13. LIGAR EN LA PLAYA
13.2 CAFÉ DEL MAR, IBIZA
En esta segunda historia ya estaba yo algo más espabilado, al menos en apariencia. Disfrutaba de un viaje de una semana a Ibiza que bien me merecía juntos con mi hermano y mi mejor amigo. Sabíamos que quizás fuese la primera y la última vez que íbamos a hacer juntos ese viaje y decidimos no reparar en nada… Cuando digo que no nos privamos de nada, me refiero a absolutamente de nada, y que cada uno entienda lo que quiera. Esa era nuestra semana, nuestra irrepetible semana y decidimos montárnoslo a lo grande, tres micos de “la conce” como nosotros. Íbamos a día por fiesta, un hotel de estrellas suficientes, muchas ganas de aprovechar cada momento… Creo que yo en especial, más. Justo después de volver, por fin me independizaría, ya lo tenía todo atado, pagado y confirmado para después a la vuelta irme a vivir a mi nueva casa de Chueca.
Resulta que después de volver cada madrugada a la hora de desayunar, mis dos compañeros de viaje necesitaban dormir hasta las 16:00 de la tarde, cosa a la que yo me negaba en rotundo, ya dormiría después en Madrid a la vuelta. Esa era mi semana y no podía quedarme más tiempo en el hotel del justamente necesario. Bien me iba ala playa, bien me iba a dar una vuelta por las terrazas, o bien cogía dinero suficiente para estar todo el día por allí y volver a la hora de cenar para juntarme con ellos. Mientras ellos dormían yo aprovechaba para darme vueltas por las terrazas, por playas cercanas al hotel… O bien me iba a otras localidades Ibicencas en taxi. Solamente iba armado con una tolla, vestido más o menos de calle, pero con el bañador debajo y lo justo para pasar el día sin problemas. Incluso en ocasiones desconectaba el móvil, ya que me apetecía perderme de verdad y que pasara lo que dios quisiera.
Iba de playa en playa o de terraza en terraza, matándome cafés, cañas y cigarros… Uno tras otro, y cuando me aburría simplemente cambiaba de sitio. Iba andando o en taxi, según me diera el ánimo… No os podéis imaginar la cantidad de mujeres solas que hay a esas horas en las terrazas, o en los chiringuitos de los paseos marítimos aprovechando el sol del mediodía, mientras quizás su acompañantes están echando la siesta. Pues bien, estas mujeres y os hablo de mujeres… No de chicas de 18 años, se aburren soberanamente, y están encantadas de la vida por compartir conversación, un cigarro o un café.
Quieren ver el sol, ver mundo, aprovechar el viaje, ver cosas, conocer… Por eso no se quedan durmiendo la siesta, un sentimiento muy parecido al que yo tenía. Algo tan sencillo como acercarte a pedirle fuego, o sentarte cerca y empezar a preguntarle ¿Qué tal? Joder… es que yo no veo complicación en eso, encima así puedo practicar inglés y es más divertido. Ella trata de hablar el español. Cuando tratas de hablar con una persona en su propio idioma, trata de entenderte… En ese caso el idioma no es una barrera, es un apoyo.
Me dio por ir a San Antonio, donde está el archiconocido Café del Mar… me moría por verlo, por ver esa puñetera puesta de sol de las que todos hablan mientras te tomas algo con música chill-out o house de fondo… Pero no había forma humana en que nos pusiéramos los tres de acuerdo en ir, hasta que me arranqué y me fui a San Antonio a pasar una tarde entera allí, yo me tenía que mover, por narices y porque me lo pedía el cuerpo, al menos hasta la hora de cenar y volver a Playa d’en Bossa para empezar la marcha e ir a la siguiente fiesta.
No eran ni las 17:00 de la tarde y ya me había pateado todo el pueblo, zona británica por cierto… Lo único realmente interesante era el exclusivo Café del Mar, por lo demás… típica zona guiri playera llena de británicos con bares británicos. Estas terrazas no merecían mucho la pena la verdad. Llegué a Café del Mar, creyendo para mis adentros que al ir temprano, podría coger sitio sobradamente… Pues bueno, cuando llegué la puta terraza estaba hasta los topes. Por lo visto, no era yo el único que quería ser el privilegiado en ver la famosa puesta de Sol y eso que por lo menos faltaban tres horas. Pues algo había que hacer durante todo ese tiempo… Vi a una mujer que estaba sentada sola y le pregunté si me podía sentar con ella, señalando al resto de asientos casi totalmente llenos.
Llevaba bikini, pareo, sombrero de paja, gafas de sol, de unos treinta y tantos, pelo corto castaño y muy mona ella con su bolsazo de caña… Pensaba que por la pose que tenía tomándose un Nestea y por la zona en la que estábamos, debía ser británica, pero primero le pregunté en castellano. Antes de que tuviera que decírselo en inglés, muy amablemente asintió con un educadísimo “sure”. Advierto que mi inglés no es malo, pero obviamente tampoco es que salga mucho del nivel “me apaño”.
Me presenté en plan “academia”, y supongo que ella hizo lo mismo, porque hablaba tan deprisa que al principio no me enteraba de nada, hasta que la fui cogiendo poco a poco. Nos pusimos a hablar y yo hacía lo que buena mente podía, ella hizo por hablar más despacio y nos acabamos entendiendo. Era una profesora de religión australiana, de treinta y tantos, soltera… ¿australiana? Pensé “Esta tía me está vacilando, me toma por un Alfredo Landa o algo así”, peor bueno, lo obvié y me lo creí. La verdad es que hablamos de cosas muy normales, el típico a qué te dedicas, qué haces aquí, con quien has venido, bla, bla, bla… Y así pasamos la tarde chapurreando yo el inglés, y ella hablándome como si yo fuera un niño pequeño (se notaba que era profesora), despacio para que yo la entendiera. Por cierto, no hubo alcohol en toda la tarde sobre la mesa, solamente tomamos cafés y Nesteas… pero era un sitio muy chulo y se estaba muy a gusto.
Ella por lo visto, había venido sola y se iba al día siguiente (como en las películas), se había despegado de su grupo para ir a su bola al menos durante su último día en la isla, para hacer lo que le diera la gana, no seguir el rígido programa de excursiones y disfrutar unas horas más a su aire cerca de dónde estaba su hotel. Ya iba atardeciendo, no parábamos de hablar y ya la mesa estaba llena de vasos vacíos. Conforme se iba poniendo el sol, iban
subiendo la música y cada vez me costaba más entenderla. Ya cuando la puesta de sol era de foto, ella me pidió que le sacara una fotografía con la puesta al fondo.
Entonces ella se levantó, puso pose de cuadro, se quitó el sombrero de paja y se puso de perfil, se colocó el pelo y me miró para que la tomara así. En ese momento me quedé totalmente embobado, le saqué la foto, pero la pedí que no se moviera, porque me quería quedar con esa imagen en mi cabeza. Era algo que quería recordar, y me quedé mirándola unos segundos totalmente tonto. Me acerqué y le dije en un castellano total “Creo que este momento se merece un beso”. No era su idioma, pero me entendió perfectamente. La tomé por la cintura, y noté como su cuerpo se relajaba, entonces supe que podía besarla. Cerré los ojos y la besé, estuvimos besándonos varias veces más. Besos cortos y limpios, con miradas cortas también y alguna sonrisa.
Nos soltamos, me cogió de la mano y pasó a ser ella quien tomara la iniciativa. La entendí que podíamos estar juntos hasta las diez, ya que a esa hora por lo visto si que tenía que reunirse forzosamente con el grupo. Dimos un paseo hasta donde tenía ella el hotel, y sin decir ni pío y de la mano, me metió directamente en él, después en la habitación, donde estuvimos besándonos por más tiempo hasta que la ropa empezó a sobrar. Era algo bastante inexplicable o frenético, una hora pareció una noche entera. Nos echamos un rato hasta que me dijo “You'd better go”, que también entendí perfectamente. Nos despedimos con otro beso largo y un simple “Bye”. En cuanto salí conecté de nuevo el móvil y tenía cuatro llamadas perdidas de mi hermano, que en ese momento cuando se la devolví, parecía que él también había estado trasteando por ahí. Cogí un taxi, llegué al hotel y mi cara de gusto era soberana. Me duché, nos arreglamos, fuimos a cenar al puerto y ¡ala!... A seguir con la fiesta.
Moraleja de ambas historias: Si vas a preguntar qué hice o qué dejé de hacer, está todo en lo escrito. Puedes intentar complicarlo lo que te de la gana, o intentar sacar una receta o una ley de recurrencia para reproducirlo, analizarlo o más pajas mentales. En ambas historias, quiero que te quedes con el contexto, porque es lo verdaderamente importante, con los factores que te he indicado al principio: las horas de sol, el estar solo, la curiosidad por conocer, por ver, por no estarse quieto, el uno a uno, y sobre todo tu propio impulso... No le busques tres pies al gato porque no los hay.
14. CÓMO CONSERVAR Y LIBERAR TU ENERGÍA SEXUAL EN EL MOMENTO ADECUADO