• No se han encontrado resultados

ETHOS SOCRÁTICO 2.2

In document La filosofía como una forma de vida (página 49-69)

EL CARÁCTER MORAL DE SÓCRATES

2.2.2. ETHOS SOCRÁTICO 2.2

2.2.2

El retrato del carácter moral de Sócrates aparece en la Apología como el de un hombre que cree en sí mismo y en la veracidad de sus afirmaciones (Cf.17b). Por un lado, cree en sí mismo porque ha sometido su vida a un proceso continuo de autocrítica, se vale de este procedimiento para examinar la forma de su proceder y así fortalecer, a través del conocimiento de sí mismo, la convicción que tiene en sus

convicciones. Tal fortalecimiento viene dado cuando descubre que durante su vida nunca ha obrado injustamente, por el contrario, siempre obedeció las órdenes que provenían de sus superiores y asumió una actitud de aceptación para conservar los lugares que le habían sido asignados. Del mismo modo, es consciente que ha sido obediente a los dioses, filosofando y examinándose tanto así mismo como a los demás, mandato que cree le viene dado por la divinidad.

Esta actitud de autocrítica que adopta, muestra que con su capacidad de análisis e introspección, el examen de sí mismo es un principio que antes de darlo a conocer a sus discípulos, lo pone en práctica en su propia vida, deja en evidencia que el examen de sí es la herramienta más confiable para alcanzar la verdad. No es gratuito que también crea de sí mismo que es coherente, o por lo menos esa es su pretensión, que es el mismo y habla del mismo modo y con el mismo sentido sin adornos ante cualquier auditorio, lo que lo lleva a mantener de forma coherente las posturas argumentativas que en los diferentes momentos discursivos se presentan. Esto muestra esa preocupación socrática por estar en primer lugar de acuerdo consigo mismo para luego sí poder establecer acuerdos con los demás.

Las personas que usan las mismas palabras dicen con ellas cosas distintas, hablan sin entenderse y de ello sólo confusiones pueden resultar. Tales confusiones serán a la vez intelectuales y morales. Intelectualmente, la discusión con un hombre que usa las palabras dándoles un sentido diferente al que le da su interlocutor no puede conducir a nada como no sea a reñir, probablemente, cuando las palabras en cuestión representan nociones éticas, no puede resultar más que la anarquía. Este doble aspecto del problema, moral e intelectual, es el que quería expresar Sócrates al decir que la virtud es conocimiento37.

Por ello enfatiza que nadie hace el mal de modo voluntario, cuando esto ocurre, su causa se debe a la ignorancia.

Por otro lado hace su defensa mediante el uso de la razón, con el fin de examinar la validez de los argumentos con los que está siendo acusado, de este modo mostrar que los cargos son inconsistentes. Ésta forma de proceder deja en evidencia que Sócrates es un amante de la razón, y es a ella a quien confía la máxima autoridad. Para él, el ejercicio de dar cuenta de los hechos por medio del

37

razonamiento no sólo procura el juicio correcto, sino que además considera que es la forma más digna en el proceder del ser humano.

El gran valor que le otorga a la razón también se percibe en la oposición que hace ante la posibilidad de quedar absuelto por un ejercicio de súplica y no por virtud del razonamiento y la demostración argumentativa de su inocencia. Tiene claro que la legítima persuasión debe darse cuando se habla de la verdad, por ello va al tribunal no a conmover a los jurados, sino a mostrar lo que es verdadero. Por ello prefiere evitar la presencia de sus familiares en el tribunal, con el fin de procurar el juicio justo y evitar que esté mediado por sentimientos condescendientes. Con entereza afirma que los jueces están sentados no “para

conceder por favor lo justo, sino para juzgar; además, ha jurado no hacer favor a los

que le parezca, sino juzgar con arreglo a las leyes” (35c).

En la Apología Sócrates se ve a sí mismo como un hombre justo, y aun cuando se considera humilde y obediente al Dios (Cf.19a), nunca enuncia explícitamente que él es justo, pues esto sería una expresión muy vanidosa viniendo de su parte; sin embargo, en el diálogo se puede entrever tal apreciación cuando afirma de sí mismo que habla con rectitud, así como cuando presenta la convicción acerca de lo perjudicial y vergonzoso que es el cometer injusticia y desobedecer al que es mejor, sea dios u hombre. Para él, es mayor mal el cometer injusticia que el padecerla, pues quien provoca el mal se hace daño a sí mismo y este acto es más corrosivo para el alma que el padecer el mal por causa de otro.

No se pregunta qué son la virtud y la justicia, las señala con su actitud, y si bien no ha dado una definición de justicia, sí tiene claro que no conviene cometerla ni contra uno mismo ni contra los demás y conforme a estos principios actúa. Para él la injusticia y la ignorancia deterioran el alma y este mal sólo es posible curarlo con el análisis, la crítica y la refutación. Por ello refuta los juicios de los atenienses, demostrando que no saben lo que creen saber, tal cual como lo hace con Meleto, quiere por medio de la refutación revelar que los jueces están entrando en el juego

de los retóricos, de allí que intente comunicarle a Atenas que está equivocada con respecto a lo que entiende por justicia, tema que debería ser de su absoluto interés. Y es precisamente por esta manera encarnada de dar a conocer los preceptos de lo que conviene y lo que no, por lo que se considera un hombre de ejemplo, que demuestra con sus propios actos que no le teme a la muerte pero sí es de inmensa preocupación el no realizar nada injusto ni impío (Cf.32d).

De allí que se rehúse a cometer actos impíos, y aun cuando gracias a una impiedad quedase en libertad, se abstiene principalmente por su fuerte creencia en Zeus, pues al forzar el veredicto para quedar en libertad a través de la súplica y a pesar del juramento de los jueces, no estaría haciendo otra cosa sino enseñar a no creer en la voluntad de los dioses, y con su defensa no sólo estaría afirmando la no creencia en ellos, sino que se contradiría, pues su actitud de súplica sería propia del hombre que teme a la muerte y de acuerdo con lo que ha señalado, sólo Dios está en capacidad de saber sí después de la muerte el destino que le espera al hombre es un destino mejor o no, por lo tanto los que están en condiciones finitas no deben preocuparse de algo que únicamente Dios puede saber.

Ante esto prefiere entonces dejar en manos del Dios y de los jueces el dictamen que sea mejor para él y para el pueblo de Atenas. Esta creencia religiosa y la convicción profunda que tiene de sí mismo, es lo que le permite asumir la vida, o mejor la muerte, con serenidad, puesto que para él es más importante ser obediente al Dios y fiel consigo mismo, que huir por cobardía, dejando a un lado todo aquello que ha defendido en vida y por lo que ha luchado. De este modo se observa cómo su creencia y sus convicciones personales son más fuertes que el deseo de ganar a toda costa la libertad en el tribunal. Esto es en lo que cree y si tuviese que morir por defender su creencia así lo haría, pero no podría actuar de otra forma más que por aquella que le ha dictado la voz divina.

Este pasaje es de suma importancia para analizar la fuerte experiencia mística de Sócrates, contrario a lo que sus acusadores piensan, Sócrates es un hombre

profundamente religioso, con una inmensa gratitud y respeto ante lo divino, característica que también se observa cuando habla acerca de la voz divina que le indica abstenerse de participar en la vida política, ella le advierte que el ejercicio de la justicia se efectúa mejor desde la vida privada. Signo de su convicción en la divinidad es su tranquilidad ente el acontecimiento de la muerte, se arroja confiado porque cree profundamente en la bondad de los dioses, pues ellos se preocupan del bienestar de los hombres buenos tanto en vida como después de la muerte, así que es piadoso obedecer a sus designios y esperanzarse en su cuidado. Y es precisamente en esta obediencia al mandato divino con lo que descubre su misión, por ello siente que debe obedecer al Dios y que su acción debe realizarla desde sí mismo y en diálogo intimo con sus discípulos. Desde la forma como interpretó esta señal, consagró su vida al servicio de Atenas, y aun cuando nunca se haya presentado en una plaza pública y no se haya dedicado a hacer teorías ni discursos, evidentemente su vocación ha sido llevar una vida de examen y enseñarle a los otros a examinarse a sí mismos.

La relación con la filosofía está dada a partir de su manera de proceder, lo hace de forma silenciosa y con espíritu disuasorio que lo advierte para no pisar las tribunas de la política, considera que hacerlo no sería útil para los demás ni para sí mismo, pues muy seguramente habría sido juzgado y condenado a muerte. Es necesario que el que en realidad lucha por la justicia, si pretende vivir un poco de

tiempo, actúe privada y silenciosamente y no públicamente” (32a). El filósofo lo

que hace es abstenerse y lo hace para evitar la injusticia, lo que enseña es a que los hombres sean mesurados para evitar los excesos del alma, en esto se funda la posibilidad de educar para que los jóvenes sean dueños de sí. Y la forma como procede el filósofo es a través del ejemplo encarnando una actitud de ignorancia frente al conocimiento. Así por medio de la práctica y del ejemplo aplica a su propia forma de vida lo que se dice teóricamente.

El filósofo es un hombre sabio, la sabiduría del filósofo consiste en el reconocimiento humilde de la ignorancia. En este sentido, la sabiduría de Sócrates

viene dada desde el reconocimiento de los límites que trae consigo la propia ignorancia, este sentido de conciencia frente a su limitación, es lo que le permite asumir una actitud serena ante la muerte, temer implicaría asumirse como sabio sin serlo, es decir, creer saber que la muerte es el peor de los males (Cf.29a). Caer en errores de razonamiento en el maestro ático, tiene consecuencias morales, incurrir en un error moral lleva a forjar preceptos y juicios equívocos que conducen a actuar de manera desafortunada. Por ello conviene examinar de forma permanente los razonamientos, que en últimas están condicionando los fundamentos de la acción moral del hombre, de allí que afirme con persistencia que se debe vivir filosóficamente examinándose a sí mismo y a los demás pues no hay una vida buena sin examen.

De acuerdo con este planteamiento, la tarea del sabio consistirá en hacer que los hombres tomen conciencia de su propio no saber, para llevar a cabo esta misión, Sócrates adopta la actitud de hombre ignorante que ansioso de conocimiento, interroga a sus discípulos con el fin de que sea del interior de éstos de donde emane el saber. De este modo logra examinar lo que llevan dentro y conducirlos así a que

examinen rigurosamente lo que afirman; “La esencia del método socrático consistía

en convencer a su interlocutor de que, aunque creía saber algo, en realidad no lo sabía. La convicción de la propia ignorancia es el primer paso necesario para adquirir el conocimiento, pues nadie busca el conocimiento de un asunto si se hace

la ilusión de que ya lo posee”38. En su actitud está implícito el reconocimiento de

que el no tiene nada que enseñar y sí mucho que aprender, por consiguiente la ironía socrática consiste en fingir querer aprender algo de su interlocutor para ayudarlo a descubrir su propia ignorancia. Este reconocimiento como se advirtió en líneas más arriba es en lo que consiste su verdadero saber.

Una vez que los hombres conociesen el camino hacia la meta, Sócrates estaba dispuesto a acompañarlos hasta alcanzarla, y para él toda la filosofía se resumía en esa idea de la

“búsqueda en común”. Ni su interlocutor ni él mismo conocían todavía la verdad, pero

sólo con que aquél se convenciese de que era así, podrían emprender juntos la búsqueda con la esperanza de encontrarla. El verdadero socratismo representa ante todo una actitud 38

mental, una humildad intelectual fácilmente confundible con la arrogancia, ya que el verdadero socrático está convencido de la ignorancia no sólo suya, sino de toda la humanidad39.

Entendiendo al filósofo como educador, se puede decir que bajo esta interpretación estaría dada la vocación de Sócrates. La educación ha de ayudar para formar a los jóvenes inicialmente como moralmente buenos, para luego sí estar preparados para gobernar. Este educador no profesa la enseñanza ni cobra por dejarse escuchar, sin embargo, en el discurso de su defensa se puede ver que su vocación es ser un pedagogo de la virtud, un formador de ciudadanos, cuya ocupación está directamente relacionada con el cuidado del alma, no de los cuerpos ni de los bienes. Desea trasmitirle a los hombres la necesidad de alcanzar la areté40, para aprenderla el hombre requiere dedicar tiempo al examen de sí mismo para averiguar y definir cuál es la función u objeto que debe desempeñar en la vida. La misión de Sócrates consiste en contagiar a los hombres del deseo de búsqueda de aquello que es más conveniente para sus vidas y en proponerles un método para encontrarlo. Es un hombre que vive con permanente preocupación por los asuntos de la ciudad, como rasgo auténtico de su vocación, se observa que su labor la lleva a cabo de forma desinteresada, solamente movida por la pasión propia del maestro y por su preocupación innata en entregarse sin condiciones ni restricción alguna, a lo que el cree es un mandato divino.

39

GUTHRIE,Los filósofos griegos de Tales a Aristóteles, p. 78. 40

Areté: En términos generales significa que algo es bueno para algo. Según Aristóteles es un término relativo que no se emplea de modo absoluto. Es una palabra incompleta por sí misma. Hay una areté

para cada persona y para cada actividad, areté de los atletas, de los jinetes, de los generales, de la política, etc. Los sofistas cuando decían que enseñaban la areté del político y del orador, se referían a la enseñanza no tanto de la virtud ética sino en acentuar su carácter práctico e inmediatamente útil. Con el uso que le empezaron a dar Sócrates, Platón y Aristóteles, le agregaron un nuevo sentido (anthropine), lo que hacía que el significado fuera que todo hombre debía buscar lo que le ayudaría a descubrir su función o quehacer en la vida. Así como el soldado, el político y el zapatero tiene cada uno una función (ergon, trabajo o tarea) debe de haber una función general que todos tenemos que ejercer en virtud de nuestra común humanidad. Averiguar cuál es esa función y saber en qué consiste la excelencia o areté humana es lo que debería de buscar el hombre que desea ser virtuoso. (Cf. GUTHRIE,

2.2.EL FEDÓN 2.2

2.2.1. ESTRUCTURA DEL DIÁLOGO

2.2.1

CONTEXTO DEL DIÁLOGO: a) Cronología del diálogo:

El corpus platónico presenta la dificultad de que cada diálogo que lo compone está unido con los demás por medio de un tejido de temas que se relacionan los unos con los otros en distintos momentos. Por esta razón diálogos como El Fedón son difíciles de ubicar cronológicamente.

b) Escenario y personajes:

Los personajes que aparecen en el presente diálogo, son los seguidores y amigos más íntimos de Sócrates, estos son: Apolodoro, Critobulo y su padre Critón, Hermógenes, Epígenes, Esquines, Antístenes, Ctesipo y Menéxeno los cuales eran atenienses. De otras ciudades estaban Simmias, Cebes y Fedondas de Tebas, estaban Euclides y Terpsión de Mégara; Aristipo y Cleómbotro estaban ausentes en Egina y de Platón decían estaba enfermo.41

El escenario de la narración posiblemente es en Fliunte y la conversación narrada tiene lugar en la prisión de Atenas, lugar en dónde se llevó a cabo la ejecución de Sócrates.

ESCENA INTRODUCTORIA:

El diálogo principal se presenta de forma narrada, con una introducción dramática directa que recuerdan dos breves intervalos en 88c y 102a. Fedón inicia el diálogo principal de esta obra explicándole a Equécrates la razón por la cual se

41

retrasó la ejecución de Sócrates el día de la sentencia. Enseguida nombra a los que participaron en dicho acontecimiento y de este modo da inicio a la narración.

En este diálogo, Platón trata el tema del alma, como algo simple y puro, se propone demostrar su inmortalidad “no sólo de la parte racional, sino del alma

como lo opuesto al cuerpo que se descompone y desaparece pronto”42, pues una

vez que se ha liberado de lo corpóreo, el alma queda en absoluta libertad y empieza a participar del mundo contemplativo y puro de las ideas.

De allí que considere a la filosofía como un entrenamiento para la muerte, la cual consiste en un movimiento de separación entre el alma y el cuerpo. Y dado que el objetivo del filósofo es la sabiduría y la verdad, rechaza todo aquello que está dado por los sentidos. Deposita su confianza más en los razonamientos que en las emociones producidas por el cuerpo.

A partir de 62a y hasta 70b, se presenta un diálogo que inicia con la participación de Simmias, Cebes y Sócrates, la discusión se enfoca en la indagación acerca del por qué se afirma que es inconveniente para el hombre causarse daño a sí mismo, pues aun cuando se le atribuyen estas palabras a Eveno43, los presentes desconocen sus razones. Después de estas reflexiones, la discusión profundiza en el tema de la muerte y la actitud de los que temen y no temen su llegada, este pasaje será abordado con mayor detenimiento en líneas posteriores en dónde se abordarán los elementos que describen el carácter moral de Sócrates en éste diálogo.

ARGUMENTOS A FAVOR DE LA INMORTALIDAD DEL ALMA:

a) Argumento de la alternancia (70c-72d):

42GUTHRIE, Los filósofos griegos de Tales a Aristóteles, p. 14.

43Eveno es un sofista de Atenas especialista en el Arte de la retórica y que también es reconocido por

Este argumento afirma que los contrarios se originan de los contrarios, es decir, nacen de sus contrarios aquellas cosas que guardan semejanza entre sí, como por ejemplo los vivos de los muertos, la belleza de la fealdad, lo justo de lo injusto, el descomponerse y el componerse, etc., estos pares de contrarios se dan cuando lo contrario nace de su contrario, como por ejemplo cuando de lo muerto se genera lo

In document La filosofía como una forma de vida (página 49-69)

Documento similar