien es hospitalizado, da a luz, está en crisis, tuvo un accidente o necesita tomar una decisión crucial. Dedica tiempo a quienes incluso te necesitan solo para decirte algo emocionante o tan solo necesitan sentirse tranquilos con tu presencia.
Trata con la gente sobre la base del diálogo personal. Los anuncios en grupo resultan ineficaces normalmente. Los anuncios como mejor sirven es como recordatorios. No son buenos para hacer que las personas tomen decisiones importantes. Debes hablar con ellas
personalmente si quieres que lleguen a ser capaces de hacer algo relevante. Haz llamadas personales; escríbeles notas. Invítalos personalmente a actividades importantes. Interactúa con ellos. El roce con las personas es útil para lograr que se unan al coro, asistan a los cultos de oración, vayan a los campamentos o se involucren en alguna que otra función.
No permitas que los malentendidos cobren fuerza. Busca explicaciones concisas. No dejes que los resentimientos se acumulen o que las heridas se profundicen sin que antes los hayas enfrentado. El malhumor es contraproducente. Si tienes algo contra alguien, dirígete a la persona y trata de que juntos aclaren el asunto.
Evita el chisme. Si quieres corregir a alguien, díselo a esa persona y no a nadie más. Pero trata de tener
discernimiento y de ser amable; podrías destruirlo siendo demasiado franco. Nuestro propósito es edificarnos unos a otros, no destruirnos. Sin embargo, hay verdades que deben ser dichas aunque duelan, no importa cuán amables y suaves podamos decirlas.
La iglesia es una familia. Edifíquense unos a otros. No estén prestos para criticar a nadie. Si tienen algo en contra de alguien, habla con dicha persona en privado. Si el tema es difícil o delicado, busquen a alguien en quien los dos confíen y respeten para que esté presente cuando se trate el asunto.
Sean fieles los unos a los otros. Si se habla mal de algún miembro, defiéndanlo y no lo hundan más. Defiendan a los líderes de la iglesia en vez de desanimarlos siendo desleales. Trata los malentendidos como lo harías dentro de tu familia. Mantén abiertas las líneas de comunicación. Asegúrate que en el conflicto, ambas partes sean
escuchadas lo suficiente. Brinda el respeto debido a los más ancianos. Incluso, cuando alguien mayor de edad esté equivocado, debe ser tratado con respeto.
Sean sensible a las necesidades de otros. Mantente listo para ayudar aunque te cueste un precio alto. Pero no des lugar a la dependencia. Nadie debe convertirse en un gorrero. Pero por otra parte, no debe haber nadie en la iglesia que no tenga nada que llevarse a la boca cuando hay otros que tienen suficiente o más que suficiente.
Nadie reniega de la familia, no importa cuán triste pueda ser el malentendido. Aun cuando una de las partes dentro del conflicto escoja separase de la membresía y pasarse para otra iglesia, debe seguir el amor, el cuidado, el respeto y el interés mutuo de los unos para con los otros. No hay nada que sea más deshonroso para el nombre de Cristo.
Puesto que la iglesia es una familia, se prefiere el consenso a la hora de tomar una decisión. Las decisiones tomadas según el voto de la mayoría deben ser algo de última instancia, y no la forma usual de tomar decisiones. A todos deben dársele la oportunidad de ser oídos.
Respétese a la minoría. Nadie debe ser obligado a hacer lo que no quiere. Haz todo esfuerzo para convencer a todos de lo que es correcto en cuanto a un asunto. Por otra parte las personas no deben ser testarudas ni egoístas. Siempre existe la necesidad del intercambio mutuo, el sacrificio, la disponibilidad de ceder derechos o ventajas personales por el bien de los que pertenecen a la familia. Evita la tiranía de la mayoría insensible. Pero tampoco permitas que la iglesia quede paralizada por el alboroto de una minoría discordante.
La iglesia es una familia. Esta metáfora es tan solo una de muchas que hay en las Escrituras. La congregación de los creyentes también es un rebaño (1 P. 5:2). Los ancianos son los pastores y la congregación son las ovejas. Los pastores guían al rebaño cuando van delante de las ovejas, es decir, guían con el ejemplo, no con la fuerza. Los líderes espirituales alimentan, cuidan y protegen el rebaño que Dios les ha confiado bajo su cuidado (Jn. 21:15-17; Hch. 20:28).
La iglesia también es un cuerpo, donde son cruciales la unidad y la ayuda mutuas. En el cuerpo, el dolor de uno es el dolor de todos. La felicidad de uno es el placer del resto (1 Co. 12:12-17; Ro. 12:4-5). En un cuerpo ninguna parte sobrevive por sí sola. No son solo los débiles los que
necesitan a los fuertes; también los fuertes necesitan a los débiles. Porque ni siquiera los fuertes son capaces de hacerlo todo por sí solos.
Entonces, ¿cómo debes dirigir la iglesia?
Al ejercitar el liderazgo espiritual, siempre debes hacer que la iglesia siga las enseñanzas bíblicas y que se
comporte según ellas. Depende completamente de Dios por medio de la oración. Guía con una moral ejemplar. Otorga el liderazgo espiritual a los que son espirituales. Mantén claras tu prioridades y nutre a la iglesia como se nutre a una familia.
Bajo estos principios he buscado – nunca con perfección pero sí con determinación – guiar al pueblo de Dios. Que te sean útiles estos principios al ejercer el liderazgo espiritual en tu iglesia.
CAPÍTULO OCHO CAPÍTULO OCHO CAPÍTULO OCHO CAPÍTULO OCHO CAPÍTULO OCHO
CÓMO ORGANIZAR
LA IGLESIA
Una iglesia en crecimiento más tarde o más temprano necesitará organizarse. Durante su primera etapa, el pequeño grupo de estudio bíblico que se reúne en una casa puede ser dirigido por un solo individuo o por la propia familia de la casa en donde se reúnen. Sin
embargo, a medida que el grupo crece, se va convirtiendo en una congregación de adoradores. A mayor número de personas, mayor se va haciendo la necesidad de
organización.
Entonces, ¿cómo organizar una iglesia que se encuentre en pleno surgimiento? He aquí algunas pautas:
1. Organiza tu iglesia para que cumpla más eficazmente su misión fundamental.
La iglesia es primeramente una comunidad de adoración (Hch. 2: 42, 46, 47) y de testimonio (Mt. 28: 18-20; Hch. 1:8). La iglesia está hecha para hacer buenas obras (Ef. 2:10; Mt. 5:16), y para proveer aliento y enseñanza mutuos, entre los creyentes (He. 10:24-25; Hch. 4:32, 34). Es el ejército de Dios que combate activamente contra Satanás y sus fuerzas (Ef. 6:10-18). El propósito de la iglesia es adorar a Dios, predicar a los incrédulos, hacer buenas obras en el mundo, proveer la calidez de la comunión entre los creyentes y pelear contra Satanás y su maldad. La iglesia existe para adorar, testificar, hacer buenas obras, dar abrigo y batallar.
Al organizar una iglesia, la meta debe ser hacer que la iglesia sea más eficaz al cumplir su misión. La misión de la iglesia es una, y es inseparable aunque tenga diferentes
partes. Concentrarse en un aspecto y olvidarse del resto es fracasar al llevar a cabo la misión de la iglesia. Por
ejemplo, si nos concentramos en la adoración y
descuidamos el evangelismo, haríamos que la iglesia se estanque en su crecimiento. Por otra parte, si nos concentramos en las buenas obras sin vivir una vida de adoración seríamos humanitarios o filantrópicos, pero no necesariamente cristianos. Batallar contra Satanás sin llevar una vida de oración en comunión con otros creyentes es aproximarse al derrumbe espiritual. La misión de la iglesia no debe cumplirse por partes. O la llevamos a cabo toda, o no hacemos nada.
Organiza la iglesia de forma tal que se le preste la debida atención a cada aspecto de su misión. Esto significa que en la iglesia local debería haber un departamento o una persona específica a cargo de las siguientes áreas: Adoración y Oración, Evangelismo y Misiones, Discipulado, Asuntos Sociales y Administración y finanzas. Otros aspectos podrían insertarse dentro de estos departamentos.
2. Organiza la iglesia en lo necesario.
La organización no es un fin en sí misma si no un medio para lograr mayor efectividad en la misión de la iglesia. La desorganización hace que la iglesia sea ineficaz e incapaz de cumplir su misión. Por otra parte, el ser demasiado organizado hace que la iglesia sea inflexible y por ende, incapaz de cumplir su misión. El exceso de departamentos conduce inevitablemente a que se
aglomeren las funciones. El que haya demasiados cargos, o demasiados directores o presidentes, conlleva a los celos mutuos “cuando se cuida su propio terreno”. A partir de ahí surgen problemas y conflictos innecesarios.
La aglomeración de cargos y comisiones inoperantes son más bien una carga y un obstáculo para el ministerio de la iglesia. Desafortunadamente existen iglesias locales que tienen la tendencia de hacer que cada uno tenga un cargo
en la iglesia “para hacer que todos estén incluidos”. Tal esquema es contraproducente y frena el desarrollo de la iglesia.
Cuando una iglesia se encuentra en la primera etapa, el que la ha comenzado, evangelista o misionero, quizás tenga que hacerlo todo – desde dirigir el estudio bíblico hasta hacer las visitas, arreglar las sillas o bancos para el culto o forrar los himnarios. Luego, cuando 20 o más asistan de forma regular, el líder puede ver que se hace necesario señalar a algunos para que se dediquen a funciones específicas. Alguno tendrá que enseñar en la escuela dominical, otro preparará el lugar del culto y habrá hasta quienes sean los encargados de preparar las meriendas.
Para las congregaciones pequeñas, una sola persona que sea responsable puede lograr más que una comisión que se encuentre obstaculizada por falta del número de personas necesarias para tomar decisiones. Es cierto que a veces la mejor manera de asegurar que algo no se llegue a hacer es el llevar el asunto a un comité más amplio para “su posterior estudio”.
Comienza con un mínimo de organización. A medida que la congregación crezca, añade los departamentos que sean necesarios según surjan las necesidades. No tengas una idea preconcebida de organización. Desarróllala a medida que avances. Sé sensible a las necesidades de los miembros y a los desafíos y las oportunidades que te presente la iglesia.
Organiza tan solo cuando exista la necesidad o para hacer uso de una oportunidad de una manera más eficaz. Por ejemplo, cuando se expanda tu programa de becas para los pobres, escoge a alguien que se haga cargo del programa. A medida que crezca, forma un departamento de ministerio estudiantil.
La organización trae consigo crecimiento en vez de que sea el crecimiento el que traiga consigo la organización. Por ejemplo: constituye un departamento para el
ministerio estudiantil solamente para dirigir de forma más eficaz el trabajo de crecimiento estudiantil, y no lo
organices para comenzar a alcanzar a los estudiantes y luego, subsecuentemente, presionar a cada uno para que pertenezcan a esta ¡nueva área del liderazgo de la iglesia!
La organización es un siervo muy útil, pero un amo muy difícil. Haz de la organización una herramienta para que el ministerio tenga mayor efecto. No lo conviertas en un amo exigente que solo pude ser aplacado con resultados inmediatos y estadísticas impresionantes.
3. Organiza la iglesia de acuerdo a los dones espirituales que se evidencien en la congregación.
Observa e identifica los dones espirituales de los miembros de tu iglesia. Entonces preséntales las
oportunidades en las que puedan ejercer y desarrollar sus dones espirituales – sea el don de mayordomía, el don de hacer misericordia, de evangelismo, de la enseñanza, predicación, consejería o algún otro don.
La dirección del ministerio de tu iglesia debe depender, hasta cierto grado, de los dones espirituales de sus
miembros. Si por ejemplo, la iglesia ha sido dotada de cantantes, es hora de formar un coro. Si no existen personas que puedan cantar, entonces no sería sabio emplear tiempo y energías en tratar de formar y entrenar un coro. ¿Hay alguien en tu iglesia que tenga el don de compenetrarse con los niños y que tenga la habilidad de explicarles de forma fácil las verdades bíblicas de forma que las entiendan y les emocionen? Entonces ya es hora de establecer una Escuela Dominical para niños.
Los dones espirituales de las personas deben ajustarse a las exigencias del ministerio en el cual se encuentran o al
que hayan sido elegidos en la iglesia. Organiza la iglesia de acuerdo a los dones espirituales que se encuentren presentes en la congregación.
4. Organiza la iglesia de forma que pueda haber
liderazgo colegiado y compromiso mutuo.
En la iglesia primitiva, el liderazgo se encontraba en las manos de los ancianos. Y cuando Pablo se refería o mencionaba a los ancianos en cualquier iglesia, usaba la forma plural (Flp. 1:1; Hch. 20:17; Tit. 1:5). Esto indicaba que el liderazgo en la iglesia primitiva era colegiado. Ninguna persona dirigía a la iglesia por sí sola. Aún cuando habían ancianos de más experiencia, tenían compromiso mutuo en el liderazgo de la iglesia local (1 P 5:1-4).
La organización de la iglesia debe permitir el liderazgo colegiado y el compromiso mutuo. Un solo líder, sin tener a nadie a quien responder, mas tarde o más temprano comete un error serio. A veces lo único que hace falta para afectar o destruir una congregación es una mala decisión tomada por el líder. Un líder que no tenga a quién responder puede descuidarse fácilmente. Puede ir a los extremos o caer en tentación. Puede también gastar los fondos de la iglesia de forma irresponsable o llegar a ser deshonesto.
Sin responsabilidad, el líder podría descuidar sus relaciones con el sexo opuesto y caer en inmoralidades sexuales. Puede desviarse de sus enseñanzas, introducir prácticas cuestionables dentro de la iglesia, y hasta podría llegar a convertirse en orgulloso e incorregible.
En algún momento la iglesia tendrá que constituir un consejo de iglesia o un consejo de administración. Es entonces cuando el pastor se compromete con el consejo y el consejo, a cambio, se responsabiliza con la
espiritual del pastor. Todos son regidos por lo que dice la Palabra, y a la larga todos se responsabilizan con Dios.
La organización de la iglesia debe dejar claro el orden de autoridad. ¿Quién responde por quién? ¿A quién? ¿Por qué? Debería haber una descripción del ministerio escrita para cada obrero y líder de la iglesia. La descripción del ministerio deberá definir con términos claros el contenido de trabajo de cada cargo.
La organización de la iglesia debe indicar quién decide sobre qué. Por ejemplo, ¿quién toma la decisión cuando se trata de disciplinar a algún miembro en desobediencia? Se debería delimitar bien hasta dónde podría decidir por su cuenta un líder de la iglesia, o que podría hacer una comisión o departamento de la iglesia por su propia cuenta. Es aquí cuando se hace necesario un manual para la iglesia. Un manual es extremadamente valioso cuando se prepara con sabiduría y mucho cuidado. El manual debe expresar las pautas precisas en cuanto a los intereses fundamentales de la iglesia.
5. La iglesia debe cumplir con todos los requisitos legales de una institución si se encuentra registrada ante el Estado.
6. Si tu iglesia local es parte de una denominación con prácticas de gobierno eclesiástico establecidas, sigue el sistema y cumple fielmente con sus deberes y disfruta tus privilegios.
7. Organiza tu iglesia de manera que permita al pastor ejercer libremente su ministerio espiritual.
Hoy en día se hace énfasis en el pastor como un eficiente administrador-gerente de la iglesia. El Nuevo
Testamento, sin embargo, señala su papel como pastor-maestro (Ef. 4:11; Jn. 21:15-17). El pastor, a su vez,
P. 5:3). El ministerio primario del pastor es predicar y enseñar la Palabra. Como pastor-maestro también debe dar prioridad a la consejería y a la intercesión por su congregación. Por encima de su ministerio público, debe ser un ejemplo en su vida familiar, de dominio propio y de disposición para hacer sacrificios personales. Debe demostrar las cualidades morales y espirituales señaladas por Pablo en sus cartas a Tito y Timoteo (Tito 1:6-9, 1 Tim. 3:2-7).
La organización de la iglesia deberá permitirle al pastor concentrarse en la predicación y enseñanza de la Palabra, la consejería, la oración y a tener tiempo suficiente para él y su familia. Los ancianos, diáconos, diaconizas y otros líderes pueden ayudar ejerciendo los otros ministerios que el pastor no pueda hacer.
CAPÍTULO NUEVE
CAPÍTULO NUEVE
CAPÍTULO NUEVE
CAPÍTULO NUEVE
CAPÍTULO NUEVE
EL PASTOR DE LA IGLESIA
Calificaciones, descripción del
ministerio, apoyo financiero
La elección de un pastor es crucial para el crecimiento, e incluso para la supervivencia de una iglesia. Cuando se
busque un pastor, escojan a uno que:
1. Muestre las cualidades que dice la Escritura debe tener un líder espiritual (Josué 1:7-9; 1 Tim. 3:1-7; Tito 1:7-9).
2. Muestre grandes posibilidades de cumplir
eficazmente la descripción del ministerio que se haya formulado para tu pastor.
3. Tenga los dones espirituales y la preparación para que pueda comunicar eficazmente la Palabra de Dios, es decir, que en particular tenga el don de la
enseñanza y la predicación (Ef. 4:11).
4. Preferentemente tenga esposa e hijos que
concuerden con los requisitos de la Palabra en cuanto a cómo debe ser la familia de un líder espiritual (1 Tim. 3:2-5; Tito 1:6).
5. Crea y acepte de corazón y sin reservas la Declaración de Fe de la iglesia y su Declaración de Propósito; y que esté preparado y dispuesto a enseñarlo e implementarlo fielmente.
6. Muestre evidencias de tener el corazón de un buen pastor, y que a su vez tenga las cualidades de un jugador de equipo. Deberá ser alguien que esté dispuesto a compartir su liderazgo con los ancianos y con otras personas de la iglesia que estén dotadas espiritualmente, y no alguien cuya inseguridad lo haga ejercer el cargo despóticamente (Jn. 21:15-17; 1 P. 5:1-4).
7. Esté preparado para entregarse al ministerio pastoral por el resto de su vida, o por lo menos tres
años, pero que a su vez esté dispuesto a renunciar si no cumpliera con algunos de los requisitos anteriormente expuestos.
DESCRIPCIÓN DEL MINISTERIO DEL PASTOR El pastor tiene que llevar a cabo un ministerio, y no un oficio. Es bueno para la iglesia y para el pastor llegar a un muto acuerdo respecto a una descripción específica del ministerio del pastor, preferiblemente antes que este último comience a servir.
Usted puede adoptar la siguiente descripción del ministerio. El listado indica el orden descendiente de las prioridades. La primera prioridad del pastor es predicar y enseñar la Palabra, y la última es representar a la iglesia en reuniones entre iglesias o nacionales. La última puede ser fácilmente delegada, pero la primera no.
A.- Predicar y enseñar
1. Predicar y enseñar la Palabra en los cultos dominicales.
2. Encargarse de que un predicador-maestro preparado lo sustituya los domingos que no pueda estar predicando.
3. Organizar e implementar un programa de Escuela Dominical o Educación Cristiana y ser parte de los maestros.
B.- Consejería y preparación
1. Estar dispuesto, dentro de lo razonable, a
aconsejar, interactuar y orar con miembros de la iglesia que estén necesitando ayuda y la estén buscando. 2. Aprovechar las oportunidades y esforzarse por
relacionarse con cada persona, y estar familiarizado con sus circunstancias.
3. Sensibilizarse con las necesidades materiales, morales, y espirituales de la membresía de forma
general e individual, y enfrentarlas según como sea posible.
4. Preparar constantemente un grupo –
particularmente ancianos de la iglesia, diáconos y diaconizas – para el liderazgo espiritual de forma organizada o no formal, quizás ambas, privada o pública, individual o colectiva.
C.- Administración
1. Controlar la labor de la iglesia y dirigir debidamente su personal.
2. Asegurarse de que se está respondiendo
adecuadamente por los fondos y propiedades de la iglesia, y que estén siendo usados y cuidados correctamente.
3. Ayudar a preparar, reevaluar y actualizar las pautas que rigen la vida de la iglesia.
4. Encargarse de delegar de forma eficaz y debida las responsabilidades de liderazgo.
5. Encargarse de que todos los requisitos legales
relacionados con la iglesia estén siendo cumplidos al pie de la letra.
D.- Otros deberes
1. Cuidar y guiar su familia de forma adecuada, tal y como lo exige la Biblia para los hogares de los líderes espirituales (1 Tim. 3:2-5; Tito 1:6).
2. Animar y elevar la vida de oración de la iglesia por medio de su ejemplo, tanto en lo individual como en lo colectivo.
3. Animar con la enseñanza y el ejemplo la vinculación de los miembros en el evangelismo, asuntos sociales y las misiones.
4. Guiar a la membresía a que se interese y ore de forma sana y seria, y a la vez se involucre de forma positiva con la comunidad local y los asuntos nacionales. 5. Ayudar a promover, formular, y cumplir las metas a