Grupo III. Los diálogos platónicos del periodo tardío
VIDA, VERDAD Y DISCURSO
3.3. DISCURSO FILOSÓFICO
3.3. DISCURSO FILOSÓFICO
Se puede afirmar que todo lo que dice Platón acerca de la personalidad de Sócrates es auténtico. Por eso no cabe duda de que el Sócrates, presentado por Platón en los diálogos trabajados, es el que tiene el reconocimiento histórico en la tradición filosófica, por ende, el que aquí se ha defendido.
En el pasaje del Teeteto (172c y sig.) Platón establece una posición entre el filósofo y el orador y explica por qué tendrá el filósofo en los tribunales de justicia una apariencia ridícula y desvalida. Cuando Platón habla del filósofo como tipo, el ideal que tiene presente en su mente no es otro que el mismo Sócrates63.
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BRUNJEAN,Sócrates, Publicaciones Cruz O., S.A., México, 1995, p. 50. 63
Sócrates, al que Erasmo de Rotterdam llamaba Sanctus Socrates, era un hombre con una profunda preocupación existencial que lo llevó a descubrir la importancia del conocimiento de sí mismo y la necesidad vital de trasmitir ese conocimiento a otros. Y es que, justamente por la forma como vivió, su vida ha sido de gran admiración y de interés para muchos ojos e interesa comprender la sabiduría que hay tras su proceder. Por su coherencia entre su discurso y su vida, Sócrates podría compararse con hombres de ejemplo tales como Jesús; esta vinculación se puede encontrar porque, tanto la dimensión de interioridad personal como el discurso filosófico, procura una transformación en el sujeto. De este modo,
“el discurso filosófico podía tomarse también como un ejercicio espiritual, en la
medida en que se presenta de modo tal que el discípulo pueda progresar espiritualmente y se transforme en lo interior”64.
De acuerdo con Pierre Hadot, el discurso filosófico se origina en una elección de vida y en una opción existencial, mas no a la inversa. Esta elección se construye a partir de la propia vivencia, se hace a partir de una comunidad, en diálogo con otros, implica una conversión, un deseo de ser y de vivir de cierta manera.
La opción por un modo de vida no se localiza al final del proceso de la actividad filosófica, sino por el contrario, en su origen, en una compleja interacción entre la reacción crítica a otras actitudes existenciales, la visión global de cierta manera de vivir y de ver el mundo, y la decisión voluntaria misma; y esta opción determina, pues, hasta cierto punto la doctrina misma y el modo de enseñar esta doctrina65.
El discurso filosófico que permea esta indagación incluye la reflexión sobre la vida misma, lo que no sólo posibilita el estudio de temas como la virtud, sino que también exige que el que reflexiona y comparte tal tipo de filosofía actúe conforme a esa comprensión. Así ocurre en la vida del viejo Sócrates, para él la experiencia filosófica, que está anclada en una manera propia de vivir, implica efectuar una correlación entre la teoría y la práctica, entre lo que es la virtud y el modo como se es virtuoso. Se trata de un ejercicio de auto-aprendizaje donde primero se aprende
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HADOTPIERRE,¿Que es la filosofía antigua?, p. 19. 65
lo que es y luego se reproduce lo que ha sido aprendido. En Sócrates, esta enseñanza se trasmite primero a través del propio ejemplo, con una forma de proceder que es conforme a lo que se aprendió, y segundo, por medio del ejercicio de confrontación con el discípulo; se trata de un saber que sólo se aprende mediante el descubrimiento interior y que se corrobora en su ejercitación, de este modo se hace necesario que el aprendiz extraiga de sí mismo el conocimiento a través del método de interrogación que le facilita el maestro, para luego sí, ser virtuoso, es decir, actuar con sabiduría. Tal movimiento podría ser comprendido de forma simultánea, teoría–práctica y práctica-teoría, podría interpretarse como si fuese necesario salir de la filosofía, del concepto, para luego regresar, dar un giro o retorno hacia la vida misma, y volver a la filosofía, esto es, volver a la formalización conceptual. Vivir y filosofar serían los dos movimientos claves que están a la base de la filosofía socrática.
Para Sócrates no hay más que un solo bien, en esto consiste el valor absoluto de la elección moral, en elegir hacer el bien. De ahí que el conocimiento de sí mismo sea uno de los pilares fundamentales de esta filosofía, el examen de sí mismo permite vigilar si nuestra manera de vivir y de elegir, está dirigida o inspirada por esta voluntad de hacer el bien. De acuerdo con Pierre Hadot, se puede
decir que lo que le interesa a Sócrates “no es definir lo que puede ser el contenido
teórico y objetivo de la moralidad: Lo que hay que hacer, sino saber si se desea real y concretamente hacer lo que se considera justo y bien: Cómo hay que actuar”66. Ahora bien, para alcanzar este saber, se efectúa la práctica del examen de sí mismo, el cual lleva a que la pureza de la intención moral se renueve, pues la transformación de sí mismo nunca es definitiva, exige un continuo movimiento y permanente vigilancia. Una práctica filosófica con este enfoque, da la posibilidad de llevar afuera la filosofía, o mejor, permite retornar a lo cotidiano para así dar la posibilidad de filosofar, de vivir filosofando.
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El cuidado de sí mismo no se opone al cuidado de la ciudad, antes bien, es su condición de posibilidad, pues sólo mediante el ejemplo del propio cuidado se puede invitar a los jóvenes a que sigan las líneas de la virtud y, de este modo, conduzcan a la ciudad por el mismo camino. De ahí que se interprete la ética socrática como una práctica fundada no en soledad sino en comunidad, pues es con los otros con quien es posible confrontar y practicar el ejercicio de la justicia. De ahí que su preocupación sea obedecer las leyes y ayudar a que los otros engendren el sentido de la obediencia y la preocupación por la virtud. Dominio de sí mismo es la forma más elevada de inteligencia y se ejerce en la organización de la ciudad.
De este modo, la elección de vida se hace con los otros, es en lo público o, mejor, en lo comunitario, en donde se comparte el deseo común de vivir de determinada manera; así, de manera colectiva, los ciudadanos sufren una conversión en favor del alcance de lo que consideran verdadero o más conveniente para sus vidas.
Como lo decía Plutarco “en todo tiempo y en todo lugar, en todo lo que nos
sucede y en todo lo que hacemos, la vida cotidiana da la posibilidad de filosofar”67.
Una práctica filosófica en este sentido permite retornar a ese ideal de hacer filosofía desde lo cotidiano, hacer una apuesta ética para, a partir del contacto con los otros, construir la ciudad, construirla desde una opción ética, existencial, que se enmarca desde el ideal del obrar justamente, de llevar una vida buena, una vida que merezca la pena ser vivida. Una práctica filosófica en este sentido, permite hacer filosofía a través de la práctica cotidiana, no sólo a la manera de cátedra y doctrina, como lo señalaba Plutarco, sino también mediante el propio ejemplo, mostrando con la propia vida la coherencia entre las ideas filosóficas y lo que se plasma en la coherencia cotidiana que responde a la propia forma de vivir. Así pues, volver al ideal antiguo es retornar a la vida para filosofar desde lo cotidiano, esto es una filosofía hecha vida.
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Plutarco,Si la política es asunto de los ancianos, 26,796d, tomado de PIERREHADOT, ¿Qué es la