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C OMPARACIÓN DE DOS VIDAS :

In document La filosofía como una forma de vida (página 31-40)

Aun cuando el libro IX trata sobre las tres vidas, Platón se concentra más en comparar la vida conforme al placer con la vida conforme al saber, por esta razón a continuación se ampliará de forma más detallada dicha comparación. Después de esto se presentarán las tres demostraciones dadas por Platón, en dónde expone las razones por las cuales la vida conforme al saber es la que provee de mayor felicidad y gozo al ser humano que la vida conforme al placer.

Forma de vida conforme al placer:

A este último género de hombre “que es absolutamente injusto le conviene

cometer injusticia con tal de aparecer como justo” (588b). A simple vista esto

podría querer decir que se puede presentar, simultáneamente, en una misma persona el ser justo como el no serlo, aunque la última cualidad se exteriorice sólo en apariencia; qué tan verdadera puede ser esta posición es lo que se expondrá a continuación. Esta habilidad propia del injusto, el aparentar ser lo que no es, ya

había aparecido en libros anteriores, “no hay mayor perfección en el mal que el

parecer ser bueno no siéndolo” (361a). Pues tras de esto está el hecho de darle

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fuerza a lo salvaje y debilitar lo más bello que hay en el hombre, el cuál haciendo uso de la razón es quién antepone lo justo frente a lo injusto.

Una de las características del hombre que lleva la vida conforme al placer, y que en ello se asemeja al tirano, es su deseo desproporcional por derrocharlo todo y gastar enseres, comida, etc., en proporciones exageradas, toma además préstamos, dado que lo ha gastado todo (Cf.573d-e) y cuando todos los recursos le faltan, los deseos violentos que ha contenido en su interior y que reafirman su propio egoísmo, lleva a que todos sus demás deseos busquen la manera de examinar quién tiene algo de lo que pueda despojarlo bien sea mediante el engaño o la fuerza (Cf.573e). Desmesuradamente, hará hasta lo imposible por alcanzar su deseo, robar, violentar casas, hurtar bolsas, profanar templos, vender como esclavos a hombres libres, aceptar sobornos. El hombre con una vida de placer propia a la que produce el tirano, jamás en toda su vida es amigo de nadie, siempre esclavizado o esclavizando a otros; de la libertad y de la amistad verdadera nunca gusta la naturaleza tiránica; tal hombre es infiel e injusto (Cf.576a-b).

Ahora bien un estado tiranizado es esclavo deshonroso y desdichado, y dado que anteriormente decíamos que el Estado es reflejo de los hombres que lo

componen, del mismo modo será el tirano, esclavo y desdichado, “por consiguiente,

el alma tiranizada será la que menos hace lo que quiere; me refiero al alma como todo: arrastrada sin cesar por la pasión en forma violenta, estará llena de turbación y

remordimiento” (577 c-e). Además de esto, el estado será pobre y el alma del tirano

y sus conciudadanos estarán necesitados e insatisfechos, lo que los hará estar de forma permanente con miedo.

El problema del tirano estriba en estar a cargo de gobernar a muchos cuando él ni siquiera se gobierna a sí mismo (Cf.579c). A causa del poder, el tirano llega a ser envidioso, desleal, injusto, carente de amigos y cultivador de toda maldad. Es desdichado aquel que estando enfermo tiene que padecer en soledad su propia

enfermedad pero lo es aún más si padeciendo por tal situación se aventura a dirigir a otros, donde no siendo dueño de sí mismo trata de gobernar y conducir a los demás.

El hombre tirano propiamente dicho no es aquel que impone su tiranía consigo mismo sino cuando la ejerce sobre los demás. Platón pone en boca de Glaucón la declaración de que “el hombre más dichoso es el mejor y más justo, y

que este es el hombre real, que reina sobre sí mismo; y que el más desdichado es el peor el más injusto, y éste, en cambio, se halla ser el que, siendo más tiránico, se tiranice en mayor grado a sí mismo y a su ciudad” (580c). El tirano no es libre

porque de todos modos será criticado, vigilado y controlado por quienes sí creen y aplican la justicia, estos siendo libres luchan por la libertad de todo aquel que esté dominado por el tirano. Así resulta ser esclavo, puesto que vive sujeto a los falsos halagos de otros hombres, lo que lo lleva a tener una vida de insatisfacción en sus deseos, por esta razón es usual que sienta de forma permanente sentimientos de carencia y menosprecio de sí mismo. De allí que viva con temor e inseguridad permanente, y ande frente a la vida en actitud de constante prevención frente a todo

aquello que pueda causarle dolor, sufrimiento e insatisfacción. Al tirano “le es

forzoso ser e incluso hacerse en mayor grado que antes en virtud de su mando, envidioso, desleal, injusto, falto de amigos, impío, albergador y sustentador de toda maldad y por consecuencia de todo esto, infeliz en grado sumo; finalmente, ha de hacer iguales a él a todos los que están a su lado, es decir, esclavos” (580a).

Forma de vida conforme al saber:

Platón había presentado la forma de vida del filósofo en el final del libro V y comienzos del VI, la figura aquí descrita es la que comparará con el tirano en el libro IX. Al comienzo del libro VI se describe cómo es un filósofo. Lo primero que dice es que un mal filósofo se puede corromper y volverse sofista, engañador, en esos casos lo mejor es que no sea filósofo. Desde el final del libro V Platón empieza a definir cómo es un filósofo. Dice que es el que contempla cada cosa en sí siempre idéntica a sí misma, es decir, que se aproxima a las cosas que son verdaderas. Los hombres que

andan errando por multitud de cosas diferentes están lejos de ser considerados como verdaderos filósofos.

Hay que recordar que la indagación que antecede a estos intervalos, está relacionada con la búsqueda de lo que es justo o no. Después de haber dado estas definiciones, Platón procura presentar al filósofo como modelo de representación del ser justo, por ello en la primera parte del libro VI, agrega que éste puede alcanzar lo que siempre se mantiene igual a sí mismo, así se resalta en él la capacidad para abrazar todo aquello de lo cual se tiene conocimiento alguno.

Por estas características, afirma que entre el filósofo y el no filósofo, conviene que sea jefe en la ciudad el filósofo, pues es el tipo de hombre que se interesa y es capaz de custodiar las normas y las leyes de la ciudad (Cf.484a-c). Conviene que el que ha de guardar las leyes tenga absoluta claridad sobre lo que es y lo que no es, debe tener conocimiento de todo ser, debe tener un modelo claro en su alma con lo que puedan contrastar la pluralidad de cosas que se va encontrando en el camino, con el fin de que les sea permitido contemplar con sagaz agudeza las normas de lo hermoso, lo justo y lo bueno y ser capaz de conservarlas con su vigilancia una vez establecida (Cf.484d).

Las naturalezas filosóficas se caracterizan porque se apasionan siempre por aprender aquello que puede mostrarles algo de la esencia siempre existente y no sometida a los extravíos de la generación y corrupción, también se caracterizan porque no se dejan llevar por su voluntad ni en poca ni en gran medida y por hablar

siempre con verdad y rechazar la mentira. “El que por naturaleza es enamorado de la

verdad, ama lo que es connatural y propio del objeto amado” (Cf.485b-c). Es

necesario que el verdadero amante del saber tienda desde su juventud a la verdad por encima de cualquier otra cosa. El filósofo se entrega al placer del alma en sí misma y deja de lado los placeres del cuerpo, es temperante y en ningún modo avaro de riquezas, no tiene mezquindad de pensamiento, la muerte para él no es cosa temible, la naturaleza cobarde y vil no podrá tener parte en su alma (Cf.485e).

El hombre ordenado que no es avaro ni vil, ni vanidoso, ni cobarde, difícilmente tendrá estas cualidades, por el contrario, será tratable y justo. Para lograr diferenciar el alma que es filosófica y la que no lo es, se debe examinar desde la juventud del sujeto, si su alma es justa y mansa o insociable y agreste. Es un hombre que actúa con pasión y sin mezquindad de espíritu, con entrega adelanta en gran medida los frutos de su trabajo y se caracteriza por tener excelente memoria (Cf.486e). Su naturaleza es mesurada y bien dispuesta, se deja llevar fácilmente a la contemplación del ser en cada cosa.

Todas las necesidades del filósofo son necesarias y están ligadas. El filósofo es expedito en el estudio, elevado de mente, bien dispuesto, amigo y allegado de la verdad, de la justicia, del valor y de la templanza. Es de esperarse que tales hombres al llegar a una edad madura, sean en los que más debería confiarse los asuntos de la ciudad (Cf.487a).

La mejor forma de vida es la filosófica:

De este modo se observa cómo Platón presenta en tres argumentos la demostración de que la forma de vida más conveniente para el ser humano es la del filósofo, la primera demostración la hace cuando compara al filósofo con el tirano, y concluye que éste último es un ser desgraciado e infeliz (Cf.580d), pues su forma de vida es injusta e infiel, mientras que la filosófica se distancia inversamente de tales características, lo que la hace ser mucho más ventajosa y conveniente para el hombre. La segunda demostración la expone al explicar la razón por la cual el filósofo dice y habla con verdad, como se observó algunas líneas atrás, éste al tener mayor experiencia que todos los demás, tiene más posibilidad de proceder con un tipo de saber que le permite ser acertado y emitir juicios ecuánimes (Cf.583a). Finalmente, lo demuestra indicando que el filósofo goza del mejor de los placeres, pues gracias al uso de su razón, experimenta el gozo de aprender continuamente (Cf.586e). Y por si alguna duda permanece después de estas tres argumentaciones, al final de este apartado se presentará la metáfora de la figura de la escultura

compleja (Cf.588b), que demuestra la deformidad en la que se ve sumergido el no filósofo, y por qué el querer ser o parecer filósofo es lo que en última instancia el hombre con pretensión de ser justo desea.

Cuando el conjunto del alma sigue la parte filosófica sin disensiones internas, cada una de las partes hace en todo sentido lo que le corresponde y lo que es justo, también recoge como frutos los placeres que le son propios, que son los mejores y ello los lleva en la mayoría de los casos a ser los más verdaderos. Cuando prevalece alguna de las otras partes del alma, sucede entonces que el alma se aleja de la filosofía y de la razón, es decir que también lo hace de la ley y del orden y todo aquello que se aleja de la razón son los apetitos eróticos y tiránicos.

¿No reconoceremos, hombre bendito, el origen de la ley de lo digno en el hecho de que lo primero pone bajo el hombre, mejor dicho tal vez, bajo su parte divina lo que hay en su

naturaleza de salvaje y lo segundo esclaviza lo que hay en él de manso a lo salvaje? (…)

¿habrá pues, alguien a quién convenga tomar dinero injustamente si acontece que, al tomarlo, esclaviza lo mejor de su ser a lo más miserable? (…) si somete, en cambio, la

parte más divina que en él hay a la más impía e infame, ¿no se hará con ello desgraciado y no pagará el oro de su soborno con un destino mucho más terrible y fatal que el de Erifile al recibir el collar por la vida se su esposo? (589d-590a).

De este modo se ve cómo el tirano vivirá del modo más desagradable y el rey del modo más placentero (Cf.586e-587c). Sin embargo a ello se suma una apreciación, si el hombre yerra al dejarse gobernar por su parte no racional del alma, no lo hace por su propia voluntad, pues en este tipo de hombres, artesanos y

obreros, afirma Platón, “la parte mejor es débil por naturaleza, de modo que no

puede gobernar a las bestias que hay dentro, sino que las sirve y no es capaz de aprender más que a adularlas” (590c). Si estos hombres aspiraran a llevar una vida

semejante a la del hombre superior, necesariamente tendrán que ser esclavos de éste hombre superior, quien posee el principio rector divino, así conseguirán estar sujetos a lo racional, a pesar de que lo rige desde fuera de él y no como en el caso del hombre superior, que el elemento divino habita intrínsecamente en él; este tipo de procedimiento sería semejante al que se aplica en la temprana edad a los infantes, a quienes se les limita la libertad hasta tanto no hallan formado en su

cultivado en ellos la parte mejor con lo mejor que hay en nosotros, ponemos dentro de cada uno, en lugar nuestro, un guardián y jefe semejante a nosotros para sólo

entonces darles la libertad”(591a). Con ello se lograría que toda la ciudad

procediera conforme al principio rector racional.

Sócrates afirma, a partir de todo lo dicho, que bajo ninguna circunstancia es provechoso el cometer injusticia, por su parte, el que comete injusticia deberá pagar su pena puesto que recibir castigo, permite sanear la mente y aplacar lo salvaje y bestial que hay en el interior del alma, así como liberar lo pacífico y divino que hay en ella, sólo así el alma adquiere moderación y justicia lo que la hará ser y aparecer con salud, vigor y hermosura.

El filósofo por su parte, se dedicará a cultivar todas aquellas cosas que hacen de su alma que sea dócil, mansa y divina, se dedicará al cultivo de su cuerpo en la

medida en que ello repercuta en la armonía de su alma, así “aparecerá siempre ajustando la armonía de su cuerpo en razón de la sinfonía de su alma” (591d) y a su

vez se dedicará a despreciar todo aquello que lo haría bestial, iracundo e indomable. Por ello vigilará constantemente los excesos y los defectos que pueden arrastrar alguna parte de su alma por causa de escasez o exceso de fortuna. Con el constante examen evitará provocar el caos interior, sólo así, prestando continua vigilancia a la forma como se disponen los elementos podrá regirse a la norma del equilibrio para soportar, conforme a su capacidad, tanto las riquezas como los honores que se puedan presentar. En esto consistirá su labor, actuará intensamente en su ciudad interior, la misma que se exteriorizará en la vida de los otros, por medio de sus actos y que no han de reflejar otra cosa más que el trabajo interno que por años,

desde la infancia hasta la adultez, este sabio hombre se ha dedicado a elaborar. “Lo

mismo que el filósofo, en quien reina la razón, es el más feliz de los hombres, así también el Estado aristocrático es el mejor y el más feliz de los Estados; y lo mismo que el déspota tiránico, esclavo de la ambición y de las pasiones, es el peor y el más

desgraciado de los hombres, así el Estado gobernado por el tirano es el peor y el

más desdichado de los Estados”23.

Platón se vale de una figura metafórica que se puede denominar la escultura multiforme; la utiliza para ejemplificar con más refinamiento la imagen del alma tiránica. En el diálogo pide a sus discípulos que imaginen una escultura que esté constituida por tres seres, los cuales van a representar una parte del alma del ser

humano, a saber, la bestia abigarrada y policéfala “que tiene en torno diversas

cabezas de animales mansos y feroces y que es capaz de cambiar y sacar de sí

misma todas estas cosas” (588c); esta imagen será la representación de la

concupiscencia; el león que simbolizará el ánimo o el thymos, y finalmente la imagen de hombre que representará a la razón. Las tres figuras conformarán una sóla, pero resalta que de todas ellas una ha de ser la más pequeña, a saber, la figura humana, así pues, esta escultura formada por una bestia, un león y un pequeño hombre interior será revestida exteriormente por otra figura humana, que tendrá la función de ocultar la verdadera naturaleza que habita en el interior de lo que a simple vista podría ser un hombre y que en este caso representa el ser justo gracias al gobierno de la razón sobre todos los deseos.

Como esta imagen son los hombres que aunque aparentan ser justos, lo que realmente les conviene es no serlo. Los hombres que tienen este proceder, engordan a la bestia que hay en ellos, así como al león y lo relativo a éste, al punto de someterse a los deseos y a la conveniencia de cualquiera de dichos seres. Como si fuera poco, los fortalecen al cumplirles sus deseos, con lo que los hombres debilitan lo humano que puede haber en su interior.

Por el contrario, el que ensalza la justicia, hace que lo humano que hay en él, es decir, que su razón sea la que gobierne las partes del alma, logra así dominar la bestia y el león, de modo que siendo el hombre interior el más fuerte dentro de todo

el conjunto de hombre “se cuide de la bestia policéfala y la críe cultivando, como

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un labrador, lo que hay en ella de manso y evitando que crezca lo silvestre, procurándose en ello la alianza de la naturaleza leonina, atendiendo en común a todos y haciéndolos amigos entre sí y también de sí mismo” (589b).

Hay que aclarar que aun cuando se ha hablado de cinco formas de vida, Platón examina con mayor énfasis la comparación entre la forma de vida conforme al saber, que corresponde a la figura del filósofo y la forma de vida conforme al placer en dónde se ubica la figura del tirano. La forma de vida conforme al honor en el cuál se instala el político, y que a su vez ocupa una posición intermedia entre el filósofo y el tirano, se deja de considerar en profundidad en el libro IX, lo que permite pensar que su descripción fue abordada desde la presentación que hizo del Estado timocrático en el libro VIII. Para sustentar que la descripción del hombre político se fundamenta en esa exposición, se anexa en este trabajo una referencia de Aristóteles en dónde deja en evidencia que el hombre político es el que aparece en escena en el Estado timocrático24.

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Aristóteles es útil para sustentar la referencia descriptiva que se hace del hombre político, pues en

LaÉtica a Nicómaco (Lib. I; Cp. 5) hace alusión a las formas de vida de Platón, “Los mejor dotados y

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