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DIRIGIENDO EL CULTO

In document No Amos Sino Siervos (página 68-71)

COMO EN SU PROPIA CASA

DIRIGIENDO EL CULTO

He aquí algunos consejos para la dirección del culto:

Sé visible pero a la vez invisible. El que dirige debe ser

“visto”, pero al mismo tiempo debe parecer “como si no estuviera”. La congregación debe ser guiada; los que adoran deben ver, literalmente, al que dirige el culto. Si hay alguna plataforma, úsala. Párate en algo elevado si es posible. La congregación debe saber lo que tú quieres que hagan. Habla alto y con claridad; los adoradores han de verte y escuchar tu voz para asirse de tu entusiasmo, alegría y reverencia al presentarte ante Dios.

Por otra parte, la congregación debe ver al Señor, no al que está dirigiendo. Tu presencia no debe distraer a los adoradores de la santa presencia de Dios. El que dirige debe ser como el director de una orquesta. El esfuerzo y la conducción del director son grandemente responsables en hacer que la música sea hermosa y armoniosa. Sin

embargo, el buen director pasa inadvertido,

completamente olvidado en la belleza de la composición. Eres un buen director de culto cuando la congregación casi ni se percata de ti y se sume en Dios.

Sé natural. No imites la voz de nadie, ni sus gestos, ni

sus acentos, ni su forma de mirar. El que dirige el devocional debe evitar cualquier cosa que resulte

artificiosa. Los gestos han de ser naturales, no planeados ni diseñados. Por lo general se logra que la congregación se concentre mejor cuando se hace un uso moderado de los gestos. Cualquier cosa que hagas, hazla con sinceridad y espontaneidad. Y recuerda: todo debe encaminarse a

crear un ambiente propicio para la adoración, y cualquier cosa que no contribuya a esto debe ser eliminada.

Habla para que todos te puedan escuchar. Habla alto y

claro. Estás guiando con tus palabras; por lo tanto, hazlas audibles y que se entiendan. Cuando hables, cerciórate de que las personas que se encuentran al final te puedan escuchar con claridad. Articula las palabras. Habla un poco más despacio que en una conversación normal y diferencia una palabra de la otra. No dejes de pronunciar la última sílaba de la última palabra en cada oración. Cuando te sientas inseguro de la palabra que vas a decir a continuación, y estés en medio del discurso, detente y piensa en silencio, pues los zumbidos con la boca y los demasiados “eh” les causan molestia a los oyentes.

Cuando anuncies el himno que se va a cantar, hazlo diciendo el título y el número del himno. Primero dices el número completo y luego lo repites dígito por dígito. Más o menos así:

“Cantemos el himno ‘Fiel Señor Jesús’. Himno número cuarenta y tres – cuatro tres. Es el himno ‘Fiel Señor Jesús’, Himno cuarenta y tres”

Nunca preguntes: “¿Ya podemos cantar el himno ‘Fiel Señor Jesús’?” En cambio, di a la congregación:

“Cantemos todos...” Tú estás dirigiendo el culto, pues dirige.

Mantén el contacto visual. Guías con tus palabras y

también con tu vista. Con la vista comunicas tu

entusiasmo, alegría y espíritu de reverencia. Mira hacia la congregación y no hacia el piso. No mires hacia una sola persona o hacia una parte de la congregación; mira hacia toda la congregación, una parte a la vez. Si el coro está sentado a tu espalda, de vez en cuando vuélvete hacia ellos. Tampoco te olvides de mirar hacia los que están en la galería en caso de que haya alguna. Si mirar a los ojos te hace perder la concentración de lo que vas a decir,

congregación y enfoca tu mirada en algún objeto que se encuentre al final; puede ser una pizarra, una planta o alguna otra cosa que no te distraiga. Pero no te quedes mirándolo todo el tiempo, pues la congregación es tu barómetro y debes ser capaz de distinguir sus señales de respuesta positiva o negativa, sean éstas de entusiasmo o aburrimiento. De vez en cuando necesitarás mirar a tus notas, pero no lo hagas todo el tiempo; trata de siempre mantener el contacto visual con la congregación.

Controla la distribución. Asegúrate de que todos los

que tengan participación en el culto sepan cuándo les corresponde. Antes de que comience el culto, ponte de acuerdo con los acomodadores, el pianista, el director del coro, cuáles señales usarás para indicar su entrada o tiempo de recoger las ofrendas, tocar la música de fondo, comienzo del coro, etc...

Maneja las contingencias. Toma control eficaz en medio de apagones, cuando alguien interrumpe en el culto, o cuando un bebé comienza a llorar en la parte más solemne. Toma control del tiempo de testimonios. Comienza a tiempo y termina en tiempo.

Sin embargo, sé sensible y flexible. El orden del culto no

tiene que ser inalterable. Habrá momentos en que sentiremos que en vez de terminar el culto, el Espíritu Santo nos guiará a tener un tiempo más de oración. A veces sentiremos que el amor sincero nos guiará a un tiempo extra de testimonios. A veces el himno que escogimos no nos parece relevante y entonces se nos ocurre otro más apropiado. Siéntete libre de hacer los ajustes necesarios. Sin embargo, recuerda que Dios es un Dios de orden y no de caos. Si el tiempo se extendiese, cerciórate de que sea en obediencia a los impulsos del Espíritu y no a la falta de disciplina en el uso del tiempo, o a una mala planificación.

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