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ETHOS S OCRÁTICO 2.3

In document La filosofía como una forma de vida (página 69-74)

EL CARÁCTER MORAL DE SÓCRATES

2.3.2. ETHOS S OCRÁTICO 2.3

2.3.2

En este diálogo se destaca la forma como Alcibíades elogia a Sócrates, lo hace por medio de imágenes, que tienen el propósito de corresponder con la verdad. Alcibíades comienza el elogio en estado de embriaguez, característica que ha de ser muy importante para confiar en que lo que dice lo habla con verdad, pues tanto el vino como los niños dicen la verdad (Cf.217e). De este modo, aparece en escena diciendo que el ateniense es un hombre sabio, único capaz de vencer a cualquiera en el discurso. Para él, Sócrates se asemeja a los silenos, que al abrirse contienen estatuas de dioses en su interior. Así, el maestro aparenta no saber nada e ignorarlo todo, lo cual muestra una auténtica actitud silena y satírica. Sin embargo, cuando expone sus razonamientos deja en evidencia la sabiduría que colma su interior. Por

ello lo llama lujurioso y Sileno, por el sentido irónico (hybristes) y satírico que representa.

Sócrates se caracteriza por ser un encantador de hombres, al estilo de los flautistas. Sólo que Sócrates en vez de instrumentos musicales, se vale de sus palabras para embelesar y poseer. Para Alcibíades, sólo sus discursos lo estremecen, pues logran hacerle tomar conciencia del descuido que tiene de sí mismo y, a su vez, le hace sentir vergüenza a causa de la esclavitud con la que lleva su forma de vida. Y aún cuando Sócrates le ha hecho tomar conciencia que se debe hacer lo que él ordena, al momento de partir y encontrándose lejos del maestro, Alcibíades disminuye en voluntad y, dejándose gobernar por los honores, se ve impedido para actuar como es bebido. Por ello se avergüenza cuando nuevamente va a su encuentro.

Es la forma de decir las cosas lo que lo hace sabio. Esta capacidad de Sócrates para avergonzar a sus interlocutores, es un rasgo natural que se da en él por su capacidad de hacerle descubrir a sus discípulos que la forma de sus procedimientos carece de fundamento argumentativo y que, contrario a lo que usualmente ellos creen, sus formas de proceder están sustentadas en erróneos razonamientos que dan lugar a acciones sujetas a deseos temporales mas no desde la razón. Por estas características es un enamorado de los jóvenes bellos interiormente, es decir, de aquellos que gozan de belleza interior más no exterior, de ahí que siempre se presente en disposición amorosa hacia este tipo de hombres, pues su interés principal es examinar el contenido de sus razonamientos y así enseñarles el arte del gobierno de sí mismos. Interesado en el fruto que llevan dentro, más no en su apariencia física, riqueza o cualquier otro adorno aparente, se acerca a ellos en actitud de ignorancia, sin embargo, cuando ha terminado de escuchar a sus interlocutores, deja salir de su interior la sabiduría que lo hace ser hombre de gran admiración. Este rasgo, conocido como ironía socrática, es predominante en su personalidad, es usual que se acerque a los discípulos como un humilde aprendiz, y que por su deseo de conocer, interrogue a sus interlocutores para ver qué tanto

saben de lo que dicen y creen saber, de este modo el maestro deja en invidencia la ignorancia de aquellos.

Alcibíades también lo considera un hombre con templanza y valentía al que no le interesa el reconocimiento de sí mismo. Esto lo dice porque trae a colación el recuerdo de la campaña de Potidea, hacia el año 432 a.C47. En ella observó que el deseo de su maestro era que fuese él, Alcibíades, el que recibiera el premio por reconocimiento en la guerra y no él mismo, que había sido el verdadero protagonista en la campaña (Cf.220e).

Es un hombre que aventaja a los demás en dominio de sí mismo, y cuya forma de proceder se caracteriza por ser cautelosa, serena y por mantener extremada observación de todo cuanto hay a su alrededor. Normalmente a los que tienen esta actitud en la guerra ni siquiera los tocan y sólo persiguen a los que dejan ver el miedo y huyen en desorden (Cf.121c). De ahí, que para Alcibíades, Sócrates sea un hombre digno de admiración.

Sócrates es para Alcibíades un ser único en su especie, jamás comparable con un hombre del pasado o con alguno ya existente. Si con alguien lo ha de comparar, sería con los dioses silenos, pues a simple vista siempre parece decir lo mismo con las mismas palabras. No obstante, al observar los discursos y al penetrar en ellos, se ve la riqueza y el sentido con el que están siendo pronunciados. Se aprecia que están construidos con imágenes que acentúan la virtud, y abarcan un sin número de temas de interés para él. Temas que además le deben interesar al que piensa llegar a ser noble, bueno y virtuoso (Cf.222a).

47

2.4.ANEXO

2.4

Socrates, Ironist and Moral Philosopher

VLASTOS, GREGORY. Cornell University Press, New York, 1991.pp. 45-53. 2

Sócrates contra Sócrates en Platón48

Ese excelente libro con el que Gerasimos Santas contribuyó a la serie de los

„Argumentos de los filósofos‟ en 1979 se titula Sócrates. Una vez dentro de él, usted

descubrirá que de lo que verdaderamente se trata es sobre un Sócrates en Platón. Más de una vez, desde que comencé a trabajar en este libro, me pregunté:

“¿Y por qué no seguir ese ejemplo?, ¿por qué no hacer como él hizo y eludir el tan

llamado problema socrático, ese rompe-cocos de los estudios platónicos?, ¿por qué no dejar que los historiadores tengan al Sócrates histórico sólo para ellos, y quedarme con esa encantadora figura cuyo reto para los filósofos seguiría siendo el mismo, sea

éste un hecho histórico o una ficción platónica?”

Si mis intereses hubiesen sido tan puramente filosóficos como son aquellos de Santas, claramente ese hubiese sido el camino que habría tomado. Pero sucede que mis intereses filosóficos son impuros. No podría achacarles esa responsabilidad a los historiadores, sin achacármela a mi mismo. Toda mi vida he sido uno de su tribu, y

una vez en ella, no se permite una salida fácil. La pregunta “¿De quién hablas, de

Sócrates o del Sócrates platónico?”, acosará tus pasos, ladrándote, forzándote a dar

vuelta y encararla en defensa propia. Si te refieres al primero de ellos, deberás

argumentarlo. Tendrás que dar razones para afirmar que a través de un „Sócrates‟ en

48

Amplia parte del material en este capítulo y el siguiente fue presentado en las conferencias de Gifford en St. Andrews (1981), y más de éste en las conferencias de Townsend en Cornell (1986). La mayor parte del material fue discutido en seminarios en Berkeley, Cambridge y Toronto (1978-87). La

respuesta al tan mencionado “problema socrático” que se presenta en este capítulo y a lo largo de todo

el libro, ha sido dispuesta, a modo de sumario, en una conferencia dirigida a la British Academy

Platón, podemos conocer un Sócrates histórico -aquel que hizo historia, que enseñó a Platón y a muchos otros, que cambió su mentalidad y sus vidas, y que a través de ellos cambió el curso del pensamiento occidental.

He estado hablando de un „Sócrates‟ en Platón. Hay dos de ellos. En distintos

segmentos del corpus platónico hay dos filósofos que llevan ese nombre, aunque la persona siga siendo la misma. Pero en distintos conjuntos de diálogos, éste persigue filosofías tan distintas que no se les ha podido representar cómo cohabitantes en un mismo cerebro, a menos que fuera el cerebro de un esquizofrénico. Son tan distintas en contenidos y método, que se contrastan agudamente la una a la otra, del mismo modo que con cualquier tercera filosofía que uno se preocupara por mencionar, comenzando con la aristotélica. Y esto es una gran afirmación, que defenderé con argumentos en este capítulo y el siguiente.

Estos dos grupos de diálogos caen de modo plausible en los periodos temprano y medio, de la producción literaria platónica49. Como tendré frecuente necesidad de

referirme de modo separado a lo que Platón coloca en boca de “Sócrates”, en cada

conjunto de diálogos, voy a escatimar el tedio del lector, permitiéndome ciertas abreviaturas.

Para referirme al Sócrates de los diálogos tempranos, escribiré “Sócrates-t”. Para

referirme al Sócrates de los trabajos del periodo medio platónico, escribiré “Sócrates-

m”. Detallo además, los diálogos que, a mi juicio, componen estos dos grupos, así

como un tercer grupo intermedio, de transición entre los diálogos refutatorios50 del grupo I y los diálogos del grupo II.

49

Para revisar algunas de las razones que sostienen un consenso cercano de este punto entre los especialistas de Platón en este siglo [XX], Ver: Ross, 1951: c.1 (“El orden de los Diálogos”); mayor

detalle en Constantin Ritter, 1910: pp.190-272 (“Untersuchung der zeitlichen Folger [der Dialogen]”);

lo mejor de ello en Brandwood, 1958. De modo significativo, estoy contemplando el hecho que, cuando los diálogos son ordenados únicamente bajo un criterio estilístico, como en Brandwood los resultados están ampliamente en acuerdo con aquellos que yo logré alcanzar al ordenar estos diálogos únicamente por su contenido filosófico: Cf. nota 8, abajo.

50

Los llamo así porque a lo largo de estos diálogos, el método socrático de investigación filosófica es refutatorio, además de que desaparezcan abruptamente en los diálogos de transición. Cf. Vlastos,

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